25.08.09

Perdonavidas

Las palabras tienen su magia y, a veces, nos hacen sucumbir a su hechizo. Un término que encuentro particularmente afortunado es el de “perdonavidas”. Designa a quien presume de lo que no es, a quien se jacta de bizarro y va por ahí, con su actitud, como indultando a los demás. Un sinónimo de “perdonavidas” es “baladrón”; es decir, fanfarrón y hablador que, siendo cobarde, blasona de valiente.

Tanto en la vida real como en la virtual nos encontramos con “perdonavidas”. Una manifestación de esa singular disposición de ánimo se hace ostensible en la facilidad con la que el perdonavidas cree adivinar las verdaderas intenciones de los demás, sus resortes ocultos, sus aspiraciones inconfesas.

En un debate, el perdonavidas no atiende a razones. Simplemente se limita a contestar con el desprecio de quien se sitúa más allá del bien y del mal. No va a lo que se dice, sino que desprestigia a quien lo dice. Y el ataque es periférico, circunstancial, anecdótico, porque - se sobreentiende - no está él para perder el tiempo, no tanto con banalidades, sino con seres insustanciales que están muy por debajo del nivel en el que él, sin fundamento alguno, cree estar.

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24.08.09

Reformas litúrgicas

Con el tema de las “reformas” litúrgicas uno termina un poco asombrado de lo que se escribe en artículos, blogs, foros, etc. La autoridad competente para reformar la Liturgia es la Santa Sede y, en el ámbito de sus atribuciones, también las Conferencias Episcopales y los Obispos diocesanos: “Por lo mismo, nadie, aunque sea sacerdote, añada, quite o cambie cosa alguna por iniciativa propia en la Liturgia” (SC 22). La cuestión es así de sencillita. La Liturgia es el culto oficial de la Iglesia; la Iglesia es un pueblo jerárquicamente estructurado, “ergo” hay unos responsables de “añadir”, “quitar” o “cambiar” en los asuntos litúrgicos.

En el culto divino hay cosas que vienen del Señor y otras que no. O, dicho en términos jurídico-canónicos, hay elementos de derecho divino y otros de derecho eclesiástico. Lo que viene del Señor, lo que pertenece al derecho divino, es irreformable. Todo lo demás no lo es. Pero que no lo sea en sí mismo no quiere decir que cualquiera pueda cambiarlo; sólo puede cambiarlo quien tiene la autoridad para hacerlo.

A veces me da la sensación de que se proyecta sobre lo litúrgico toda la frustración que engendra en los corazones la erosión de la fe en buena parte del mundo: “en amplias zonas de la tierra la fe está en peligro de apagarse como una llama que no encuentra ya su alimento”, dijo el sabio Papa Benedicto XVI. Y tiene toda la razón.

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23.08.09

Un amable reportaje sobre los sacerdotes que atienden los pueblos de Galicia

Por sistema no tengo aversión a la prensa y a los periódicos. Cuando hay algo especial en mi parroquia suelo comunicarlo a los medios y termina saliendo; con mayor o menor amplitud, con fotos o sin ellas, pero sale. Es un gran servicio el de informar. Y el de dejar constancia de la que la vida cristiana – la predicación, el culto, la caridad – siguen presentes en nuestro mundo.

Hoy me he llevado una alegría al abrir el periódico. En el interesante suplemento “Estela” del Faro de Vigo (del 23 de agosto de 2009) dedican un reportaje de cuatro páginas, con nueve fotografías, a las interminables jornadas de los curas itinerantes en Galicia. El título es: “Estos curas no paran”.

Se habla de curas de diversas zonas de Galicia: A Gudiña, Arbo, Beluso, A Peroxa, Mourentán o A Cañiza. Tienen diferentes edades, desde los treinta y tres a los setenta y cuatro, pero muchos puntos en común: la vocación de servicio, la alegría al desempeñar el ministerio, la capacidad de contactar con las personas que le han sido encomendadas.

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22.08.09

La gloria y la cruz de un blog

Mantener un blog abierto equivale a un reto, voluntario pero reto, que desafía la propia constancia, la pereza y hasta el legítimo afán de no complicarse la vida.

La gloria de un blog es la comunicación. Entre autor y lectores se propicia el intercambio de ideas, de puntos de vista, incluso de discrepancias. La cruz viene dibujada en la persona de algún comentarista: Sin saber ni por qué ni cómo, hay quien se permite entrar e insultar, entrar y agredir, entrar y descalificar. Pierde el tiempo. No se puede razonar con quien no quiere razonar, con quien, por los motivos que sea, parece haber claudicado del ejercicio de la razón.

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21.08.09

Escoged a quien servir

“Escoged a quien servir”

Domingo XXI del Tiempo Ordinario, Ciclo B

Una de las características de la fe es la libertad. El hombre, al creer, responde voluntariamente a Dios, sin estar movido por una coacción externa. Jesucristo “dio testimonio de la verdad, pero no quiso imponerla por la fuerza a los que le contradecían” (Dignitatis humanae, 11).

Muchos discípulos suyos, al oírlo, pensaban que su modo de hablar era inaceptable, se resistían a creer, y “se echaron atrás y no volvieron a ir con él” (Juan 6, 66). Es decir, el Evangelio no es rechazado únicamente por la incoherencia de quien lo anuncia, o por no ser adecuadamente presentado; sino que es rechazado por sí mismo, ya que resulta inadmisible a quienes lo reciben de modo carnal, y no según el Espíritu (cf Juan 6, 63).

Nos encontramos una vez más con el misterio de la gracia y de la libertad, con esa conjunción entre la atracción que Dios ejerce sobre nuestra alma y la respuesta, de cooperación o de rechazo, que nosotros podemos dar. Sólo Dios conoce este misterio; sólo Él sabe lo que hay en el corazón del hombre; sólo Él puede adentrarse en los ocultos resortes de la voluntad y de la conciencia. Desde fuera sólo cabe el respeto y el silencio.

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