(AsiaNews/InfoCatólica) El monje trapense más anciano del mundo ha muerto a los 108 años en la Abadía de Nuestra Señora de la Alegría, en la isla de Lantau, Hong Kong. Con él desaparece el último superviviente del grupo de religiosos que logró escapar de la persecución comunista en China y refundar su comunidad monástica en la entonces colonia británica.
Según informa AsiaNews, el semanario en lengua china de la Diócesis de Hong Kong, Kung Kao Po, comunicó el fallecimiento del padre Benedict Chao el pasado 31 de julio. Su funeral está previsto para el 14 de agosto en la abadía hongkonesa.
79 años de vida religiosa marcados por la persecución
El padre Chao nació en 1918 en Chengting, provincia de Hebei. En 1941, con 23 años, ingresó en la Abadía de Nuestra Señora de la Alegría (conocida también por su nombre francés, Liesse), situada en aquella región. La comunidad había sido fundada en 1928 como filial de la primera abadía cisterciense en China, Nuestra Señora de la Consolación, erigida en 1883 en las montañas de Yangjiaping, a unos 130 kilómetros al norte de Pekín, por monjes de la célebre abadía francesa de Notre Dame de Sept-Fons.
Con la distinción de monje trapense más longevo del mundo, el padre Chao cede ahora ese título a otra religiosa asiática, la hermana Sebastiana Yamaguchi Teruko, de la Abadía de Imari (Japón), de 107 años.
La «marcha de la muerte» de Yangjiaping
La comunidad monástica a la que se incorporó el padre Chao ya había sufrido los horrores de la guerra. En 1937, el monasterio de Liesse en Chengting fue ocupado por los japoneses, y varios monjes fueron encarcelados y asesinados. Pero fue en 1947, el año en que el padre Chao pronunció sus votos perpetuos, cuando comenzó el capítulo más doloroso del calvario trapense en China.
La Abadía de Yangjiaping, hogar de unos 75 monjes (la mayoría ya chinos, dado el florecimiento de vocaciones locales), fue la primera en ser atacada por las fuerzas comunistas de Mao Zedong. Los comunistas alentaron a los habitantes de las aldeas cercanas a saquear la abadía y sometieron a los religiosos a juicios ante tribunales revolucionarios, empleando palizas públicas y torturas para obligarles a abandonar la fe.
El 30 de agosto de 1947 comenzó el martirio. Tras incendiar lo que quedaba del monasterio, los comunistas deportaron a todos los monjes en una «marcha de la muerte» a través de las montañas del norte de China. Con las manos atadas con cadenas o alambres que les llegaban al hueso, bajo lluvias torrenciales, los ancianos y enfermos cargados a hombros por sus hermanos de comunidad, obligados a buscar alimento como animales, con prohibición de comunicarse entre sí y azotados cuando eran sorprendidos medio dormidos o moviendo los labios en oración. Hasta tres monjes morían cada día de agotamiento y privaciones.
En enero de 1948, tras un último juicio popular en Panpou, el padre Chrysostom Chang, subprior de la comunidad, de 29 años, y otros cinco monjes fueron fusilados. Antes de morir, el padre Chang dijo a sus compañeros: «Morimos por la causa de Dios. Elevemos nuestros corazones a Él por última vez en la ofrenda total de nuestro ser». Su nombre encabeza la lista de los 33 mártires de Yangjiaping: 30 monjes chinos, un francés, un holandés y un canadiense.
Como recoge AsiaNews, esta historia de martirio guarda notables semejanzas con la de los monjes de Tibhirine, asesinados en los años noventa y proclamados beatos entre los mártires de Argelia.
La destrucción de Liesse y el exilio
El monasterio de Liesse, donde se encontraba el joven padre Chao, corrió una suerte semejante. Atacado por los comunistas, dos monjes fueron asesinados y el resto se vio forzado a refugiarse en Xindu, cerca de Chengdu (Sichuan), todavía bajo control nacionalista. Allí trasladaron la comunidad.
El abad, sin embargo, comprendió que aquel refugio sería temporal. Por ello se aseguró de que al menos algunos monjes, entre ellos el padre Chao, abandonaran China con destino al Monasterio de Notre-Dame-des-Prairies, en Manitoba (Canadá). El tiempo le dio la razón: en 1951, la comunidad trapense de Xindu fue liquidada por la persecución comunista.
Renacimiento en Lantau
A partir del grupo de monjes refugiados en Canadá nació el proyecto de restablecer la comunidad en Hong Kong. El gobernador británico, a petición del obispo Enrico Valtorta, misionero del PIME, les asignó un terreno deshabitado en las alturas de la isla de Lantau. Ocho monjes construyeron el monasterio con sus propias manos, y fue inaugurado oficialmente el 19 de febrero de 1956.
Antes de regresar de Canadá, los monjes chinos pasaron varios meses en la Abadía de la Santísima Trinidad, en Utah (Estados Unidos), para perfeccionar su inglés y aprender técnicas de elaboración de queso. Para sostenerse con el trabajo de sus manos, como exige la espiritualidad trapense, llevaron vacas a Lantau y comenzaron a producir leche, mantequilla y queso, que pronto se hicieron célebres en todo Hong Kong.
En 1974, el padre Chao fue elegido tercer prior de la comunidad monástica china renacida, cargo que ejerció hasta 1998. Al año siguiente, la Orden Cisterciense reconoció a la comunidad de Lantau como abadía autónoma, y en enero de 2000 recuperó el nombre que había llevado en Hebei: Abadía de Nuestra Señora de la Alegría.








