FSSPX: «Fiducia Supplicans» y «Amoris Laetitia» como síntoma, el pragmatismo con China como solución
Padre Davide Pagliarani, Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X | © FSSPX

Entrevista del P. Davide Pagliarani, Superior General de la FSSPX

FSSPX: «Fiducia Supplicans» y «Amoris Laetitia» como síntoma, el pragmatismo con China como solución

Ofrece las anunciadas explicaciones sobre la intención de consagrar obispos en julio sin mandato pontificio, por estado objetivo de grave necesidad» y «por el bien de las almas que acuden a nosotros». Se muestra crítico con el legado de Francisco y preocupado por lo que interpreta un continuidad con León XIV.

(InfoCatólica) El padre Davide Pagliarani, Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X anunciaba la decisión que se consagrarían obispos en julio, El comunicado terminaba terminaba con un «en los próximos días, el Superior General proporcionará explicaciones complementarias sobre la situación actual y sobre su decisión».

Esa explicación ha venido en forma de extensa entrevista el mismo día, pero publicada hoy en la web de la Fraternidad y que reproducimos por su interés, hay matices difíciles de resumir. En ella el P. Pagliarani¸ justifica la decisión en el «estado objetivo de grave necesidad» que atraviesan las almas, la Fraternidad y la propia Iglesia, y en la imposibilidad de obtener una respuesta positiva de Roma.

También cuenta haber escrito dos cartas al papa León XIV solicitando una audiencia y exponiendo las necesidades de la Fraternidad. La respuesta, firmada por el cardenal Víctor Manuel Fernández, desestimó la propuesta sin ofrecer alternativa alguna. Según Pagliarani, la Fraternidad había solicitado que la Santa Sede aceptase «dejarnos continuar provisionalmente en nuestra situación de excepción, por el bien de las almas que acuden a nosotros», comprometiéndose a dedicar todas sus energías a la salvaguardia de la Tradición y a formar verdaderos hijos de la Iglesia.

No deja de ser irónico que hoy mismo también se conociese que tras esos dos rechazos, ahora sí hay fecha prevista, el 12 de febrero, que también ha confirmado la FSSPX.

Fundamenta su decisión en el principio canónico «suprema lex, salus animarum» (la ley suprema es la salvación de las almas), argumentando que en las parroquias actuales los fieles no encuentran los recursos necesarios para su salvación eterna.

Con sorpresa de nadie, critica el legado del Papa Francisco, especialmente el método del «kerygma» y la sinodalidad, que a su juicio han producido un vacío doctrinal y decisiones catastróficas como la comunión a divorciados vueltos a casar y la bendición de parejas homosexuales. El próximo día 12 el encuentro el P. Pagliarani se encontrará con uno de los artífices de la situación. Si el Cardenal «Tucho» Fernández ya provocó problemas con todos los orientales, católicos o no, y con todos los africanos, no es de extrañar esto. De todas formas el mantenimiento del Cardenal en su función ya no es responsabilidad del Papa Francisco.

Por ello, la FSSPX considera que el pontificado de León XIV mantendrá la línea de Francisco de forma irreversible, como confirma para ellos el reciente consistorio y el documento del Cardenal Roche sobre liturgia, que condena la coexistencia de ritos promovida por Benedicto XVI.

En línea de lo declarado en el pasado rechazan ser una Iglesia paralela y afirma servir a las almas por caridad, sin pretender conferir jurisdicción a sus obispos. Compara su situación con el pragmatismo vaticano hacia China, donde Roma acepta obispos impuestos por Pekín, y que a diferencia de los chinos su objetivo no es la sumisión al partido comunista.

Respecto a la cuestión litúrgica, Pagliarani sostiene que el uso actual del Misal de 1962 en grupos autorizados es insuficiente, pues opera bajo un «régimen de excepción» que presupone la aceptación implícita de las reformas conciliares y genera fragilidad estructural. Y critica la «ceguera irremediable» de quienes, tras sesenta años de reforma litúrgica, siguen atribuyendo su fracaso a la falta de formación de los fieles en lugar de reconocer la incapacidad del Novus Ordo para edificar almas.

El Superior de la FSSPX es consciente de la situación y afirma que la Fraternidad aceptará sin amargura las eventuales sanciones canónicas, que considera sin efecto real en las circunstancias actuales, y continuará trabajando con fidelidad a la Tradición, confiada en que Roma reconocerá algún día el valor de estas consagraciones.

Davide Pagliarani mantiene la esperanza de entrevistarse personalmente con el Papa para transmitirle lo que no pudo expresar por escrito, aunque la respuesta del Cardenal Fernández no prevé ninguna audiencia.

Entrevista al Superior General de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X

5 Febrero 2026

Fuente: FSSPX Actualidad

«Suprema lex, salus animarum»

«'La ley suprema es la salvación de las almas'». De este principio fundamental depende, en última instancia, toda la legitimidad de nuestro apostolado».

FSSPX.Actualidad: Reverendo Superior General, acaba usted de anunciar públicamente su intención de proceder a nuevas consagraciones episcopales en el seno de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X el próximo 1 de julio. ¿Por qué anunciarlo precisamente hoy, 2 de febrero?

Don Davide Pagliarani: La fiesta de la Purificación de la Santísima Virgen reviste una importancia particular en la Fraternidad. En este día, los candidatos al sacerdocio reciben la sotana. La Presentación de Nuestro Señor en el Templo, que celebramos hoy, les recuerda que la clave de su formación y de su preparación para las Órdenes se encuentra en el don de sí mismos, que pasa por las manos de María. Es una fiesta mariana de suma importancia; cuando Simeón anuncia a Nuestra Señora una espada de dolor, le indica con claridad su rol de Corredentora junto a su divino Hijo. Nuestra Señora acompaña de la misma manera al futuro sacerdote en su formación y durante toda su vida: es Ella quien forma continuamente a Nuestro Señor en su alma.

Ha habido rumores insistentes sobre este anuncio en los últimos meses, especialmente tras el fallecimiento de Mons. Tissier de Mallerais en octubre de 2024. ¿Por qué ha esperado hasta ahora?

Al igual que Mons. Lefebvre en su día, la Fraternidad siempre ha procurado no adelantarse a la Providencia, sino seguirla, dejándose guiar por sus indicaciones. Una decisión de tal importancia no puede tomarse a la ligera, ni con precipitación.

Concretamente, tratándose de un asunto que obviamente concierne a la autoridad suprema de la Iglesia, se imponía, en primer lugar, emprender las oportunas gestiones ante la Santa Sede -como hemos hecho- aguardando, durante un plazo razonable, una respuesta. No podíamos tomar la decisión sin haber manifestado de manera concreta nuestro reconocimiento de la autoridad del Santo Padre.

En su homilía, Vd. dijo que había escrito al Papa. ¿Podría decirnos algo más al respecto?

El verano pasado escribí al Santo Padre para solicitar una audiencia. No habiendo recibido respuesta alguna, escribí una nueva carta, unos meses más tarde; una carta sencilla y filial, sin ocultarle ningún detalle acerca de nuestras necesidades. Mencionaba nuestras divergencias doctrinales pero, también, nuestro sincero deseo de servir sin descanso a la Iglesia católica, pues somos servidores de la Iglesia a pesar de la falta de reconocimiento canónico.

Una respuesta a esta segunda carta nos fue enviada desde Roma hace unos días, con firma del cardenal Fernández. Lamentablemente, esta respuesta desecha sin más nuestra proposición, sin ofrecernos una solución alternativa.

Esta propuesta, habida cuenta de las circunstancias absolutamente excepcionales en las que se encuentra la Fraternidad, consiste, en resumidas cuentas, en que la Santa Sede acepte dejarnos continuar provisionalmente en nuestra situación de excepción, por el bien de las almas que acuden a nosotros. Asimismo, reiteramos al Papa nuestra promesa de dedicar todas nuestras energías a la salvaguardia de la Tradición y a hacer de nuestros fieles verdaderos hijos de la Iglesia. Me parece que una propuesta así es, a un tiempo, realista y razonable, y que podría, en principio, recibir el beneplácito del Santo Padre.

