(CWR/InfoCatólica) Más de cien líderes cristianos han suscrito en Estados Unidos una nueva declaración en defensa de la vida que pretende hacer frente a la fuerte expansión del aborto químico y devolver al primer plano la protección de los niños no nacidos desde el momento de la concepción.
La denominada Declaration for Life with Christian Leaders fue redactada inicialmente por más de treinta pastores y dirigentes cristianos procedentes de distintos lugares del país. El documento cuenta ya con la adhesión de un centenar de líderes religiosos de Misuri y con el respaldo de aproximadamente 50.000 ciudadanos.
La iniciativa ha sido promovida públicamente junto al senador republicano Josh Hawley, de Misuri, quien presentó el documento durante un encuentro de oración celebrado esta semana. Hawley ha vinculado la declaración a su propuesta legislativa para prohibir la mifepristona, uno de los fármacos utilizados en el aborto químico.
Al tratarse de una iniciativa que incluye una propuesta legislativa y dirigentes políticos, el apoyo a esa medida concreta pertenece al debate político estadounidense. El contenido religioso de la declaración, sin embargo, se apoya expresamente en la convicción cristiana acerca de la dignidad de toda vida humana.
El texto recuerda que el derecho a la vida es anterior a otros derechos precisamente porque sin la vida ninguno de ellos puede ejercerse. Sus firmantes presentan la defensa del no nacido como una obligación moral derivada tanto de la Sagrada Escritura como de la propia conciencia.
La declaración sostiene además que la imagen de Dios presente en cada ser humano no se obtiene por mérito ni puede perderse y afirma que una de las primeras obligaciones de los cristianos consiste en salir en defensa de la dignidad humana cuando ésta es negada.
Los promotores sitúan el aborto químico como una de las principales preocupaciones provida de este momento. Según los datos recogidos en la declaración, este procedimiento representa actualmente una parte mayoritaria de los abortos realizados en Estados Unidos.
Tony Perkins, presidente del Family Research Council, ha respaldado la iniciativa y ha criticado al Partido Republicano por lo que considera una pérdida de firmeza en la defensa pública de los no nacidos. Sus palabras constituyen una crítica política del dirigente provida y no una posición institucional de la Iglesia Católica.
La movilización se produce además en un contexto de nuevas batallas legislativas y judiciales en torno al aborto.
En California avanza un proyecto para obligar a los community colleges que cuenten con centros médicos a ofrecer fármacos para abortos químicos a partir de 2029. En Wisconsin, por su parte, los obispos católicos han rechazado una demanda de Planned Parenthood destinada a derribar el periodo de espera de 24 horas y la exigencia de que los abortos sean realizados por médicos licenciados.
También los obispos de Corea del Sur han expresado recientemente su oposición a la ampliación gubernamental del acceso a la píldora abortiva hasta las nueve semanas de embarazo, advirtiendo de que la medida corre el riesgo de arraigar todavía más el desprecio por la vida humana.
En medio de estas disputas, la nueva declaración estadounidense pretende recordar un principio anterior a cualquier cálculo partidista: para el cristiano, la vida humana inocente no depende del consenso político ni de la conveniencia social.
La doctrina católica es inequívoca al respecto: desde la concepción debe respetarse y protegerse la vida humana. La creciente extensión del aborto químico plantea por ello un nuevo frente para el movimiento provida, que ve cómo la muerte del no nacido se desplaza cada vez más desde las clínicas hacia el ámbito doméstico mediante el uso de fármacos.








