Lutero, la Reforma sin renovación

Por eso, para entender integralmente la Reforma hay que asomarse simultáneamente a la Contrarreforma, como respuesta a las mismas preguntas que provocaron a Lutero pero con otro tipo de factura sin fractura: Ignacio de Loyola y sus compañeros, Teresa de Jesús y lo que ella inicia desde Ávila, Pedro de Alcántara y su reforma de la Observancia franciscana, Tomas de Villanueva en la propia agustiniana, la Escuela de Salamanca con lumbreras de la talla de Domingo Soto y Melchor Cano, o la apuesta cultural que supuso la Escuela de Alcalá de Henares cuna de mucha verdad y mucha belleza teniendo como mentor al regente franciscano Ximénez de Cisneros.

Estamos inmersos en una conmemoración particular para el cristianismo de Occidente, con motivo del quinto centenario de la Reforma protestante. El pasado mes de octubre se iniciaron los actos conmemorativos de aquel momento en el que un fraile agustino, Martin Lutero, colocaba en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg sus noventa y cinco razones, que llamó «tesis», por las que iniciaba un distanciamiento crítico de la Iglesia Católica. Con su denuncia se alejaba de lo que representaba Roma en el universo eclesial.

No fue un gesto cualquiera, y tampoco era una excusa que no tuviera un fundamento real en el deterioro del tejido cristiano y en tantas personas e instituciones de la Iglesia. El punto de partida tenía ese sustrato real de crisis y no respondía a un prejuicio típicamente centroeuropeo frente al poder que ejercían los papas y los obispos de entonces sino que había hechos que estaban reclamando un verdadero cambio en profundidad.

El gran historiador jesuita Ricardo García Villoslada, reconocido especialista que fue en Lutero, explicó en una obra menor pero de gran importancia lo que fue ese humus que dio pie a que Lutero expusiese sus tesis e iniciara su reforma. En el libro Raíces históricas del luteranismo abordó con maestría esta gran cuestión que permite entender la separación luterana. Hubo principios filosóficos como el que representó el nominalismo de Guillermo de Ockam, pero no estuvieron al margen las presiones de los príncipes alemanes que querían emanciparse del papado romano, así como la flagrante mundanización de la vida cristiana y la corrupción que se verificaba en no pocos prelados (obispos y abades). Todo esto era algo objetivo y ayuda a entender que había razones por las que alguien podría sentir la necesidad de hacer algo, de reformar no pocas cosas en un momento de decadencia en tantos cristianos. Esto lo vio acertadamente Lutero.

Pero si esta era la pregunta de la que legítimamente él partió, donde aparece el problema que terminó rompiendo la unidad de la Iglesia en Occidente fue precisamente en su respuesta. No fue falsa la pregunta que Lutero escuchó ni ficticio el escándalo que le producía; fue inadecuada e inaceptable la respuesta con la que él quiso solventar el desafío. Por eso, para entender integralmente la Reforma hay que asomarse simultáneamente a la Contrarreforma, como respuesta a las mismas preguntas que provocaron a Lutero pero con otro tipo de factura sin fractura: Ignacio de Loyola y sus compañeros, Teresa de Jesús y lo que ella inicia desde Ávila, Pedro de Alcántara y su reforma de la Observancia franciscana, Tomas de Villanueva en la propia agustiniana, la Escuela de Salamanca con lumbreras de la talla de Domingo Soto y Melchor Cano, o la apuesta cultural que supuso la Escuela de Alcalá de Henares cuna de mucha verdad y mucha belleza teniendo como mentor al regente franciscano Ximénez de Cisneros.

Hay situaciones que piden cambios, reformas, pero nada de esto termina siendo válido ni beneficioso si no viene acompañado por una auténtica renovación personal. El cambio acaso sea sólo una mudanza. La reforma puede ser maquillaje exterior que sólo cambia la forma. Sólo la renovación hace nuevas las cosas, y ésta no es la que termina dividiendo, insidiando, destruyendo, sino la que nos permite superar la contradicción, la incoherencia, la falsedad, lo mundano, lo corrupto, el pecado. Justamente lo que hicieron los santos de aquella misma época de Lutero. Este trajo la reforma que acabó en división. Los santos, renovándose en Dios, trajeron la renovación de la Iglesia. Todo un camino y un reclamo para nosotros.