Pero entonces, si aún no ha recibido ese permiso, ¿por qué considera que debe proceder de todos modos a las consagraciones episcopales?

Se trata de un medio extraordinario, proporcionado a una necesidad a un tiempo real y extraordinaria. Ciertamente, la simple existencia de una necesidad para el bien de las almas no implica, de suyo que, cualquier iniciativa en su favor quede automáticamente justificada. En nuestro caso, después de un largo período de espera, observación y oración, nos parece poder afirmar hoy que el estado objetivo de grave necesidad en el que se encuentran las almas, la Fraternidad y la Iglesia exige esta decisión.

Con el legado que nos ha dejado el papa Francisco, las razones de fondo que ya habían justificado las consagraciones de 1988 conservan toda su vigencia y se revelan, hoy, en muchos aspectos, incluso más pertinentes. El Concilio Vaticano II sigue siendo y es hoy más que nunca la brújula que guía a los hombres de Iglesia, y es poco probable que vayan a cambiar de rumbo en un futuro inmediato. Las grandes orientaciones que ya se perfilan para el nuevo pontificado, en particular tras el último consistorio, lo confirman plenamente: en ellas se percibe una determinación explícita de mantener la línea de Francisco como un camino irreversible para toda la Iglesia.

«Reiteramos al Papa nuestra promesa de dedicar todas nuestras energías a la salvaguardia de la Tradición y a hacer de nuestros fieles verdaderos hijos de la Iglesia»

Es triste constatarlo, pero es un hecho: en una parroquia media, los fieles ya no encuentran los recursos necesarios para asegurar su salvación eterna. En particular, en lo que se refiere a la predicación íntegra de la verdad y de la moral católicas, así como a la administración de los Sacramentos tal como la Iglesia los ha concebido siempre. Este es el resumen del estado de necesidad. En este contexto crítico, nuestros obispos van envejeciendo y, con el crecimiento continuo del apostolado, ya no dan abasto para responder a las necesidades de los fieles en todo el mundo.

¿En qué sentido considera Vd. que el consistorio del mes pasado confirma la dirección tomada por el papa Francisco?

El cardenal Fernández, en nombre del papa León, invitó a la Iglesia a volver a la intuición fundamental de Francisco, expresada en Evangelii gaudium, su encíclica clave: de manera simplificada, se trata de reducir el anuncio del Evangelio a su expresión primitiva esencial, en fórmulas muy concisas y contundentes --el «kerygma»--, con vistas a una «experiencia», a un encuentro inmediato con Cristo, dejando de lado todo lo demás, por valioso que sea; concretamente, el conjunto de los elementos de la Tradición, considerados como accesorios y secundarios. Este método de la nueva evangelización es el que ha producido el vacío doctrinal característico del pontificado de Francisco, que una parte importante de la Iglesia ha experimentado con tanta intensidad.

Ciertamente, en esta perspectiva hay que preocuparse siempre por ofrecer respuestas nuevas y adecuadas a las cuestiones que surgen; pero esta tarea debe realizarse a través de la reforma sinodal, y no redescubriendo las respuestas clásicas y siempre válidas, proporcionadas por la Tradición de la Iglesia. De este modo, en el supuesto «soplo del Espíritu» de esta reforma sinodal, Francisco ha podido imponer a toda la Iglesia decisiones catastróficas, como la autorización de la comunión para los divorciados vueltos a casar o la bendición de parejas del mismo sexo.

En síntesis: mediante el «kerygma», el anuncio del Evangelio se aísla de todo el corpus de la doctrina y de la moral tradicionales; y mediante la sinodalidad, las respuestas tradicionales son sustituidas por decisiones arbitrarias, fácilmente absurdas y doctrinalmente injustificables. El propio cardenal Zen considera que este método es manipulador y que atribuirlo al Espíritu Santo es blasfemo. Es de temer; por desgracia, que tenga razón.

Vd. habla de servicio a la Iglesia pero, en la práctica, la Fraternidad puede dar la impresión de desafiar a la Iglesia, sobre todo si contemplan nuevas consagraciones episcopales. ¿Cómo se lo explicaría al Papa?

Servimos a la Iglesia, ante todo, sirviendo a las almas. Esto es un hecho objetivo, independientemente de cualquier otra consideración. La Iglesia existe fundamentalmente para las almas: su finalidad es la santificación de las almas y su salvación. Todos los bellos discursos, los diversos debates y los grandes temas sobre los que se discute o podría discutirse carecen de sentido si no tienen como objetivo la salvación de las almas. Conviene recordarlo, porque hoy existe el peligro de que la Iglesia se ocupe de todo y de nada. La preocupación ecológica, por ejemplo, o la defensa de los derechos de las minorías, de las mujeres o de los migrantes, corren el riesgo de hacer perder de vista la misión esencial de la Iglesia. Si la Fraternidad San Pío X lucha por conservar la Tradición, con todo lo que ello implica, es únicamente porque estos tesoros son absolutamente indispensables para la salvación de las almas, y porque no persigue otra cosa, más allá del bien de las almas y el del sacerdocio ordenado a su santificación.

«En una parroquia media, los fieles ya no encuentran los recursos necesarios para asegurar su salvación eterna. Este es el resumen del estado de necesidad»

Al obrar así, ponemos al servicio de la Iglesia aquello que conservamos. Ofrecemos a la Iglesia no un museo de cosas antiguas y polvorientas, sino la Tradición en su plenitud y fecundidad: la Tradición que santifica las almas, que las transforma, que suscita vocaciones y familias auténticamente católicas. Dicho de otro modo: es para el propio Papa, en cuanto tal, para quien conservamos este tesoro, hasta el día en que se vuelva a comprender su valor y en que un Papa quiera servirse de él para el bien de toda la Iglesia. Porque es a esta última a quien pertenece la Tradición.

Vd. habla del bien de las almas, pero la Fraternidad no tiene misión sobre las almas. Al contrario, fue suprimida canónicamente hace más de cincuenta años. ¿En virtud de qué puede justificarse una misión de la Fraternidad respecto de las almas?

Se trata sencillamente de una cuestión de caridad. No queremos atribuirnos una misión que no tenemos. Pero, al mismo tiempo, no podemos negarnos a responder a la angustia espiritual de las almas que, cada vez se encuentran más perplejas, desorientadas, y perdidas. Piden auxilio. Y tras haber buscado durante mucho tiempo encuentran, de manera perfectamente natural, en las riquezas de la Tradición de la Iglesia, vividas íntegramente, con una alegría muy profunda, la luz y el consuelo. Respecto de estas almas, tenemos una verdadera responsabilidad, aunque no tengamos una misión canónica: si alguien ve en la calle a una persona en peligro, está obligado a socorrerla según sus posibilidades, aunque no sea ni bombero ni policía.

El número de almas que han acudido a nosotros no ha dejado de crecer con el paso de los años y ha aumentado, incluso, de manera considerable durante la última década. Ignorar sus necesidades y abandonarlas significaría traicionarlas y, con ello, traicionar a la propia Iglesia, pues, una vez más, la Iglesia existe para las almas y no para alimentar discursos vanos y fútiles.

Esta caridad es un deber que prima sobre todos los demás. El propio derecho de la Iglesia lo prevé así. En el espíritu del derecho de la Iglesia, expresión jurídica de esta caridad, el bien de las almas pasa antes que todo. Representa verdaderamente la ley de las leyes, a la cual todas las demás están subordinadas y frente a la cual ninguna ley eclesiástica prevalece. El axioma «suprema lex, salus animarum» --la ley suprema es la salvación de las almas-- es una máxima clásica de la tradición canónica, retomada explícitamente, por otra parte, en el último canon del Código de 1983; en el actual estado de necesidad, de este principio fundamental depende, en última instancia, toda la legitimidad de nuestro apostolado y de nuestra misión respecto de las almas que acuden a nosotros. Se trata, por nuestra parte, de un papel de suplencia, en nombre de esta misma caridad.

¿Es Vd. consciente de que el hecho de contemplar nuevas consagraciones episcopales podría colocar a los fieles que recurren a la Fraternidad ante un dilema: o bien la elección de la Tradición íntegra con todo lo que ello implica, o bien la «plena» comunión con la jerarquía de la Iglesia?

