Bendito seas por siempre, Señor - II (Respuestas - XXI)

    4. “Bendito seas por siempre, Señor”.

    Como hemos ido viendo, esta fórmula litúrgica es profundamente bíblica y anclada en las Escrituras. Con ella, los fieles aclaman a Dios.

   El uso más común y extendido es como respuesta a las dos oraciones que el sacerdote puede (no debe siempre, mejor en silencio) pronunciar en voz alta sobre la patena y luego sobre el cáliz: “Bendito seas, Señor, Dios del universo, por este pan…”

    Pero en la liturgia hay otros momentos en los que el sacerdote pronuncia algunas fórmulas, casi en forma de letanía, a las que igualmente se responde así, “bendito seas por siempre, Señor”. Hagamos el recorrido por algunos libros litúrgicos.

    5. En el ritual del Bautismo de niños se ofrecen dos formularios alternativos para bendecir el agua, que se pueden emplear como acción de gracias sobre el agua si ya está bendecida. En ambos formularios, los fieles responde: “Bendito seas por siempre, Señor”.

  El primer formulario (RBN 217) comienza por tres invocaciones dirigidas a cada una de las Personas de la Trinidad:

 Bendito seas, Dios Padre todopoderoso, porque has creado el agua que purifica y da vida.

R/ Bendito seas por siempre, Señor.

 Bendito seas, Dios Hijo único del Padre, Jesucristo, porque de tu costado abierto hiciste brotar agua junto con la sangre, para que de tu muerte y resurrección naciera la Iglesia.

R/ Bendito seas por siempre, Señor.

 Bendito seas, Dios Espíritu Santo, porque ungiste a Cristo bautizado en las aguas del Jordán, para que nosotros seamos bautizados en ti.

R/ Bendito seas por siempre, Señor.

   Continúan unas peticiones y una breve oración final.

     El segundo formulario (RBN 218) posee igualmente tres invocaciones, esta vez dirigidas sólo a Dios Padre, con idéntica respuesta de los fieles:

 Te bendecimos, Padre misericordioso, porque de la fuente del Bautismo hiciste brotar en nosotros la nueva vida de hijos de Dios.

R/ Bendito seas por siempre, Señor.

 Te bendecimos, Padre misericordioso, porque reúnes en un solo pueblo, por el agua y el Espíritu Santo, a todos los bautizados en tu Hijo Jesucristo.

R/ Bendito seas por siempre, Señor.

 Te bendecimos, Padre misericordioso, porque envías a los bautizados para que anuncien con gozo a todos los pueblos el Evangelio de Cristo.

R/ Bendito seas por siempre, Señor.

  El sacerdote concluye con una plegaria final.

    6. En el Ritual del sacramento de la Unción de enfermos se prescribe, antes de la Unción, una acción de gracias sobre el óleo ya bendecido, que es la materia del sacramento, poniendo de relieve su centralidad en esta acción sacramental: tres invocaciones dirigidas a cada Persona de la Trinidad, respondiendo los fieles: “Bendito seas por siempre, Señor” (RU 142); esta misma invocación, pero con una oración final distinta, se ofrece si hay que bendecir el óleo dentro del rito (cf. RU 141):

 Bendito seas, Dios, Padre todopoderoso, que por nosotros y por nuestra salvación enviaste a tu Hijo al mundo.

R/ Bendito seas por siempre, Señor.

 Bendito seas, Dios, Hijo unigénito, que te has rebajado haciéndote hombre como nosotros, para curar nuestras enfermedades.

R/ Bendito seas por siempre, Señor.

 Bendito seas, Dios, Espíritu Santo Defensor, que con tu poder fortaleces la debilidad de nuestro cuerpo.

R/ Bendito seas por siempre, Señor.

   7. Mucho más frecuente y extendido es su uso en el Bendicional.

   La plegaria para bendecir los trabajos de un nuevo edificio comienza con unas preces (Bend 528) a la que todos van respondiendo: “Bendito seas por siempre, Señor”:

 Invoquemos, queridos hermanos, a Dios, Padre todopoderoso, para que la obra que hoy comenzamos contribuya a la edificación del reino de Dios y nos una a Cristo, piedra angular, en la fe y en la caridad. Digámosle: R/ Bendito seas por siempre, Señor.

