13.02.18

¡Lo que aprendí de ti, Papá!

“Gracias, por darme tanto cuando era niña. Y gracias, lo necesito, lo llevo dentro y vive conmigo.”

 

Este último fin de semana, con motivo de la celebración de los 90 años de mi padre, me gustaría compartir algunos retazos del privilegio, la alegría, el amor y la paz, de la persona que ha sido un modelo, un espejo en el que mirarnos, y un privilegio del que solo podemos dar gracias a Dios.

Como buen tenista que ha sido no quiero dejar de señalar estas palabras de Rafa Nadal que le vienen que ni pintado: “Lograr aquello que has soñado te hace feliz, pero, sobre todo, te hace feliz recordar el esfuerzo empleado para lograrlo. La gloria es ser feliz. La gloria no es ganar aquí o ganar allí. La gloria es disfrutar de trabajar duro, tratando de ser un jugador mejor que antes e intentar dar lo mejor de uno mismo cada día”.

Celebrar juntos este día y agradecerle públicamente que nos deje formar parte de su vida, enriqueciéndola con su experiencia y sabiduría; sus convicciones firmes y solidas; su cariño y comprensión; su piedad y prudencia; su tiempo y su disponibilidad para estar junto a sus hijos, sus nietos, y todas aquellas personas que le quieren, en los momentos más importantes de sus vidas, es una deuda de por vida que nunca, nunca, nunca, podremos agradecerle suficientemente.

Como señalaba su nieto mayor, en representación de todos: “Gracias a todos estos momentos, de tu cariño y comprensión, te has ganado un lugar no sólo en nuestros corazones, sino también en el de todos nuestros amigos.

Pero también ha habido momento en los que ha tocado llorar y tener paciencia. La vida es dura, pero tú, con tu inmenso sentido sobrenatural, has enseñado a tus nietos que, gracias a Dios, por muy duras que sean las penas, si te abrazas a Él, son más llevaderas. Y aunque sea poco lo que he aprendido de lo mucho que me has querido enseñar, creo que es suficiente para que, de hoy en adelante, y los muchos años que te quedan por delante, pueda seguir fardando de ser el ‘net del Yayu’.”

Pero si esto no era poco, NUNCA podré olvidar las palabras de mí padre: “Con los años y ya son muchos (ni más ni menos que 90) he aprendido que no importa ni el dinero, ni la posición, ni el bienestar ni incluso la salud.

Como decía San Pablo ¨ Si tengo todo lo del mundo, pero no tengo amor, no tengo nada ¨.

Y el amor es sobre todo la familia.

Porque el amor y la familia es desinteresado, perdona sin límite, apoya en los momentos buenos y sobre todo en los malos, cuida, mima, da calor al corazón y al alma, y es lo único en lo que en definitiva podemos confiar y saber que nunca nos va a fallar porque la sangre, une mucho.

Por eso, si me permitís, os quiero dejar como un mensaje que es a la vez un legado.

No se los años que me quedan (solo Dios lo sabe y espero que sean muchos) pero quiero que siempre y por siempre permanezcáis unidos

Que os perdonéis

Que os apoyéis

Que no os tengáis en cuenta los defectos que todos tenemos

Que solo veáis lo positivo de los otros.

Que no os de vergüenza expresaros el cariño y que todos seáis UNO

Lleváis todos parte de la misma sangre, no os olvidéis.

Apoyaros, quereos, perdonaros y estar unidos.

Si esto lo interiorizáis y vivís, yo ya me quedo tranquilo y satisfecho.

Todos sabéis que yo no soy muy de hablar, pero esto sí que quiero que lo tengáis muy claro en vuestros corazones y lo pongáis en práctica y lo transmitáis a vuestros hijos, y a los hijos de vuestros hijos.

Y, por último, un recuerdo a los que ya no están físicamente a nuestro lado. Sobre todo, a mi esposa Maruja a la que tanto quise y quiero y que tanto ayudo e hizo para que esta realidad que es nuestra familia, sea como lo es, un cuerpo vivo maravilloso.”

 

Hace algún tiempo leí un poema, Canción a mi padre, de José Alberto Ayala que decía así:

Hoy quiero cantarle a mi Padre

a ese buen hombre que ahora está viejo,

al que los años le dieron la sapiencia

de dar siempre buenos consejos.

 

Hoy quiero cantarle al hombre

que quiso yo fuera su reflejo,

que jugó conmigo a la pelota

y juntos, rompimos varios espejos.

 

Hoy quiero cantarle a ese ser

que mis hijos llaman abuelo,

porque en sus ojos pueden ver la bondad

que yo también vi cuando pequeño.

 

Hoy quiero cantarle al no tan joven

al que vive del pasado y los recuerdos,

al que cuenta historias repetidas

y las quiere revivir como nuevos sueños.

 

Hoy quiero dedicarte estos versos Papá

y decirte lo mucho que te quiero,

que en este mundo o en la eternidad

tu amor tendrá el brillo de un lucero.

Lo cierto es que aprendí de ti lo mejor, unos muy buenos cimientos en mi vida, aunque a veces me comporte “como un patán”:

-ejemplo de hijo y hermano entregado, solicito, entrañable, cariñoso y bueno.

-gran amigo de sus amigos. Testigo privilegiado de sus vidas

-estar orgulloso de tus hijos, demostrárselo día a día, y “aguantar” con una sonrisa alguna que otra trastada.

-  cuidar a nuestros mayores con ternura

- enseñarnos a captar los momentos mas entrañables que la vida te regala y disfrutarlas a tope

- “inyectarnos en vena” el amor a la Virgen, el cariño y el “cuidado” de los sacerdotes, la fidelidad al Santo Padre y a la Iglesia,…

- querer con locura a tus nietos y a sus amigos, cuidarlos con esmero, y dejarte engatusar por ellos. Eres un ejemplo para todos de abuelo joven y entusiasta.