Este dilema es en realidad sólo aparente. Es evidente que un católico debe conservar tanto la integridad de la Tradición como la comunión con la jerarquía. No puede elegir entre estos dos bienes, pues ambos son necesarios.

Con demasiada frecuencia se olvida, sin embargo, que la comunión se funda esencialmente en la fe católica, con todo lo que ello implica: empezando por una verdadera vida sacramental y por el ejercicio de un gobierno que predique esa misma fe y fomente su puesta en práctica, usando su autoridad no de manera arbitraria, sino verdaderamente en orden al bien espiritual de las almas confiadas a su cuidado.

Es, precisamente, para garantizar estos fundamentos, estas condiciones necesarias para la existencia misma de la comunión en la Iglesia, por lo que la Fraternidad no puede aceptar lo que se opone a esa comunión y la desnaturaliza, incluso cuando ello procede, paradójicamente, de aquellos mismos que ejercen la autoridad en la Iglesia.

¿Podría darnos un ejemplo concreto de lo que la Fraternidad no puede aceptar?

El primer ejemplo que me viene a la mente se remonta al año 2019, cuando el papa Francisco, con ocasión de su visita a la península arábiga, firmó con un imán la conocida Declaración de Abu Dabi. En ella afirmaba, junto con el líder musulmán, que la pluralidad de las religiones había sido querida como tal por la Sabiduría divina.

Es evidente que una comunión que se fundara en la aceptación de tal afirmación, o que la incluyera, sencillamente no sería católica, pues implicaría un pecado contra el primer mandamiento y la negación del primer artículo del Credo. Considero que una afirmación así es más que un simple error. Es sencillamente inconcebible. No puede ser el fundamento de una comunión católica, sino más bien la causa de su disolución. Pienso que un católico debería preferir el martirio antes que aceptar tal afirmación.

En todo el mundo, la toma de conciencia de los errores denunciados desde hace tiempo por la Fraternidad progresa, especialmente en internet. ¿No convendría dejar que este movimiento se desarrolle con confianza en la Providencia, en lugar de intervenir mediante un gesto público fuerte como las consagraciones?

Este movimiento es ciertamente positivo, y no puede sino alegrarnos. Ilustra sin duda la plausibilidad de lo que defiende la Fraternidad y conviene alentar esta difusión de la verdad por todos los medios existentes. Dicho esto, se trata un movimiento que tiene sus límites, pues el combate de la fe no se limita a, ni se agota en discusiones y tomas de posición cuyo escenario sean la web o las redes sociales.

La santificación de un alma depende ciertamente de una profesión de fe auténtica, pero esta debe conducir a una vida verdaderamente cristiana. El domingo las almas no necesitan consultar una plataforma de internet. Lo que necesitan es un sacerdote que las confiese y las instruya, que les celebre la santa Misa, que las santifique verdaderamente y las conduzca a Dios. Las almas necesitan sacerdotes. Y para tener sacerdotes, hacen falta obispos. No «influencers». En otras palabras, hay que volver al mundo real, es decir, a la realidad de las almas y de sus necesidades objetivas concretas. Las consagraciones episcopales no tienen otra finalidad: garantizar, para los fieles comprometidos con la Tradición, la administración del sacramento de la confirmación, del orden y de todo lo que de ellos se deriva.

A pesar de sus buenas intenciones, ¿no piensa que la Fraternidad podría acabar, de algún modo, tomándose a sí misma por la Iglesia, o considerándose insustituible?

De ninguna manera la Fraternidad pretende sustituirse a la Iglesia ni asumir su misión; por el contrario, conserva una profunda conciencia de no existir sino para servirla, apoyándose exclusivamente en lo que la Iglesia misma ha predicado, creído y practicado siempre y en todas partes.

La Fraternidad es, del mismo modo, profundamente consciente de que no es ella quien salva a la Iglesia, pues solo Nuestro Señor, que no cesa nunca de velar por ella, puede guardar y salvar a Su Esposa,

La Fraternidad es, sencillamente, en circunstancias que no ha elegido, un medio privilegiado para permanecer fiel a la Iglesia. Atenta a la misión de su Madre, que durante veinte siglos ha alimentado a sus hijos con la doctrina y los sacramentos, la Fraternidad se consagra filialmente a la preservación y a la defensa de la Tradición íntegra, tomando los medios de una libertad sin equivalente para permanecer fiel a este legado. Según la expresión de Mons. Lefebvre, la Fraternidad no es más que una obra «de la Iglesia católica, que continúa transmitiendo la doctrina»; su papel es el de un «cartero que lleva una carta». Y su mayor deseo es ver a todos los pastores católicos unirse a ella en el cumplimiento de este deber.

Volvamos al Papa. ¿Le parece verosímil pensar que el Santo Padre pueda aceptar, o al menos tolerar, que la Fraternidad consagre obispos sin mandato pontificio?

Un Papa es ante todo un padre. Como tal, es capaz de discernir una intención recta, una voluntad sincera de servir a la Iglesia y, sobre todo, un verdadero caso de conciencia en una situación excepcional. Estos elementos son objetivos y todos los que conocen la Fraternidad pueden reconocerlos, incluso sin compartir necesariamente sus posiciones.

Esto resulta comprensible, en teoría. Pero ¿piensa Vd. que, concretamente, Roma pueda tolerar una decisión semejante por parte de la Fraternidad?

El futuro permanece en manos del Santo Padre y, evidentemente, de la Providencia. No obstante, hay que reconocer que la Santa Sede es a veces capaz de mostrar un cierto pragmatismo, incluso una flexibilidad sorprendente, cuando está convencida de obrar por el bien de las almas.

Tomemos el caso muy actual de las relaciones con el gobierno chino. A pesar de un verdadero cisma de la Iglesia patriótica china; a pesar de una persecución ininterrumpida de la Iglesia subterránea, fiel a Roma; a pesar de acuerdos regularmente renovados y luego violados por el gobierno chino, en 2023, el papa Francisco aprobó a posteriori el nombramiento del obispo de Shanghái por las autoridades chinas. Más recientemente, el papa León XIV acabó aceptando también a posteriori el nombramiento del obispo de Xinxiang, designado del mismo modo durante la vacancia de la Sede Apostólica, cuando el obispo fiel a Roma, varias veces encarcelado, seguía aún en funciones. En ambos casos, se trata evidentemente de prelados afines al gobierno, impuestos unilateralmente por Pekín con el objetivo de controlar la Iglesia católica china. Conviene subrayar que no se trata aquí de simples obispos auxiliares, sino de obispos residenciales, es decir, de pastores ordinarios de su diócesis (o prefectura) respectiva, con jurisdicción sobre los sacerdotes y los fieles locales. En Roma se sabe perfectamente con qué finalidad han sido elegidos e impuestos unilateralmente estos pastores.

«La Fraternidad San Pío X no persigue no persigue otra cosa, más allá del bien de las almas y el del sacerdocio ordenado a su santificación»

El caso de la Fraternidad es muy distinto: no se trata en absoluto de colaborar con un poder comunista o anticristiano, sino únicamente de salvaguardar los derechos de Cristo Rey y de la Tradición de la Iglesia, en un momento de crisis y de confusión generalizadas en el que estos se encuentran gravemente comprometidos. Las intenciones y las finalidades no son, evidentemente, las mismas. El Papa lo sabe. Además, el Santo Padre sabe perfectamente que la Fraternidad no pretende de ningún modo conferir a sus obispos jurisdicción alguna, lo que equivaldría a crear una Iglesia paralela.

Francamente, no veo cómo el Papa podría temer un peligro mayor para las almas por arte de la Fraternidad que por parte del gobierno de Pekín.

¿Piensa Vd. que, en lo que respecta a la Misa tradicional, la necesidad de las almas es hoy tan grave como en 1988? Tras las vicisitudes por las que ha pasado el rito de san Pío V --su liberalización por Benedicto XVI en 2007 y las restricciones impuestas por Francisco en 2021--, ¿hacia dónde nos dirigimos con el nuevo Papa?

