(ACI/InfoCatólica) Un obispo en Bolivia ha anunciado el cambio de nombre de un puente que, según la señalización instalada recientemente, aparecía identificado como «Puente San Diablo». El prelado determinó que, en adelante, ese lugar se llamará «Puente San Jorge», subrayando un principio elemental que hoy muchos parecen dispuestos a olvidar: el mal no puede revestirse de lo santo ni presentarse como algo aceptable o incluso pintoresco.
El hecho se originó cuando, al avanzar la señalización de los tramos ya pavimentados de la carretera entre San José de Chiquitos y San Ignacio de Velasco, en el departamento de Santa Cruz, apareció un rótulo en el kilómetro 68 con la inscripción «Puente San Diablo». Mons. Robert Flock, Obispo de la Diócesis de San Ignacio de Velasco, reaccionó con contundencia y calificó el letrero como una provocación inadmisible.
En un texto publicado el viernes 16 de enero, el obispo denunció el contenido del rótulo en términos tajantes: «Puente San Diablo». Es una blasfemia y una estupidez. El diablo no tiene nada de santo. Solo Dios es santo». Para el prelado, el problema no es meramente estético o anecdótico, sino moral y espiritual: poner ese nombre implica trivializar al enemigo de Dios y oscurecer el sentido cristiano del pueblo.
Mons. Flock anunció entonces que, en uso de su autoridad episcopal, procedía a cambiar la denominación del puente. Lo expresó de forma explícita: «Con mi autoridad de Obispo, apoyado por la Constitución de Bolivia y el Tratado Internacional entre la Santa Sede y el Estado Plurinacional, estoy cambiando el nombre a San Jorge».
El obispo explicó que su determinación se apoya en tres razones concretas. En primer lugar, citó la jerarquía normativa prevista en la Constitución Política de Bolivia, destacando que los tratados internacionales se sitúan por encima de las leyes nacionales. En segundo lugar, recordó que el tratado internacional vigente entre Bolivia y el Vaticano reconoce, mediante Notas Reversales, que los asuntos internos de la Iglesia Católica se rigen por el Derecho Canónico. Y, en tercer lugar, apeló a la misión pastoral confiada al obispo: el canon 383, que lo obliga a preocuparse por todos los fieles y hermanos de su jurisdicción, incluso por los que no son católicos, y el principio supremo recogido en el canon 1752, citado por él de esta manera: la «salvación de las almas debe ser siempre la ley suprema en la Iglesia».
Desde ese marco, Mons. Flock advirtió que no se puede tolerar que en esa zona se consoliden denominaciones que exaltan o normalizan lo demoníaco. En su texto sostuvo que «no podemos permitir que se llame ‘San Diablo’ al cercano cerro que divide la cuenca amazónica de la cuenca del Río de la Plata, ni algún río o puente de la zona». El problema, por tanto, no quedaría limitado al rótulo de un puente, sino a una mentalidad que pretende introducir ese lenguaje en la vida social.
El obispo añadió una petición directa, formulada como exhortación: «Pedimos a Dios la conversión al cristianismo de los funcionarios y autoridades andinas que ponen semejantes nombres a lugares en el Oriente» de Bolivia. Con ello expresó que el combate no es solo cultural, sino espiritual: llamar a las cosas por su nombre y reconocer que el mal no puede ser presentado como “santo” forma parte de la coherencia cristiana.
Al proponer el nombre de San Jorge, Mons. Flock recordó la imagen popular del santo como caballero montado en un caballo blanco, atravesando con su lanza al dragón. Según relató, la leyenda describe a un dragón que aterrorizaba una ciudad y exigía sacrificios, hasta reclamar incluso a la princesa, hija del rey, y cómo San Jorge llegó, luchó, hirió mortalmente al dragón y rescató a la joven. El obispo señaló que esa historia «sirvió para promover el cristianismo en la Europa pagana», presentando a San Jorge como signo de victoria sobre el mal.
En su argumentación, Mons. Flock recordó también un hecho ocurrido en agosto de 2024: el asesinato de una niña de ocho años a manos de una adolescente de 17 años, con 30 puñaladas, «para realizar un ritual de su cosmovisión». Mencionó ese episodio como un motivo adicional para rechazar nombres que, en su opinión, alimentan la confusión espiritual y la banalización de lo demoníaco.
El obispo, elegido para ese cargo en noviembre de 2016, concluyó invocando a San Jorge con una súplica concreta: su «protección contra el mal, contra los ataques demoníacos, contra la peste, contra la lepra, contra las serpientes venenosas y ayuda para manejar situaciones difíciles». Y, como llamada a la vida cristiana, exhortó a los fieles a asumir una resolución para este 2026 con una frase bíblica que citó literalmente: «Sean santos, porque yo soy santo».
Hasta el momento, no se ha dado a conocer un pronunciamiento público de las autoridades locales sobre la decisión anunciada por el obispo.






