(InfoCatólica/Tribune Chretienne) A pocas semanas de la visita de León XIV, la asociación Magdala ha hecho una petición oficial al cardenal Jean Marc Aveline, presidente de la Conferencia Episcopal Francesa: que haya monaguillas, además de monaguillos, en las celebraciones papales.
El motivo que se ofrece para la petición es la «igualdad», una palabra mágica que abre todas las puertas. Lo cierto, sin embargo, es que en este caso se esconden detrás de ella otros motivos muy poco católicos.
La asociación Magdala fue fundada en 2008 con el irónico nombre de Comité de la Falda, en referencia al supuesto desprecio de los clérigos por las mujeres. Las fundadoras fueron Christine Pedotti, directora de un semanario progresista «católico», Anne Soupa, que ha trabajado durante largo tiempo para grupo Bayard, propietario del también progresista diario La Croix.
Ambas fundadoras y la asociación que crearon abogan por una transformación radical de la Iglesia Católica: ordenación de mujeres, fin del celibato, equilibrio de género en los puestos eclesiales y aceptación de la ideología LGBT, aceptación de los anticonceptivos y el aborto, una lectura feminista de la Biblia, etc.
Es decir, la petición de monaguillas en las misas con el Papa parece ser un simple paso más en el camino hacia la ordenación de las mujeres y la transformación de la doctrina católica para adaptarla a las categorías del feminismo contemporáneo y la inclusividad LGBT.
La presencia de monaguillas se plantea como una exigencia de justicia e igualdad, y también como la aplicación de la normativa que contempla la existencia de monaguillos de ambos sexos. Lo cierto, sin embargo, como se explicó en el artículo «Las monaguillas nunca son obligatorias», es que, desde Juan Pablo II, las normas de la Iglesia permiten que en una diócesis pueda haber monaguillas en ocasiones, pero no lo requieren en absoluto. Más bien, se indica en dichas normas que «siempre será muy apropiado seguir la noble tradición de que los niños sean monaguillos» y que lo obligatorio es «apoyar a los grupos de monaguillos» (varones), entre otras cosas por la «conocida ayuda que esos programas han proporcionado desde tiempo inmemorial a la hora de alentar las futuras vocaciones sacerdotales».
Especialmente, podríamos añadir, cuando el deseo de contar con monaguillas en realidad encubre propósitos radicalmente contrarios a la fe católica, como en el caso del Comité de la Falda.