Hasta donde yo sé, el papa León XIV ha mantenido cierta discreción sobre este tema, que suscita una gran expectación en el mundo conservador. Sin embargo, muy recientemente se ha hecho público un texto del cardenal Roche sobre la liturgia, destinado inicialmente a los cardenales que participaron en el consistorio del mes pasado. Y no hay razón para dudar de que dicho texto corresponda, en sus grandes líneas, a la orientación querida por el Papa. Se trata de un texto muy claro y, sobre todo, lógico y coherente. Lamentablemente, se apoya en una premisa falsa.

Concretamente, este texto, en perfecta continuidad con Traditionis custodes, condena el proyecto litúrgico del papa Benedicto XVI. Según este último, el rito antiguo y el nuevo serían dos formas aproximadamente equivalentes, que expresarían en todo caso la misma fe y la misma eclesiología, y que podrían, por tanto, enriquecerse mutuamente. Preocupado por la unidad de la Iglesia, Benedicto XVI quiso promover la coexistencia de ambos ritos y publicó en 2007 Summorum Pontificum. Para muchos, esto supuso providencialmente un redescubrimiento de la misa de siempre; pero a la larga dio lugar también a un movimiento de cuestionamiento del nuevo rito, movimiento que pareció problemático y que Traditionis custodes, en 2021, trató de frenar.

Fiel a Francisco, el cardenal Roche promueve a su vez la unidad de la Iglesia, pero conforme a una idea y mediante soluciones diametralmente opuestas a las de Benedicto XVI: aunque se mantiene la afirmación de la continuidad de un rito a otro a través de la reforma, se opone firmemente a su coexistencia. Ve en ella una fuente de división, una amenaza para la unidad, que debe superarse volviendo a una auténtica comunión litúrgica: «El bien primordial de la unidad de la Iglesia no se alcanza congelando la división, sino reencontrándonos todos en el compartir aquello que no puede sino ser compartido». En la Iglesia, «debería haber un solo rito», en plena sintonía con el verdadero sentido de la Tradición.

Se trata de un principio justo y coherente, pues la Iglesia, al tener una sola fe y una sola eclesiología, no puede tener sino una sola liturgia capaz de expresarlas adecuadamente… Pero es un principio mal aplicado, ya que, en coherencia con la nueva eclesiología posconciliar, el cardenal Roche concibe la Tradición como algo evolutivo, y el nuevo rito como su única expresión viva para nuestro tiempo; el valor del rito tridentino sólo puede ser considerado como superado y su uso, a lo sumo, una «concesión», «en ningún caso una promoción».

Que haya, pues, «división» e incompatibilidad actual entre los dos ritos: esto es lo que ahora aparece con mayor claridad. Pero no nos engañemos: la única liturgia que expresa adecuadamente, de manera inmutable y no evolutiva, la concepción tradicional de la Iglesia, de la vida cristiana y del sacerdocio católico es la de siempre. En este punto, la oposición de la Santa Sede parece más que nunca irrevocable.

El cardenal Roche reconoce, no obstante, que aún existen ciertos problemas en la aplicación de la reforma litúrgica. ¿Piensa Vd. que esto podría conducir a una toma de conciencia de los límites de dicha reforma?

Resulta interesante constatar que, después de sesenta años, todavía se admite una dificultad real en la aplicación de la reforma litúrgica, «cuya riqueza habría que descubrir»: es una cantilena que se oye siempre que se aborda este tema y que el texto del cardenal Roche no elude. Pero en lugar de interrogarse sinceramente sobre las deficiencias intrínsecas de la nueva misa y, por tanto, sobre el fracaso general de esta reforma; en lugar de reconocer el hecho de que las iglesias se vacían y las vocaciones disminuyen; en lugar de preguntarse por qué el rito tridentino sigue atrayendo a tantas almas… El cardenal Roche sólo ve como solución una urgente formación previa de los fieles y de los seminaristas.

Sin darse cuenta, entra así en un círculo vicioso, pues es la liturgia misma la que está llamada a formar a las almas. Durante casi dos mil años, las almas --a menudo analfabetas-- han sido edificadas y santificadas por la propia liturgia, sin necesidad de formación previa alguna. No reconocer la incapacidad intrínseca del Novus Ordo para edificar a las almas, exigiendo una mejor formación todavía, me parece el signo de una ceguera irremediable. Se llega así a paradojas chocantes: la reforma fue buscada para favorecer la participación de los fieles; ahora bien, estos han abandonado la Iglesia en masa porque esta liturgia insípida no ha sabido alimentarlos; ¡y resulta que esto no tiene nada que ver con la propia reforma!

Hoy, en numerosos países, grupos ajenos a la Fraternidad se benefician todavía del uso del Misal de 1962. Esa posibilidad apenas existía en 1988. ¿No sería esta una buena alternativa, por el momento, que haría prematuras nuevas consagraciones episcopales?

La pregunta que debemos plantearnos es la siguiente: ¿corresponden estas posibilidades a lo que la Iglesia y las almas necesitan? ¿Responden de manera suficiente a la necesidad de las almas?

Es innegable que allí donde se celebra la Misa tradicional, irradia el verdadero rito de la Iglesia, con ese profundo sentido de lo sagrado que no se encuentra en el nuevo rito. Pero no se puede hacer abstracción del marco en el que tienen lugar estas celebraciones. Con independencia de la buena voluntad de unos u otros, el marco parece claro, especialmente desde Traditionis custodes, confirmado por el cardenal Roche: se trata del de una Iglesia en la que el único rito oficial, «normal» es el de Pablo VI. La celebración del rito de siempre se realiza, por consiguiente, bajo un régimen de excepción: quienes se adhieren a este rito reciben, por benevolencia gratuita, dispensas que les permiten celebrarlo, pero estas se inscriben en una lógica que es la de la nueva eclesiología y presuponen, por tanto, que la liturgia nueva sigue siendo el criterio de la piedad de los fieles y la auténtica expresión de la vida de la Iglesia.

¿Por qué dice Vd. que no se puede hacer abstracción de este marco de excepción? ¿No se hace, pese a todo, un bien? ¿Qué consecuencias concretas habría que lamentar?

De esta situación se derivan al menos tres consecuencias nocivas. La más inmediata es la de una profunda fragilidad estructural. Los sacerdotes y los fieles que gozan de ciertos privilegios que les permiten usar la liturgia tridentina viven en la angustia del mañana: un privilegio no es un derecho. Mientras la autoridad los tolera, pueden dedicarse a sus prácticas religiosas sin ser molestados. Pero en cuanto la autoridad formula determinadas exigencias, impone condiciones o revoca de repente, por una razón u otra, las autorizaciones concedidas, sacerdotes y fieles se encuentran en una situación de conflicto, sin medio alguno de defenderse para garantizar eficazmente los auxilios tradicionales que las almas tienen derecho a esperar. ¿Cómo evitar de forma permanente semejantes casos de conciencia, cuando entre dos concepciones inconciliables de la vida de la Iglesia, encarnadas en dos liturgias incompatibles, una goza de pleno derecho de ciudadanía mientras que la otra es sólo tolerada?

En segundo lugar --y esto es sin duda más grave--, ya no se comprende la razón misma del apego de estos grupos a la liturgia tridentina, lo que compromete gravemente los derechos públicos de la Tradición de la Iglesia y, con ello, el bien de las almas. En efecto, si la misa de siempre puede aceptar que la misa moderna se celebre en toda la Iglesia, y si no reclama para sí más que un privilegio particular ligado a una preferencia o a un carisma propio, ¿cómo comprender entonces que esta lisa de siempre se oponga de manera irreductible a la misa nueva, permanezca como la única verdadera liturgia de toda la Iglesia y que a nadie se puede impedir su celebración? ¿Cómo saber que la misa de Pablo VI no puede ser reconocida, porque constituye un alejamiento considerable de la teología católica de la santa misa, y que nadie puede ser obligado a celebrarla? ¿Y cómo son eficazmente apartadas las almas de esta liturgia envenenada para apagar su sed en las fuentes puras de la liturgia católica?

«La Fraternidad es, sencillamente, en circunstancias que no ha elegido, un medio privilegiado para permanecer fiel a la Iglesia».

