27.07.19

De la refundación de las Órdenes Religiosas Militares

De la refundación de las Órdenes Religiosas Militares

 

I.-

 

Desde hace tiempo, estamos recibiendo consultas de algunos jóvenes generosos y llenos de valentía que quieren integrar milicias católicas para defender por las armas a las poblaciones católicas indefensas.

Son jóvenes que no pueden tolerar que no se tomen medidas eficaces para frenar el Gran Genocidio, el Genocidio de los cristianos, que es el mayor Genocidio jamás habido, una matanza incontable, inenarrable, que nos deja a todos estupefactos. De hecho, se calcula que, en el siglo XX, un cristiano era asesinado cada cinco minutos, lo cual convierte al siglo XX en el siglo con más mártires de la Historia. En pleno XXI, las cosas no mejoraron, sino que parecen empeorar. Basta considerar al Islam que, siguiendo los mandatos del Corán -un libro endemoniado que exige el exterminio de los cristianos-, permanentemente persigue, asesina, incendia y usurpa poblaciones enteras, violando y secuestrando mujeres, matando ancianos y quemando iglesias

Evidentemente, el Islam va a seguir asesinando poblaciones enteras, violando mujeres y vendiendo niños. Lo van a seguir haciendo porque el Corán los exhorta a hacer estos crímenes abominables, que la progresía políticamente (eclesiástica o secular, poco importa) correcta trata de minimizar u ocultar. Por eso, mientras no se reforme el Corán (lo cual no será hecho hasta que se conviertan a Jesucristo), el Islam seguirá siendo el azote de la Iglesia, de la Cristiandad (o mejor dicho, de las reliquias que aun quedan de la Cristiandad) y de los cristianos.

La Cristiandad, con los Papas y los Santos a la cabeza, no se chupaba el dedo. La Cristiandad no fue la “Civilización del amor sensiblero y la tolerancia pacifista”, sino la Civilización de la Charitas, la cual, como enseña Santo Tomás de Aquino (el Doctor Angélico), dadas ciertas circunstancias extremas, no solo permite sino que exige la defensa armada. Por eso, cuando el Islam arrasaba y violaba cristianos, la Cristiandad no dudó en salir a matar y morir en defensa de los inocentes bautizados. Y no solo que no dudó en hacerlo sino que la Iglesia canonizó la justa, y aun santa, defensa armada, de todos los modos posibles: canonizando guerreros y predicadores de Cruzadas, analogando la muerte del héroe en guerra justa con la muerte del mártir, decretando Cruzadas e indulgenciando a los combatientes, exhortando a los varones a tomar las armas en defensa de Dios y los prójimos y hasta fundando, aprobando y bendiciendo Órdenes Religiosas cuyo carisma no era sino la más heroica lucha armada, orientada, como no podía ser de otra manera, a la defensa. Podríamos seguir escribiendo días enteros sobre este tópico, pero, por el momento, basta con unas líneas más.

En la época de la Cristiandad, el Islam secuestraba mujeres (casadas, vírgenes, …), las vendía (o regalaba) y las mujeres quedaban presas a perpetuidad en la casa de algún musulmán que, fiel al Corán, la golpeaba, esclavizaba y violaba hasta que se muera. Y si la mujer era una niña, era pasible del mismo diabólico trato ya que el Islam, como todo el mundo sabe, aprueba la pedofilia. Por eso, la Virgen Santísima le pidió una noche (agosto de 1218) a San Pedro Nolasco y al rey Jaime de Aragón (que era muy amigo del Santo) que funden una Orden Religiosa (la Orden de la Merced) consagrada a libertar cristianos esclavizados por los musulmanes. La Cristiandad tuvo varias Órdenes Religiosas con tan heroico carisma. Son las llamadas Órdenes Redentoras de cautivos. 

