InfoCatólica / María Lourdes Quinn / Categoría: .... 4) S. Juan

14.04.10

¿Cómo es el cuerpo resucitado de Jesucristo y cómo serán los cuerpos en el Cielo?


En el Evangelio del Domingo de la Divina Misericordia el Señor aparece ante sus discípulos a pesar de que las puertas están cerradas y le dice a Sto. Tomás: “Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado” (Jn. 20, 27)

S. Agustín señala: “Los clavos habían taladrado las manos, la lanza había abierto el costado, y las heridas se conservaban para curar el corazón de los que dudaran.” (Ioannem, tract., 121). Esas heridas revelan que el cuerpo que se aparece ante los discípulos es el del “Señor Jesucristo, que transformará nuestro humilde cuerpo conforme a su cuerpo glorioso en virtud del poder que tiene para someter a sí todas las cosas.” (Filipenses 3, 20-21)

¿Cómo es el cuerpo resucitado de Cristo y cómo serán los cuerpos de los justos en el Cielo?

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13.04.10

El riesgo de creer en Dios: un salto sobre el vacío

En el Evangelio del Domingo de la Divina Misericordia: “Llegó Jesús, estando las puertas cerradas, se puso en medio y dijo: ‘Paz a vosotros’” (Jn. 20, 26).

“Hay algunos que de tal manera se admiran de este hecho, que hasta corren peligro, aduciendo contra los divinos milagros argumentos contrarios de razón. Arguyen, pues, de este modo: Si el cuerpo que resucitó del sepulcro es el mismo que estuvo suspendido de la cruz, ¿cómo pudo entrar por las puertas cerradas? Si comprendieras el modo, no sería milagro. Donde acaba la razón, empieza la fe.” (S. Agustín, serm. Pasch)

Explica S. Agustín que “La fe es la escalera que lleva al conocimiento; el conocimiento es el premio de la fe” (Sermón 126), pero advierte también que: “la fe no es propia de los soberbios, sino de los humildes”(en Catena Aurea, vol. VI, p. 297). ¿Cuánto estamos dispuestos a hacer para llegar a ese pleno conocimiento de Dios que se tendrá en el Cielo viéndole cara a cara?

¿Somos capaces de dar un salto sobre el vacío de nuestras dudas? En el siguiente vídeo se ve a un grupo de niños que se desplazan 800m por un cable, colgando sobre una pendiente de 200m de altura. ¿Nos atreveríamos a hacer espiritualmente lo que estos niños en Colombia están acostumbrados a hacer para ir a la escuela?

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12.04.10

Sufrimiento que acerca a Dios: la fe de una lectora del blog con una hija en el hospital

En el Evangelio del Domingo de la Divina Misericordia, Cristo Resucitado se aparece ante sus discípulos y: “les enseñó las manos y el costado” (Jn. 20, 20) cuando ellos se encontraban abrumados en la tristeza a causa de la Pasión y Muerte de su amado Señor. Jesucristo se muestra en la gloria de la Resurrección precisamente con esas llagas que tanto dolor le causaron.

Podría parecer incomprensible a algunos que los católicos nos gloriemos en Cristo, y Él crucificado (como expresaba S. Pablo) o que S. Pio de Pietrelcina, un sacerdote estigmático, ofreciera estos consejos a hijos espirituales padeciendo dolores de cuerpo o de alma:

“Él permite todo esto para asemejarla a su Hijo divino en las angustias del desierto, del huerto y de la cruz. Lo mejor que puede hacer es aceptar con alegría y serenidad la prueba presente.”

“Sólo te aconsejo que imites a Isaac en manos de Abraham y que esperes contra toda esperanza.”

Algunos se podrían preguntar: “¿Cómo es posible creer en Dios en medio del sufrimiento?” La respuesta se encuentra en Cristo Resucitado, que demuestra el sentido de nuestra vidas. Hay almas que por su fe católica encuentran un gran consuelo esperándolo todo del Señor, como demuestra el testimonio conmovedor de una lectora del blog, que responde a unas preguntas hechas en otro post.

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11.04.10

Cómo sacar provecho espiritual de la susceptibilidad

El Evangelio del Domingo de Divina Misericordia resalta: “Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.” (Jn. 20, 24). Ocho días tardó el Señor en volver a aparecerse a los Apóstoles, en mostrarse a Sto. Tomás. ¡Cómo habría pasado esos días Sto. Tomás!

Pero cuando se apareció el Señor, no sólo les dio a los Apóstoles el poder de perdonar pecados, sino que sanó al mismo Tomás ofreciéndole la oportunidad de creer y de ser el primero en reconocer: “¡Señor mío y Dios mío!”

No por nada eligió este segundo domingo de Pascua para establecer su Fiesta de la Divina Misericordia. Reveló a Sta. Faustina: “Deseo darme a las almas, deseo las almas, hija Mía. El día de Mi Fiesta, la Fiesta de la Misericordia – recorrerás el mundo entero y traerás a las almas desfallecidas a la fuente de Mi misericordia. Yo las sanaré y las fortificaré.” [206 (99)]

Hasta de la susceptibilidad que podría haber sentido Sto. Tomás (al no habérsele aparecido el Señor) puede Dios sacar provecho espiritual para las almas que Le aman. Así lo demuestran unas anécdotas de situaciones humillantes que experimentó Sta. Faustina Kowalska, que le perfeccionaron en confianza en la Divina Misericordia y que podrían ilustrar el camino de Sto. Tomás hacia su gran profesión de fe.

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10.04.10

¡Qué difícil es para los tibios encontrarse con Cristo Resucitado!

El Evangelio del Domingo de Pascua de Resurrección muestra el comportamiento de los que llegarían a ver a Cristo Resucitado. Entre ellos no hay ninguno que actúa indiferente. Las mujeres que encontraron el sepulcro vacío corrieron a los apóstoles y a continuación se dice de S. Pedro y del discípulo amado: “Los dos corrían juntos” (Jn. 20, 4) al sepulcro para cercionarse de lo oído.

Esas mujeres y apóstoles mostraron un gran fervor y devoción por el Señor que les impulsó a acercarse al gran misterio de la Resurrección. Otros que de primera mano se enteraron de la Resurrección del Señor tampoco mostraron indiferencia al Señor, aunque lo que sintieron fuera negativo.

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