Por último, una consecuencia más lejana que se desprende de las dos anteriores: la necesidad de no comprometer, mediante un comportamiento considerado perturbador, una estabilidad frágil, reduce a muchos pastores a un silencio forzado cuando deberían alzar la voz contra tal o cual enseñanza escandalosa que corrompe la fe o la moral. La necesaria denuncia de los errores que están demoliendo la Iglesia, exigida por el propio bien de las almas amenazadas por este alimento envenenado, queda así paralizada. Se ilumina en privado a uno u otro, cuando aún se logra discernir la nocividad de tal o cual error, pero no es más que un murmullo tímido, en el que la verdad apenas logra expresarse con la libertad requerida… Especialmente cuando se trata de combatir principios tácitamente admitidos. Una vez más, son las almas a las que ya no se da luz y a las que se priva del pan de la doctrina del que, sin embargo, siguen hambrientas. Con el tiempo, esto modifica progresivamente las mentalidades y conduce poco a poco a la aceptación general e inconsciente de las diversas reformas que afectan a la vida de la Iglesia. También respecto de estas almas, la Fraternidad siente la responsabilidad de iluminarlas y de no abandonarlas.

No se trata de lanzar reproches ni de juzgar a nadie, sino de abrir los ojos y constatar los hechos. Ahora bien, estamos obligados a reconocer que, en la medida en que el uso de la liturgia tradicional sigue estando condicionado por la aceptación al menos implícita de las reformas conciliares, los grupos que se benefician de ella no pueden constituir una respuesta adecuada a las necesidades profundas que experimentan la Iglesia y las almas. Por el contrario, para retomar una idea ya expresada, es necesario poder ofrecer a los católicos de hoy una verdad sin concesiones, servida sin condicionamientos, con los medios para vivirla íntegramente, para la salvación de las almas y el servicio de toda la Iglesia.

Por otro lado, ¿no piensa usted que Roma podría mostrarse más generosa en el futuro respecto de la Misa tradicional?

No es imposible que Roma llegue a adoptar en el futuro una actitud más abierta, como ya ocurrió en 1988, en circunstancias análogas, cuando el Misal antiguo fue concedido a ciertos grupos para intentar apartar a los fieles de la Fraternidad. Si esto volviera a suceder, sería muy político y muy poco doctrinal: el Misal tridentino está destinado exclusivamente a adorar la majestad divina y a alimentar la fe; no puede ser instrumentalizado como una herramienta de ajuste pastoral o una variable de apaciguamiento.

Dicho esto, una benevolencia mayor o menor no cambiaría en nada la nocividad del marco descrito más arriba y, por tanto, no modificaría sustancialmente la situación.

Por otra parte, el escenario es en realidad más complejo: en Roma, el papa Francisco y el cardenal Roche han constatado claramente que ampliar el uso del Misal de san Pío V desencadena inevitablemente un cuestionamiento de la reforma litúrgica y del Concilio, en proporciones molestas y, sobre todo, incontrolables. Resulta, pues, difícil prever lo que ocurrirá, pero el peligro de quedar encerrados en lógicas más políticas que doctrinales es real.

¿Hay algo que querría decirles, en especial, a los fieles y a los miembros de la Fraternidad?

Me gustaría decirles que el momento presente es, ante todo, un tiempo de oración, de preparación de los corazones, de las almas y también de las inteligencias, con vistas a disponernos a la gracia que estas consagraciones representan para toda la Iglesia. Todo ello en el recogimiento, en la paz y en la confianza en la Providencia, que nunca ha abandonado a la Fraternidad y no la abandonará ahora.

¿Sigue usted esperando poder encontrarse con el Papa?

Sí, por supuesto. Me parece sumamente importante poder entrevistarme con el Santo Padre y hay muchas cosas que estaría encantado de transmitirle y que no he podido poner por escrito. Lamentablemente, la respuesta recibida por parte del cardenal Fernández no prevé una audiencia con el Papa. En cambio, evoca la amenaza de nuevas sanciones.

¿Qué hará la Fraternidad si la Santa Sede decide condenarla?

Ante todo, recordemos que, en las presentes circunstancias, las eventuales penas canónicas no tendrían ningún efecto real.

No obstante, si llegaran a ser pronunciadas, con toda certeza, la Fraternidad aceptaría, sin amargura, este nuevo sufrimiento como ha sabido aceptar los sufrimientos pasados, y los ofrecería sinceramente por el bien de la propia Iglesia. La Fraternidad trabaja por la Iglesia y no hay duda de que, si se diera una situación semejante, no podría ser sino temporal, pues la Iglesia es divina y Nuestro Señor no la abandona.

La Fraternidad continuará, en suma, a trabajar lo mejor que pueda, con fidelidad a la Tradición católica y sirviendo humildemente a la Iglesia, respondiendo a las necesidades de las almas. Y seguirá rezando filialmente por el Papa, como siempre lo ha hecho, esperando poder verse un día liberada de esas eventuales sanciones injustas, como ya ocurrió en 2009. Estamos convencidos de que un día las autoridades romanas reconocerán con gratitud que estas consagraciones episcopales habrán contribuido providencialmente a mantener la fe, para mayor gloria de Dios y la salvación de las almas.

Entrevista concedida en Flavigny-sur-Ozerain el 2 de febrero de 2026 en la fiesta de la Purificación de la Santísima Virgen

41 comentarios

José Ramón
Pues todo lo que dice el superior de la fraternidad me parece que tiene muchísimo sentido común. No soy Lefreviano pero no entiendo por qué posturas totalmente alejadas de la doctrina católica puedan tener encaje en la iglesia y otras basadas en la tradición milenaria no. Esperemos que el Papa sea sabio y prudente y de una solución adecuada para evitar profundizar en el cisma.
5/02/26 4:17 PM
Lucía Victoria
Sí, ja.... ¡ahora va a resultar que la salvación de las almas depende de él (FSSPX) y que Jesús se ha desentendido de su Iglesia! Parece mentira que pueda haber alguien tan ensoberbecido, que no sea siquiera capaz de aplicar el ABC del discernimiento, para ver que se está enriscando y, con él, a todos los sacerdotes y almas que les han sido encomendadas desde el Cielo, y por las que exhibe tanto celo.

En vez de reproducir las "soluciones" del enemigo (es de primero de combate espiritual que no se lucha con las armas del enemigo, sino con las que enumera Pablo en Efesios 6, 12), tendrían que volverse a mirar al Maestro: fue SUFRIENDO, como Jesús aprendió a obedecer. Primero, las órdenes de sus santos padres, y en sus últimos días, la voluntad permisiva del Padre, a través de la autoridad dada a Pilatos: «No tendrías ninguna autoridad sobre mí si no te la hubieran dado de lo alto» (Jn. 19, 11).

La gravedad de la desobediencia es directamente proporcional a la autoridad conferida. Porque siempre se leva a muchos por delante. O si no, que le pregunten al tercio de ángeles que fueron expulsado del Paraíso por la desobediencia de Satanás....

5/02/26 5:02 PM
Diego II
EX FSSPX NULLA SALVATIO
5/02/26 5:47 PM
Jordán
Jose ramon

Algo muy llamativo de los comentarios es la proliferación del “no soy lefebrista, pero…”, una fórmula que empieza a parecerse sospechosamente al clásico “yo no soy racista, pero…”: uno se pone la venda antes de la pedrada. Tras la coletilla, casi siempre viene el mismo guion: desconfianza hacia la jerarquía, sospecha sistemática de Roma, comparaciones forzadas con China y una indulgencia infinita con cualquier postura que lleve la etiqueta de “tradición”, aunque acabe cuestionando la autoridad de la Iglesia. No deja de ser paradójico que, en nombre de evitar el cisma, algunos parezcan disfrutar tensando la cuerda… eso sí, aclarando antes que ellos no son lefebristas, faltaría más.
5/02/26 5:48 PM
Alejandro Viggiano
Sería bueno re-leer lo que escribió SAN Juan Pablo II en Ecclesia Dei para ver que vuelven a hacer lo mismo.
5/02/26 5:57 PM
Jesús González
Lucia Victoria,

La realidad es que muchas personas que no habían formado parte de la Iglesia Católica, o que se habían alejado de ella, pueden verse atraídas por la belleza y la sacralidad de la Misa Tradicional en latín de una forma que el Novus Ordo no podría hacer.

