(ACI/InfoCatólica) Un acto de vandalismo y profanación golpeó a una comunidad católica del estado mexicano de Michoacán. La mañana del viernes 16 de enero, un joven irrumpió en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, en el municipio de Chavinda, y destruyó imágenes sagradas de especial veneración para los fieles, además de provocar destrozos en el interior del templo.
El ataque se produjo en una zona ubicada en la región noroeste de Michoacán, cerca de la frontera con Jalisco, dentro de la Diócesis de Zamora. El agresor fue finalmente detenido y quedó en manos de las autoridades, mientras la comunidad asimilaba el dolor por la agresión contra lo que considera signo visible de su fe y de su piedad.
En un mensaje difundido públicamente, el párroco, el P. Juan Manuel Rojas Cervantes, explicó que fueron los propios fieles quienes lograron detener al responsable, «y así el daño no fue mayor». El sacerdote enmarcó lo ocurrido como un golpe directo contra la vida religiosa de la parroquia, subrayando que no se trató simplemente de un ataque a objetos materiales, sino de una agresión contra realidades sagradas.
De acuerdo con lo señalado por el párroco, el mayor daño lo sufrió la imagen de Cristo que estaba colocada en el presbiterio. Junto a ella, quedó afectada también la imagen de Nuestra Señora de los Dolores, una devoción que, según se precisó, es tradicionalmente sacada en procesión durante la Semana Santa, por lo que su deterioro hiere de modo particular la vida litúrgica y devocional de la comunidad.
Los destrozos no se limitaron a esas imágenes. También fueron dañados la base del Cirio Pascual y algunas bancas del templo, que el agresor volcó durante su ataque. Pese a ello, se confirmó que el sagrario y las hostias consagradas no resultaron dañadas, un dato que la comunidad recibió con alivio dentro de la gravedad del hecho.
El P. Rojas Cervantes no ocultó la indignación y el dolor de los fieles. Con palabras explícitas, afirmó: «esto es un sacrilegio, es una ofensa directa a nuestros símbolos sagrados, es un agravio directo para nosotros». Su denuncia puso nombre al ataque en los mismos términos en que lo viven los católicos del lugar: como una profanación que exige reparación, oración y una respuesta clara por parte de la autoridad.
El sacerdote explicó además que, al tratarse de un delito de carácter federal, presentó la denuncia correspondiente ante la Fiscalía General del Estado de Michoacán. En ese marco, precisó que la iglesia fue construida en 1873 y, por lo tanto, es propiedad de la nación, por lo que corresponde a las autoridades determinar los pasos a seguir conforme a la ley.
Finalmente, el párroco agradeció la intervención de los asistentes y de personas cercanas a la parroquia, que ayudaron a controlar la situación y a dar aviso a las autoridades. Para la comunidad, la pronta reacción de los fieles evitó que el ataque se extendiera a más elementos del templo y permitió contener un episodio que el propio sacerdote describió como una «ofensa directa a nuestros símbolos sagrados».






