(NCRegister/InfoCatólica) Diez años después de su muerte, Roma ha recordado al P. Gabriele Amorth no solamente como el célebre exorcista conocido en todo el mundo, sino como un sacerdote profundamente entregado a Cristo, atento al sufrimiento humano y dotado de una extraordinaria capacidad para comunicar la fe.
El encuentro tuvo lugar el 16 de septiembre, exactamente una década después de su fallecimiento, en la basílica-santuario de María Reina de los Apóstoles. Una numerosa asistencia participó en el congreso dedicado a la herencia que el sacerdote paolino dejó a la Iglesia y al mundo actual.
La jornada fue promovida por la Sociedad de San Pablo, Famiglia Cristiana y la Asociación Internacional de Exorcistas, institución fundada por el propio Amorth. Entre los participantes estuvieron el P. Francesco Bamonte, vicepresidente de la asociación; el P. Marcello Lanza, exorcista de Acerra; el P. Aldo Buonaiuto y el P. Stefano Stimamiglio.
El P. Amorth había sido nombrado exorcista de la diócesis de Roma en 1985 por el cardenal Ugo Poletti. Su maestro fue el venerable P. Candido Amantini, pasionista y reconocido exorcista que ejercía su ministerio en la Scala Santa de Roma. Aquella experiencia marcaría definitivamente el apostolado del sacerdote paolino.
En 1994, Amorth participó en la fundación de la Asociación Internacional de Exorcistas junto con el P. René Chenesseau. La institución buscó proporcionar formación, criterios teológicos sólidos y apoyo a los sacerdotes encargados de un ministerio particularmente delicado.
Uno de los puntos destacados del encuentro fue precisamente la insistencia del P. Amorth en que el exorcismo no podía reducirse a sensacionalismo ni superstición. Su preocupación por una adecuada formación pretendía evitar que la angustia y la vulnerabilidad de las personas acabasen explotadas por magos, ocultistas o falsos sanadores.
El P. Bamonte recordó que Amorth entendía su ministerio fundamentalmente como un «acto de caridad»: la atención de la Iglesia a personas que sufrían y acudían a ella buscando ayuda, discernimiento y liberación.
Los participantes abordaron también la relación entre teología, mística y discernimiento espiritual en su obra, así como su oposición al ocultismo y su preocupación por quienes caían en prácticas esotéricas.
Amorth fue además un prolífico escritor y comunicador. En libros, entrevistas y conferencias insistió durante décadas en la realidad del combate espiritual y en la necesidad de no banalizar la existencia del demonio, pero siempre situando el centro de la vida cristiana en Cristo y en el Evangelio.
El P. Stefano Stimamiglio destacó precisamente su facilidad para hablar con claridad, evitando un lenguaje innecesariamente técnico y procurando que la comunicación condujera a la verdad del Evangelio.
El homenaje romano permitió así recuperar una imagen más completa del P. Amorth. Detrás de la notoriedad mediática del exorcista quedaba, ante todo, el sacerdote que quiso servir a las almas, proteger a los más vulnerables frente al ocultismo y recordar a una sociedad cada vez más secularizada que el combate entre el bien y el mal no es una metáfora vacía para la fe cristiana.