Y la celebración el Novus Ordo implica habitualmente abusos litúrgicos: canciones con letras cursis estilo pop, aplausos y, lo peor, la recepción del Cuerpo de Cristo como si se tratara de una galleta. Esos abusos no estaban en los documentos originales y convierten a la Santa Misa en una reunión de amigos y conocidos, en vez de la renovación del Sacrificio de Cristo.

Ese ambiente de falsa alegría constante no le va a servir a muchas personas que experimentan en sus vidas situaciones muy difíciles de sufrimiento y pecado. No va a ser un camino a través del cual puedan encontrar a Cristo

¿La solución?

Limpiar el Novus Ordos de abusos, con instrucciones claras y precisas, y liberar la celebración de la Misa Tradicional en latín.

Ese puede ser el acuerdo a través del cual se "regularice" la situación de la FSSPX dentro de la Iglesia Católica.
5/02/26 6:13 PM
Jorge
El Padre Pagliarani tiene toda la razón. La crisis de la Iglesia y la persecución a todo lo tradicional pone a la FSSPX y sus fieles en una situación objetiva de necesidad. El Derecho Canónico obliga a que haya al menos 3 obispos para consagrar otro, pudiendo en circunstancias excepcionales hacerlo 2 (que son los que les quedan ahora tras haber perdido a lo largo de su historia 7 obispos). Si pierden la posibilidad de seguir con sucesión apostólica sería su fin, por lo que tienen una necesidad objetiva de consagrar más obispos.
5/02/26 6:15 PM
Diego II
El problema principal de la FSSPX no es tanto la liturgia (Lefebvre votó a favor del constitución sobre la liturgia del CVII y Benedicto XVI concedió la coexistencia de ambos ritos con la Summorum Pontificum de 2007) sino la aceptación plena de los documentos del Concilio Vaticano II y su reconocimiento como magisterio auténtico de la Iglesia Católica.
5/02/26 6:24 PM
Urbel
Si vuelven a hacer lo mismo que en 1988 es porque casi cuarenta años después la espantosa crisis que padece la Iglesia, lejos de haber terminado, se ha agravado.

No sabemos si León XIV hará lo mismo que Juan Pablo II. El partido que no quería jugar ha empezado. El balón empieza a rodar con la entrevista del próximo jueves 12 entre el cardenal Fernández y el Superior general de la Hermandad. Veremos cosas de aquí al 1 de julio, fecha fijada para las consagraciones episcopales, como se vieron hasta el 30 de junio de 1988, incluido el fallido protocolo de acuerdo del 5 de mayo de aquel año.

Si las excomuniones llegasen a ser declaradas, no tendrán efecto real. Como las de 1988 que Benedicto XVI levantó en 2009.

Quiera Dios reparar a su Iglesia en ruinas.
5/02/26 6:47 PM
maru
Sin ser lefreviana y estando en la Iglesia Católica, conozco que hay varios ritos desde tiempo inmemorial. Entonces, por qué este acoso y rechazo a la misa tridentina? Acaso no hay otros ritos? Por otra parte, estando por el medio el citado cardenal Fernández, no espero nada positivo para la Fraternidad.. Dicho cardenal debería estar fuera de la Iglesia, después del librito erótico escrito de su puño y letra y, ahí sigue, como si fuera santo e inmaculado.. En cambio monseñor Strickland fue destituido por su buena doctrina, por el Papa anterior, y no ha sido restituido.
5/02/26 7:21 PM
maru
Pues por supuesto, que no soy lefreviana, pero no me gusta nada lo que ocurre en la Iglesia, por una buena parte de la Jerarquía (como tampoco me gustaron decisiones tomadas por el anterior pontífice) . En este blog, expreso mi opinión con respeto , soy católica , pero no tengo por qué estar de acuerdo con todo lo que sale de Roma, como tampoco lo están algunos buenos cardenales que, gracias a Dios, aún existen en la Iglesia.
5/02/26 7:27 PM
Rodrigo
Desgracia. Lei suprema es la salvación de las almas... ya...pero por Cristo a través de la Iglesia. En comunión jerárquica y cum Petrus sub Petrus.
Esta gente prefiere ser excomulgada a morir sin Obispos. Prefiere tener Obispos para que hagan a penas SU obra, para seguir siendo una espécie de Iglesia autocéfala con un cura de "Patriarca" y que obedece al Papa cuando les da la gana. Si se fuman en el mandato pontifício, el Papa para ellos no tienen potestad de jurisdicción. Es solo honorífico. En la práctica, es esto. Y por más "vocaciones" que tengan, por más ensotanados y paramentados hasta las uñas de los pies, jerarquía paralela sin Papa es cisma. No se dan cuenta de que no fue la Iglesia que les ordenó? Fue Lefebvre y Castro Mayer. Y ahora serán Fellay y el español.
Y este cura tiene la audacia de creer que ellos tienen los medios de salvación y las parroquias, no. Son una élite deplorable como Heraldos, Sodalicio, etc... Unos creyéndose salvadores de la Iglesia y estos señores custodios de la Tradición. Ya les cogí disgusto.
5/02/26 8:28 PM
Fermin
La Iglesia de James Martín -catolico de pleno derecho- es madre y maestra pero la fsspx -que son 2 gatos- es el virus a combatir? Ja!
5/02/26 9:17 PM
Alberto Ramón Althaus
De los dos lados decidieron cortar.
5/02/26 9:22 PM
Josep
Debemos obediencia filial al Papa de Roma.
5/02/26 10:08 PM
Catalán
Entonces preguntó Jesús a los legistas y a los fariseos: « ¿Es lícito curar en sábado, o no? »

Todo el mundo cuando lee esto le parece obvio y casi una tontería que Jesús tuviera que discutir ese tema.

Pero cuando toca de verdad curar en sábado, que es lo que hace la FSSPX, entonces resulta que todo el mundo se pone a citar las normas cual legistas y fariseos.



5/02/26 10:12 PM
Jesús González
Señor Rodrigo,

Lo de creerse los "salvadores de la Iglesia" y los representantes del auténtico Cristianismo es algo que forma parte inherente de cada "movimiento" poularizado en la segunda mitad del siglo XX, así como su proselitismo hacia "católicos no afiliados".

Todo eso ha contado con la bendición Papas y obispos. Los únicos "movimientos" que parecen perseguidos son aquellos que quieren celebrar la Santa Misa del modo que hicieron durante siglos inmurables santos y mártires, y proclamar la doctrina según la que esos santos y mártires vivieron y murieron.

Es difícil besar la mano que te está abofeteando.
5/02/26 10:43 PM
Peter
“En una parroquia media, los fieles ya no encuentran los recursos necesarios para asegurar su salvación eterna. En particular, en lo que se refiere a la predicación íntegra de la verdad y de la moral católicas, así como a la administración de los Sacramentos tal como la Iglesia los ha concebido siempre. Este es el resumen del estado de necesidad”

Gracias FSSPX
5/02/26 10:46 PM
Percival
Como van las cosas, habrá cisma por los dos extremos. Increíble e inédito.
Hay que orar mucho.
5/02/26 11:13 PM
SGM
Bien dicho Maru, totalmente de acuerdo.
Mis oraciones por la FSSPX y que Dios nos conceda discernimiento para entender que el humo de satanás ha entrado por fisuras en la iglesia, el enemigo está dentro y va por la fraternidad universal de los diferentes credos y allí la piedra de tropiezo es Jesús sacramentado, cuando cese con palabras halagadoras el sacrificio perpetuo, quedará un pequeño resto fiel que reconocerá a Jesús como lo que es: el único camino, la única verdad y quién únicamente da vida eterna plena.
6/02/26 12:24 AM
Maximiliano
Ahora veremos la reacción del Papa....un padre quiere a su Familia unida, y varios son los caminos que llevan al Cielo. Santo Padre, fui monaguillo durante años en la Santa Misa tradicional, y entre las bendiciones de la misma, el ser consagrado por varios sacerdotes, con otros monaguillos - en el altar mayor de la Iglesia - a la INMACULADA CONCEPCIÓN. No los abandone pues dan buenos frutos.
6/02/26 12:31 AM
Juan Pablo B.
Mil millones ( 1.000.000.000 ) de católicos en el mundo creen estar el la Iglesia . Y según Pagliarini no lo estan .
Conclusión .. " A fuera de la FSSPX no hay salvación "
6/02/26 12:46 AM
LJ
Vino el cisma que tanto se temía.
6/02/26 1:41 AM
Luis H.
Jesús González,

Muchas personas pueden verse atraídas por la belleza y la sacralidad de la Misa Tradicional en latín (ojalá) y muchas otras lo hacen a través del Novus Ordo porque no es el rito quien salva, sino que es Cristo a través de su Iglesia.

