«Este es el orden del Evangelio: estar con Él y, por Él, ser enviados»: León XIV fija la prioridad del ministerio episcopal
El Papa, en audiencia con los participantes del Curso de Formación para nuevos obispos | © Vatican Media

Define el episcopado como «amoris officium»

«Este es el orden del Evangelio: estar con Él y, por Él, ser enviados»: León XIV fija la prioridad del ministerio episcopal

«A veces basta una llamada telefónica, una visita, una palabra afectuosa». León XIV pidió a los 147 nuevos obispos una atención particular hacia los sacerdotes ancianos y enfermos: que sepan que la Iglesia no los olvida.

(InfoCatólica) Ninguno de los 147 obispos nombrados durante el último año volverá a su diócesis con la idea de que el ministerio episcopal se ejerce en solitario. Esa fue la convicción que León XIV quiso grabar este jueves en los prelados que han seguido en el Vaticano el curso anual de formación para nuevos obispos, al que puso término con una audiencia en el Aula del Sínodo: «Ningún obispo camina solo», una idea que el propio Pontífice calificó de «muy sencilla y valiosa» y que atravesó de principio a fin su discurso.

El curso, celebrado bajo el lema «Obispos, servidores de la comunión en la Iglesia y en el mundo de hoy», comenzó el pasado 2 de septiembre y ha reunido a prelados de los cinco continentes. Según recoge Vatican News, 98 de ellos participaron en el programa propuesto por el Dicasterio para los Obispos y 49 en el del Dicasterio para la Evangelización. El Papa agradeció la preparación del encuentro a esos dos dicasterios y también al Dicasterio para las Iglesias Orientales, y abrió la audiencia pidiendo a los presentes una oración por el eterno descanso del padre del Cardenal Tagle, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización, fallecido días atrás, y por el consuelo de su familia.

«Somos obispos, pero somos ante todo discípulos»

La primera indicación del Papa a los nuevos pastores fue la primacía de la relación personal con Cristo. «Ante todo, permanecer con Jesús. De entre las muchas cosas que se os pedirá que hagáis como Obispos, esta es la más importante», afirmó. Y añadió: «Somos Obispos, pero somos ante todo discípulos. Para hablar de Él, necesitamos estar con Él; para guiar a su pueblo, debemos dejarnos guiar cada día por Él».

León XIV apoyó esa prioridad en el relato de la institución de los Doce: «Instituyó a Doce, nos dice el Evangelio de San Marcos, a los que llamó apóstoles, para que estuvieran con Él y para enviarlos a predicar» (Mc 3,14). «Este es el orden del Evangelio: estar con Él y, por Él, ser enviados. No lo olvidemos jamás», subrayó. De ahí su exhortación a cuidar la Eucaristía, la Palabra de Dios y la oración, «esos momentos en los que podéis estar en su presencia con el corazón sencillo del discípulo que se deja amar por su Señor». Cuando el corazón permanece cerca del Señor, sostuvo, el servicio «se vuelve más sereno, más libre, más fecundo».

Aprender los nombres, escuchar las historias

El segundo rasgo que el Pontífice pidió a los nuevos obispos fue el corazón del Buen Pastor, «completamente vuelto al Padre y, precisamente por eso, totalmente entregado a los hermanos», con la referencia evangélica de Jn 10,11. El obispo, describió, «es un hombre que aprende cada día más a amar a su pueblo: a conocer las alegrías y los dolores de su gente, a compartir sus sueños, a alegrarse al ver crecer las comunidades».

De esa premisa nació una indicación deliberadamente concreta: «Amad a la gente que el Señor os ha confiado. Aprended sus nombres, escuchad sus historias, entrad, cuando podáis, en sus casas, rezad con ellos». En las Iglesias jóvenes, apuntó, la presencia del obispo «dice muchísimo, incluso antes que sus palabras»: una visita, una bendición, el tiempo dedicado a un sacerdote, la escucha de una familia o el diálogo con un joven son «pequeños gestos, pero pueden permanecer en el ánimo de una persona durante toda la vida».

