(kath.net/InfoCatólica) Organizaciones de derechos humanos han criticado con dureza la resolución de un tribunal paquistaní que ha ordenado devolver a una niña cristiana de 13 años, presuntamente secuestrada, convertida al islam y casada por la fuerza, a manos de su presunto secuestrador.
Secuestrada en Faisalabad
La menor fue secuestrada el 12 de junio en Faisalabad. Dos semanas después, la policía consiguió liberarla y la trasladó a un centro estatal de protección.
Ante el tribunal, la niña declaró que la familia del acusado la había presionado para falsear su edad y hacerse pasar por mayor de edad. Por su parte, el hombre presentó ante el juzgado certificados de conversión religiosa y de matrimonio en los que la fecha de nacimiento de la menor aparecía manipulada.
La sentencia del 25 de julio
Pese a las contradicciones del caso y pese a que el propio tribunal había ordenado una evaluación de la edad de la menor, el 25 de julio el juez concedió al acusado la custodia de la niña y la libertad bajo fianza.
Para las organizaciones que siguen el proceso, la decisión constituye un grave fallo del Estado de derecho. Joseph Janssen, presidente de la organización Voice for Justice, ha denunciado además un detalle especialmente grave: los abogados amenazaron a la menor con acusarla de apostasía si renunciaba al islam, una imputación que en Pakistán puede tener consecuencias mortales.
Lo que reclaman los defensores de la minoría cristiana
Los activistas de derechos humanos exigen que los tribunales paquistaníes concedan valor prioritario a los certificados oficiales de nacimiento y que dejen de admitir como prueba la documentación falsificada que los secuestradores presentan sistemáticamente para legitimar estos matrimonios.
El Parlamento Europeo ha instado por su parte a Pakistán a perseguir con determinación los secuestros, las conversiones forzadas y los matrimonios infantiles, y a proteger adecuadamente a las víctimas.
Leyes nuevas, impunidad antigua
Pakistán endureció en 2026 su legislación contra el matrimonio infantil en la provincia del Punjab, precisamente donde se encuentra Faisalabad. Sin embargo, la aplicación práctica de esas normas sigue siendo muy débil, y casos como este demuestran que la reforma legal no ha alterado la realidad que sufren las familias cristianas.
El patrón se repite con una regularidad desoladora: una menor cristiana es raptada, convertida al islam contra su voluntad y casada con su captor; cuando la justicia interviene, la documentación falsificada del agresor pesa más que la palabra de la víctima. Detrás de cada expediente hay una niña a la que se le arrebata la fe, la familia y la infancia, y una comunidad cristiana que aprende una vez más que no puede confiar en la protección del Estado.