Y la celebración el Novus Ordo no implica habitualmente abusos litúrgicos, eso es tomar la parte por el todo. Esas canciones "con letras cursis estilo pop" necesitan de una reflexión bastante amplia entorno a la música sacra (se podría decir muchas cosas de algunos organistas o coros de la liturgia tradicional), el tema de los aplausos es verdad que es susceptible de corrección y la consideración de la recepción del Cuerpo de Cristo como si se tratara de una galleta es la demostración de que no acude a misas Novus Ordo normalmente.

La Santa Misa, en cualquiera de sus ritos, sigue siendo la renovación del Sacrificio incruento de Cristo, como también banquete del Señor, fracción del pan, synaxis o asamblea eucarística, memorial de la Pasión y Resurrección, divina liturgia y comunión. Todas ellas ciertas y todas a la vez, como explica el Catecismo (2ª parte, 2da sección, art. 3).

Ese ambiente de la alegría profunda que solo Dios puede dar es perfectamente compatible con la vivencia del sufrimiento y la lucha contra el pecado desde su Amor. Por la ley del péndulo histórica, probablemente se vivió un tiempo en que se enfatizaba más la experiencia cristiana relacionada con la Pasión "en este vall
6/02/26 1:56 AM
Feligres
Solo tengo palabras de agradecimiento al Padre Pagliarani por ser tan acertivo en la carta que ha escrito. Tiene razón en lo que dice .
Y tiene muchisima razón en decir que muchos catolicos estamos abandonados , cómo ovejas sin pastor , a la deriva.
Por ejemplo en muchas parroquias ya no confiesan, en otras hay que hacer cita para confesiones , en otras confiesas pero termina diciendo el cura que no hay pecado y ni siquiera dejan una penitencia.
Vamos a la misa y que vemos y que escuchamos ... cantos con música pagana que solo le ponen otra letra y creen que con eso es música para cantar en misa. Misas donde los curas dan sermones politicos e ideologicos o ponen a unas chicas o jovenes o señoras a dar el sermon y casi casi que la Misa.
Misas donde omiten alguna de las lecturas por que dicen que ya es mucho. Misas donde el cura no quiere hacer el lavatorio de pies. Iglesias donde quitan el Vía crucis y casi casi prohiben rezar el rosario. Parroquias donde hacen exposiciones de cuadros paganos para vender dentro alli mismo donde se ofrece la santa misa . Credo cantado con otra letra totalmente diferente .
Sacerdotes con doble moral , que ya ni fe ni temor de Dios tienen . etc etc etc. Ya no digamos las ambigüedades de enciclicas venidas desde la misma cede del vaticano y otros errores exparcidos por Tucho y firmados por el mismísimo Papa. Clero heretico que no cree en la tradicion ni en la biblia , ni en Jesús.
Clero que ridiculiza y desvalora la busqu
6/02/26 1:56 AM
Andres
Vuelvo a decir, me sorprende mucho la diversidad de opiniones que leo en lengua inglesa (publico de EEUU, Inglaterra o simplemente lectores) vs lengua española (Centro y sudamérica, España)
Las opiniones en inglés suelen ser en su mayoría favorables a la Fsspx, mas concientes de la realidad eclesial que se vive en cada lugar y menos descalificadoras y de un tono mucho mas apto para dialogar.
Las opiniones vertidas en español en su mayoría son desfavorables, o incluso las que son a favor, con tono provocativo. Los argumentos son en su mayoría basados en ideas o doctrina, y el diálogo es casi nulo, parecen simplemente piedras arrojadas a un pozo para llenarlo.

Creo que es necesario mencionarlo, para entender que lo que explica Pagliarani es muy real y realmente, en función del estado de necesidad que invocan, hacen mas misión y llevan a la práctica una pastoral mas intensa que las parroquias modernas.
6/02/26 2:14 AM
Mario Caponnetto
Estimado Rodrigo: le aconsejo que tome algunas lecciones de latín básico. Las preposiciones "cum" y "sub" van con ablativo, Ergo, se ha de decir "cum Petro et sub Petro".
Otro consejo: cálmese y no se ofusque.
Abrazo en Cristo y María.
6/02/26 3:32 AM
José María
Pues yo, que sí soy fiel de la FSSPX, la entrevista expone de manera correcta y concreta el porqué de las consagraciones y el estado objetivo de necesidad. Y también, lo que tenga que venir que venga. Total, la salvación nos va a llegar de todas maneras a todos los hombres de buena voluntad, a unos por su fidelidad, a otros por seguir "lo que atares será atado, etc", y a la inmensa mayoría por ignorancia invencible. Así que aquí Paz y después Gloria.

P.D.: Eso sí, los Trucho y Cía. lo llevan mal...
6/02/26 9:41 AM
Daniel
Que se haga mirar lo de que el NOVUS ORDO es incapaz de edificar las almas.
6/02/26 9:54 AM
Egomet
Es evidente que, la situación de necesidad de la Iglesia, y de que exista un grupo que mantenga viva no sólo la tradición litúrgica, sino también doctrinal, es mucho mayor en 2026 que en 1988.
6/02/26 10:03 AM
M Codax
Lo peor de esta noticia no es la obstinación en la actitud cismática de la FSSPX, sino el apoyo explícito con argumentos de poca monta aportados por los foreros. ¿Alguien me puede explicar qué es eso de la extrema necesidad? Las consagraciones episcopales en la FSSPX son de extrema necesidad únicamente para la pervivencia de este movimiento cuasicismático, pero no lo son en absoluto, se mire como se mire, para la pervivencia de la Iglesia Católica. Afirmar esto sería asumir que la verdadera Iglesia de Cristo, aquella contra la que no prevalecerán las puertas del Hades, es la susodicha fraternidad. Y sostener dicha afirmación es objetivamente cismático (aunque tengas fotos del papa en tus capillas y menciones en el Canon al papa y al obispo y a quien quieras...).

La FSSPX tiene que ser coherente: si no son cismáticos, no cabe el argumento ese de la extrema necesidad, porque ninguna asociación, fraternidad, movimiento o lo que se quiera es impepinable en la Iglesia (y yo pertenezco a uno). Si se mantienen en sus trece, entonces que reconozcan abiertamente que viven en un cisma de facto, con su propia jerarquía que pretende ejercer el munus regendi al margen de la cabeza de la iglesia. La colegialidad episcopal que tanto espantaba a Lefebvre porque iría en detrimento de la suprema potestad del papa, se ha que dado corta al lado de la suprema potestad del Rvdo. Davide Pagliarani...
6/02/26 11:03 AM
Lucía Victoria
Más preguntas de discernimiento espiritual básico que creo convendría se hiciesen los líderes de la FSSPX. Pero sobre todo los sencillos que les siguen. Más que nada porque son de quienes más insistentemente oigo la misma matraca: si fuera de la Iglesia Católica no hay salvación (dogma de fe), ¿qué puede esperar un católico que se coloca voluntariamente extramuros de la Iglesia?.

¿Son conscientes -tanto que invocan los novisímos, pero parecen fumarse un puro con estas verdades de fe- del peligro de jugar con la sola posibilidad de condenación? ¿Creen o no creen que el juicio personal vendrá y que sólo hay Cielo o Infierno? ¿Han considerado largamente qué significa que el infierno es para toda la ETERNIDAD? ¿vale la pena jugarse el alma por sospecha, desconfianza y mi propia opinión acerca de la liturgia?

