(InfoCatólica) El monseñor italiano P. Nicola Bux, teólogo y antiguo consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, donde colaboró estrechamente con Benedicto XVI, ha publicado una carta abierta dirigida al Papa León XIV en la que le pide que actúe con urgencia para resolver las tensiones internas que afectan actualmente a la Iglesia.
De forma muy significativa, la carta se ha publicado justo antes de las consagraciones episcopales contra el mandato del Papa que prevé realizar la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX). A fin de cuentas, las excomuniones latae sententiae de consagrantes y consagrados que se producirán automáticamente serán una manifestación sangrante de esas divisiones y tensiones de las que habla Mons. Bux.
En su carta, Mons. Bux propone tres medidas concretas para recobrar la unidad. Ante todo, considera necesario recuperar el espíritu de Summorum Pontificum, el motu proprio de Benedicto XVI que facilitó la celebración de la liturgia antigua y que posteriormente fue restringido durante el pontificado de Francisco por el documento Traditionis Custodes. Para Mons. Bux, Summorum Pontificum fue un auténtico «puente» que permitió salvar las diferencias entre católicos, sin renunciar a la validez del Concilio Vaticano II y su reforma litúrgica. Sería muy deseable, pues, volver a la situación anterior y permitir nuevamente la coexistencia de la liturgia antigua y la nueva.
En segundo lugar, apuesta por frenar las pretensiones doctrinales del Camino Sinodal alemán. En ese sentido, recuerda que una iglesia local no puede decidir en solitario cuestiones de doctrina, moral o disciplina sacramental al margen de la Iglesia universal. Asimismo, advierte que esas pretensiones de inventar nuevas doctrinas podrían contagiarse a los episcopados de otros países.
También pide que se «retire otro obstáculo para la verdad y la comunión» respondiendo oficialmente los dubia sobre Amoris Laetitia que presentaron al Papa Francisco cuatro cardenales y que quedaron sin respuesta. Muchos fieles siguen esperando aclaraciones, que no deberían darse informalmente en una entrevista, sino en un documento magisterial.
En la parte final de la carta, Bux afirma que, después de «más de una década de confusión», los fieles necesitan escuchar una enseñanza clara sobre la continuidad de la fe y la tradición de la Iglesia. Por ello pide al Papa que defina con claridad qué pertenece a la doctrina católica y qué debe considerarse error.
También ruega al Pontífice que no permita que «el cisma subyacente se convierta en irreparable». Curiosamente, no se especifica en concreto cuál es ese cisma. Podría estar refiriéndose al cisma oculto de los «católicos» alemanes y de otros lugares que no creen en la fe de la Iglesia, al cisma lefebvriano como consecuencia de las consagraciones episcopales contra el mandato del Papa o, quizá más probablemente, a todas las divisiones que sufre la Iglesia y que, si no se solucionan, podrían dar lugar a rupturas formales y duraderas.
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Ofrecemos a continuación una traducción de la carta de Mons. Bux:
Santo Padre,
Con profunda y filial devoción me atrevo a dirigirle esta sincera súplica, habiendo tenido la gracia de colaborar primero con el cardenal Joseph Ratzinger y posteriormente con el Santo Padre Benedicto XVI, antes de dedicar estos últimos trece años a la oración, el sacrificio y el trabajo discreto pero constante por la unidad de la Iglesia.
La Iglesia es el puente entre Dios y la humanidad, del cual el Papa es el pontifex [en latín, el fabricante de puentes]. En efecto, la Iglesia es sinónimo de la paz que Cristo estableció como su frontera: edificar la Iglesia no es otra cosa que construir la paz y separar ambas es socavar la misión del Evangelio. Por lo tanto, le ruego a Vuestra Santidad que continúe en esta «única» dirección, para resolver en la verdad —y solo en la verdad— las numerosas «polarizaciones» que dividen el cuerpo eclesial.
