¿Cómo te enfrentas a la muerte?
«El entierro prematuro», obra de Antoine Wiertz

¿Cómo te enfrentas a la muerte?

Sentimos anhelos de eternidad. Esto me parece clave, pues, además de ser una experiencia universal, es un punto de partida para todas las visiones intelectuales sobre la muerte.

El otoño ha llegado. Tarde, pero finalmente ha llegado. Los días se hacen cada vez más cortos, la naturaleza parece que envejece. El verde brillante de los bosques deja paso a los amarillos y ocres pálidos (que también tienen su encanto) hasta que el invierno termine por desnudar a los árboles, regalando sus hojas al viento. Vivimos días más oscuros, lluvias más frecuentes. El ambiente se entristece y se escapan los anhelos hacia la próxima primavera. ¿Qué mejor telón de fondo que noviembre para recordar a nuestros familiares difuntos?

En el artículo anterior de la serie 'tres escalones hacia la fe', Juan Ignacio reflexionó sobre las distracciones. Observó que vamos acelerados por la vida, sin prestar atención al sentido de nuestra existencia y descuidando nuestra dimensión espiritual. Ahora pretendo subir un escalón más. Y aprovecharé el ambiente otoñal para reflexionar sobre un tema poco popular: el final de la vida. La dificultad que tenemos para hablar de la muerte es señal de que vivimos en la sociedad de la eterna juventud. ¿Qué sentido tiene acordarnos de los que ya no están? ¿Qué significado le damos a la muerte y cómo nos enfrentamos a ella?

Todos experimentamos un estremecimiento ante esta realidad que acompaña al ser viviente. Al contrario de los animales, que desconocen el fatídico desenlace que les espera, nosotros sí podemos reflexionar sobre la muerte. Todo buen pensador ha explorado en la oscuridad del final del túnel de la vida para, en último término, preguntarse por su sentido. Para unos, la muerte es el centro de su filosofía; para otros, simplemente es un hecho inevitable y absurdo. En medio hay una amplia gama de matices. Parece claro que, ante la muerte, el pensamiento crece y las posturas se multiplican. Pero podríamos reunir las posiciones en dos grupos: los que miran a la muerte con ojos de eternidad y los que la consideran como un punto y final. Pondré un ejemplo para ilustrar cada alternativa.

En primer lugar, tenemos la perspectiva de Platón. La muerte aparece en una de sus principales obras, el Fedón. Allí trata el tema de manera original a través de la historia particular de Sócrates. Cuenta Platón que su maestro, tras unas ajustadas votaciones, es condenado a la pena capital por deshonrar a los dioses griegos y corromper a la juventud. Pero paradójicamente, a pesar de la injusticia, Sócrates se enfrenta ante la muerte con tranquilidad y confianza. ¿Por qué?

Platón muestra los motivos en la Apología de Sócrates: La muerte me importa un comino, lo único que me importa es no cometer ninguna injusticia o impiedad (Platón, Apología de Sócrates,, Interrogatorio a Meletos). Después explica que el juicio que se ha seguido contra él no es un mal, sino un bien, pues ha podido obedecer el dictado de su conciencia y ha sido consecuente con el anhelo de justicia que promovía entre sus discípulos. Sorprende, y más hoy en día, la consideración de la muerte como ganancia y no como pérdida. La muerte, acabará diciendo Sócrates, es una de estas dos cosas: O bien el que ha muerto no es nada […] y no tiene ninguna percepción de ninguna cosa, o más bien se trata, como se cuenta, de una suerte de cambio de estado y migración del alma desde este lugar de aquí hacia otro sitio (Platón, Apología de Sócrates, Último mensaje).

Al otro lado de la cancha se sitúa nuestro segundo ejemplo, el filósofo alemán Friedrich Nietzsche. En el Ocaso de los ídolos, este autor critica duramente la perspectiva de Platón sobre la muerte, además de la cristiana, y teoriza sobre cómo la muerte de Sócrates, paradigma de la tragedia griega, se convirtió en el ideal que Occidente heredó. Fiel a su nihilismo, donde no es posible el conocimiento en este mundo cambiante, Nietzsche niega que el amor a la verdad y a la sabiduría liberen al hombre del miedo a la muerte.