No quieren ver que adoran un rito, adoran una forma de la misa, y tienen rehén al auténtico y único Señor: Jesucristo. El mismo que prometió que se haría presente en la eucaristía, todos los días hasta el fin del mundo. Porque Dios es Dios y nunca miente: lo que promete, lo cumple. Y si el cura de su parroquia no les gusta, está confundido, politizado, apesebrado, funcionarizado... ¡derribado! saquen a pasear de una vez su título bautismal de sacerdotes -que parecen tener de florero- y únanse al Santo sacrificio del altar, con toda su mente, con todas sus fuerzas, con todo su ser, para completar lo que al Amor falte en ese momento. Son tan necios, que no se dan
6/02/26 11:48 AM
Néstor
El Partido Comunista Chino dice que Dios no existe, y la FSSPX dice que el Concilio Vaticano II y la Misa que se celebra hoy día en toda la Iglesia no son católicos. Sin duda que no se debería aceptar que se ordenen Obispos en ninguna de las dos condiciones.

Lo otro sería ser relativistas por oportunismo.

Saludos cordiales.
6/02/26 12:18 PM
Juan Mariner
El lefebrismo no es más que la reacción a una acción: los desmanes provocados por el aburguesamiento que llevó al CVII. El CVII ha provocado lo mismo que provoca AL y FS.
6/02/26 12:18 PM
Fernando Cavanillas
Duro dilema... si se entregan como han hecho otros serán destruidos, sin piedad. Si no se entregan van contra los fundamentos de la fe católica, que es la obediencia a pesar de todo, y resistir al máximo la injusticia, la arbitrariedad, la crisis brutal de la Iglesia al interior (¡el prefecto del dicasterio de la fe es autor de varios libros eróticos¡ ¡siendo sacerdote cercano a los 40 años cuando los escribió!), el error y todo lo demás del largo etcétera... pero no yendo por libre.

Monseñor Lefebvre fue hasta el final en la desobediencia jerárquica, hasta la excomunión, y eso para un católico de verdad es durísimo, como también lo es enfrentarse al Papa, resistir increíbles presiones, etc. Él estaba profundamente escandalizado de todo lo que había conocido y del curso nuevo del post concilio en no pocas áreas, y tiró por la vía de en medio.

En mi caso creo que finalmente hay que dejarse hacer pedazos, poniendo la confianza en nuestro Señor Jesucristo... creo que eso es lo católico. Aunque hay que ponerse en los años 70 y en la crisis brutal de la época, y luego el devenir de éxito de la institución.

Mi consejo: entregarse pero con una vía de escape, y si hay persecución e intento de destrucción siempre pueden volver a la situación anterior.
6/02/26 12:40 PM
Lucía Victoria
Son tan necios, decía, que no se dan cuenta de que, si queremos imitar a Cristo, no sólo podemos, sino que debemos hacer todas las cosas nuevas. Somos miembros de Su mismo Cuerpo.

Y resulta que en cada misa, Dios nos regala TODOS LOS DÍAS (gratis) una oportunidad para nuestra edificación personal, para nuestra santificación y para colaborar con él en la salvación de las almas (que sólo es por Él, con Él y en Él), respondiendo al mal, en caso de que ello fuese necesario, con el bien..

Pero en vez de atrapar al vuelo estas oportunidades, que son un un auténtico regalo, y meter un gol a las fuerzas del mal, las rechazamos, las escupimos y nos ponemos estupendos, bajo apariencia de una fidelidad mal entendida a las formas. Ciegos guiados por ciegos.
6/02/26 12:43 PM
Jesús González
Señora Lucía Victoria,

Le voy a decir lo que muchos sacerdotes, que no Dios, nos "regalan" en cada Misa que celebran: el Orden litúrgico alterado a su gusto, montones de canciones con guitarras y letras cursis, fieles administrándose a sí mismos la Comunión, sucesivas rondas de aplausos....

Todas esas "novedades" no están para nuestra "edificación" y "santificación"y no transmiten que la Santa Misa es la renovación del sacrificio Cristo, quien está realmente presente en la Hostia consagrada. Y absolutamente no proceden del Espíritu Santo.

Hay que estar voluntariamente ciego para no ver que en la Iglesia Católica actualmente hay caos litúrgico y confusión doctrinal.

No se trata de decir que "aquí todo está bien" y los miembros de la FSSPX son cismáticos arrogantes y retrógrados, que rechazan la acción del Espíritu Santo en la Iglesia.
6/02/26 2:59 PM
Maricruz
La diversidad en la iglesia es enorme, tanto, que parece una gigantesca congregación de sectas.
Lo que empieza a crecer de forma desordenada y no se ordena, termina causando daño.
A este grupo tanto como a James Martin y muchos otros grupos e individuos, habría que haberles puesto límite hace tiempo.
En algo tienen razón Y es que el Modernismo nos ha hecho blandengues.
6/02/26 3:00 PM
Mario Caponnetto
Estimado Jesús Gonzalez:
Tiene usted toda la razón cuando señala el caos litúrgico que hoy padece la Iglesia junto con una enorme confusión doctrinal y una alarmante y creciente apostasía de quienes, se supone, debieran ser pastores y modelo del rebaño como dice el Apóstol San Pedro (IPedro, 5, 3).
Sin embargo, pienso que el problema no pasa principalmente por el cambio de rito. No se puede negar que el Novus Ordo tiene, en sí mismo, ciertas falencias o debilidades; pero es un rito válido y es posible mejorarlo. De hecho, puede, y debe, celebrarse "ad orintem"; nada prohibe, por el contario, el uso del latín, del canto gregoriano, etc. A mi juicio, el problema fundamental pasa por una pavorosa pérdida del sentido de la liturgia: en vez de ser algo que del cielo baja a la tierra se ha convertido, en el mejor de los casos, en una suerte de banquete o encuentro puramente humano, horizontal. Y a tal punto que se ha degradado hasta convertirse en un vergonzoso espectáculo. Esto ya lo advertía Benedicto XVI en un mensaje a un grupo de obispos brasileros, en visita ad limina (no recuerdo el año).
No sé que edad tiene usted; yo he pasado largamente los 80 y puedo decirle, por haberlo vivido, que esta pérdida del sentido de la liturgia ya había comenzado varios años antes del Concilio aunque se celebrara el vetus ordo.
En cuanto al asunto de la FSSPX creo que es un síntoma más de esta grave crisis que padecemos. Se me ocurre que todo es un enorme nudo gordiano q
6/02/26 4:39 PM
Fermin
Cardenales, obispos y curas, muchos, demasiados, niegan sin pudor públicamente verdades de Fe y Moral divinamente reveladas, y la autoridad lo permite.
Una iglesia de herejes no es madre ni es maestra y no salva, sino que pervierte. Una iglesia de cismaticos tampoco es solución, porque un reino no sobrevive en guerra contra sí mismo, pero la herejía es algo mucho peor. Ser hereje es desobedecer a Cristo y su Palabra, que es la Cabeza de la Iglesia, es perverso en esencia y un acto cismatico contra el propio Cristo. Consagrar un obispo no es intrínsecamente malo porque se ha realizado en otras épocas sin contar con permiso papal, lo podos leer en la Escritura en las Cartas de Pablo, pero hoy es un acto desobediente. Pero no respetar el misal también es desobediencia. Triste situación.
6/02/26 4:58 PM
LUPUS
La solución no parece estar ni en la actual Jerarquía, ni en la ¿Qué podemos esperar? ¿Qué sentido tiene entonces la Bula Quo Primum Témpore del Papa San Pío V? ¿Ya no es válido lo que lo era para nuestros antepasados? ¿Para ser fieles a la Tradición de la Iglesia tenemos que incurrir necesariamente en una supuesta excomunión? ¿Y por qué se adelanta el juicio de los fieles al juicio de la Iglesia? ¿Cuál es la antiiglesia de la que hablaba el mismo Juan Pablo II?
7/02/26 4:28 AM

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