Siete parroquias de Minnesota dejarán de celebrar la Misa dominical por la escasez de sacerdotes
Obispo Andrew Cozzens. Fuente: Captura de Youtube

Una herida para los fieles

Siete parroquias de Minnesota dejarán de celebrar la Misa dominical por la escasez de sacerdotes

La diócesis de Crookston ha anunciado que siete comunidades parroquiales celebrarán sus últimas misas dominicales entre agosto y octubre. El obispo Andrew Cozzens reconoce el profundo dolor que provocará la medida.

(NCR/InfoCatólica) La diócesis de Crookston, en el estado de Minnesota, ha anunciado que siete parroquias dejarán de celebrar la Misa dominical durante los próximos meses debido a una combinación de factores, entre ellos la escasez de sacerdotes, el descenso de la población, la falta de jóvenes en la formación religiosa y las dificultades para encontrar voluntarios que sostengan la vida parroquial.

El obispo de Crookston, monseñor Andrew Cozzens, reconoció que la decisión se encuentra entre las más dolorosas que puede adoptar una diócesis, especialmente porque la iglesia parroquial ha sido durante generaciones el centro espiritual de numerosas familias.

«La decisión de dejar de celebrar la Misa dominical en una iglesia se encuentra entre las decisiones más difíciles que deben tomarse», afirmó el prelado en un mensaje en vídeo dirigido a los fieles.

«La iglesia parroquial, como sabemos, es el centro de la vida, el centro de la vida de fe para muchísimas personas, a menudo durante generaciones. Es el lugar donde vivimos con mayor frecuencia nuestra relación con Dios. Es el lugar donde se celebra la Misa, especialmente los domingos», añadió.

Siete comunidades afectadas

Cuatro parroquias pertenecientes al decanato nororiental de la diócesis celebrarán sus últimas misas dominicales durante los meses de agosto y septiembre.

Se trata de San Francisco Javier, en Oklee; Santa Ana, en Goodridge; San Felipe, en Falun; y Santa María, en Badger.

Posteriormente, durante el mes de octubre, dejarán de tener Misa dominical tres parroquias del decanato noroccidental: Santa María, en Euclid; San José, en Oslo; y San Francisco de Asís, en Fisher.

La suspensión de las celebraciones dominicales no significa, al menos por el momento, que las parroquias hayan sido formalmente fusionadas o que se haya decidido cerrar o vender sus edificios.

«Todavía no hemos decidido la fusión de estas parroquias, ni hemos decidido nada sobre el futuro de los edificios», explicó monseñor Cozzens.

La diócesis deberá estudiar posteriormente el destino canónico y material de estas comunidades, pero la decisión inmediata afecta exclusivamente a la celebración regular de la Misa dominical.

El descenso de población en las zonas rurales

Uno de los factores determinantes ha sido la evolución demográfica de la región. El obispo señaló que la población ha ido disminuyendo en distintos puntos de la diócesis y que el modo de vida rural que dio origen a muchas de estas parroquias ha cambiado profundamente.

«Hay cada vez menos granjas familiares» y «las escuelas se han combinado», explicó el prelado al describir la transformación experimentada por estas localidades.

Cuando los templos fueron construidos, las comunidades rurales contaban con numerosas familias agrícolas de gran tamaño. Esa realidad, sin embargo, ya no existe en muchos lugares.

«Cuando se construyeron estas iglesias, a menudo había muchas familias numerosas de agricultores en toda la zona. Ahora ya no es así», afirmó Cozzens.

El descenso de población ha reducido el número de fieles capaces de sostener la actividad ordinaria de las parroquias y ha debilitado algunas de las estructuras necesarias para mantener una verdadera vida comunitaria.

El obispo indicó que ciertas parroquias ya no cuentan con jóvenes en los programas de formación religiosa o tienen un número muy reducido de ellos.

También existen dificultades para encontrar personas dispuestas a realizar las tareas voluntarias indispensables para la vida parroquial, lo que obliga a que el peso de la comunidad recaiga sobre un pequeño número de fieles especialmente comprometidos.

«Algunas de estas parroquias no tienen jóvenes en formación religiosa, o tienen muy pocos. Algunas tienen problemas para encontrar voluntarios que mantengan la parroquia en funcionamiento y dependen únicamente de unos pocos feligreses entregados», explicó.

La escasez de sacerdotes

A estos problemas demográficos y comunitarios se añade la falta de sacerdotes disponibles para atender adecuadamente todas las parroquias de la diócesis.

En una carta dirigida a los fieles, monseñor Cozzens explicó que Crookston continúa padeciendo una escasez de sacerdotes y que existen límites objetivos al número de misas que pueden celebrar y a las distancias que pueden recorrer durante cada fin de semana.

La reorganización busca evitar que los sacerdotes sean sometidos a un ritmo insostenible o que tengan que atender un número excesivo de comunidades dispersas geográficamente.

«Debemos asegurarnos de que puedan proporcionar una atención pastoral sostenible y seguir siendo verdaderos padres espirituales para las comunidades que les han sido confiadas», escribió el obispo.

La diócesis pretende concentrar sus limitados recursos humanos en comunidades que puedan mantener una vida parroquial estable, con posibilidades reales de evangelización, formación y crecimiento en la fe.

