(InfoCatólica) La polémica sobre los mosaicos de Marko Rupnik toca uno de los puntos más sensibles de nuestro tiempo, la cuestión de los abusos clericales. Aun así, nadie ha sido capaz de resolverla y continúa resurgiendo de forma intermitente hasta el día de hoy.
El sacerdote, exjesuita y artista esloveno es autor de algunas de las obras de arte sacro más conocidas de las últimas décadas. Durante muchos años, sus mosaicos tuvieron un éxito asombroso y hoy pueden encontrarse en lugares tan variados como la catedral de Madrid, la sede de la Conferencia Episcopal Española, el santuario de San Giovanni Rotondo del Padre Pío, la capilla Redemptoris Mater del Vaticano, el santuario de Aparecida o el santuario de Fátima. Además, la utilización de los mosaicos en Internet y en multitud de logotipos y campañas vaticanas y nacionales los convirtieron, de alguna manera, en el estilo artístico oficioso de la Iglesia en las dos primeras décadas del siglo XXI.
Las también abundantes críticas de su obra desde el punto de vista artístico y teológico apenas hicieron mella en su popularidad. El verdadero problema surgió al conocerse múltiples casos de algunos de los abusos sexuales más increíblemente repugnantes que se han producido con personas adultas. El sacerdote está acusado por más de una veintena de mujeres —en su mayoría antiguas religiosas— de abusos sexuales, psicológicos y espirituales.
Ya en 2019 fue excomulgado por absolución de cómplice (es decir, la práctica de absolver él mismo como sacerdote a una mujer con la que había tenido relaciones sexuales), pero la excomunión fue levantada poco después por el Papa Francisco. Increíblemente, en 2020 fue elegido para predicar en el retiro de Cuaresma de la Curia Romana, al que asistió el propio Papa. En 2021 se recibieron multitud de acusaciones contra él por terribles abusos, pero fueron desestimadas por el tiempo transcurrido desde los presuntos hechos.
Solo en 2023, cuando ya no era posible ocultar lo sucedido y cuando el propio Rupnik manifestó que quería abandonar su orden religiosa, fue expulsado de la Compañía de Jesús por su «obstinada negativa a cumplir su voto de obediencia», no por los horrorosos abusos. A pesar de todo, consiguió incardinarse en una diócesis de Eslovenia y actualmente está siendo juzgado en un proceso penal canónico en el Vaticano. La Santa Sede ha desmentido recientemente los rumores de una supuesta absolución y ha reiterado que el juicio sigue en curso.
La próxima visita de León XIV a Lourdes el 27 de septiembre ha vuelto a suscitar la polémica de qué hacer con sus obras artísticas. En el santuario francés hay multitud de mosaicos del sacerdote esloveno, instalados entre 2005 y 2008: la fachada principal de la basílica de Nuestra Señora del Rosario, las puertas de entrada, el interior del templo, incluido el presbiterio y un ciclo iconográfico inspirado en los Misterios Luminosos del Rosario propuestos por San Juan Pablo II (para completar los quince misterios tradicionales ya presentes en la basílica).
Aunque el obispo de Tarbes y Lourdes comenzó a preocuparse por qué hacer con la obra de Rupnik cuando se hicieron públicas las acusaciones de abusos, las medidas tomadas hasta ahora en el santuario han sido graduales y erráticas. En julio de 2024, dejaron de iluminarse los mosaicos durante las procesiones nocturnas. El 31 de marzo de 2025, se cubrieron con paneles de aluminio los mosaicos de las puertas laterales de la Basílica del Rosario. Pocos días después también se cubrieron los mosaicos de las puertas centrales. El obispo explicó que se trataba de un gesto simbólico, no de una decisión definitiva sobre el futuro de todas las obras.
Según informa la revista La Vie, el rector del santuario ha declarado que, durante la visita del Papa se cubrirán todos los mosaicos de Rupnik de la basílica de Nuestra Señora del Rosario. El objetivo es doble: «disponer de un escenario festivo y ocultar esas obras, que no se pueden separar del drama que constituyen las agresiones sexuales cometidas por Rupnik».
Se trata de una medida, en cierto modo, de emergencia, teniendo en cuenta que, como parte de la visita, León XIV se reunirá con un grupo de víctimas de abusos, lo que resultaría muy incómodo teniendo como escenario las obras de un abusador convicto.
El hecho de que la obras no vayan a ser desmontadas, sino solo cubiertas de forma temporal una vez más, lo único que consigue es prolongar la polémica, sin resolverla. Hasta el momento no existe una directriz universal de la Santa Sede para retirar o mantener los mosaicos y, por lo tanto, cada diócesis o santuario ha ido tomando decisiones propias, mientras el proceso canónico contra Rupnik continúa. ¿Habrá una decisión al respecto cuando finalice de una vez el interminable proceso? ¿Se darán directrices generales sobre cómo actuar en los casos de obras artísticas de personas culpables de abusos? Nadie parece querer agarrar ese toro por los cuernos.






