(InfoCatólica) Ni la riqueza, ni el prestigio, ni los éxitos, ni siquiera los errores propios determinan lo que vale un ser humano. Esa fue la tesis central de la catequesis del Papa León dedicada a la dignidad de la persona, dentro del ciclo que viene desarrollando sobre los documentos del Concilio Vaticano II y, en concreto, sobre la constitución pastoral Gaudium et spes.
El Pontífice recordó que el reconocimiento de los derechos y los rasgos fundamentales de la dignidad humana constituye una de las páginas más significativas de la historia, pero advirtió que ese camino no ha concluido. Persisten contradicciones, antiguas y nuevas, que impiden su plena realización, así como falsificaciones y manipulaciones que desfiguran su percepción.
Un don recibido, no un mérito adquirido
La aportación de la Iglesia, señaló León, consiste en recordar que la dignidad humana brota del mismo ser de la persona. No procede de la sociedad ni se pierde por las circunstancias: no depende de las capacidades, de los bienes, de la posición social ni de las decisiones justas o equivocadas que cada uno tome.
El Papa remitió a su encíclica Magnifica humanitas, donde había afirmado que cada persona, «hecha constitutivamente para la relación, es pensada y querida por Dios para entrar en una historia de comunión con Él, con los demás y con la creación».
Ese fundamento, explicó, se enraíza en la condición de criatura: «La dignidad infinita del ser humano, por tanto, se arraiga en su identidad de criatura hecha "a imagen de Dios", capaz de conocer y amar a su Creador», un proyecto y un don de amor que trasciende las demás realidades creadas, confiadas al cuidado del hombre.
Ser persona es ser relación
De ahí se sigue, según el Pontífice, que la persona implica siempre relación, comunión y participación: filial respecto de Dios Padre y fraterna respecto de Cristo y de todos los seres humanos. «Excluye los cierres autorreferenciales. Ser persona significa percibirse a sí mismo como un don que hay que compartir, creciendo y madurando en la acogida, la reciprocidad y el servicio», afirmó.
Esa dignidad, añadió, queda confiada a la responsabilidad de cada uno y exige a la vez solidaridad y cuidado recíproco. El Papa reconoció que en el hombre persiste una «división íntima» y que toda la vida humana, individual y colectiva, se presenta como una lucha dramática entre el bien y el mal, aunque esa condición frágil puede contemplarse con esperanza porque «el Señor vino en persona para liberar y vigorizar al hombre».
El cuerpo no es un objeto disponible
León subrayó también que Gaudium et spes presenta al ser humano como unidad de cuerpo y alma, lo que obliga a superar las visiones dualistas. Reducir el cuerpo a un objeto del que se puede disponer arbitrariamente es, dijo, siempre una negación de la dignidad de la persona.
Citando el texto conciliar, recordó que el hombre no debe «despreciar la vida corporal» y sí «tener por bueno y honrar a su propio cuerpo, como criatura de Dios que ha de resucitar en el último día», vigilando que no lo esclavicen las inclinaciones desordenadas del corazón, pues todos estamos heridos por el pecado.
Inteligencia, conciencia y libertad
La catequesis se cerró con las tres expresiones más significativas de la dignidad que destaca la constitución conciliar: la inteligencia, que hace del hombre un buscador insaciable de la verdad; la conciencia, mediante la cual da unidad y sentido a su vida; y la libertad, que lo convierte en protagonista responsable de sus decisiones.
«Son dimensiones estrechamente vinculadas entre sí: es en la conciencia donde la verdad es reconocida como tal y donde la libertad puede experimentarla como su fundamento y posibilidad», explicó el Papa, que atribuyó al Espíritu Santo la garantía permanente de la condición de hijos de Dios, liberadora del miedo y orientada hacia la vida en plenitud más allá de la muerte.
En el saludo a los peregrinos de lengua española, León invitó a revalorizar y promover, en uno mismo y en los demás, la dignidad única e indeleble recibida como criaturas hechas a imagen de Dios y redimidas por Cristo.