La medida pone de manifiesto una realidad dolorosa: sin suficientes vocaciones sacerdotales, resulta imposible conservar indefinidamente el mismo número de celebraciones dominicales en territorios extensos y cada vez menos poblados.

«Se siente como una muerte, porque lo es»

Monseñor Cozzens no quiso minimizar el sufrimiento de los fieles que perderán la celebración dominical en sus propias iglesias.

El prelado reconoció que la parroquia no es solamente un edificio, sino el lugar donde numerosas personas han recibido los sacramentos, han celebrado los grandes acontecimientos de sus vidas y han mantenido su relación con Dios.

«El sufrimiento y la muerte son partes reales de nuestra vida como seres humanos y como cristianos. Y si vuestra parroquia va a dejar de tener Misa dominical, se siente como una muerte, porque lo es», afirmó.

El obispo aseguró que ese dolor constituye también una prueba del amor que los fieles sienten por su fe y por las comunidades en las que han vivido durante años.

«El dolor es real, y es una señal de cuánto amáis vuestra fe y de cuánto significa vuestra parroquia para vosotros», añadió.

La suspensión de la Misa dominical obligará a los afectados a desplazarse hasta otras iglesias para cumplir el precepto dominical y participar en la vida sacramental.

Para muchos de ellos, especialmente quienes han pertenecido durante generaciones a la misma parroquia, la medida supondrá una ruptura profunda con una parte central de su historia familiar y religiosa.

Un amplio proceso de discernimiento

El obispo explicó que la decisión no fue adoptada de manera apresurada, sino después de un extenso proceso de oración, consulta y discernimiento.

La diócesis creó comités formados por al menos tres representantes de cada parroquia, con un total de más de veinte participantes.

Estos grupos trabajaron para analizar de qué manera podían utilizarse los recursos limitados de la diócesis al servicio de la misión de la Iglesia.

También participaron en el proceso los miembros de la Comisión Diocesana de Planificación, encargados de estudiar cuál podía ser el mejor camino para fortalecer la misión eclesial.

«Trabajaron intensamente para discernir y rezar sobre cómo podríamos utilizar nuestros recursos limitados para cumplir la misión de la Iglesia», explicó monseñor Cozzens.

El obispo insistió en que una parroquia necesita alcanzar una dimensión mínima que le permita desarrollar una vida verdaderamente misionera y no limitarse únicamente a conservar una estructura o un edificio.

«Cuando las parroquias se vuelven demasiado pequeñas, es imposible sostener una vida parroquial centrada en la misión. No podemos realizar labores de apostolado. No podemos ofrecer oportunidades de crecimiento en la fe y de evangelización», afirmó.

Tras estudiar la situación, los responsables del proceso recomendaron suspender las misas dominicales en las siete parroquias, propuesta que finalmente fue aceptada por el obispo.

«Creo que, aunque hemos llegado a algunas decisiones difíciles, el Espíritu Santo ha guiado este proceso», declaró Cozzens.

Una llamada a acoger a los fieles afectados

El obispo dirigió también un mensaje a los católicos de aquellas parroquias que continuarán celebrando normalmente la Misa dominical.

Les pidió que no permanezcan indiferentes ante el dolor de sus vecinos y que comprendan el sacrificio que deberán realizar quienes pierden la celebración eucarística en su propia comunidad.

«Tenéis una responsabilidad especial de mostrar amor a vuestros vecinos. Podéis honrar el sacrificio que estos otros están haciendo por nuestra fe común. Podéis hacerles saber que no están solos y caminar junto a ellos en su dolor», afirmó.

El prelado animó a las parroquias receptoras a acoger a los nuevos fieles y a ayudarlos a integrarse en una comunidad distinta de aquella a la que han pertenecido hasta ahora.

«Podéis ser las manos y los pies de Cristo acercándoos a ellos, y podéis ayudarnos a formar una nueva comunidad en vuestro templo cuando invitéis a los nuevos miembros a unirse a vosotros», añadió.

La reorganización representa así no solo una reducción de celebraciones, sino también un desafío pastoral para las parroquias que deberán recibir a los fieles desplazados.

La diócesis espera que las comunidades restantes sean capaces de ofrecer una vida parroquial más sostenible, con sacerdotes que puedan ejercer verdaderamente su paternidad espiritual y con mayores posibilidades de formación, apostolado y evangelización.

Una llamada urgente a las vocaciones

La situación de Crookston muestra las consecuencias concretas que la falta de vocaciones sacerdotales y el debilitamiento de la vida cristiana pueden tener sobre las comunidades locales.

Cuando faltan sacerdotes, familias jóvenes, catequistas y voluntarios, las parroquias pierden progresivamente la capacidad de cumplir su misión y de transmitir la fe a las nuevas generaciones.

La dolorosa decisión adoptada en Minnesota recuerda la necesidad de rezar con insistencia por las vocaciones, fortalecer la vida familiar cristiana y recuperar en cada comunidad el celo por la evangelización.

Mientras la diócesis continúa estudiando el futuro de las siete parroquias y de sus edificios, los fieles afectados deberán iniciar una nueva etapa en otras comunidades, llevando consigo la memoria, la fe y el sacrificio de generaciones que encontraron en aquellos templos el centro de su vida cristiana.

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