Ahora que tenemos experiencia en el diálogo con personas y grupos ajenos a la Iglesia, ¿no deberíamos, también y ante todo, dialogar dentro de nuestra propia comunidad, haciendo todo lo posible por conseguir que ninguno de los hermanos que el Señor nos ha confiado se pierda?
En referencia particular a la grave acción anunciada por la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, le pido que retome el «puente» concebido por Benedicto XVI mediante el motu proprio Summorum Pontificum y, de forma consecuente, mediante el levantamiento de la excomunión. Teniendo en cuenta la realidad de tantos obispos que, con equilibrio, han logrado la armonía litúrgica en sus diócesis, Vuestra Santidad podría dar ejemplo otorgando a toda la Iglesia la posibilidad de celebrar, junto con el nuevo rito, el antiguo rito romano, reafirmando al mismo tiempo la validez de la reforma litúrgica y la inviolabilidad del Concilio Vaticano II, como cualquier otro Concilio Ecuménico.
En cuanto al «Synodaler Weg» alemán, le imploro, Santo Padre, que aclare que el «camino sinodal» no puede deliberar sobre cuestiones de doctrina, moral y práctica sacramental, y que la pastoral no puede separarse de estas; de lo contrario, el llamado «acompañamiento» jamás conducirá a la conversión necesaria, porque el pecador no sería, de hecho, apartado del pecado, sino que, al contrario, se vería impulsado hacia su confirmación e incluso su reconocimiento institucional. Vuestra Santidad ya ha afirmado que ciertas cuestiones divisivas «no pueden ser objeto de deliberaciones ni decisiones por parte de una Iglesia particular», pero sin duda es consciente de que esta grave división podría extenderse a otros episcopados. La Iglesia es inclusiva solo si quienes desean entrar reciben la iniciación sacramental y quienes desean regresar siguen el camino penitencial.
Santidad, finalmente, le imploro que elimine otro obstáculo para la verdad y la comunión: la falta de respuesta, o la respuesta insuficiente, a los dubia de los cardenales sobre los asuntos doctrinales y pastorales de los recientes sínodos. Muchos fieles en todo el mundo esperan esta respuesta, no en forma de entrevista —ya que las entrevistas reducen las palabras y el magisterio del Papa a una opinión más entre muchas— sino en forma de un documento de igual o mayor autoridad.
Los fieles necesitan ser confirmados en la verdad, la estabilidad y la inmutabilidad sustancial de la fe, porque el Espíritu Santo no puede negar lo que ha inspirado en la Iglesia a lo largo de sus dos mil años de historia. Los fieles necesitan redescubrir, con san Ireneo, que Cristo trajo todo lo nuevo al venir Él mismo a nosotros y que no hay nada nuevo que esperar, salvo la proclamación siempre nueva del Evangelio de Cristo.
Los fieles deben poder escuchar del Sucesor de Pedro, después de más de una década de confusión, que el Espíritu Santo, en efecto, renueva todas las cosas, pero en el sentido de que las lleva a su plenitud final (novus), en armonía —y no en contradicción— con lo que se ha inspirado hasta la fecha.
En virtud de la prerrogativa indispensable del munus petrino, ruego a Su Santidad que declare con claridad qué es verdad y qué es error, de manera que toda la Iglesia deba, por lo tanto, conformarse a Su palabra. Vuestra Santidad ha dicho con razón que seguir a Cristo requiere conversión y que «debemos buscar maneras de edificar nuestra unidad sobre Jesucristo y sobre lo que Jesucristo enseña». Ahora bien, Santidad, el único camino que conocemos para lograr esto es precisamente y únicamente defender la verdad. Le imploro, Santo Padre, que actúe con prontitud. No permitamos que el cisma subyacente se vuelva irreparable.
Oramos por Vuestra Santidad, con la firme esperanza de que en el Consistorio inicie y dirija un fructífero debate sobre estos asuntos apremiantes.
In Domino Jesu,
Padre Nicola Bux
24 de junio de 2026,
Fiesta de la Natividad de San Juan Bautista