El Papa se detuvo después en lo que la tradición llama sollicitudo pastoralis, la solicitud pastoral, que no consiste simplemente en «tener muchas responsabilidades», sino en «llevar al propio pueblo en el corazón», al modo del «afán cotidiano» del que hablaba San Pablo (2Cor 11,28). Citando a Francisco, para quien «la cercanía es uno de los rasgos de Dios con su pueblo», pidió que los fieles perciban «algo de la ternura y de la paternidad de Dios» a través de sus pastores. Ese cuidado, insistió, vale de modo especial para el clero: «Escuchadlos, animadlos, rezad por ellos, alegraos por el bien que hacen y acompañadlos con confianza en su ministerio». Y reclamó una atención particular hacia los sacerdotes ancianos y enfermos: «A veces basta una llamada telefónica, una visita, una palabra afectuosa de vuestra parte».

La custodia de lo humano ante la inteligencia artificial

Recurriendo a San Agustín, León XIV definió el ministerio episcopal como un amoris officium, un servicio de amor: «Nuestra predicación es un acto de amor, así como la escucha, la oración, el discernimiento, el tiempo dado a las personas, la presencia».

Ese servicio se ejerce hoy, advirtió, en «una época de cambios rápidos», en la que los avances de las tecnologías de la comunicación y de la inteligencia artificial «han abierto posibilidades que, hasta hace pocos años, ni siquiera habríamos imaginado». El Papa fue tajante al fijar su alcance: «Ciertamente no pueden liberar a la humanidad del pecado y de sus consecuencias: lo demuestran trágicamente las crisis que está atravesando». En un escenario complejo y «en ciertos aspectos, inquietante», recordó, la Iglesia celebró el año pasado el Jubileo de la esperanza, no porque viva al margen del mundo, sino «porque es enviada por Cristo muerto y resucitado a anunciar a todos el Evangelio de la salvación».

Como instrumento para afrontar ese desafío remitió a su encíclica Magnifica humanitas, con la que considera haber ofrecido, en primer lugar a los pastores, «una visión y un método para afrontar el gran desafío de la custodia de lo humano en la época de la inteligencia artificial». De ahí su encargo: «Os animo a promover en vuestras diócesis caminos de reflexión y diálogo, para formar y sostener a cuantos quieren comprometerse al servicio de la civilización del amor».

Un corazón misionero

La última indicación se dirigió especialmente a los obispos procedentes de Iglesias jóvenes, que conocen «la belleza y también la fatiga de la misión, de una Iglesia que quizá posee poco, pero que es rica en una gran fe». El obispo misionero, describió, «tiene un corazón abierto a todos: no solo a quienes frecuentan nuestras parroquias, sino también a los cristianos de otras confesiones, a los creyentes de otras religiones, a las personas que no profesan una fe, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad».

León XIV cerró la audiencia volviendo a San Agustín («Para vosotros soy obispo, con vosotros soy cristiano») y con una llamada a caminar con el pueblo: rezar, escuchar la Palabra y celebrar la Eucaristía con él. A los nuevos pastores, ya de regreso a sus diócesis, les dejó una certeza: «El Señor, que os ha llamado, es fiel. Os precederá en el camino, os acompañará y, con el don de su Espíritu Santo, os dará luz cada día».

3 comentarios

Generalife.
Obispos, discípulos del único Maestro.Que transmitan sus enseñanzas
10/09/26 4:07 PM
Francisco Javier
"El obispo misionero, describió, «tiene un corazón abierto a todos: no solo a quienes frecuentan nuestras parroquias, sino también a los cristianos de otras confesiones, a los creyentes de otras religiones, a las personas que no profesan una fe,"

Que el corazón abierto del obispo misionero sea para evangelizar a las demas religiones y pastorear en la fé católica a los que estan dentro la iglesia.
10/09/26 4:35 PM
Néstor
147. Todavía es temprano para saber si eso hace que falten menos o que sobren más.

Saludos cordiales.
10/09/26 6:00 PM

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