(AsiaNews/InfoCatólica) En un artículo titulado «Crisis demográfica y confesiones religiosas en Rusia», Vladimir Rozanskij advierte de que la situación del cristianismo en Rusia es preocupante, tanto por razones propiamente religiosas como por causas demográficas.
A pesar de que el Presidente Putin ha puesto en práctica una política continuada de apoyo a la religión ortodoxa y a las familias y valores tradicionales, los resultados no son muy prometedores. El famoso «renacimiento religioso» postsoviético ha dado lugar a la construcción y reapertura de numerosas iglesias ortodoxas, pero no ha aumentado el número de fieles practicantes desde hace muchos años. En contraste, están aumentando las prácticas ocultistas y, sobre todo, el número de musulmanes.
Según las cifras oficiales, un 70 % de la población se declara cristiana ortodoxa, pero la asistencia a las celebraciones religiosas ortodoxas no supera el 3 %. En cambio, el porcentaje de asistencia a los servicios religiosos de los musulmanes es mucho mayor, por lo que, ya hoy, «en lo que se refiere a la práctica religiosa, Rusia es más islámica que cristiana», afirma Rozanskij. En la última fiesta musulmana del Kurban-Bayram (fiesta del cordero, en árabe Eid al-Adha), más de medio millón de fieles se reunieron para participar en las celebraciones religiosas en las dos grandes ciudades de Moscú y San Petersburgo, frente a los 200.000 ortodoxos que lo hicieron en Pascua.
Al declive propiamente religioso se une el declive demográfico: la disminución de la población étnicamente rusa se está acentuando, mientras crecen las zonas de mayoría musulmana del Cáucaso septentrional. Este proceso apenas se ha visto frenado por la incorporación de la población ucraniana de Crimea, el Donbas y otras regiones integradas en Rusia. La inmigración también es en gran parte musulmana y procedente de Asia Central. Unas doscientas mil personas al año reciben la nacionalidad rusa.
Según las cifras oficiales, actualmente viven en Rusia algo más de 20 millones de musulmanes, que en 2050 deberían superar los 30 millones, sin contar a los trabajadores migrantes de Asia Central, mientras que los ciudadanos de etnia rusa descenderían en ese año a 80 millones. Si estas tendencias continuasen, en 2075 el número de rusos étnicos (más o menos ortodoxos) sería casi igual al de las etnias mayoritariamente musulmanas, y Rusia «podría legítimamente definirse como un país musulmán», según Rozanskij.
La tendencia, pues, es similar a la de los países de Europa occidental, aunque varían algunos factores, como la velocidad y, sobre todo, la actitud de las autoridades públicas, que en Rusia intentan frenar este proceso en lugar de acelerarlo.








