(The Pillar/InfoCatólica) El primer ministro británico, Andy Burnham, ha anunciado que el Gobierno buscará poner fin a la prohibición que impide a católicos y judíos asesorar al monarca sobre los nombramientos en la Iglesia establecida del Estado. Burnham, el primer católico de toda la vida que ocupa el cargo, comunicó el 10 de septiembre que había traspasado al Lord Canciller, Alex Norris, su responsabilidad constitucional de aconsejar al Rey Carlos III sobre los nombramientos eclesiásticos.
Burnham se vio obligado a dar ese paso porque la Ley de Alivio de los Católicos Romanos de 1829 establece que ningún católico puede asesorar al monarca sobre los nombramientos para oficios de la Iglesia de Inglaterra y de la Iglesia de Escocia. La Ley de Alivio de los Judíos de 1858 contiene una prohibición semejante referida a los miembros de la fe judía.
El primer ministro afirmó que resulta «inaceptable que exista un impedimento legislativo contra personas de cualquier fe para desempeñar todas las funciones de mi cargo». Y añadió: «Por tanto, el Gobierno presentará un proyecto de ley en la primera oportunidad posible para corregir esta anomalía anticuada y arcaica».
La Sociedad Nacional Secular, organización que persigue la separación completa entre la Iglesia y el Estado, se apresuró a hacer notar que el anuncio de Burnham llegó después de que ella misma escribiera en el mes de agosto a la ministra de la Oficina del Gabinete, Louise Haigh, para reclamar el fin de unas disposiciones que califica de discriminatorias. La supresión del veto, por tanto, llega avalada por quienes aspiran a desmontar del todo el vínculo entre el Estado británico y la confesión establecida.
Un veto que solo alcanza a católicos y judíos
Las restricciones religiosas se aplican únicamente a católicos y judíos. No afectaron a Rishi Sunak, hindú, que fue primer ministro entre 2022 y 2024, ni a Keir Starmer, ateo, que ocupó el cargo desde 2024 hasta julio de 2026. La prohibición, además, no se limita a los primeros ministros: alcanza también a sus asesores.
La intervención del primer ministro en los nombramientos eclesiásticos es una peculiaridad del sistema constitucional británico que tiene su raíz en la Reforma. Tras la ruptura del rey Enrique VIII con Roma, el Acta de Supremacía de 1534 lo declaró cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra, y la legislación conexa afirmó el poder del monarca sobre los nombramientos episcopales sin requerir el asentimiento papal.
La Iglesia de Inglaterra surgió como iglesia establecida durante la Reforma inglesa, mientras que el Parlamento escocés estableció la fe reformada en Escocia en 1560. A diferencia de la Iglesia de Inglaterra, la Iglesia de Escocia no está encabezada por obispos, sino por ancianos y ministros. El Acta de Establecimiento de 1701 prohibió al monarca ser católico o casarse con una católica, exigiéndole estar en comunión con la Iglesia de Inglaterra.
Las leyes de alivio de 1829 y de 1858 levantaron ciertas restricciones que pesaban sobre la participación de los católicos y de los judíos en la vida pública británica, pero mantuvieron en pie la prohibición de que los miembros de una u otra confesión asesorasen sobre los nombramientos de la iglesia establecida. Según un informe de la Biblioteca de la Cámara de los Comunes fechado el 10 de septiembre, la prohibición relativa a los nombramientos de la Iglesia de Escocia podría haber quedado ya sin objeto, puesto que en la actualidad sus designaciones se realizan con independencia del monarca.
Cómo funciona el nombramiento de los obispos anglicanos
Hasta 2007, cuando quedaba vacante una diócesis anglicana, un organismo de la Iglesia de Inglaterra llamado Comisión de Nombramientos de la Corona seleccionaba dos candidatos, normalmente por orden de preferencia, y los remitía al primer ministro. Este elegía uno de los nombres y aconsejaba al monarca nombrarlo. También podía rechazar a ambos candidatos y pedir más nombres, algo que se cree que ocurrió en muy raras ocasiones.
En 2007, sin embargo, el entonces primer ministro Gordon Brown redujo de manera notable el papel del jefe del Gobierno dentro de ese proceso de nombramiento. Desde entonces solo se presenta un nombre al primer ministro, que se limita a transmitirlo al monarca, mientras la Comisión de Nombramientos de la Corona conserva un segundo nombre en reserva por si el primero llegara a ser rechazado.
Disraeli, Blair y Johnson
Benjamin Disraeli fue el primero y hasta ahora único primer ministro judío del Reino Unido, en el cargo en 1868 y de nuevo entre 1874 y 1880. Pero había sido bautizado en la Iglesia de Inglaterra a los doce años, un acto que más tarde le permitió asesorar a la Corona en los nombramientos eclesiásticos.
Dos primeros ministros recientes han estado vinculados al catolicismo. Tony Blair era anglicano cuando ocupó el cargo entre 1997 y 2007, y fue recibido después en la Iglesia católica. Boris Johnson fue bautizado católico de niño, pero confirmado en la Iglesia de Inglaterra; se lo consideraba anglicano cuando llegó al puesto en 2019, aunque se casó en ceremonia católica en 2021, un año y medio antes de dejar el cargo. Aquella boda en la catedral de Westminster suscitó el debate sobre si Johnson había traspasado al Lord Canciller su responsabilidad de aconsejar al monarca sobre los nombramientos, tal como acaba de hacer Burnham.








