(InfoCatólica) Las Iglesias nacidas de la actividad misionera ya no son solo destinatarias del Evangelio: son la cosecha que vuelve a casa cargada de gavillas. Con esa imagen, tomada del Salmo 126, el Dicasterio para la Evangelización ha presentado a los obispos ordenados en los dos últimos años el marco eclesiológico que está elaborando y al que ha llamado «la Iglesia de las gavillas». El encuentro tuvo lugar el 8 de septiembre de 2026 en el Aula Magna de la Pontificia Universidad Urbaniana, en Roma, dentro del curso de formación que reúne cada año a los nuevos prelados.
Según informa la agencia Fides, los obispos escucharon las intervenciones de dos dicasterios directamente implicados en la vida del clero y en la de las Iglesias jóvenes. El cardenal Lazzaro You Heung Sik, prefecto del Dicasterio para el Clero, habló sobre «La formación sacerdotal en el contexto actual». El arzobispo Fortunatus Nwachukwu, secretario de la Sección para la Primera Evangelización y las Nuevas Iglesias Particulares del Dicasterio para la Evangelización, expuso «Al servicio de la formación sacerdotal en una Iglesia sinodal. La Iglesia de las gavillas».
Nwachukwu saludó a los obispos en nombre del cardenal Luis Antonio Tagle, ausente por haber tenido que regresar a Filipinas tras el reciente fallecimiento de su padre, y presentó brevemente el dicasterio y su papel en la formación.
Un paradigma tomado del Salmo 126
El núcleo de su intervención estuvo dedicado al modelo que el dicasterio está desarrollando para la formación en los territorios de misión. El clero y los religiosos locales, explicó, han ido tomando «de los misioneros occidentales las riendas de la evangelización» y «más recientemente... están empezando a aportar su contribución a la Iglesia universal en un espíritu de sinodalidad. Por eso estamos desarrollando actualmente un marco para la evangelización en la Iglesia sinodal que llamamos "la Iglesia de las gavillas"».
Se trata, precisó, de «un paradigma eclesiológico tomado de las palabras del Salmo 126», uno de los salmos graduales que cantaban los peregrinos que subían a Jerusalén. Citó el versículo final en la traducción Grail, «una traducción moderna, aprobada litúrgicamente, fiel al texto hebreo y utilizada para la oración comunitaria en el Oficio Divino»: «Salen, salen llenos de lágrimas, llevando semilla para sembrar; vuelven, vuelven llenos de cantos, trayendo sus gavillas».
La siembra de los misioneros
Al comentar la imagen, el arzobispo identificó a quienes salen entre lágrimas con «los misioneros que llevaron el Evangelio a nuestros territorios. Dejaron sus zonas de confort y sus ambientes, el calor de sus familias, de sus compañeros, amigos y seres queridos, y marcharon a territorios de misión desconocidos». Puesto que la mayoría «no pensaba volver a casa», observó, «en cierto sentido, su partida fue como un morir. De hecho, muchos de ellos murieron solo unos meses después de su llegada a los territorios de misión. Lo sacrificaron todo, incluida su vida». Sin embargo, «no fueron con las manos vacías, sino que llevaron consigo las semillas del Evangelio para sembrarlas en nuevos territorios de misión».
De la segunda parte del versículo extrajo la conclusión: «La noticia gozosa es que sus esfuerzos y sacrificios no fueron en vano. Las semillas que sembraron han dado lugar a plantas que ahora florecen y dan frutos abundantes, las gavillas. Estamos ahora en el momento de la cosecha, del regreso a casa con las gavillas. Nuestro dicasterio tiene el deber de seguir regando lo que plantaron los misioneros y de ofrecer apoyo en la cosecha y en el retorno de las gavillas a la Iglesia universal».
Un proyecto académico con conferencia global
Nwachukwu señaló que «alguien ha sugerido que, si la Iglesia en los territorios de misión se llama la Iglesia de las gavillas, entonces la de Occidente, que envió a los misioneros, debería llamarse también la Iglesia de las semillas». El proyecto, detalló, «está siendo desarrollado por nuestro dicasterio en colaboración con el Centro para el Catolicismo Mundial de la Universidad DePaul en Estados Unidos, nuestra propia Universidad Urbaniana y una amplia red de profesores universitarios, principalmente teólogos», con el objetivo de «preparar a las gavillas para su acogida en la familia de la Iglesia universal y de las Iglesias locales de Occidente». Anunció además que una «primera conferencia global» está prevista en la Urbaniana el mes próximo.
«Etiquetados como conservadores»
Hablando a la vez como responsable del dicasterio y, en sus propias palabras, como «parte de las gavillas yo mismo», el arzobispo expresó su gratitud a las Iglesias que enviaron misioneros, «héroes de nuestra fe» que «sacrificaron los momentos más hermosos de su juventud, incluida su propia vida», por unos valores «sobre los que se ha construido la Europa que conocemos».