Por otro lado, propone un cambio en la estimación de los valores sociales establecidos. En concreto, una reinterpretación de la muerte hacia un acontecimiento insensible y, por lo tanto, menos doloroso. Para este cambio, primero debe morir Dios, hasta entonces dueño de la vida y la muerte; de la salvación y la condenación. Sin Dios, el hombre se convierte en creador de su propia existencia. En consecuencia, estaría en sus manos el poder de dirigir y gobernar su muerte para que deje de ser una quiebra en la vida sino su cumplimiento, incluso otorgándole el valor de elección y liberación.

Esta visión cerrada a la trascendencia ha calado en el mundo contemporáneo. Sin embargo, sorprende que los razonamientos de los autores de un lado y otro partan siempre de la base de que los hombres llevamos dentro un anhelo de infinito, un clamor de eternidad. Recientemente escuché en una clase que, el mismo Nietzsche, no deja de hablar de ellos, a pesar de ser conceptos típicos de una visión de la muerte que cuenta con un más allá. Pero, ¿no parece esto una contradicción?

Sentimos anhelos de eternidad. Esto me parece clave, pues, además de ser una experiencia universal, es un punto de partida para todas las visiones intelectuales sobre la muerte. Miguel de Unamuno, un pensador español que se autodenominaba escéptico y en continua búsqueda de sentido, puede iluminarnos en el tema. Desde su propia experiencia afirmaba que todo corazón tiene hambre de  inmortalidad. Para el bilbaíno, nuestros anhelos ponen de manifiesto que buscamos relaciones personales que traspasen el límite del tiempo y que confieran sentido a nuestra existencia. Cuando se acercaba el momento de su muerte, experimentó cómo sus ansias de eternidad se hacían más vivas y angustiosas, pero no llegó a contestar a las causas de las mismas, sino que prefirió vivir, amar y esperar.

En conclusión, hemos considerado que la vida y la muerte forman una unidad misteriosa. Son los anhelos de eternidad los que hacen de puente existencial entre una y otra. La muerte, debidamente entendida, aceptada y vivida, nos habla de nuestra dignidad y nos hace profundizar en la clase de relación que estamos llamados a establecer con nuestros familiares y amigos, en el sentido de que son relaciones que superan los límites del tiempo. Esta es la visión cristiana de la muerte y con este enfoque podemos acercarnos al verdadero significado de la conmemoración del 2 de noviembre.

Nuestra tradición de visitar los cementerios pone de manifiesto que tenemos canales para expresar nuestros anhelos de eternidad, porque la relación con nuestros seres queridos no se extingue con la muerte. Es más, reflexionando frente a la tumba de alguien que queremos, podemos valorar que el vínculo que nos unía se ha hecho incluso más fuerte, en la medida que ha ido purificándose por el amor. Acudir al cementerio, recordar a esas personas que han pasado a la otra vida y unirnos en torno a esa memoria, es un antídoto eficaz para enfrentar la visión cerrada a la trascendencia que intenta corroer la cultura. Además, considerar la propia muerte, como tantos santos han hecho, no es algo que deba paralizarnos o asustarnos. Al contrario. Es la manera que tenemos de profundizar en la esperanza futura y en la unión con los que ya disfrutan de la VIDA CON MAYÚSCULAS.

Si vas a visitar a tus difuntos estos días, alza la vista. Traza con tu mirada la dirección a la que apuntan las copas de los cipreses. Y considera esto que has leído. Entonces la muerte no te parecerá ya un muro que limita tu existencia, sino la puerta de entrada a tu verdadera Patria.

 

Ramón Fernández Aparicio

 

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5 comentarios

Cristián Yáñez Durán
"La muerte, debidamente entendida, aceptada y vivida, nos habla de nuestra dignidad y nos hace profundizar en la clase de relación que estamos llamados a establecer con nuestros familiares y amigos, en el sentido de que son relaciones que superan los límites del tiempo. Esta es la visión cristiana de la muerte y con este enfoque podemos acercarnos al verdadero significado de la conmemoración del 2 de noviembre."

