(InfoCatólica) Un observador imparcial probablemente concluiría que la mayoría de los problemas de la Iglesia provienen de una inmensa red de organizaciones, colegios, universidades, revistas y periódicos «católicos» que no dejan de promover la confusión y el rechazo de la fe y la moral católicas. En esa línea, la revista América de los jesuitas norteamericanos y la revista italiana Settimana News, propiedad de los Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús (Dehonianos), han publicado un artículo de Phyllis Zagano en el que la teóloga sigue promoviendo contra viento y marea la ordenación de diaconisas.
El artículo, titulado «El punto sobre las diaconisas y el Vaticano» y publicado en italiano el 28 de agosto, utiliza el viejo esquema progresista según el cual todo aquello que se quiere cambiar se confía a una comisión, un sínodo o un grupo de estudio. Si la comisión o similar arroja un resultado contrario al cambio, simplemente se convoca una nueva y otra y otra, hasta que alguna se muestre favorable a cambiar la fe de la Iglesia. Entonces, y solo entonces, el resultado de la comisión ya es irrevocable y definitivo.
En el caso del diaconado femenino, Zagano intenta convencernos de que, «en la Iglesia Católica, el tema ha estado en discusión durante medio siglo». Curiosamente, los ejemplos que da son todos de lo contrario: en 1973, algunos miembros progresistas de la comisión del Papa Pablo VI sobre el papel de la mujer en la sociedad y la Iglesia intentaron que se examinara el tema, sin ningún éxito. Lo mismo pasó en las décadas siguientes, cuando se intentó introducir el tema en la Comisión Teológica Internacional, de nuevo sin éxito por ser evidente que se trataba de una cuestión sin futuro. Tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI rechazaron cualquier debate sobre ella.
Agarrándose a un clavo ardiendo, Zagano nos explica que «las Iglesias Ortodoxas también han mostrado signos de renovación de su antigua tradición de ordenar mujeres al diaconado». Sin embargo, el único caso de «éxito» que puede presentar es que un obispo ortodoxo ¡de Zimbabwe! supuestamente «ordenó» una diaconisa en 2024. Significativamente, Zagano oculta que el Patriarcado de Alejandría, del que depende el obispo en cuestión, señaló que no se trataba de la ordenación de «una mujer ministra de los sagrados Misterios», sino solo la elección de una «asistente» en ámbitos femeninos, como el bautismo de mujeres.
Finalmente, el papa Francisco abrió explícitamente el debate y creó dos comisiones para estudiar la cuestión desde el punto de vista histórico y teológico. La primera funcionó entre 2016 y 2018 y la segunda de 2020 hasta 2022. Como detalle revelador de la altura del debate y de la introducción de criterios ajenos a la fe católica, las comisiones eran paritarias, con el mismo número de hombres y mujeres.
Aparentemente, se trataba el momento de gloria de doña Phyllis, que fue nombrada miembro de la primera comisión. Por desgracia para ella y a pesar de todos sus paritarios esfuerzos, la comisión no logró el resultado que deseaba.
Aún peor, la segunda comisión presentó conclusiones demoledoras en una carta del Card. Giuseppe Petrocchi, presidente de la Comisión, que eran totalmente opuestas a las tesis de Zagano: un acuerdo unánime de que el diaconado femenino no tuvo un carácter sacramental, la indicación de que el sacerdocio y el diaconado forman parte de un único sacramento del orden vetado a las mujeres, la advertencia de que las corrientes modernas favorables al diaconado femenino «a menudo están en conflicto con la Tradición» y la defensa de que el hecho de que tanto Cristo como los diáconos, sacerdotes y obispos fueran hombres no era casual, sino un reflejo del «significado nupcial de la salvación».
Es de suponer que, si la comisión hubiera apoyado la ordenación de diaconisas, doña Phyllis lo habría presentado como la victoria definitiva de su tesis. Sin embargo, como ocurrió lo contrario, su artículo se esfuerza por defender hasta el agotamiento que, en realidad, lo que dijera la comisión era irrelevante, porque no siempre todos estuvieron de acuerdo en todo, alguna vez algún miembro estuvo enfermo y no votó y sus miembros no son tan expertos como la propia Zagano. Además, de todas formas, nos explica que, como se dijo el Sínodo, «lo que viene del Espíritu Santo no puede ser detenido», una afirmación que recuerda a la involuntariamente chistosa «nadie puede detener la primavera en primavera» de Religión Digital.
Tras el fallido intento en el pontificado anterior, su esperanza ahora es que el Sínodo de la Sinodalidad recoja de nuevo el tema del diaconado femenino y esta vez, quizá por agotamiento, le dé la razón a doña Phyllis. Y cuando no lo haga, habrá que celebrar otro sínodo y otro y otro más y todos los que hagan falta.








