(InfoCatólica) Mel Gibson decidió como ya explicó rodar en inglés The Resurrection of the Christ, la secuela de La Pasión de Cristo cuya primera entrega llegará a los cines el próximo mes de mayo. Es la ruptura más visible con la película de 2004, hablada en arameo, hebreo y latín, y el director la justifica por la densidad de lo que quiere contar. «Me parecía absurdo obligar a la gente a leer subtítulos mientras se enfrenta a conceptos tan hondos», ha explicado en una entrevista con el periodista Raymond Arroyo, de EWTN, concedida mientras ultima el montaje del filme.
El anuncio llega en la antesala del reestreno de La Pasión de Cristo, que vuelve a la gran pantalla del 10 al 17 de septiembre en una reposición limitada que incluirá un adelanto de la nueva película.
Un rompecabezas de diez años
El proyecto ha ocupado dos décadas al director y una década entera solo de escritura, un proceso que Gibson compara con «un rompecabezas en el que primero tienes que crear las piezas y luego encajarlas». El resultado son dos entregas que no se limitan al episodio pascual, sino que recorren los grandes hitos de la historia de la salvación, de Abraham a Moisés y David, para presentarlos como profecía cumplida en una sola persona. «Si lees la Septuaginta, los libros antiguos, todo es profecía crística. Y todo se cumple en un solo hombre. ¿Qué probabilidades hay de eso? Más fácil sería ganar la lotería. Y nadie gana la lotería», sostiene.
Gibson rechaza de plano que la Pasión sea el desenlace del Evangelio, y ahí está la razón de fondo de toda la empresa. «No es el clímax. Es una parte, un acontecimiento inmenso, sí. Pero lo verdaderamente asombroso es que Alguien vuelva a la vida por su propio poder después de una muerte pública, y se muestre de nuevo públicamente. Y no lo vieron solo los apóstoles, lo vieron cientos de personas, y fueron testigos, y lo proclamaron.»
El director anticipa un relato que viajará desde «nuestro propio mundo quebrado» hasta «otros reinos y realidades con naturalezas diferentes», y advierte de que la complejidad del acontecimiento le ha obligado a acudir a un abanico de fuentes mucho más amplio que el de La Pasión. Preguntado por la oportunidad del estreno, responde que no lo considera casual. «No hay accidentes en ninguna parte, así que sí. Yo pensaba que llegaba tarde, veintitrés años después. Probablemente llega justo a tiempo. No es mi calendario.»
De los intérpretes de la primera película solo uno repite en la secuela, aunque Gibson ha preferido no desvelar de quién se trata.
Veinte años después, el efecto de una película que no fue solo una película
La reposición de septiembre permite volver sobre la obra que sacudió Hollywood en 2004 y que su director defiende hoy con los mismos argumentos de entonces. «Las representaciones anteriores estaban edulcoradas, lo hacían parecer fácil, y no lo fue. Yo quería que fuera lo más real posible, para que la gente pudiera entrar en ese camino, que es durísimo», afirma. Sobre la crudeza que tantos le reprocharon, su respuesta apela directamente a lo que la escena significa. «Quería dar una idea de la magnitud del sacrificio. No fue algo a medias. Fue todo, hasta la última gota. No hubo reservas, fue el Cordero entregado por completo.»
Quienes vaticinaron que la película sembraría violencia y división se equivocaron por completo, y lo que llegó fueron conversiones. Gibson recuerda con asombro que hubo espectadores que confesaron delitos graves callados durante años, entre ellos robos a bancos y un asesinato. «He visto cartas de conversiones», señala. «Es increíble el poder que tuvo.» Un poder que, sostiene, no ha caducado, y para ilustrarlo cuenta el caso reciente de una joven de diecinueve años que la vio por primera vez y salió conmovida. «Le dije que esa película era más vieja que ella, y que aun así le había hecho aquello.»
De ahí también su defensa del regreso a las salas como experiencia compartida, casi litúrgica. «Se convierten en testigos de algo al mismo tiempo, comparten algo», dice, antes de evocar la promesa evangélica sobre los que se reúnen en el nombre del Señor.
La humildad de María y el actor que se vació
Uno de los pasajes más extensos de la conversación lo dedica Gibson a la Virgen, cuya presencia junto a la Cruz considera capital en la película y en la que dice haberse inspirado en las visiones de la Beata Ana Catalina Emmerich. «Era una criatura de humildad. No quería llamar la atención, siempre estaba detrás. Hablaba cuando tenía que hablar. Fue como una madre para todos los apóstoles. Su gran tesoro era la humildad. Pensad lo que es dar a luz a alguien y verlo padecer así delante de ti… y aceptarlo. Y no solo aceptarlo, perdonar. Se ha dicho que habría muerto de dolor de no haber sido sostenida por la gracia.»
Del trabajo de Jim Caviezel destaca precisamente una disposición semejante. Buscaba, explica, «alguien capaz de vaciarse de sí mismo y pedir ser llenado por otra cosa», y asegura que el actor lo hizo a diario hasta convertirse «en una especie de vaso».
Cuatro cosas al final del camino
Al director le han preguntado si estos años de trabajo sobre la Resurrección le han cambiado espiritualmente, y responde que no había otra posibilidad. «Nadie juega en ese arenal sin acabar con arena encima. Tienes que buscar el corazón del asunto, encontrar granos de verdad que resuenen en ti y que, con suerte, resonarán en quienes la vean.»
El cierre de la entrevista llega cuando Arroyo le pregunta qué ocurre cuando todo termina. Gibson no lo piensa dos veces. «Cuatro cosas. Ya sabes cuáles, muerte, juicio, cielo, infierno. Así que hay que prepararse.»