 -Tú que nos has dado la inteligencia y la fuerza para ser colaboradores de tu obra. R/

 -Tú que por tu Hijo, nuestro Señor, has querido edificar tu santa Iglesia sobre piedra firme. R/

 -Tú que, por el Espíritu de tu Hijo, nos haces entrar en la construcción del templo espiritual en el que quieres hacer morada. R/… etc.

   Hay otras ocasiones en que, en lugar de ser la respuesta, forma parte del cuerpo de las peticiones recitadas por un lector o por el sacerdote. Por ejemplo, las preces al bendecir un laboratorio, taller o tienda (Bend 678):

 -Bendito seas, Señor, que nos has dado la ley del trabajo, para que, con nuestra inteligencia y nuestros brazos, nos dediquemos con mayor empeño a perfeccionar las cosas creadas.

 -Bendito seas, Señor, que quisiste que tu hijo, hecho hombre por nosotros, trabajara como humilde artesano.

 -Bendito seas, Señor, que has hecho que en Cristo nos fuera llevadero el yugo y ligera la carga de nuestro trabajo…

      El mismo estilo, “¡Bendito seas por siempre, Señor!”, en las preces para bendecir locales de medios de comunicación social (Bend 696):

 -Bendito seas, Señor, sabiduría eterna, que iluminas la mente de los hombres y, con tu bendición, haces progresar sus iniciativas.

 -Bendito seas, Señor, que a través de las realidades visibles nos animas a escrutar las invisibles.

 -Bendito seas, Señor, que descubres siempre los secretos de tu omnipotencia a los que te buscan de verdad…

  Asimismo, en el rito de bendición de animales, las preces (Bend 816):

 -Bendito seas, Señor, que creaste a los animales y los pusiste bajo nuestro dominio para que nos ayudaran en nuestro trabajo.

 -Bendito seas, Señor, que para rehacer nuestras fuerzas nos das como alimento la carne de los animales.

 -Bendito seas, Señor, que, para entretenimiento de tus hijos, nos das la compañía de los animales domésticos…

    Al bendecir una nueva sede de la penitencia, un nuevo confesionario, las preces llaman a Dios “bendito” (Bend 1044):

 -Bendito seas, Señor, que entregaste a tu Hijo por nuestros pecados para que nos arrancara de las tinieblas del pecado y nos introdujera en la luz y la paz de tu reino.

 -Bendito seas, Señor, que por el Espíritu Santo purificas nuestra conciencia de las obras muertas.

 -Bendito seas, Señor, que has dado a la Iglesia santa las llaves del reino de los cielos para que las puertas de tu misericordia queden abiertas para todos…

   Igualmente hallamos oraciones que se inician con “Bendito seas, Señor”. Por ejemplo, la bendición de las familias en sus casas (Bend 85):

 Bendito seas, Señor,

que en la Pascua del Antiguo Testamento

conservaste intactas las casas de tu pueblo escogido,

rociadas con la sangre del Cordero,

y que en los sacramentos de la nueva Alianza,

nos diste a tu Hijo Jesucristo…

   También en la bendición de las asociaciones de ayuda en las necesidades públicas:

 Bendito seas, Señor, Dios de misericordia

que en tu Hijo nos has dado

un admirable ejemplo de caridad… (Bend 457).

      Asimismo, en la bendición de un nuevo hospital o centro de enfermos:

 Bendito seas, Dios y Padre nuestro,

que, por medio de tu Hijo,

encomendaste al pueblo que anda en una vida nueva

el cuidado y la solicitud por los enfermos… (Bend 661).

     Como también en la bendición de algunos instrumentos técnicos:

 Bendito eres, Señor, Dios nuestro,

y digno de toda alabanza,

tú que, mediante el ingenio y el trabajo del hombre,

cuidas del progreso de toda la creación… (Bend 764).

     Bendecir a Dios es gratitud y alabanza hacia Quien primero nos ha bendecido, en Cristo, constantemente. Ese lenguaje lo asume la Iglesia y lo emplea en su liturgia. “Bendito seas por siempre, Señor”.

 

 

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