Amigo y hermano. Monseñor Munilla

Sin ser un premio ni tampoco una conquista, el Señor nos llama a algunos para que continuemos lo que inmediatamente confió a los Apóstoles: ir al mundo entero y anunciar el Evangelio con todas las consecuencias.

Queridos hermanos y amigos: paz y bien.

No es la solidaridad corporativa lo que me mueve a escribir esta carta abierta a un hermano obispo. Es mucho más. Es una comunión verdaderamente fraterna que tantas veces le he manifestado en la discreción y que hoy quiero decir en voz alta.

Han sido muchas las personas que han visto como un exceso desmedido en todo punto lo escenificado en ciertos ambientes ante el nombramiento del nuevo obispo de San Sebastián. Conozco a Mons. Munilla desde el seminario donde coincidimos en Toledo. Él fue allí desde su Guipúzcoa natal para obedecer al entonces obispo de San Sebastián, que fue quien le envió. Acabados los estudios en su Diócesis, al poco tiempo fue ordenado. Su trabajo como párroco en Zumárraga le hizo famoso, pero no por la proximidad o lejanía a los postulados políticos de uno u otro signo, sino por anunciar a Jesucristo, por aparecer como fiel hijo de la Iglesia Católica. Esta identidad cristiana no era reaccionaria, ni beligerante, ni politiquera. Era sencillamente eclesial.

Los que practicaban la hostilidad hacia la Iglesia tenían enfrente a este sacerdote joven de sólidas convicciones y de profunda espiritualidad. Los que dentro de la Iglesia mantenían ambigüedades o claras disidencias en el campo litúrgico, sacramental, pastoral o teológico (y los había en todos los estamentos sin excluir ninguno), tenían también enfrente a José Ignacio Munilla.

Como tantas veces sucede, este cura y luego obispo era saludado con enorme esperanza por la mayoría del pueblo de Dios sencillo y fiel, y denostado por la minoría del “aparato” político y clerical que durante demasiado tiempo habían concebido la Iglesia tal y como la Iglesia de Jesús no es, rompiendo con la tradición de un pueblo particularmente religioso y eclesial. Pero ¿por qué era tan “molesto” Munilla? ¿Tenía acaso un zulo de inquisición, organizaba guerrillas pastorales o entrenaba a terroristas de incensario? Quien le ha tratado, quien le ha escuchado, sabe que no es así. Sencillamente vive su sacerdocio con toda pasión y fidelidad, reza, estudia, sabe dar razón de su esperanza y sabe dar testimonio de su fe de tantos modos, incluyendo los medios de comunicación. No tiene más “línea pastoral” que la de la Iglesia en su magisterio y en su tradición viva. Han tenido sitio en su corazón cualquier pobre o cualquier víctima. Y de una manera especial, los jóvenes han encontrado en él un cura al que abrir sus preguntas, saberse acompañados en sus incertidumbres, y encontrar seriamente su camino en la Iglesia diciendo sí a la vocación recibida. Son un buen grupo de jóvenes que ya son sacerdotes, o monjas contemplativas, o que han fundado familias cristianas.

Sin ser un premio ni tampoco una conquista, el Señor nos llama a algunos para que continuemos lo que inmediatamente confió a los Apóstoles: ir al mundo entero y anunciar el Evangelio con todas las consecuencias. Podemos equivocarnos, en algún momento no llegar o traspasar la línea roja, pues nuestra humana condición da para eso y para mucho más. Por eso pedimos perdón cada día en la misa, y cuantas veces haga falta. Pero no nos gusta que pongan en nuestros labios lo que jamás hemos dicho, o que digan que firmamos lo que nunca hemos escrito. Podemos ser objeto del pim-pam-pum de turno, fuera y dentro de la Iglesia, cuando a alguien no le gusta lo que sí decimos y firmamos. Y crea insidia y malestar cuando alguien se empeña en escuchar de nosotros lo que Dios y su Iglesia no quiere decir a través de nuestros labios. La tentación entonces es callarse o hablar de lugares comunes y piadosos, pero el Señor nos da la gracia de la fortaleza sin hacernos prepotentes, la gracia de la firmeza sin caer en la dureza, la gracia de la ternura misericordiosa sin caer en el sentimentalismo.

A San Sebastián llega un joven y gran obispo. Dios sea bendito.

El Señor os bendiga y os guarde.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm

Obispo de Huesca y de Jaca, arzobispo electo de Oviedo

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8 comentarios

Menka
Algo muy positivo está ocurriendo en la Iglesia en España, ¡gracias a Dios!
7/01/10 1:59 PM
Esto es fraternidad. Gracias por darnos claro ejemplo.
7/01/10 2:02 PM
Flavia
Totalmente de acuerdo. Monseñor Sanz Montes se expresa tal como es: capaz de fraternidad y amistad de las buenas, al estilo de Jesús.

Todos estamos con Monseñor Munilla, porque estamos con la Iglesia.
7/01/10 2:18 PM
Juana García
Por qué con otros hermanos en el episcopado no ha tenido esta deferencia?
8/01/10 7:04 PM
Flavia
Por favor, ¿ alguien podría decirme si la ceremonia se transmitirá por ETV o alguna otra cadena ? La seguiría pare estar allí en espíritu de unidad y apoyo a Monseñor Munilla.
8/01/10 8:23 PM
Ignacio
A Flavia. Sí la va a transmitir Popular TV
8/01/10 11:07 PM
Flavia
Ignacio, muchísimas gracias. Dios te bendiga.
8/01/10 11:47 PM
Quin King
EL OBISPO DIJO UNA ¡GRAN VERDAD!