Cerró su intervención con una observación sobre las tensiones actuales en el seno de la Iglesia:
«Por desgracia, a veces, cuando algunas personas de nuestras Iglesias locales insisten hoy en permanecer fieles a esas enseñanzas de los misioneros, son etiquetadas como conservadoras. Muchos en Occidente quieren que abandonen las enseñanzas recibidas de los misioneros llegados de Occidente para abrazar valores nuevos y no probados, enseñados por personas que no soportan ni pueden soportar comparación alguna con los misioneros en su convicción y su solidaridad fraterna. No podemos abandonar nuestra herencia ni descuidar el pasado, porque el futuro está enraizado en él. Por favor, ayúdennos a honrar la memoria de sus heroicos hermanos y hermanas, los misioneros, también ofreciendo una acogida cálida a los frutos de sus sacrificios, en la Iglesia de las gavillas».
El riesgo de los programas que se quedan en «blah blah»
Con anterioridad, el cardenal You Heung Sik había abierto su intervención recordando sus años como joven obispo en Daejeon (Corea del Sur), donde fue nombrado coadjutor por el Papa San Juan Pablo II en 2003. Ante «situaciones que me resultaban desconocidas, a veces dolorosas y delicadas», se fijó tres prioridades que aún hoy le guían: «ser, no hacer», es decir, vivir cada día como «discípulo de Jesús»; «centrarse en las relaciones» con los colaboradores, los sacerdotes y los hermanos obispos antes que en las actividades, porque eso «abre de par en par las puertas a lo que más importa: experimentar el Reino de Dios»; y «mantener los ojos fijos en el único Maestro: el Crucificado y Resucitado». Sin ese arraigo en el Evangelio, advirtió, «todo lo demás, incluido el maravilloso programa de una Iglesia sinodal y misionera, corre el riesgo de quedarse en "blah blah": palabras, programas y actividades que no cambian el corazón de las personas ni la vida de las comunidades».
Formación en «estilo sinodal»
El prefecto centró después su exposición en la sinodalidad, recordando que la Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis de 2016 ya insiste en la «dimensión comunitaria» de la formación, y que la vida común en el seminario y la «comunión presbiteral» son, junto con la espiritualidad, «el campo de entrenamiento para llegar a ser cada vez más discípulos misioneros, servidores de nuestros hermanos y hermanas, superando los riesgos del individualismo y del clericalismo».
Esa orientación, explicó, fue llevada más lejos por el Sínodo sobre la sinodalidad, cuyo Documento Final pidió que la formación de los candidatos se configure «en estilo sinodal», lo que exige, entre otras cosas, «una presencia significativa de mujeres», «una inserción en la vida cotidiana de las comunidades», «la educación en la colaboración con todos en la Iglesia», «la formación para el discernimiento eclesial» y «una pasión por la missio ad gentes». Sobre esa base, el Grupo de Estudio 4, al que el Papa Francisco encomendó revisar la Ratio «desde una perspectiva sinodal y misionera», optó por no reescribir el documento, sino por redactar un Documento Preliminar que expone «la identidad relacional de los ministros ordenados en una Iglesia sinodal misionera», publicado el pasado mes de marzo junto con veintiséis ejemplos de buenas prácticas ya en funcionamiento en distintos lugares del mundo, entre ellos, señaló, «la participación de mujeres en el propio equipo de formación».
El cardenal recordó también el origen del Congreso Internacional para la Formación Permanente de los Sacerdotes de 2024: un hermano en el episcopado le dijo en cierta ocasión: «Ahora eres responsable de que todos los sacerdotes del mundo sean felices».
La carta apostólica de León XIV
You Heung Sik enlazó esa trayectoria con la reciente carta apostólica de León XIV Una fedeltà che genera futuro, publicada con motivo del 60 aniversario de los decretos conciliares Optatam totius y Presbyterorum Ordinis, y subrayó que dos de sus cinco capítulos están dedicados a «Fidelidad y fraternidad» y «Fidelidad y sinodalidad».
Citó la pregunta del Papa: «¿Cómo podríamos, en efecto, los ministros ser constructores de comunidades vivas si no reinara ante todo entre nosotros una fraternidad efectiva y sincera?». Y recordó su llamamiento a que los presbíteros superen «el modelo de un liderazgo exclusivo, que conduce a la centralización de la vida pastoral y a que el peso de todas las responsabilidades recaiga sobre él solo», para avanzar hacia «un liderazgo cada vez más colegial, mediante la cooperación de presbíteros, diáconos y todo el Pueblo de Dios».