Ahora bien, hasta donde sabemos, estas beneméritas Órdenes, ya no se dedican más a su fin propio ya que, dicen, ya no hay más cautivos, sino que eso es cosa del pasado. La realidad es que eso es evidentemente falso. El Islam sigue secuestrando, vendiendo y esclavizando mujeres y niñas. Como prueba de esto, baste citar, que, según denuncia la agencia “Enlace judío”, en el 2015, el Ministerio de Derechos Humanos iraquí dijo en un comunicado que el grupo Estado Islámico (EI/ISIS) introdujo más de 100 mujeres sirias a la venta en el mercado de la ciudad de Faluya, en la provincia de Anbar y que las mujeres cautivas se ofrecían a precios que oscilan entre $ 500 y $ 2,000 cada una, según informaron fuentes locales en Faluya

Si bien no es lo mismo, valga acotar que la furia islámica en lo que toca al trato con las mujeres es tan bestial, que hoy en día en Europa hay un índice muy elevado de violaciones de mujeres cristianas perpetradas por inmigrantes musulmanes (la prensa y los gobiernos no quieren hablar de este flagelo ya que su conocimiento masivo bastaría para derribar uno de los mitos más caros de la posmodernidad progresista: “el mito de los refugiados”). 

 

II.-

 

Hoy nos enteramos que el heroico Card. Sako, sufrido patriarca caldeo, lamentablemente, de puro bondadoso, cayó en la sutil tentación del pacifismo, publicando un comunicado condenando la eventual fundación de milicias defensivas cristianas. No lo hace fundado en razones prudenciales (que podrían ser legítimas si, v.gr, versasen sobre la desproporción de las miserables armas cristianas y el enorme aparato de guerra musulmán, o, según algunos, judeo-musulmán), sino en razones supuestamente doctrinales, morales y teológicas. En efecto, el card. Sako lo siguiente: 

 

no estamos de acuerdo con el nacimiento de una «brigada» cristiana. Porque la creación de una milicia armada marcada por una denominación cristiana contradice, en primerísimo lugar el espíritu cristiano, que se vuelca a los valores del amor, la paz, la tolerancia y el perdón”. 

 

Una multitud de Papas -con sus magníficas Bulas de Cruzada, que enardecieron a la Cristiandad- y otros rotundos documentos fundados en la más sana teología, y Santo Tomás de Aquino, el único teólogo explícitamente ensalzado por el Concilio Vaticano II, refutan de modo definitivo la infeliz afirmación del buen Card. Sako. No dudamos de la santidad de intenciones del Patriarca caldeo, pero no podemos callar la Verdad. Por eso, a continuación, citaremos unos pasajes olvidados de la Summa Theologica, la obra más célebre de Santo Tomás. En esta obra, el Angélico Doctor explica que es laudable la fundación de Órdenes Religiosas dedicadas a la guerra santa defensiva. Es muy interesante ya que no solo justifica la creación de brigadas cristianas, sino que dice que los religiosos pueden tomar las armas y que aun pueden haber Congregaciones Religiosas cuyo fin específico sea la Cruzada. A continuación, citamos algunos de estos pasajes imborrables del Aquinate, con la esperanza (esperanza contra toda esperanza) de que Dios le conceda a algún alma piadosa el carisma de fundar una nueva Orden Religiosa dedicada a la defensa armada de los pueblos católicos arrasados por el Islam. Citamos algunos pasajes:

 

  • “Está el hecho de que San Agustín dice en Ad Bonifacium : No creas que no puede agradar a Dios quien sirve en las armas. Entre ellos estaba el santo David, a quien Dios rindió un homenaje tan bello. Ahora bien: las órdenes religiosas han sido fundadas para que los hombres agraden a Dios. Luego no hay ningún inconveniente en que se funde una Orden religiosa dedicada a la vida militar” (STh, II-II, q. 188, a. 3, s.c.).

 

  • “Puede fundarse una Orden religiosa no sólo para las obras propias de la vida contemplativa, sino también para las de vida activa en lo que llevan consigo de ayuda al prójimo y servicio a Dios, no en lo que se refiere a negocios mundanos. En cuanto al oficio militar, puede ir ordenado a la ayuda al prójimo no sólo en orden a las personas privadas, sino también para defensa de todo el estado. Por eso se dice de Judas Macabeo, en 1 Mac 3,2-3, que combatía con alegría en las batallas de Israel y aumentó la gloría de su pueblo. Puede también ordenarse a la conservación del culto divino. Y por ello se añade, en el mismo pasaje (v.21), que Judas dijo: Luchamos por nuestras vidas y por nuestras leyes. Y más adelante, en 13,3, dice Simón: Ya sabéis lo que yo, mis hermanos y la casa de mi padre hemos luchado por nuestras leyes y por el santuario. Por consiguiente, puede fundarse lícitamente una Orden religiosa que se dedique a la vida militar, no con una finalidad temporal, sino para defensa del culto divino, del bien público o incluso de los pobres y oprimidos, según se dice en el salmo 81,4: Salvad al pobre, librad al indigente de las manos del pecador” (STh, II-II, q. 188, a. 3).

