(InfoCatólica) La Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) ha hecho pública este 24 de junio una carta abierta dirigida al Papa León XIV y a todos los cardenales de la Iglesia, acompañada de una profesión de fe de 154 puntos en la que expone de manera sistemática sus posiciones doctrinales y su diagnóstico sobre la crisis que, a su juicio, atraviesa la Iglesia católica. La publicación coincide con la fiesta de la Natividad de San Juan Bautista.
La iniciativa se produce a las puertas del Consistorio Extraordinario convocado por León XIV previsto para los días 26 y 27 de junio en el Vaticano, y una semana antes de las consagraciones episcopales anunciadas por la FSSPX en Écône que se celebrarán, según lo previsto por los lefebvrianos, el próximo 1 de julio.
De la Declaración de mayo a la Profesión de junio
El documento publicado hoy no es el primer gesto doctrinal de la Fraternidad ante el nuevo pontificado. El pasado 14 de mayo, festividad de la Ascensión, la FSSPX dirigió a León XIV una Declaración de Fe católica más breve (una veintena de tesis, sin aparato de notas), redactada en tono filial y en primera persona del plural institucional. Aquella Declaración se abría saludando al Papa como «Santísimo Padre», se presentaba a sí misma como «el mínimo indispensable» para estar en comunión con la Iglesia y se cerraba con una petición explícita de confirmación pontificia: «Es en esta fe y en estos principios donde pedimos ser instruidos y confirmados por Aquel que ha recibido el carisma para hacerlo».
La Profesión publicada hoy presenta diferencias sustanciales respecto a aquel texto. El destinatario ya no es el Papa: el título dirige el documento «a las almas» y el texto no contiene invocación al Pontífice ni petición de confirmación. La voz ha cambiado del «nosotros» institucional de mayo al «yo» solemne de la profesión de fe: «Profeso y abrazo íntegramente la verdad de la fe católica» (§1), «Creo», «Rechazo», «Sostengo», fórmulas que evocan deliberadamente los símbolos de fe y el juramento antimodernista de San Pío X. Y la escala se ha multiplicado: de una veintena de tesis sin notas a 154 proposiciones en diecisiete capítulos con 127 referencias a concilios, encíclicas, decretos del Santo Oficio y textos patrísticos. El documento ya no se presenta como «el mínimo indispensable», sino como «todo el conjunto de la doctrina católica, en su coherencia sobrenatural y en su luminosa armonía» (§5).
La petición de confirmación pontificia que cerraba la Declaración de mayo no aparece en ningún lugar de la Profesión de junio. Tampoco aparecen el lamento por el fracaso de las conversaciones con la Santa Sede que la Declaración incluía ni la acusación de que «el derecho canónico se utiliza para alejar de la fe». El texto se cierra confiando la profesión de fe a la intercesión de la Virgen María y de los santos, sin apelar al Vicario de Cristo.
Carta a León XIV y al Sacro Colegio
Con todo, la carta abierta que acompaña a la Profesión sí se dirige formalmente al Papa y a los cardenales. Fechada en Menzingen el 24 de junio, está firmada por el superior general de la Fraternidad, Davide Pagliarani, junto con los principales dirigentes de la Sociedad: monseñor Alfonso de Galarreta, primer asistente general; Christian Bouchacourt, segundo asistente general; monseñor Bernard Fellay, primer consejero general y antiguo superior general; y Franz Schmidberger, segundo consejero general y también antiguo superior general.
Los firmantes explican que consideran llegado el momento de presentar ante el Papa y ante cada uno de los cardenales «una profesión íntegra de fe católica». En el texto, la FSSPX afirma que «la Iglesia sufre hoy bajo la presión de nuevas fuerzas, provenientes tanto del interior como del exterior, que la impulsan en todas las direcciones posibles, salvo, así nos parece, en la correcta».
La Fraternidad sostiene que no le corresponde a ella «indicar el camino a seguir, sino a la Tradición bimilenaria de la Iglesia, fielmente custodiada y transmitida por la Sede Apostólica a lo largo de los siglos», una Tradición que, según los firmantes, «muchos consideran hoy, en la práctica, como una realidad superada».
Al presentar el texto doctrinal, los dirigentes de la FSSPX expresan su deseo de que pueda «servir de base para una discusión franca con la Santa Sede, en un clima pacífico, fraterno y caritativo», y subrayan que no se trata de «la repetición estéril de un grupo de nostálgicos, sino la expresión necesaria, serena y firme de nuestra fe».
Una profesión de fe en 154 puntos
El documento principal, titulado Profesión de fe católica de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X para iluminar a las almas frente a los errores modernos, está estructurado en diecisiete capítulos que abarcan el conjunto de la doctrina católica: la Revelación divina, la Santísima Trinidad, la creación y la gracia, el pecado original, la Redención, la Virgen María, la eclesiología, el Espíritu Santo, la constitución jerárquica de la Iglesia, el Magisterio, la moral, la realeza social de Cristo, los sacramentos, la Misa y la liturgia, la vida cristiana, los novísimos y la crisis actual.
A lo largo de sus 154 proposiciones, el texto reafirma las enseñanzas del Magisterio anterior al Concilio Vaticano II, no hay ni citas ni referencias al Concilio ni al Magsiterio posterior al Concilio, y rechaza expresamente doctrinas y corrientes que considera según ellós incompatibles con la fe católica, entre ellas el modernismo, el liberalismo religioso, el indiferentismo, el laicismo y determinadas formas de ecumenismo.
Crítica explícita al Concilio Vaticano II
El capítulo XVII de la profesión de fe contiene el diagnóstico más directo de la Fraternidad sobre la situación de la Iglesia. El texto afirma que «los errores modernos» han penetrado en la vida eclesial «a través del Concilio Vaticano II y de las reformas posconciliares», provocando una crisis que califica de «gravedad excepcional».