+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm

Arzobispo de Ovied

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13 comentarios

Manuel Gutierrez Gonzalez
Lo de Lutero fue más bien una "ruptura". La verdadera reforma la hizo la Iglesia en el Concilio de Trento. Cuando decimos "reforma" y "contrarreforma" adoptamos, sin pretenderlo, la versión protestante de los hechos. Lo de Lutero no fue una "reforma" sino un cisma herético en toda regla.
18/02/17 11:27 PM
Hernio
Creo que estamos ante otro obispo que intenta blanquear a Lutero. Leyendo la vida de Lutero, yo no veo que tenga nada en común con ningún santo. Lutero no rechaza sólo a la Iglesia de su tiempo, sino toda la historia de la Iglesia.Él, estudiando la Biblia, cree descubrir que la Iglesia, a lo largo de la historia, se fue alejando de la Iglesia primitiva. Lutero no reconoce varios sacramentos, rechaza el Magisterio de la Iglesia, ataca a la vida contemplativa sacando de los conventos de clausura a las monjas, creyendo liberarlas, se casa civilmente con una de ellas y viven el resto de su vida en pecado. Es una ofensa comparar a Lutero en algo con los santos. ¡Ay nuestros obispos!
19/02/17 7:54 AM
vicente
conversión.
19/02/17 8:50 AM
José Luis
Léase la Constitución dogmática del Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, poniendo atención al capitulo VI, como quería la vuelta a los orígenes del Evangelio, Por ejemplo,

Bajo la autoridad de la Iglesia
«45. Siendo un deber de la jerarquía eclesiástica apacentar al Pueblo de Dios y conducirlo a los pastos mejores (cf. Ez 34,14), toca también a ella dirigir con la sabiduría de sus leyes la práctica de los consejos evangélicos, con los que se fomenta de un modo singular la perfección de la caridad hacia Dios y hacia el prójimo. La misión jerarquía, siguiendo dócilmente el impulso del Espíritu Santo admite las reglas propuestas por varones y mujeres ilustres, y las aprueba auténticamente después de una más completa ordenación, y, además está presente con su autoridad vigilante y protectora en el desarrollo de los Institutos, erigidos por todas partes para la edificación del Cuerpo de Cristo, con el fin de que crezcan y florezcan en todos modos, según el espíritu de sus fundadores. »

El espíritu de los fundadores, como San Francisco de Asís, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, etc. Todos para vivir el Evangelio de Cristo. El Concilio Vaticano II, que yo sepa, nunca se ha desviado del Evangelio, pero sí, numerosos pastores, que no están por la labor del Evangelio.

Grandes reformadores, como San Pedro de Alcántara, que gracias a Dios, buen ejemplo dicho por Monseñor Jesús, el Arzobispo de Oviedo.

Y evidentemente, quien está unido a Cristo, tiene Claro, que
19/02/17 9:42 AM
Almudena1
Lutero vería los mil pecados de los hombres en La Iglesia, los del Papa, muchos Cardenales, sacerdotes... ( quizá se le olvidó ver los suyos propios también, como la soberbia, el orgullo...que los tenía).
Pero no fue esto lo que quiso sanar, habría actuado de otra manera.
Fue directamente contra La Iglesia Católica, ahí es nada, sin salvar a todos los Santos y personas de bien, que también los había.
Su móvil no fue la podredumbre que podía ver, sino su falta de Fe y humildad. No creía en La Santa Madre Iglesia fundada por Jesucristo,de haber creído no hubiera actuado de la forma en que actuó.
No tiene justificación ninguna y muchísimo menos puede llamársele "testigo del Evangelio"
19/02/17 12:54 PM
chico
Lutero fue un instrumento del diablo. Pero como Dios escribe recto con renglones torcidos, pues ese cura demoníaco fue el detonante para que viniera la Reforma, la verdadera, la católica.
19/02/17 1:55 PM
VIejo Profesor
Me permito disentir en un punto. El padre García Villoslada niega que "la corrupción que se verificaba en no pocos prelados (obispos y abades)" hubiese sido una de las causas históricas de la rebelión de Lutero; y lo hace con citas textuales del fraile. Sin más comentarios.
19/02/17 2:25 PM
capedro
Hernio; se equivoca al criticar al Obispo. Creo que no ha sabido extraer el mensaje y se ha quedado solo en la gramática. En ningún momento Don Jesús compara personas, lo que compara son actos. Así es como tenemos que actuar los cristianos ante el Evangelio, siempre al lado de la Iglesia y siempre con Espíritu de verdad y de unión, nunca con espíritu de división.
19/02/17 9:02 PM
Álex
Curioso cómo de pronto brotan los matices de Lutero al amparo de la primavera de la Iglesia, al sol que más calienta.

