La feliz maternidad voluntaria de los populares

Por supuesto, en pleno siglo XXI, la señorita X era inicialmente muy libre de decidir qué introducía en su etc. Pero una vez que una de tales introducciones acabó en embarazo, se produjo un hecho que determinaría el ámbito de sus posibilidades futuras: La señorita X ya no sería libre de decir qué sale de ahí. De ahí saldrá, lo quiera ella o no lo quiera, un hijo. Porque el hijo es un hecho. Y los hechos son irreversibles. Lo único que aún podría decidir, a partir de ese momento, la señorita X, es si ese hijo saldría vivo o muerto de su etc.

El anuncio del ministro de justicia, Alberto Ruiz Gallardón, de llevar al consejo de ministros una reforma de la actual ley del aborto, está desatando muchas lenguas, y permitiéndonos ―¡por fin!― conocer lo que opinan sobre el tema de la aniquilación voluntaria de seres humanos en gestación toda una pléyade de políticos y demás personajes públicos que, hasta ahora, habían logrado pasar más o menos de puntillas sobre tan delicada materia.

Por supuesto que no me estoy refiriendo a los políticos y personajes que se dicen de izquierdas, pues estos ya se sabía cómo iban a reaccionar. Ni más ni menos que como reaccionan ante cualquier propuesta del Partido Popular, ya sea sobre la regulación del tráfico aéreo, o sobre la cuota pesquera en el banco canario-sahariano. A saber: conjurando «la caspa polvorienta de la España nacionalcatólica, el puritanismo dogmático» y demás chorradas de su viejo arsenal retórico. Que si Franco por aquí, que si la inquisición por allá, que si el fascismo, que si el retroceso, que si los curas, los obispos, y toda la Santa Compaña. El que esperase más originalidad por este lado, es que no conoce el implacable carácter del tiempo, ni los males de la arterioesclerosis.

Pero no. Lo realmente interesante del caso es la locuacidad y la necesidad de tomar postura (distanciándose del proyecto de Gallardón) que se ha desatado entre no pocos «notables» del propio Partido Popular. Notables, hasta ahora, ante todo por su disciplinado silencio, y por su proverbial capacidad de amoldarse a las indicaciones que llegaran a ellos «de lo alto». ¡Algo nuevo sucede bajo el sol!

Y la raíz de este espíritu indómito recién estrenado, parece haber sido ―a juzgar por las voces que más se escuchan estos días― el repentino descubrimiento de que la maternidad debe ser algo voluntario.

José Antonio Monago, todavía presidente del gobierno extremeño, lo ha sintetizado así en su mensaje de fin de año: «Nadie puede negar a nadie su derecho a ser madre, ni tampoco nadie puede obligarle a nadie a serlo».

¿No es evidente? ¿No es justo? ¿No es un pensamiento que se impone por mera sensatez y cordura? Y lo es porque apela a un punto clave: el ideal de la voluntariedad de la maternidad. Subrayando que algo tan noble y hermoso como la maternidad, por su propia nobleza, y por la responsabilidad que conlleva, jamás debería imponerse.

Y por ello resulta mucho menos crudo que otros argumentos de estructura voluntarista similar, que han sido tradicionalmente empleados desde el feminismo abortero: «Nosotras parimos, nosotras decidimos», «sólo yo decido lo que entra y lo que sale de mi etc.». A diferencia de estas formulaciones, la llamada a la maternidad responsable le otorga a la decisión relativa al aborto un peso grave, un tono humano y solícito, ... ¡La convierte en un gesto de derechas!

Sin embargo, y a pesar de las distintas connotaciones en juego, el clásico lema de que «sólo yo decido lo que entra y lo que sale de mi etc.», y el nuevo descubrimiento popular de que «la maternidad debe decidirse voluntariamente», comparten la misma esencia, y el mismo patinazo lógico.