 

A estas enseñanzas tomistas, alguien como el card. Sako, podría objetar lo siguiente: 

 

“Toda Orden religiosa tiene como meta el estado de perfección. Pero es propio de la vida cristiana lo que el Señor dice en Mt 5,39: Yo os digo: no resistáis al mal, y si alguno te abofetea en la mejilla derecha, dale también la otra. Ahora bien: todo esto está en contraposición con la vida militar. Luego ninguna Orden religiosa puede ser fundada para dedicarse a la vida militar”. 

 

Lo interesante es que esta objeción no la escribió el card. Sako ni ninguna conferencia episcopal, sino el mismo Santo Tomás (cf. STh, II-II, q. 188, a. 3). El Aquinate responde de modo magistral: 

 

Existen dos maneras de no oponer resistencia al mal. En primer lugar, perdonando la injuria personal, y puede ser necesaria para la perfección cuando lo exige el bien de los demás. En segundo lugar, tolerando pacientemente las injurias de los demás, y esto es imperfección o incluso vicio, supuesto que se pueda resistir debidamente al que comete injusticia. Por eso dice San Ambrosio en De Offic. : Es totalmente justa la fuerza que defiende a la patria contra los bárbaros, los enfermos del país o los amigos contra los ladrones. Del mismo modo, el Señor manda (Lc 6,30): No reclames lo que es tuyo. Y, sin embargo, si alguno no reclama lo que es de otros cuando debe hacerlo, peca, ya que el hombre hace bien en dar lo suyo, pero no lo ajeno, y mucho menos debe descuidar las cosas del Señor, ya que, como dice San Juan Crisóstomo en Super Mt. , es una gran impiedad no preocuparse por las injurias contra Dios” (STh, II-II, q. 188, a. 3, ad 1um).

 

Que Dios y la Virgen regalen a la Iglesia una nueva Orden Religiosa militar, aunque a muchos les moleste, aunque a muchos les cueste entender que cientos de Papas, todos los Santos Doctores -con el Aquinate en primera fila-, miles de Santos, millones de héroes, y toda la Cristiandad entera  no pudieron estar equivocados durante toda la Historia.

 

Padre Federico Highton, S.E.,

Misionero de infieles

26.07.19

Resumen de la Fe en chino (material para misioneros)

En esta breve entrada, adjuntamos el enlace de un video, que hace mucho hemos hecho, que contiene un resumen de la Fe, escrito en chino con caracteres tradicionales y enriquecido con un soporte musical y pictórico. El resumen carece del secreto del arcano: la Eucaristía.

Les puede servir a quienes hagan apostolado con chinos, aun cuando uno no sepa chino.

Prosit!

Padre Federico, S.E. 

21.07.19

19.07.19

Llamaron a la policía… (1er Crónica Laosiana)

Llamaron a la policía… (1er Crónica Laosiana)

Estamos misionando en Laos, buscando las tribus paganas que, según los reportes -principalmente, protestantes, aún no oyeron el Evangelio. Estamos llevando a cabo la “Cuenta Regresiva Misional” (CRM), que comenzamos en la fiesta de la Epifanía del Señor del 2018 y que, simplemente, consiste en hacer el primerísimo anuncio del Evangelio en las pocas etnias (no más de 500, estimamos) que parece que aún no oyeron la Buena Nueva de la Salvación (cfr. Mt 24, 14).

Vinimos a Laos porque, según nuestra investigación -que basamos principalmente sobre los estudios protestantes, Laos es el país que, después de China e India, cuenta con el mayor número de tribus o etnias que, aparentemente, jamas oyeron el Evangelio. 

Ayer llegamos a la tribu Tchaho. Hoy llegamos a la tribu Alu. También hoy tuvimos un primerísimo contacto con la tribu Akha, y más precisamente con los Akha Noukouy, cuyas mujeres usan muy bellos vestidos, pero cuando hace calor pueden pasearse, sin problema, con el torso al descubierto. 

