(InfoCatólica) Mientras la guerra en Ucrania se prolonga sin perspectivas claras de paz, la Iglesia grecocatólica ucraniana podría estar a las puertas de un cambio histórico en su estatus canónico: la elevación de su líder, el arzobispo mayor Sviatoslav Shevchuk, a la dignidad de patriarca. De materializarse, la decisión reconocería formalmente la importancia histórica y contemporánea de la segunda mayor Iglesia católica oriental del mundo, con 4,5 millones de fieles. Máxime después de que el Papa Francisco utilizase la retórica ortodoxa sobre los «uniatas», usando ese término que es despectivo, tanto en la Declaración de La Habana como en 2018 al recibir a la Delegación ecuménica del Patriarcado de Moscú
JD Flynn analiza en The Pillar las señales que apuntan a que el Papa León XIV estaría considerando este paso, largamente deseado por los católicos ucranianos.
Señales desde el Vaticano y desde Kiev
Flynn señala que León XIV ha mostrado desde su elección en 2025 un apoyo decidido a los católicos ucranianos. Su gesto más reciente fue el envío del Cardenal Matteo Zuppi a Ucrania la semana pasada para continuar la misión de paz que le encomendó Francisco en mayo de 2023. Además, el Vaticano ha confirmado que estudia las condiciones para una visita del propio Pontífice al país, según declaró el Arzobispo Paul Gallagher, segundo responsable diplomático de la Secretaría de Estado.
Según el análisis de Flynn, algunos ucranianos se preguntan si León XIV podría aprovechar esa eventual visita para reconocer a Shevchuk como patriarca. Fuentes cercanas al Dicasterio para las Iglesias Católicas Orientales habrían confirmado a The Pillar que la cuestión se ha debatido en los últimos años, especialmente tras un informe presentado en 2022 por el Arzobispo Borys Gudziak, eparquía de Filadelfia de los ucranianos, sobre la posibilidad de establecer nuevos patriarcados entre las 22 Iglesias católicas orientales.
Una aspiración de más de cuatro siglos
Como recuerda Flynn, la idea no es nueva. Se discute desde poco después de la Unión de Brest-Litovsk (1596), que dio origen al catolicismo oriental en territorio ucraniano. Tanto obispos ortodoxos como católicos coincidieron entonces en que un patriarcado en Kiev podría ser fuente de unidad y garantía de que Roma respetaría las tradiciones orientales de la región.
La propuesta volvió a cobrar fuerza en el siglo XIX, bajo el pontificado de León XIII, y estuvo a punto de concretarse durante el Concilio Vaticano II, impulsada por el Arzobispo Josyf Slipyj, que había pasado 18 años en campos de trabajo soviéticos en Siberia. Según el análisis, Pablo VI se mostró abierto a la idea, pero la descartó por temor a ofender al Patriarcado de Moscú, con el que se buscaba profundizar las relaciones ecuménicas. En su lugar, reconoció a Slipyj con el título de «arzobispo mayor», una fórmula inédita concebida, sostiene Flynn, para denotar una dignidad casi patriarcal sin serlo formalmente.
Un título antiguo, una diferencia práctica mínima
Flynn subraya que, en la práctica, las diferencias entre un patriarca oriental católico y un arzobispo mayor son escasas: la principal es que la elección de un arzobispo mayor por el sínodo de obispos de su Iglesia requiere confirmación papal, mientras que la de un patriarca no. Sin embargo, el título de patriarca es una dignidad antigua, utilizada desde los primeros siglos del cristianismo, y su concesión tendría un peso simbólico considerable.
El analista destaca que León XIV, como canonista, es «agudamente consciente» de que «patriarca» es un título antiguo de significado real, mientras que «arzobispo mayor» ha sido siempre una concesión pragmática a las esperanzas de mejor relación con la ortodoxia rusa. Y las circunstancias habrían cambiado: las expectativas de un acercamiento ecuménico con el Patriarca Kirill de Moscú se han ido enfriando.
Shevchuk habla de «dignidad patriarcal»
La señal más relevante, argumenta Flynn, procede del propio Shevchuk. La Iglesia grecocatólica ucraniana anunció a principios de julio la elaboración de un código legislativo propio, diseñado para funcionar junto al Código de Cánones de las Iglesias Orientales. En sus declaraciones al respecto, Shevchuk afirmó: «Este Código de Cánones es un signo de la madurez de nuestra Iglesia», y añadió que representa «otro paso decisivo hacia el desarrollo de las estructuras patriarcales y la dignidad patriarcal de nuestra Iglesia».
Flynn concluye que no está claro si Shevchuk expresaba un deseo o anticipaba una decisión ya conocida por él. En cualquier caso, ha declarado públicamente que su Iglesia posee una dignidad patriarcal que debería ser reconocida.