Monseñor Munilla, en la entrevista que la periodista Gemma Nierga le hizo en el espacio La Mañana en la SER, dio en el clavo con sus declaraciones, y no tiene que rectificar nada señor Lehendakari del Gobierno Vasco, porque ha dicho absolutamente LA VERDAD.-

Visto la virulencia conque religiosos, políticos, escritores, periodistas, teólogos y demás gentes, se rasgan las vestiduras (y hasta las entrañas), para “condenar” al obispo Munilla, algo “gordo” y “verdadero” ha debido decir, porque sería propio de gente “sinsorga” atacarle de esa manera si lo que ha dicho “no es verdad”, ya que en ese supuesto sería mas correcto advertirle y sacarle de su error con argumentos de caridad cristiana (o no hacer “ni caso” a lo dicho, por… “estupidez”).-

Pero no.- Munilla ha dicho una gran VERDAD, y eso, duele a los que se quieren erigir en pedestales de “sabiduría” para que la plebe “los aplauda”.-

A los soberbios, les sale como un resorte eso de… “ha blasfemado”, “crucifiquémosle”, que es lo que en el fondo vienen ha decir y querer todos esos críticos del obispo.-

El obispo Munilla ha dicho que: es un mal más grande el que nosotros padecemos que el que esos inocentes sufren, refiriéndose a la catástrofe de Haití, para hacernos comprender “la gravedad del mal del que nos habla”.- También ha dicho otras muchas cosas que ustedes no quieren leer, agarrándose a esta frase como clavo ardiendo para “condenarle”.-

Son tan “monstruosos” los pensamientos de los que dicen que Monseñor es insensible a los dolores que padecen sus semejantes en Haití, que no hacen otra cosa que ratificar como verdaderas las opiniones del obispo respecto a la “enfermedad espiritual de nuestra sociedad”.-

¿A ustedes les extraña los males que nuestra sociedad padece?: “niños que desaparecen”, “chicas jóvenes terriblemente asesinadas”, “violaciones con ensañamiento”, “mujeres acuchilladas por sus parejas”, “padres maltratados por sus hijos”, “profesores amenazados y despreciados por sus alumnos”, “policías encubridores de gravísimos delitos”, “financieros estafadores”, “empresarios que se quedan con lo ajeno”, “robos con violencia”, “divorcios que desorientan a los hijos”, “abortos de chicas adolescentes”, “juventud adoradora del alcohol y las drogas”, “terrorismo con extorsiones y muertes”, “bandas callejeras de matones”, “políticos corruptos”, “mafias de trata de blancas”, “jueces prevaricadores”, y… pueden seguir enumerando males hasta donde quieran.

Con lo que la juventud percibe de nuestra sociedad a través de los medios de comunicación como… “modelos de vida”, no es extraño que “después” pasen todas estas cosas.- Y para más inri, pretenden quitar los crucifijos de las escuelas y colegios, que es querer quitar los mandatos que Jesucristo nos dio para enderezar nuestras conductas, para que seamos “hombres nuevos”; y no hay nadie que nos haga ver la “gran catástrofe” a la que nuestra sociedad se encamina.- El obispo Munilla sí lo hace: con sus escritos, con sus declaraciones, con las explicaciones del Catecismo de la Iglesia Católica.-

Si la sal se desala… ¿quién la salará?.-

Me encantaría que todos esos “virulentos críticos” del señor obispo de San Sebastián: religiosos y teólogos, me explicasen el Catecismo de la Iglesia Católica como lo hace el obispo Munilla.-

De los titulares y tergiversaciones que hacen los periodistas en sus periódicos, me extraña menos, porque viven de la noticia espectacular, “aunque sea mentira”.- No se si lo hacen queriendo ó sin querer, pero son muy hábiles en “recortar” frases ó pensamientos para que el titular sea “espectacular”, “monstruoso” y “escandaloso”, para que vayamos corriendo al kiosco a comprar el periódico.-

Un columnista que llama “tarugo” al señor obispo, también ha escrito: Eso de comparar la delicada situación española con la horripilante catástrofe de Haití no es solo una mentecatez, sino una blasfemia.- (aunque dice que puede estar emitiendo un juicio temerario al criticar a monseñor).-

Señor periodista, usted que escribe columnas que casi son “puro Evangelio”, ¿no le habrá traicionado también “ese pedestal” de tener que escribir a diario algo espectacular, sin pensar muy bien en lo que dice, para que compremos el periódico y le paguen a usted su sueldo?-

Quiero pensar que a Munilla no le han, ó no han querido entenderle; por eso, uno de esos teólogos que quieren “crucificarle” por lo dicho en la entrevista, escribe: Para una persona que cree en Dios, lo más sagrado es la vida humana.-

¿No será… “LA VIDA ETERNA”… señor teólogo?, y por ende ¿la vida humana, que es sagrada para “los que creen” y para “los que no creen” en Dios? .-

Quiero estar, en este caso, al lado del señor obispo de San Sebastián: Don José Ignacio Munilla Aguirre, porque dijo una ¡GRAN VERDAD!-
19/02/10 8:33 PM

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