Capedro: ¿"Espíritu de verdad" rehabilitando a Lutero? Gracias a Dios, la mayoría de seglares no necesitamos hacer carrera en la Iglesia y podemos cantar las verdades del barquero, sin mensajes que extraer ni distinciones de forma y contenido.

Que no nos chupamos el dedo, vaya.
20/02/17 3:30 AM
Gregory
Es preciso resaltar que una reforma era necesaria, empezando por la conversión interior. De hecho es necesaria en todos los tiempos incluyendo el actual, ahora en el caso de Lutero es evidente la ruptura y después de ello la herejía. Caso distinto a los Santos contemporáneos a él para quienes la ruptura era algo impensable, era peor el daño que el bien que se pretendía realizar.
20/02/17 6:07 PM
Lisandro Orlov
La conmemoración de los 500 Años de la Reforma protestante tiene que encontrarnos con una relectura renovada de lo que ocurrió en aquel tiempo. Es necesario leer la carta que Lutero envía a León X cuando publica su libro "La Libertad Cristiana". La ruptura del diálogo y el debate no era el objetivo primero de Lutero. De hecho hasta 1535 no se ordena ningún sacerdote luterano porque se esperaba la reconciliación. Considero que ya no podemos hablar de Reforma protestante y Contrarreforma porque tenemos que mirarlas como parte de un mismo proceso de reforma de la cabeza y los miembros de la iglesia que desde San Bernardo si había intentado sin mayor éxito. La comunión luterana y la Iglesia Católica han establecido una agenda de reflexión y trabajo que nos permita salir del conflicto, donde tantos están tan bien instalados, y atrevernos a caminar hacia una plena y visible comunión. Justamente recomiendo leer el documento conjunto: "Del conflicto a la comunión" que lo pueden encontrar en Internet
22/02/17 11:27 PM
Luis
Disiento de la buena fe de Lutero, al que veo en sus frutos finales o sus resultados negativos para la Iglesia de Cristo, con el mal acompañante de la soberbia, la cual le siguió a todas partes. Podía y debía haber sido humilde y no lo fue. O incluso retirarse e intentar poco a poco el colaborar en lo que buenamente hubiera podido, y acaso sin tener necesidad de dar fama a su persona, pues el único que se debía lucirse era DIOS con su Providencia. Y de sus actos surgió alboroto en las almas, y nada aprovechable de sus inicios. Pudo acercase para hablar y orar para disentir ( pero ante Dios), con humildad siempre, como el SEÑOR nos indico " APRENDED DE MI QUE SOY MANSO Y HUMILDE CORAZÓN ". Y el final no fue bueno, pues dividió en vez de curar uniendo. Es fantástica la frase o expresión en el texto de Monseñor Jesús Sanz Montes : " (...) Los santos, renovándose en Dios, trajeron la renovación de la Iglesia ". Todo es de DIOS y en todo esta DIOS.
23/02/17 12:01 AM
Chimo de Valencia
Sr, Orsov. La lectura "renovada" de lo que sucedió hace 500 años pasaría por reconocer algo que no estamos acostumbrados a escuchar, y es que la Iglesia Católica tenía razón, y el sr. Lutero, no. En las mismas fechas que el tal Martin Lutero justificaba la poligamia del su protector, el poderoso príncipe aleman, F. Hess, con argumentos teológicos muy débiles y contradictorios., el Papa Leon X defendía y fundamentaba la sacramentalidad e indisolubilidad del matrimonio a pesar de lo que significaba de enfrentamiento con el poder civil y político y aún a costa de perder para la cristiandad a un país entero. No se puede poner en un mismo plano a la única Iglesia fundada por Cristo con más de 1200 millones de fieles con un grupo de funcionarios suecos.
24/02/17 10:45 AM

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