Iba todo muy bien hasta este punto.
Siempre el antropocentrismo. No, Dios es el centro de todo. Nada sin Dios.
La muerte nos habla del juicio, infierno o gloria. Primero el Reino de Dios, después la añadidura: dignidad, relaciones, etc. El estrepitoso fracaso del "catolicismo" posconciliar proviene de haberse centrado en la periferia (añadidura) y haber olvidado a Dios.

28/11/22 8:14 PM
PEDRO
En esta época de la Historia humana, donde tantos gravísimos males la asolan, y que causan consternación a cualquier alma con un poco de piedad, te aconsejo encarecidamente esta “Oración” ( o pequeño exorcismo ), que es de grandísima ayuda, sobre todo para las personas bloqueadas por la acción de Maligno, sin que sea necesario rezarla en la presencia para quien pides la protección. Conservalá como un “ tesoro” ( pues todo bien hay en ella ). Rezala como laico todos los días y en cualquier situación de grave peligro o protección simplemente, y por amigos o familiares, también por las almas que vas encontrando en tu vida, pues el maligno ha saturado de tentaciones a esta sociedad hasta las trancas, y esta oración es una forma completa de apostolado. Luego deja que DIOS riegue tus peticiones con sus Gracias. Rezala ¡ todos los días y en cualquier situación ¡ ( cuantas veces quieras ), memorizandola, por las almas en pecado grave y riesgo de condenación eterna, y “ para que te libre de todo mal a ti y a los tuyos “. La Oración, cualquiera que sea, jamás se pierde. Y llena tu alma, con la plenitud de CRISTO, entregándote a ÉL, con la Confesión y tu estado de Gracia, siguiendole con perseverancia hasta el fin de tu vida.

" En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre , Hijo y Espíritu Santo, retírate Satanás. Por los méritos de la Preciosísima Sangre de Jesús, por la intercesión del Corazón Inmaculado de María, de San José y de todos los Santos, de San Miguel y de tod
30/11/22 1:03 PM
PEDRO
" En el nombre de la Santísima Trinidad, Padre , Hijo y Espíritu Santo, retírate Satanás. Por los méritos de la Preciosísima Sangre de Jesús, por la intercesión del Corazón Inmaculado de María, de San José y de todos los Santos, de San Miguel y de todos los ángeles ".

30/11/22 7:33 PM
Jorge Cantu
PEDRO:

Muchas gracias, hermano, por compartir este tesoro.
6/12/22 3:41 AM
Pedro de Torrejón
Cualquier experiencia humana ,por dolorosa qué ésta sea ; está dentro del mundo consciente de nuestra existencia. Tal vez hallamos pasado por alguna experiencia en la qué unos minutos o alguna hora ,nos hayan parecido una eternidad ; porque tal vez éramos conscientes de que aquella experiencia era el final de nuestra vida ; pero al final no fue así ,y ahora lo podemos recordar.

La experiencia de la muerte es igualmente una experiencia de eternidad ; pero sin retorno a la vida consciente nunca jamás ; porque jamás tendremos conciencia de qué estamos realmente muertos ,cómo lo puedan tener nuestros familiares y amigos que acudan a darnos el último adiós el día del sepelio.

Nuestra esperanza de vida futura en la resurrección de la carne ,para la inmensa mayoría de los seres humanos y de los cristianos ; está totalmente en las manos de Dios . Ésto lo entendemos muy bien cuándo cada año acudimos a visitar a nuestros antepasados en los cementerios !!!

Otra esperanza es la de los Santos Ungidos por el Espíritu Santo ; qué han participado de la muerte de Jesucristo , y también de la Gloria de la Resurrección . Han pasado directamente de muerte a vida , cómo aquél qué Jesús perdonó junto al madero de la cruz ,y le dijo :" hoy estarás conmigo en el Paraíso. Fue el primer ser humano qué tuvo el privilegio de participar de la muerte de Jesucristo ,y también de su resurrección . El primer Santo Ungido que se benefició del Sacrificio Propiciatorio de Jesús en la Cruz ,y el
9/12/22 10:38 AM

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