La esencia de ambos es, por supuesto, el planteamiento de que algo debe ser decidido libremente por la mujer: Bien sea «lo que entra y lo que sale de su etc.», o bien «el llegar a ser o no madre». Hasta aquí, nada que objetar.

Pero el patinazo lógico, que convierte a ambos argumentos en falacias de tomo y lomo, es que no tienen en cuenta las restricciones que el ámbito de los hechos impone en cada caso al de las posibilidades. Veámoslo:

Si una señorita X ―llamémosla así― nos explicara que ella, de quedarse embarazada sin pretenderlo, abortaría, porque sólo ella tiene el derecho a decidir lo que sale de su etc., me vería obligado a advertirle que está planteando mal el caso. Pues lo está planteando como si retuviera en su poder posibilidades que ya no retiene, porque han sido drásticamente limitadas por los hechos.

Por supuesto, en pleno siglo XXI, la señorita X era inicialmente muy libre de decidir qué introducía en su etc. Pero una vez que una de tales introducciones acabó en embarazo, se produjo un hecho que determinaría el ámbito de sus posibilidades futuras: La señorita X ya no sería libre de decir qué sale de ahí. De ahí saldrá, lo quiera ella o no lo quiera, un hijo. Porque el hijo es un hecho. Y los hechos son irreversibles. Lo único que aún podría decidir, a partir de ese momento, la señorita X, es si ese hijo saldría vivo o muerto de su etc.

La verdadera decisión libre ante la que se encuentra, pues, la embarazada señorita X, ya no es la de si tener un hijo o no tenerlo (esa posibilidad es la que estaba abierta antes del embarazo). La decisión libre en juego es ahora la de si provocar o no la muerte de su hijo ya existente. Y esa es una decisión que tiene evidentes consecuencias morales. Y, si la vida humana se considerara un bien absoluto en este país, debería tenerlas también judiciales. Los hechos, como estamos viendo, restringen el ámbito de las posibilidades. Dicho de otra manera: La realidad ―¡qué le vamos a hacer!― limita nuestra libertad.

Y justo esto mismo es lo que ocurre en el bello escenario de la «maternidad voluntaria» recién descubierta por algunos notables políticos populares:

Si un político P ―llamémoslo así― nos explicara que «nadie puede negar a nadie su derecho a ser madre, ni tampoco nadie puede obligarle a nadie a serlo», me vería en la necesidad de advertirle que está planteando el caso tan mal como la señorita X. Porque, una vez que se ha producido el embarazo, la maternidad ya no es una posibilidad abierta, es un hecho. Y sobre los hechos consumados no hay decisión libre que valga. La decisión libre en juego es ahora la de si provocar o no la muerte del hijo ya existente. La cuestión real, en definitiva, es la de si la madre encargará la muerte de su hijo, o no. Y esa es una decisión que tiene evidentes consecuencias morales, y que terminará destrozando, no sólo la vida de los hijos abortados, sino también el futuro de muchas madres que no quisieron, o no supieron, asumir a tiempo su realidad de tales.

Por tanto, sería de desear que el señor P, y que todos los señores y señoras P que están apareciendo estos días en el partido gobernante, aprendieran a llamar a las cosas por su nombre, a no revestir de honorabilidad lo que no es sino entreguismo, y a comprometerse ya de una vez en la defensa de la vida humana. De toda vida humana, empezando por las de los más indefensos. Y si ese no es su bando, que lo digan directamente, y sabremos a qué atenernos.

