Récord de obispos en la Marcha por la Vida británica: catorce recorrieron a pie todo el trayecto
Marcha por la Vida del Reino Unido 2026 | © Edward Pentin

«El aborto daña a la familia»: el testimonio de los varones

Récord de obispos en la Marcha por la Vida británica: catorce recorrieron a pie todo el trayecto

Quince obispos, la bendición apostólica de León XIV y las contramanifestaciones más agresivas registradas hasta ahora: la Marcha por la Vida del Reino Unido dejó claro que el aborto ha vuelto al centro del debate público británico.

(InfoCatólica) Nunca antes tantos obispos habían caminado juntos por las calles de Londres en defensa de los no nacidos, y nunca antes se habían encontrado con una oposición tan ruidosa. La Marcha por la Vida del Reino Unido celebrada el sábado congregó a quince obispos, recibió un mensaje de aliento y la bendición apostólica del Papa León XIV y se desarrolló acompañada por las contramanifestaciones más intensas registradas hasta la fecha en el acto anual, incluida la irrupción de un grupo de manifestantes en la Misa de apertura en la catedral de Westminster, que hubo de ser desalojado por la fuerza.

Para la codirectora de la marcha, Isabel Vaughan-Spruce, la combinación de una alta participación y de una oposición sin precedentes demuestra que las cuestiones relativas a la vida se están convirtiendo en un asunto central del debate público británico.

Una oposición organizada y ruidosa

Vaughan-Spruce constató «ciertamente más oposición» que en ediciones anteriores. Tras interrumpir la Misa, los manifestantes, la mayoría de ellos con el rostro cubierto, acompañaron buena parte del recorrido y de la concentración posterior, coreando consignas con megáfonos y haciendo ruido de forma deliberada para tapar las intervenciones de los oradores provida.

La Policía Metropolitana de Londres recibió críticas por haber permitido que los contramanifestantes se situaran a escasa distancia y por haberles asignado un emplazamiento en la plaza del Parlamento justo enfrente del escenario de la Marcha por la Vida, desde donde continuaron la disrupción y provocaron a los participantes.

La codirectora, que lleva años rezando ante centros abortistas y que actualmente se enfrenta a un proceso judicial por ello, declaró a National Catholic Register que no considera las protestas «necesariamente algo malo», puesto que las interpreta como «un indicio de que el aborto se está convirtiendo en un asunto público candente». «Durante demasiado tiempo ha habido una complacencia extraordinaria en torno al aborto en Gran Bretaña», afirmó. «Se ha tratado como algo que sencillamente debía aceptarse. Pero eso parece estar cambiando».

A su juicio, la elevada asistencia muestra que la gente «está encontrando culturalmente aceptable» declararse provida, que percibe como «cada vez más necesario expresar su preocupación por el aborto» y que «empieza a encontrar el valor para desafiar la cultura del silencio que ha rodeado al aborto durante tanto tiempo».

Presencia pastoral sin precedentes

Los quince obispos concelebraron la Misa de apertura, presidida por el arzobispo Richard Moth, de Westminster, y catorce de ellos recorrieron a pie la totalidad del trayecto, rezaron la oración final e impartieron la bendición al término del acto.

En la homilía, el obispo Frank Dougan, de Galloway (Escocia), advirtió contra la tentación de «creer en la inevitabilidad de que las cosas vayan solo en una dirección y de que nuestros argumentos, nuestras declaraciones y nuestro testimonio no conducen a ninguna parte». «Esa tentación es enemiga de la esperanza», sostuvo, antes de exhortar a los fieles a mirar el ejemplo de santos como Santa Mónica y a «seguir haciendo lo que hacemos, seguir diciendo lo que hay que decir y seguir hablando por quienes no pueden hablar por sí mismos». Y añadió: «¿Por qué hacemos esto? Porque cada niño tiene un lugar en el corazón de Dios desde toda la eternidad. Una vez concebido, el sueño eterno del Creador se hace realidad».

Uno de los obispos comentó sobre el asalto a la Misa que, aunque los manifestantes «puedan no comprender la verdad sobre la dignidad de la vida humana, sí parecen entender dónde está el corazón de sus adversarios: en la Iglesia católica y, particularmente, en la Eucaristía».

