(InfoCatólica) La Iglesia católica en Noruega acogió con satisfacción la audiencia concedida por el Papa León XIV a los obispos luteranos de la Iglesia luterana de Noruega, al tiempo que ha confirmado la petición formal al Romano Pontífice para que proclame un Año Jubilar especial con motivo del milenario de la conversión cristiana del país escandinavo. Pedir un Año Jubilar no deja de ser un modo «alternativo» a lo que se hace en otros sitios y de verdadero ecumenismo.
«Tenemos unas excelentes relaciones ecuménicas con la Iglesia de Noruega y nos complace que los obispos tengan la oportunidad de encontrarse con el Papa León XIV», declaró el obispo Fredrik Hansen en un comunicado difundido por la conferencia episcopal noruega. «Esperamos con ilusión el milenario de la conversión de Noruega y confiamos en que este jubileo brinde ocasión para una amplia colaboración ecuménica», añadió.
La iniciativa muestra a una Iglesia católica minoritaria que, lejos de diluir su identidad en el diálogo ecuménico, reivindica a un santo anterior a la Reforma como fundamento de la nación noruega, y lo hace insistiendo en un hecho sobrenatural (el hallazgo del cuerpo incorrupto) frente a lo sencillo que podría haber sido una lectura puramente secular del milenario.
Un jubileo entre dos fechas históricas
Los obispos noruegos han solicitado a León XIV que proclame un Año Jubilar para la Iglesia católica en Noruega que se extienda desde la fiesta de san Olav, el 29 de julio de 2030, hasta la fiesta de la traslación de las reliquias del santo, el 3 de agosto de 2031. Un Año Jubilar es, para los católicos, un tiempo de gracia especial centrado en la peregrinación, la oración, la conversión y la reconciliación.
«Es por san Olav por lo que nos preparamos para celebrar un milenario importante en 2030 y 2031», subrayó el obispo Erik Varden. «San Olav es el corazón de la celebración. El 29 de julio de 2030 se cumplirán mil años de su muerte como mártir en Stiklestad; el 3 de agosto de 2031, mil años de su exhumación, cuando su cuerpo fue hallado incorrupto. Aquel día fue proclamado santo no solo para Noruega, sino para toda la Cristiandad».
La elección de estas dos fechas no es casual. La primera marca la batalla de Stiklestad (1030), en la que el rey Olav encontró la muerte. La segunda, menos conocida pero decisiva según Varden, señala el momento en que su cuerpo fue desenterrado y hallado íntegro, un acontecimiento que, según el obispo, consolidó efectivamente la nación noruega y orientó de manera decisiva la misión cristiana en el país.
El hallazgo que cambió Noruega
En una homilía pronunciada en Trondheim el pasado 3 de agosto, fiesta de la Translatio Olavi, Varden explicó por qué la Iglesia católica noruega insiste en que el verdadero punto de inflexión no fue la batalla de 1030, sino la exhumación de 1031. Tras la muerte de Olav, Noruega quedó bajo el gobierno de Svein Knutsson, un joven de catorce años, hijo del rey danés, que impuso leyes humillantes para los noruegos. Sin embargo, los milagros atribuidos a Olav no cesaban, y muchos comenzaron a invocar al rey muerto.
Doce meses y cinco días después de su muerte, el 3 de agosto de 1031, el obispo Grimkjell obtuvo permiso para exhumar el cuerpo. Según las crónicas, el ataúd parecía recién labrado y el cuerpo del rey aparentaba estar dormido, con las mejillas sonrosadas y el cabello y las uñas crecidos. Varden señaló que el testimonio contemporáneo del poema Glælognskviða, escrito apenas uno o dos años después, confirma que Olav fue hallado «con el cuerpo intacto, el cabello y las uñas crecidos como si estuviera vivo».
El obispo recordó también que, poco antes de la imposición de la Reforma protestante en Noruega, el último arzobispo católico, Olav Engelbrektsson, abrió el relicario y certificó por escrito que el cuerpo permanecía «consistente y entero tanto en la piel como en los huesos», con el rostro «intacto, con carne y piel», y que del cuerpo emanaba «un aire dulce, sin olor alguno de corrupción».
Reliquias y mirada al futuro
Varden indicó que la catedral católica de Trondheim conserva un fragmento óseo atribuido a san Olav. Los análisis biológicos han determinado que perteneció a un varón alto, de unos treinta y cinco años, que vivió en la primera mitad del siglo XI, datos compatibles con la figura histórica del rey.
«Un Año Jubilar así ofrecerá tanto a los fieles noruegos como a los peregrinos venidos de fuera una oportunidad única de seguir los pasos de san Olav y de renovar su fe en gratitud por el patrimonio cristiano con el que Noruega ha sido bendecida, con la mirada puesta en la tarea presente y futura de la Iglesia en este país», concluyó Hansen.
También destacó la dimensión cultural del jubileo: «Como su nombre indica, el Año Jubilar será, no en último lugar, una ocasión para alegrarse por lo que el legado cristiano de san Olav ha hecho para enriquecer la cultura y la autocomprensión de nuestro país, nuestro código de justicia y nuestra vinculación con Europa».








