(InfoCatólica) Miles de personas volverán a salir a la calle este sábado en Berlín y Colonia en defensa de la vida de los niños por nacer. Esta vez lo harán con un mensaje de saludo del nuevo presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, el Obispo Heiner Wilmer. El texto apoya el derecho a la vida, pero también advierte a los participantes contra la «exclusión», y esa advertencia ha levantado críticas en el ámbito provida alemán.
A raíz del mensaje, David Berger publica un artículo en el que reconoce que el texto episcopal contiene lo que un obispo debe decir sobre la defensa de la vida. Aun así, considera que el saludo llega acompañado de un «prospecto» de ética social del que, a su juicio, podría haber prescindido.
Lo que dice el mensaje
En su saludo a los participantes de la Marcha por la Vida, Wilmer afirma que la vida humana debe ser «respetada, protegida y promovida en todas sus fases». Añade que el grado en que una sociedad se toma en serio la dignidad humana se ve allí donde hay personas sin voz y se cuestiona su derecho a existir.
Tras mencionar a los niños por nacer, el mensaje amplía la lista de asuntos: los enfermos y los ancianos, los moribundos, la pena de muerte, las personas necesitadas, la paz y la reconciliación. Concluye con esta advertencia: «Quien quiere proteger la vida humana no puede, al mismo tiempo, enfrentar a unas personas contra otras, excluirlas o relativizar su dignidad».
Berger sostiene que esa ampliación da al saludo un tono que, según él, ya es habitual en los pronunciamientos eclesiales alemanes. En su lectura, el mensaje viene a decir a los provida que está bien que se opongan al aborto, pero que conviene explicarles también cómo debe pensar una persona decente sobre todo lo demás. Con ironía, el autor añade que solo faltó excluir de las manifestaciones a los afiliados de AfD y a los partidarios de la liturgia latina tradicional.
¿Por qué precisamente a los provida?
El autor aclara que no discute el contenido de la doctrina social. Admite que la protección de enfermos, ancianos y moribundos, la paz, la misericordia y la ayuda a los necesitados forman parte del mandato cristiano. Su pregunta es otra: por qué ese añadido aparece justo en un mensaje dirigido a quienes se manifiestan porque los niños por nacer no tienen voz.
Para ilustrarlo, Berger propone invertir la situación. En el próximo llamamiento eclesial a acoger migrantes, dice, el Obispo podría recordar que la caridad cristiana alcanza también a los no nacidos y que en Alemania se registran cada año abortos en cifras de seis dígitos. En el próximo llamamiento por la paz podría citar la idea de Santa Teresa de Calcuta de que la paz empieza cuando una madre deja vivir a su hijo. El autor da por hecho que esos añadidos no llegarán. Coincide así con un comentario de kath.net, según el cual la ampliación política y ético-social aparece precisamente cuando se habla de la defensa de la vida.
Berger considera especialmente desafortunada la advertencia contra la «exclusión». Recuerda que el Bundesverband Lebensrecht (Asociación Federal por el Derecho a la Vida), organizador de la marcha, ha fijado para este año cinco temas centrales: el aborto, la prueba prenatal en sangre NIPT, la gestación subrogada, el suicidio asistido y la asesoría a embarazadas en situación de conflicto. Por eso, sostiene el autor, pedir a estos manifestantes que no excluyan a nadie parece menos un apoyo que un dedo acusador levantado por si acaso.
La pena de muerte frente al aborto
El autor ve especialmente extraña la mención de la pena de muerte. Wilmer apoya ese punto en unas palabras del Papa León XIV, quien, según resume Berger, afirmó que no se puede estar de forma creíble contra el aborto y a la vez a favor de la pena de muerte. Berger califica esa afirmación de problemática desde la teología moral y el derecho natural, y la presenta como dirigida contra Trump. Deja expresamente para otro momento su valoración teológica.
Para el caso alemán, el autor se limita a constatar un hecho: en Alemania no se ejecutan condenas a muerte, mientras que los abortos se practican a diario. Según Berger, los manifestantes no rechazan el cuidado de los ancianos ni desean la pena de muerte. Salen a la calle porque en el país se puede poner fin legalmente a una vida antes del nacimiento. El problema del niño por nacer, escribe, no es que su causa esté poco integrada en una ética social general, sino algo mucho más elemental: que puede ser eliminado.
Convocatoria en Berlín y Colonia
Las dos marchas se celebran el sábado 19 de septiembre de 2026. En Berlín, la salida es a las 13.00 en la Washingtonplatz, frente a la estación central. En Colonia, a la misma hora en la plaza Neumarkt. En ambos casos está previsto terminar hacia las 16.30.
En Berlín han anunciado su participación, entre otros, el Obispo de Ratisbona, Rudolf Voderholzer, el Obispo auxiliar Josef Graf y el Obispo emérito de Eichstätt, Gregor Maria Hanke. Berger considera que acudir es la forma más convincente de saludo episcopal. Termina sugiriendo que al presidente de la Conferencia Episcopal le resultaría una experiencia interesante acompañar la marcha no solo con un mensaje, sino caminando en ella.