El mensaje de León XIV

El mensaje del Papa, acogido con fervorosos aplausos, aseguró a los participantes sus oraciones e impartió la bendición apostólica. Toda sociedad verdaderamente justa, escribió León XIV, se «edifica sobre el reconocimiento de la dignidad inviolable de la persona humana», que «pertenece a todo ser humano por el mero hecho de existir». Por esa razón, prosiguió, «debe guiar toda decisión jurídica positiva. Cuando esta certeza se oscurece, los más vulnerables son las primeras víctimas, y la ley pierde su sentido más profundo de servir y proteger a todo ser humano».

El obispo Paul Mason, ordinario del obispado castrense de las Fuerzas Armadas británicas, atribuyó la elevada afluencia a que la gente percibe «cada vez más» los frutos malignos de la cultura de la muerte. «Saben en lo más hondo de sí mismos que esto sencillamente no está bien», explicó. Preguntado por si una oscuridad espiritual dominante está provocando esa reacción, respondió: «Cuanto más te empujan hacia ese espacio oscuro, más reaccionas, porque estás llamado a dar una respuesta. Toleramos tantas cosas y, de pronto, te han empujado demasiado lejos y piensas: "Esto es un disparate. Tiene que parar"».

Sobre si la presencia masiva de obispos anticipa una defensa más contundente de la vida, matizó: «Siempre intentamos equilibrar que hay personas que sufren, que están en situaciones muy difíciles. Si te limitas a demonizarlas, conviertes esto en un argumento muy binario. Quieres mostrar que estás aquí para apoyar y no solo para señalar con el dedo. Pero, al mismo tiempo, hace falta también una voz que diga: "La destrucción de la vida, de millones de vidas, no puede estar bien"».

El arzobispo John Wilson, de Southwark, jurisdicción que abarca el condado de Kent y el sureste de Londres, subrayó que el acto giró en torno a «la fe y la alegría» y careció de agresividad, en contraste con las protestas. En una declaración destacó la presencia de «abuelos, jóvenes, adultos jóvenes, padres, clero, religiosas, toda clase de personas distintas, muchas de las cuales comparten mi fe y otras no, pero estamos unidos en una convicción: que la dignidad de la vida humana es primordial».

El testimonio de los varones

El lema de esta edición, «El aborto daña a la familia», dio especial protagonismo al testimonio de los varones, en continuidad con el primer congreso británico dedicado a la integridad sexual, las relaciones y el papel del hombre en el movimiento provida, organizado por la Marcha por la Vida el pasado mes de abril.

El orador provida estadounidense Jeff Joaquin relató su experiencia: hace casi cuarenta años su novia abortó al hijo de ambos, una decisión ante la que él reconoce haberse comportado con cobardía y que lamenta profundamente desde entonces. Citando el conocido aforismo «lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada», llamó a los varones a posicionarse con valentía en favor de los no nacidos: «Cuando entras en la batalla con un movimiento provida y salvas una vida, eso es una renta perpetua que durará hasta el cielo, porque elegiste actuar, porque elegiste hablar, porque te negaste a callar».

Joaquin leyó después una carta escrita a su hijo en la que le pedía oraciones «de misericordia y perdón» y le decía que «sepas que tu padre te quiere con todo su corazón». «Los hombres también sufren por el aborto», afirmó. «No fui el padre ni el marido que debía ser, porque cargaba con esa herida».

Vaughan-Spruce señaló que la intervención «tocó el corazón» de muchos de los hombres con los que habló después, y consideró especialmente alentador ver que los varones «encuentran cada vez más su voz y reconocen que pueden y deben ser líderes en la defensa de la familia y de los valores sobre los que se sustenta».

La codirectora observó asimismo que una «nueva generación» de jóvenes católicos convertidos o que redescubren su fe «no tiene miedo de enfrentarse a las cuestiones morales importantes de nuestro tiempo». Y apuntó un dato revelador: parejas jóvenes que se conocieron en ediciones anteriores de la marcha regresan ahora con sus propios hijos. «Esto me hizo comprender de verdad que se trata de un acontecimiento familiar en el sentido más hondo», concluyó, «no simplemente de marchar contra algo, sino de construir una cultura en la que la vida y la familia puedan florecer».

2 comentarios

María de los Ángeles
Me encantaría que en España se organizara una Marcha por la Vida y ver cuántos obispos españoles participaban en ella. Me parece importante que la Iglesia Católica se implicara más activa y presencialmente en contra del crimen del aborto y en defensa de la vida.
Mis felicitaciones para estos obispos británicos que unidos al pueblo, se han manifestado públicamente contra la abominación del aborto.
10/09/26 11:07 AM
Generalife.
Gracias por su testimonio
10/09/26 4:12 PM

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