(ACI/InfoCatólica) Por primera vez en cerca de siete siglos, los tres fragmentos supervivientes de un antiguo manuscrito del Evangelio de San Marcos han vuelto a reunirse en Aquilea, en el nordeste de Italia, donde comenzó una historia que terminó llevando sus páginas a Cividale del Friuli, Venecia y Praga.
El códice está datado por los especialistas en el siglo VI, pero durante la Edad Media llegó a ser venerado como si se tratara de un manuscrito realizado por el propio evangelista. Esa tradición estaba íntimamente vinculada a la antigua memoria de la evangelización de Aquilea por San Marcos.
La extraordinaria reunión se presenta en la exposición «El Evangelio de Marcos. Siete siglos. Tres fragmentos. Un relato europeo», instalada en el Palazzo Meizlik de Aquilea y abierta hasta el 25 de abril de 2027.
Durante los siglos XII y XIII, la sección correspondiente al Evangelio de San Marcos fue separada del evangeliario que contenía los cuatro Evangelios y recibió una rica cubierta de plata dorada. El objeto comenzó así a ser tratado no sólo como un manuscrito litúrgico de enorme antigüedad, sino como una reliquia de excepcional importancia.
La fama del códice hizo que algunos de sus fragmentos terminaran lejos de Aquilea. Tener una parte del Evangelio atribuido al santo confería enorme prestigio religioso y político. Con el tiempo, las hojas supervivientes quedaron repartidas entre Cividale del Friuli, Praga y Venecia.
El fragmento de Praga reviste particular importancia. Pertenece al Capítulo Metropolitano de San Vito y al Tesoro de la catedral y está considerado parte indivisible del patrimonio del Estado y del pueblo checo. La exposición de Aquilea ha permitido que salga por primera vez del territorio de la República Checa.
La iniciativa ha requerido una extensa colaboración entre instituciones civiles y eclesiásticas italianas y checas. Participan, entre otras, la Basílica de Aquilea, el Museo Arqueológico Nacional de Cividale del Friuli, la Basílica de San Marcos de Venecia, el Capítulo Metropolitano de San Vito y la Archidiócesis de Praga.
La historia del códice refleja también la profunda unidad de la Cristiandad medieval. Entre sus páginas quedaron registrados durante siglos nombres de importantes personajes que deseaban ser recordados cuando el libro fuera empleado en las celebraciones litúrgicas. Aquellas listas permiten hoy reconstruir vínculos religiosos y culturales que atravesaban Europa mucho antes de las fronteras nacionales modernas.
La exposición, sin embargo, tendrá que respetar la extrema fragilidad de los originales. Las páginas auténticas sólo permanecerán expuestas durante las primeras semanas; después serán sustituidas por reproducciones digitales de alta resolución.
Siete siglos después de su dispersión, el antiguo Evangelio vuelve así a presentarse unido en Aquilea: testimonio de la veneración de nuestros antepasados por la Sagrada Escritura y de un continente cuya historia resulta incomprensible sin sus raíces cristianas.