Estamos agotados. No es momento de balances. Estamos en plena guerra. Hoy debemos volver a Phongsali, que es una ciudad con un aeropuerto que tiene cuatro vuelos internos por semana.

Hay mucho para contar, pero prácticamente no tenemos fuerzas para escribir. El tema es que si no escribimos ahora, muchas cosas las olvidaremos ya que la vida misionera implica un alud abundatísimo de experiencias, aventuras e historias, donde los lugares, personajes y acciones se pueden multiplicar sin cuenta.

Nuestra misión se localiza en el extremo noroeste de Laos, la ex-Indochina. 

Llegamos a Laos hace varios días pero aún no hallamos tiempo para sentarnos, menos aún para sentarnos a escribir, salvo el primer día en el cual tuvimos que escribir sobre otra cosa pendiente. Ahora, a bordo de la 4×4, mientras anochece en las montañas indochinas, resistiendo la tendencia de los ojos a cerrarse, principiamos a escribir estas notas a caballo. Como siempre, habría mucho para escribir, pero sólo tenemos tiempo para escribir unas pocas cosas.

Como unos amigos españoles, y unos amigos de amigos, adoptaron espiritualmente las tribus laosianas que aparentemente no oyeron el Evangelio, vinimos a Laos a predicarles sabiendo que el terreno ya está sembrado por las plegarias de quienes las adoptaron “in spiritu”.

Las tribus de la lista eran muchas y no habíamos tenido tiempo de estudiar sobre ellas. Por eso, cuando llegamos a Laos, junto con un amigo francés -que es quien, por tres semanas, acompaña a quien escribe estas líneas- hicimos un rápido estudio y dividimos las etnias en tres zonas: las de norte, las del centro y las del extremo sur. Nos pareció que debíamos comenzar por el norte o, mejor por el extremo noroeste -que es donde se encuentran muchas de las tribus de la lista-. Entre las tribus del norte, decidimos empezar por la tribu Tchaho, pues nos pareció la más necesitada y una de las más paganas y remotas. 

Desde el punto de vista eclesial, estamos en el medio de la nada, en las periferias más extremas, ya que la tribu Tchaho está a unas quince horas de viaje de la sede del Vicariato Apostólico de la zona. El sacerdote, estimamos, más cercano estará a unas diez horas de viaje, pero, de todos modos, en principio, ningún sacerdote, ni nativo (casi no hay) ni extranjero está autorizado por el gobierno para predicarle a estas tribus. Son tribus remotísimas, desconocidas y paupérrimas que viven en las montañas, en zonas donde hasta hace poco no había caminos y, por tanto, eran casi totalmente inaccesibles. Hoy, en principio, hay unos senderos de tierra, o barro, ya que el gobierno quiere controlarlas y, a su vez, limitar o prohibir la producción de opio, cultivo este que es muy antiguo en estas zonas. En las tribus, aun se halla un importante índice de opiómanos. 

Finalmente, después de ciertos preparativos y a pesar de grandes obstáculos, y habiendo obtenido el permiso de la jerarquía eclesiástica local, pudimos llegar a Phongsali, que es el centro (¿o periferia?) desde donde se puede partir a las tribus del noroeste laosiano. En Phongsali contratamos, por un día y medio, una ínfima agencia turística -que está casi sin trabajo por la ausencia total de turistas, al menos en esta época del año, donde hace un calor tropical infernal-, que nos permitió lograr algo muy difícil: localizar las tribus en un mapa y llegar a ellas. El dueño fue un nativo con un espíritu rabiosamente comerciante (o, mejor dicho, con un espíritu de ladrón), pero sabía donde encontrar las tribus, 

Así fue que llegamos a los dominios de la tribu Tchaho, que mora a tres horas de China (tres horas a pie). 

Los Tchaho hablan el idioma Tchaho, que no se parece en nada al laosiano (lengua oficial del país) y que, a falta de alfabeto, usa los caracteres chinos. De todos modos, muchos Tchaho, especialmente los hombres, entiende el laosiano, hablado por nuestro guía. Para nuestra sorpresa, algunos Tchaho, hablan chino básico, por lo que pudimos comunicarnos bastante bien, sin depender del guía, que fue nuestro principal enemigo, ya que hizo todo lo posible para que no prediquemos. 

