(InfoCatólica) El arzobispo de San Francisco, Salvatore Cordileone, ha puesto en duda que las restricciones impuestas a la Misa tradicional en latín por Traditionis Custodes puedan sostenerse a largo plazo y ha advertido de que, si se mantienen, podrían empujar a algunos fieles hacia comunidades que no se hallan en plena comunión con Roma. «Si soy sincero, no creo que sea realista», afirmó.
Las declaraciones se produjeron durante una entrevista con Raymond Arroyo en el programa The World Over Live, en respuesta a las palabras que el cardenal Arthur Roche, prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, había pronunciado dos días antes.
«El Papa León no va a cambiar Traditionis Custodes»
En una entrevista concedida a la revista The Tablet el 29 de julio, el cardenal Roche había asegurado que León XIV no revertirá la carta apostólica Traditionis Custodes, promulgada por el Papa Francisco en 2021, ni restaurará las disposiciones de Summorum Pontificum, la legislación de 2007 con la que Benedicto XVI amplió de forma notable el acceso a la liturgia romana anterior al Concilio.
«El Papa León no va a cambiar Traditionis Custodes, y no va a volver a Summorum Pontificum», declaró Roche. Ante las quejas de los grupos vinculados a la liturgia antigua, que denuncian ser objeto de persecución, el prefecto se preguntó por qué siguen protestando cuando los obispos ya han concedido autorizaciones al amparo de la normativa vigente. «No saben qué responder», sostuvo Roche, «pero luego se marchan y dicen: "Seguimos siendo perseguidos"».
El prefecto criticó además lo que describió como una retórica hostil dirigida contra los responsables de la Iglesia. «¿Puede uno afirmar honestamente que es católico cuando escribe cosas tan llenas de odio sobre las personas y sobre la Iglesia?», planteó.
Cordileone apela a la unidad
En su respuesta, el arzobispo Cordileone se mostró reacio a especular sobre las intenciones de León XIV, pero argumentó que el insistente énfasis del Pontífice en la unidad debería propiciar un enfoque pastoral más amplio hacia los fieles apegados a la liturgia tradicional. «No sé hasta qué punto conoce la mente del Santo Padre, pero creo que algo que resulta claro para todos es que el Santo Padre quiere unir a todos. Todo en él tiene que ver con la unidad», señaló.
El arzobispo advirtió de que mantener restricciones estrictas podría tener consecuencias imprevistas al animar a algunos fieles a buscar comunidades fuera de la plena comunión con Roma. «Mi preocupación es que, si estas restricciones se mantienen, tal como dije en mi declaración, la gente sentirá que no le queda otra opción que encontrar alimento espiritual en el modo más tradicional en que la Iglesia rinde culto», explicó. Añadió que la cuestión de la unidad debe considerarse desde más de una perspectiva: «Creo que hay preocupación por la unidad en ambos lados. Una de ellas es que, si las restricciones permanecen, la gente acudirá a grupos que no están en plena comunión con la Sede de Roma».
Al mismo tiempo, Cordileone sostuvo que un acceso más amplio a la Misa tradicional debería ir acompañado de garantías que aseguren que quienes acuden a ella permanecen plenamente comprometidos con la enseñanza de la Iglesia. «Si se permite con generosidad, tenemos que asegurarnos de que quienes acceden a la Misa están en plena comunión en cuanto a su fe y su aceptación de las enseñanzas del Concilio Vaticano II». A su juicio, así ocurre ya con la mayoría de los fieles que frecuentan la liturgia antigua, tanto en Estados Unidos como en otros países.
«Esto es imparable»: el atractivo entre los jóvenes
Preguntado por si Traditionis Custodes representa una política sostenible a largo plazo, el arzobispo respondió que el creciente interés de los católicos más jóvenes indica lo contrario. «Si soy sincero, no creo que sea realista», reiteró. «Miramos a la generación más joven. A todos les encanta la tradición. Aman el modo más clásico en que la Iglesia rinde culto».
Precisó que ese atractivo no se limita a la liturgia preconciliar, sino que abarca también celebraciones más tradicionales de la Misa posconciliar: «Incluso el orden de la Misa tal como lo tenemos ahora, celebrado de un modo más tradicional, con el sacerdote ad orientem y música sacra, con gran solemnidad y reverencia, es lo que desean, esta tradición profunda». Y concluyó: «Les lleva a un lugar muy hondo. Esto es imparable. Estaba atrayendo a los jóvenes y seguirá haciéndolo».
Un perfil global y el nombramiento en la Signatura
En otro momento de la entrevista, Cordileone se refirió al pontificado de León XIV y describió al nuevo Papa como especialmente capacitado para servir a la Iglesia universal por su trayectoria internacional. Aunque reconoció que la formación del Pontífice en Estados Unidos ha moldeado su mirada, subrayó que sus años de ministerio en Perú y su gobierno de la Orden de San Agustín le han dado una perspectiva verdaderamente global. «Es americano en el sentido pleno, porque ha pasado la mayor parte de su sacerdocio en Perú, así que es tan sudamericano como norteamericano», afirmó. León XIV entiende, según el arzobispo, que «América no es solo Estados Unidos», y conoció de primera mano culturas de todo el mundo en sus visitas a las comunidades agustinas durante su etapa como Prior General.
La entrevista tuvo lugar poco después del nombramiento de Cordileone como miembro del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, la máxima instancia judicial de la Santa Sede. El arzobispo explicó que el tribunal resuelve apelaciones relativas a decisiones de la Rota Romana, examina los recursos administrativos surgidos de decisiones de obispos y superiores religiosos y vela por la administración de justicia en el conjunto de la Iglesia. Los miembros con residencia fuera de Roma participan de ordinario en las vistas varias veces al año, además de en la asamblea plenaria anual. Calificó el nombramiento de «un gran honor» y admitió que regresar a la Signatura después de más de dos décadas exigirá tiempo para refamiliarizarse con su labor, si bien su larga dedicación al derecho canónico lo ha preparado para el cometido.







