(InfoCatólica) Mons. Rob Mutsaerts, obispo auxiliar de la diócesis holandesa de 's-Hertogenbosch, ha concedido una interesantísima entrevista al periodista Niwa Limbu del portal Ad Vaticanum. En ella, el prelado propone una sinodalidad bien entendida, que conjugue el escuchar a todos con el respeto de la Tradición de la Iglesia y, sobre todo, la pasión por evangelizar a los que no conocen a Cristo.
«Imagina una iglesia sinodal que pregunta a cada parroquia: ¿Por qué desaparecen tus adolescentes bautizados?», sugiere Mons. Mutsaerts. «¿Por qué ha caído en picado el número de confesiones? ¿Dónde asisten las familias jóvenes a la feria? ¿Por qué? ¿Dónde están los jóvenes adultos que piden el bautismo? ¿Qué los llevó a Cristo?».
Para el obispo, «esto sería una sinodalidad orientada hacia la salus animarum», es decir, la salvación de las almas. «Seguiría habiendo escucha, pero escucharíamos porque queremos desesperadamente descubrir cómo salvar almas». Así, «el proceso tendría un enfoque claro».
Para que no se quede todo en la teoría, Mons. Mutsaerts pone el ejemplo de su patria, los Países Bajos, como una lección de la que toda la Iglesia puede aprender algo, porque ha experimentado «un fracaso catastrófico en la transmisión de la fe de una generación a otra».
La descripción que hace el obispo de la situación holandesa es desoladora, especialmente porque no se diferencia mucho de la de otros países antiguamente católicos: «si millones permanecen nominalmente católicos, pero solo una pequeña fracción se encuentra regularmente con el Cristo eucarístico, si los niños bautizados desaparecen antes de la confirmación, si el matrimonio católico se convierte estadísticamente en la excepción, eso significa que no basta con señalar que se han creado nuevas estructuras consultivas».
Esta situación obviamente tiene raíces muy anteriores al sínodo de la sinodalidad, pero el proceso sinodal claramente no es «un remedio eficaz» para ella. Es más, «¡la medicina se parece mucho a la enfermedad!», exclama el obispo. Con ello se refiere a que «la retórica eclesiástica empieza a sonar sorprendentemente parecida al lenguaje secular». Nos limitamos a ofrecer «a los europeos secularizados una versión religiosa de lo que ya poseen. Pero nadie necesita el cristianismo para aprender que los encuentros deben ser inclusivos».
Como signo de esperanza, Mons. Mutsaerts señala que «el número de adultos admitidos en la Iglesia Católica en los Países Bajos aumentó casi un 40% en 2024: más de 500 adultos fueron bautizados y más de 100 entraron en la iglesia sin ser bautizados, ya que ya lo habían sido antes. Esto es extraordinario».
Esto debe conducirnos a hacernos una «pregunta crucial»: «¿Qué tipo de catolicismo atrae a estos conversos? ¿La gente busca el cristianismo porque quiere más comités? ¿O porque han descubierto a Cristo, la oración, la adoración eucarística, la confesión, la seriedad moral católica, una liturgia hermosa, la coherencia intelectual, la tradición, la comunión y la trascendencia? Me queda claro que es lo segundo».
«El católico del futuro no pregunta a la Iglesia: '¿Te parecerás cada vez más a la sociedad en la que ya vivo?' Pregunta: '¿Es todo esto realmente cierto?'». En efecto, cuando un joven entra en la Iglesia es «porque la cultura actual le ha dejado espiritualmente hambriento», señala el obispo. «Quizá anhele la metafísica, la salvación, una vida moralmente exigente, un sacerdote que realmente crea lo que dice, la confesión y la Eucaristía. Y sobre todo, a Cristo. Aquí es donde el catolicismo tradicional podría tener ventaja en la evangelización, precisamente porque se presenta sin vacilación como algo diferente».
«La evangelización católica tradicionalmente asume que nos estamos jugando algo dramático», explica con entusiasmo el obispo. «El hombre fue creado para Dios. Está herido por el pecado. Cristo murió por él. La gracia es real. El pecado mortal es real. El Juicio es real. El cielo es real. El infierno es real. El perdón es real. La Eucaristía es verdaderamente Cristo. La confesión en realidad reconcilia al pecador con Dios».
Al final, se trata de una cuestión de fe. «Una vez que has interiorizado profundamente estas cosas, tus prioridades pastorales cambian al instante. Existe un interés ardiente en las confesiones, bautizos, conversiones, matrimonios católicos, asistencia a la Santa Misa, piedad eucarística, catequesis, oración familiar y santidad».
Monseñor Mutsaerts, plantea el contraste entre «una iglesia que se preocupa por la salvación», que «inevitablemente quiere saber si más personas van a confesarse», y «una burocracia obsesionada con los procesos procedimentales», que «quiere saber si más personas han participado en el proceso de consulta».
Quizá Mons. Rob Mutsaerts haya dado con el núcleo de la cuestión a la que se enfrenta la Iglesia y que parece haber eludido a los participantes en las interminables reuniones del sínodo de la sinodalidad. Es más, quizá un obispo auxiliar no sería el peor candidato que el Papa León XIV podría encontrar para los nombramientos cardenalicios que pronto tendrá que realizar.