 

Francisco Soler Gil

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8 comentarios

Jaime Sánchez
La frase ”no puede obligarse a una mujer a ser madre” no puede decirse para justificar el aborto. Es una falsedad. Podría decirse “nadie puede obligar a una mujer a engendrar un hijo”. En efecto: “el hijo que no se desee tener, no se debe engendrar”. Pero una vez engendrado un hijo, nadie (y mucho menos la madre) puede matarlo.
El Sr. Monago no es sólo un ignorante del idioma. Es peor: es un demagogo, con ideas sumamente confusas. Sorprende que el PP lo admita en el Partido. Jaime
2/01/14 12:55 PM
Esteban
Buenos días:
Me parece un enfoque muy acertado el suyo.
Respecto a los señores P (y señoras), decir que hace ya tiempo que en la política española desaparecieron los principios morales o ideológicos, pasando a ser sustituidos por el principio general de mi conveniencia, ni siquiera la del partido, con una renuncia absoluta al interés social ni a un mínimo sentido de la justicia. Así, pues, en mi caso particular si sé a que atenerme respecto a la política.
Un saludo.
2/01/14 12:59 PM
Juan Mariner
Sí señor, por vez primera van a quedar todos "retratados" en el tema del aborto y tendremos de todos ellos una opinión veraz. Basta ya de jugar a gato y al ratón...
2/01/14 3:34 PM
Pepito
El liberalismo, tanto de derechas como de izquierdas como de centro, se ha convertido en un monstruo que no vacila en matar a sus propios hijos, inmolándolos al falso dios del progreso mundano.

La exaltación de la voluntad humana por encima de la Ley divina nos lleva a estos extremos, y si Dios no lo remedia llegaremos a mayores aberraciones.

Si esto no es el Anticristo, se le parece mucho.
2/01/14 11:51 PM
Rosario
Dios no sòlo Remedia. Él es un Remediador individual.
Si en nuestro interior hay luz y dejamos las ventanas de nuestra alma abiertas por medio de la alegría,todos los que pasan por la calle en tinieblas,seràn iluminados por nuestra luz....
y quien sabe a cuantas Madres bajo la tribulaciòn del aborto,se volverían atràs...
Yo,prefiero ser positiva. Lo encuentro màs saludable.
Los políticos,no son los salvadores de la Patria.La salvaciòn està en uno mismo y deberíamos trabajar por ella,evitàndo así, "que lo que entra,no tenga que salir por el etc..."
En fin,que encuentro poco alentador el enfoque de este artículo.
Bendito sea Dios.
3/01/14 5:21 AM
abc
Con todo este lío sobre la matanza de niños se está descubriendo: Que nuestros Políticos son muy ignorantes. Y que los españoles lo son más aún pues siguen elifiendo a Políticos incopetentes por se ignorantes, impotentes, y malos. Malos en sentido moral, osea pecadores, porque están haciendo de España una nación sucia, triste, vieja, sin futuro. ¡ Despertad, españoles, despertad de vuestra modorra !.
3/01/14 4:44 PM
Sarto
El verdadero rostro del PP y su núcleo fuerte de votantes pijosprogres carentes de principios... Los mismos que... Bueno, mejor me callo, eran otros tiempos y circunstancias.
5/01/14 7:09 PM
Juan Pablo
Pues, en mi caso, después de ver el espectáculo bochornoso de las disensiones sobre el aborto en el PP (no sólo las previsibles, como la siempre presta Villalobos, sino también el resto, Monago, Cifuentes, Soraya, etc.) y, después del espectáculo doblemente asqueroso de un ministro como Montoro al que le salen los dientes largos persiguiendo a la gente para cazar su dinero... Digo, después de todo esto, el resultado es claro: no votar al PP en nacionales. Ya basta de consideraciones sobre el mal menor y demás zarandajas. Se diga lo que se diga, el PP a nivel nacional hace lo mismo que el PSOE pero a otra velocidad (con otras formas, quizá), pero, esencialmente, es el mismo cóctel: poder para el Estado, capitalismo menos prebendario que con el PSOE pero con un mercado igual de poco libre, y proyecto moral tan "liberal" como sus contrincantes. No siento ninguna identificación con nada de eso. Así que habrá que buscar alternativas, porque lo que no es de recibo es que ante las evidencias que Gallardón repite una y otra vez pueda haber y haya gente en su partido que se plantee si votar en conciencia, que si consensuar, etc.
23/01/14 3:29 PM

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