(InfoCatólica) Estos días, el Patriarca Ecuménico ortodoxo de Constantinopla, Bartolomé, ha visitado su isla natal de Imbros, para celebrar el 65º aniversario de su ordenación diaconal. Allí se ha reunido con el Patriarca ortodoxo de Alejandría y el Arzobispo ortodoxo de Albania.
Según Orthodox Times, durante su visita, Bartolomé ha aprovechado para criticar duramente al Patriarca de Moscú (Kiril) y al Patriarca de Serbia (Porfirio) en uno de sus discursos. Las críticas tuvieron lugar en la iglesia de San Jorge en Agioi Theodoroi, pueblo en que nació Bartolomé, tras las solemnes Vísperas de la Fiesta de la Transfiguración y la tradicional Súplica a la Santa Madre de Dios.
El Patriarca Ecuménico rechazó drásticamente la creciente presencia religiosa del Patriarcado de Moscú en África, paralela a la intervención política rusa en el continente. Bartolomé describió la actividad del patriarcado moscovita como una «intromisión no canónica» en la jurisdicción del Patriarcado de Alejandría, cuyo nombre oficial es Patriarcado de Alejandría y de Toda África, aunque en la práctica su autoridad se ejerce en Egipto y algunos otros países del norte del continente.
«Nuestro Patriarcado Ecuménico apoyó a la Iglesia de San Marcos, la Iglesia de Alejandría», afirmó Bartolomé, a la vez que elogiaba labor del Patriarcado de Alejandría en todo el continente africano, destacando las difíciles circunstancias en las que se desarrolla este ministerio.
En cambio, Moscú «de manera totalmente no canónica, se ha inmiscuido en la jurisdicción canónica del Patriarcado de Alejandría» y «ha creado una jurisdicción paralela». En efecto, Kiril ha creado exarcados (diócesis ortodoxas) en África dependientes del Patriarcado de Moscú e incluso ha enviado obispos a Sudáfrica y El Cairo, en lugar de colaborar con el Patriarcado de Alejandría.
Por otro lado, en el contexto de las pésimas relaciones entre Moscú y Constantinopla, que no están en comunión desde la decisión de Bartolomé de reconocer la independencia de la Iglesia Ortodoxa de Ucrania, el Patriarca de Constantinopla también reprochó la actitud «ingrata de la Iglesia de Rusia» hacia la Iglesia Madre de Constantinopla, «de la cual recibieron la luz de la fe y la civilización cristianas».
En cuanto al Patriarca Serbio, muy próximo al Patriarca de Moscú, Bartolomé le criticó porque aún no ha realizado una visita oficial al Patriarcado Ecuménico tras su elección e investidura. En este caso no habló de él por su nombre, pero mencionó que algunos Patriarcas (en clara referencia a Porfirio) habían dejado pasar «cuatro o cinco años» desde su elección sin cumplir su «deber» para con el Patriarcado de Constantinopla. «Mientras visitaban otras iglesias, la cuarta y la quinta, omitieron la primera», comentó el Patriarca Ecuménico.
Desde la conquista de Constantinopla por los turcos, el Patriarca Ecuménico, que es teóricamente el «primero entre iguales» de toda la Ortodoxia, apenas tiene jurisdicción real sobre unos pocos miles de fieles. Como suele suceder, cuanto menos poder real han ido teniendo, más celosos se han vuelto los Patriarcas Ecuménicos ortodoxos de las prerrogativas honoríficas de su cargo.
Desde hace tiempo, el Patriarcado de Moscú, que agrupa más o menos a ciento cincuenta millones de ortodoxos (la mitad del total mundial), pretende que se reconozca su papel de facto de líder de la Ortodoxia, en contraste con el primado meramente honorífico de Constantinopla. Además, el patriarcado de Constantinopla suele considerarse más liberal y con posturas más modernas que el de Moscú. El resultado de estas diferencias es que las relaciones entre ambos patriarcados se han ido deteriorando hasta que, en el contexto de la guerra de Ucrania, se han roto por completo.