Según el documento, el agnosticismo habría debilitado el conocimiento de Dios; el naturalismo, la necesidad de la gracia; el relativismo, la inmutabilidad del dogma; y la colegialidad y la sinodalidad habrían afectado a la constitución jerárquica de la Iglesia. La FSSPX atribuye a estas transformaciones fenómenos como «el debilitamiento de la predicación doctrinal, la desaparición del espíritu misionero, la banalización del pecado, la crisis de la familia, la ruina de la liturgia, la pérdida del sentido de Dios, la disminución de las vocaciones, la apostasía silenciosa de las naciones cristianas y la profunda confusión de los fieles».
La Fraternidad sostiene que la crisis «no puede reducirse a un simple conflicto de sensibilidades, de preferencias litúrgicas o de opciones pastorales», sino que «afecta a los fundamentos mismos de la fe y de la moral, del sacerdocio y del culto».
Corrección sobre la salvación fuera de la Iglesia
Uno de los puntos en los que la Profesión de junio se aparta de la Declaración de mayo es el tratamiento del axioma Extra Ecclesiam nulla salus. La Declaración del 14 de mayo afirmaba sin matices que «todo hombre debe ser miembro de la Iglesia católica para salvar su alma» y que «esta necesidad concierne a toda la humanidad sin excepción e incluye indistintamente a cristianos, judíos, musulmanes, paganos y ateos». Esta formulación fue señalada por varios autores, como George Weigel, como esencialmente coincidente con la interpretación rigorista del padre Leonard Feeney, condenada por el Santo Oficio en 1949 bajo Pío XII. Los análisis efectuados entonces apuntaban en la misma dirección: la posición de la FSSPX en este punto no entraba en conflicto con el Vaticano II, sino con el Magisterio de Pío IX y con una condena expresa del Santo Oficio bajo el propio Pío XII al que la Fraternidad reconoce como referencia.
La Profesión del 24 de junio introduce en su §60 una matización que la Declaración omitía: «Si algunos hombres se salvan sin pertenecer a la sociedad visible que es la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo, se salvan por una ordenación sobrenatural a la única Iglesia de la salvación». La nota 62 del documento cita la carta del Santo Oficio al arzobispo de Boston de 1949, incluida la doctrina del «voto implícito». La corrección alinea este punto con la enseñanza del Magisterio preconciliar, aunque los párrafos siguientes (§§61-63), con su rechazo del ecumenismo y del «cristianismo anónimo», mantienen un tono de máxima restricción.
Defensa de la Misa tradicional y rechazo del Novus Ordo
La profesión de fe dedica un capítulo específico a la Eucaristía y la liturgia, en el que reafirma la doctrina tradicional sobre el sacrificio de la Misa, la presencia real de Cristo y el valor formativo del culto católico.
El documento afirma que «la Misa tradicional romana, celebrada según el rito en uso previo a la reforma del Novus Ordo Missae, expresa con una claridad incomparable la doctrina católica del sacrificio, del sacerdocio y de la presencia real». Al mismo tiempo, sostiene que «las reformas litúrgicas contemporáneas se han alejado considerablemente de la liturgia tradicional» y han contribuido a «la pérdida del sentido de lo sagrado, a la corrupción del espíritu cristiano, a la disminución de las vocaciones y al debilitamiento general de la fe».
La Fraternidad concluye que «la restauración católica de los pueblos exige necesariamente la restauración del culto divino, mediante la liturgia tradicional de siempre».
Ecumenismo, libertad religiosa y moral
La profesión de fe rechaza la idea de que las religiones no cristianas puedan considerarse caminos de salvación, critica el ecumenismo entendido como relativización de la unicidad de la Iglesia católica y defiende la doctrina tradicional sobre la realeza social de Cristo.
En materia eclesiológica, el documento rechaza «las concepciones sinodales que tienden a transformar la Iglesia jerárquica en una estructura consultiva, parlamentaria o democrática» y afirma que «la constitución monárquica de la Iglesia es de institución divina e intangible».
En el ámbito moral, la FSSPX reafirma la enseñanza católica sobre el matrimonio como «unión estable e indisoluble de un hombre y una mujer», rechaza cualquier legitimación del aborto, la eutanasia y la anticoncepción, y critica la posibilidad de presentar «situaciones objetivamente contrarias a la ley divina como compatibles con el plan de Dios». El texto rechaza también la admisión a los sacramentos de quienes perseveran públicamente en situaciones que la Iglesia ha considerado incompatibles con la moral católica, así como «la separación moderna entre doctrina y pastoral».
Un gesto formal en vísperas de Écône
La carta concluye con una cita de la Segunda Carta de San Pablo a los Corintios (2 Cor 13,8): «Porque nada podemos contra la verdad, sino en favor de la verdad». Los firmantes aseguran al Papa y a los cardenales su «oración constante por ustedes y por la Iglesia universal».
Con esta iniciativa, la FSSPX presenta formalmente ante Roma una síntesis completa de sus posiciones doctrinales a pocos días de las consagraciones episcopales de Écône. La carta abierta mantiene la interlocución con el Papa y los cardenales y abre la puerta a una discusión futura, pero el documento doctrinal que la acompaña ha abandonado el tono de petición filial de mayo para adoptar el registro solemne de una proclamación de fe dirigida al mundo católico, sin solicitar confirmación pontificia. La Fraternidad afronta el 1 de julio sin mandato pontificio y con un corpus doctrinal que funciona como declaración de identidad, no como instrumento de negociación.