Quisimos quedarnos dos semanas con los Tchaho, pero, al cabo de un día y medio, debimos volver a Phongsali ya que nuestro guía nos dijo que él pidió permiso al gobierno solamente por dos días. En un día y medio no se puede hacer mucho, pero de todos modos, fueron horas muy intensas.

Lo primero que hicimos fue saludar a la gente en el dialecto local (diciendo “mi gong”), pero prácticamente nadie nos respondía, Luego, tuvimos un encuentro con el jefe, pero no mostró nada de alegría con nuestra visita. Como nos dijo el guía, todos los jefes de las tribus hoy dependen del Partido Comunista, que, por medio de un sistema muy corrupto, aún, gobierna Laos. Ésto es terrible para la evangelización ya que cuando se visita una tribu, lo primero que hay que hacer es visitar al jefe y todo debe pasar por medio de él, pero, he aquí el drama, el jefe es, de algún modo, un lacayo de la tiranía comunista y el comunismo laosiano, fiel a los principios del satanista Karl Marx, prohíbe el proselitismo cristiano. De todos modos, a pesar de su inicial frialdad, el jefe nos autorizó a visitar al chamán (o “mopi”), que es el lider espiritual de la tribu. 

Mientras esperábamos que el mopi vuelva de sus faenas rurales, rezamos la Misa y algo más en la habitación que nos asignaron para dormir, la cual se encontraba en la casa de la hija del jefe. 

Bastó que empecemos la Misa para que empiece una batalla de raros ruidos y de odiosas molestias, lo cual nos pareció muy lógico ya que la nuestra fue la primer Misa jamás celebrada en los dominios de la nación Tchaho. Si tenemos en cuenta que los Tchaho son animistas, como todas, o casi todas, las tribus de montaña de la zona, nos podremos dar una idea de la guerra preternatural que implicó la Misa. En efecto, los niños con sus gritos, los chanchos con sus guarridos y las personas que, como locos, golpearon las puertas (que cerramos con traba) durante toda la Misa conformaron un circo que hizo muy difícil rezar. Una de las personas que, con más ahínco, golpeaba la puerta, cuando le abrimos, entró a buscar un balde y un serrucho, que no sabemos porqué habían puesto al lado de nuestro colchón. 

La hija del jefe y otra doña se indignaron con nuestra misa y llamaron a la policía. 

El guía turístico estaba furioso y nos vino a imprecar acusándonos de haber rezado “sin respetar la cultural local”. 

Nos dispusimos a pasar un día o una temporada en la cárcel. Los hombres y las mujeres se juntaron a discutir sobre nosotros. Habían diversas opiniones, todas ininteligibles para nosotros. Esperamos en nuestra habitación, rezando el santo Rosario, con paz y alegría. 

Cada vez que oíamos un motor, pensábamos que podía ser la policía comunista. Fue una experiencia interesante. Nos ofrecieron comida, pero la rechazamos. Estábamos a una hora de viaje (en auto) de la ruta. Estábamos realmente en el medio de la selva, rodeados por una tribu y nuestro indignado guía, esperando la llegada de policía, a quienes, según nos dijo el guía, íbamos a tener que pagarles los costos del viaje (la gasolina del patrullero, etc). Era de noche y el calor era insoportable. Esperamos tranquilos rezando el Rosario. 

Al fin de cuentas, terminados los debates de los nativos, se nos dijo que el problema policial iba a ser tratado al día siguiente. Respondimos que queríamos volver a la ciudad de Phongsali y dejar la tribu ya que Dios, en Mt 10.14, nos dice lo siguiente: “Cualquiera que no los reciba ni oiga sus palabras, al salir de esa casa o de esa ciudad, sacudan el polvo de sus pies”. Acto seguido, salimos de la casa, nos sacudimos el polvo de nuestro calzado, y pusimos los bolsos en la 4×4. Entonces, compungido, vino el jefe y nos pidió que nos quedásemos, nos sonrió y nos invitó a cenar. 

Accedimos a la invitación y compartimos una agradable cena donde empezamos a aprender el dialecto Tchaho, traduciendo desde el chino. 

(Continuará)

Padre Federico, S.E.

Misionero en tierras paganas,

18-VII-19, Laos