-convertir nuestra casa en un hogar confortable, alegre, y con las puertas siempre abiertas para todos, con una sonrisa en la cara…pase lo que pase.

-enseñarnos desde pequeños a trabajar bien por El, hasta el final, con la ilusión y la responsabilidad del que sabe que es un servicio a los demás.

- “querer querer “a la mamá para siempre….

Y como decía un poema de Gloria Fuertes: “Nunca terminaré de amarte. Y de lo que me alegro, es de que esta labor tan empezada, este trajín humano de quererte, no lo voy a acabar en esta vida; nunca terminaré de amarte.

Guardo para el final las dos puntadas: Te-quiero.

 

¡¡¡¡Feliz cumpleaños!!!!!

 

1.12.17

¡He aquí valientes sin complejos!

Mi debilidad por los jóvenes es patente para todos los que me conocen.  Y mi admiración por los jóvenes valientes que en una época como esta se casan como Dios manda, comprometidos públicamente ante Dios y ante todos los invitados como testigos, a “querer quererte, exclusivamente a ti, hasta el fin de nuestra vida, a recibir los hijos como un bien deseado y amado por sí mismo, es un orgullo y una chispa de esperanza para la sociedad.

De ahí que desee compartir con todos ustedes tres regalos sobre “la belleza del matrimonio cristiano” que nos pueden ayudar a todos, o por lo menos… así lo creo yo.

El primer regalo, como no podía ser de otra manera, son las palabras que nos recordó El Santo Padre Francisco, durante la audiencia general de miércoles 6 de mayo de 2015, sobre el sacramento del matrimonio: “El sacramento del matrimonio es un gran acto de fe y de amor: testimonia la valentía de creer en la belleza del acto creador de Dios y de vivir ese amor que empuja para ir siempre más allá, más allá de sí mismo y también más allá de la familia. La vocación cristiana a amar sin reservas y sin medida es lo que está en la base también del libre consentimiento que constituye el matrimonio…

La decisión de “casarse en el Señor”, contiene también una dimensión misionera, que significa tener en el corazón la disponibilidad para hacerse transmisor de la bendición de Dios y de la gracia del Señor para todos. De hecho, los esposos cristianos participan en cuanto esposos a la misión de la Iglesia. ¡Y se necesita valentía para eso, eh! Por esto cuando yo saludo a los recién casados, digo: “¡He aquí los valientes!” Porque se necesita valentía para amarse, así como Cristo ama a la Iglesia…

La ruta está marcada así siempre, es la ruta del amor: se ama como ama Dios, para siempre…Es conmovedor y muy bonita esta irradiación de la fuerza y de la ternura de Dios que se transmite de pareja a pareja, de familia a familia. Tiene razón san Pablo: ¡esto es precisamente un misterio grande! Hombres y mujeres, lo bastante valientes como para llevar este tesoro en los vasos de barro de nuestra humanidad, estos hombres y mujeres que son un recurso esencial para la Iglesia, también para todo el mundo. ¡Dios les bendiga mil veces por esto”.

El segundo regalo, son estas reflexiones que escuche recientemente de un incipiente diacono, Juan Pérez Die, en la boda de uno de sus primos, ¡UNA JOYA!, de la que no puedo eliminar ni una sola coma:

“Quién os iba a decir a vosotros, Rosa y Borja, en aquella fiesta, cuando celebrábamos mi 18 cumpleaños, que allí conoceríais a la persona con la que compartiríais el resto de vuestra vida. Quién me iba a decir a mí por aquel entonces que yo sería el cura de vuestra boda. Nadie, solo Dios lo sabía.

Y es que los cristianos sabemos que los hombres somos hijos de Dios, fruto de su amor, no del azar. Por eso que os encontrarais en aquella fiesta no es cosa de pura casualidad. Sino que ha sido Dios mismo el que ha querido poneros el uno al lado del otro. ¿Y eso para qué? podíamos preguntarnos. ¿Con qué fin ha querido Dios poneros el uno al lado del otro? pues mirad, en primer lugar, para dároslo todo. Porque cuando alguien tiene a otra persona que le ama de una manera verdadera e incondicional, lo demás sobra. Porque en el fondo: todo y solo lo que el hombre anhela y necesita es un amor verdadero. Y, en segundo lugar, Dios os ha puesto juntos para encomendaros una misión muy importante y específica: Rosa y Borja, estáis llamados a ser sacramento, signo visible, del amor que Dios tiene a los hombres. Ser testigos de que el amor que todo hombre anhela en lo más profundo de su corazón existe y es posible. En medio de una sociedad en la que tanta gente ya no cree que esto sea real: amar de una manera incondicional y para siempre. Mucha gente hoy en día ha tirado la toalla, porque piensan que es imposible, que el mundo está mal, quizás porque nunca han experimentado este amor. Sea por el motivo que sea vosotros estáis llamados a ser testigos de esta verdad. Y ser así, como señala el evangelio que acabamos de leer, sal de la tierra, luz del mundo.

Es evidente la dificultad de esta tarea, pero no os asustéis porque no estáis solos, contáis con la ayuda de Dios.

Para ello debéis permanecer siempre muy unidos a aquel que primero nos amó de una manera perfecta. La luz por antonomasia de vuestra vida. Jesucristo.

- Él es el camino para amar de una manera verdadera. Porque hoy en día todos tenemos claro que hay que amar, pero lo difícil es saber cómo se ama verdaderamente. Porque nuestro egoísmo y nuestra naturaleza herida muchas veces nos impiden ver cuál es el verdadero comino del amor. Y nos encontramos con que en muchas ocasiones queriendo amar, y hacer las cosas bien, nos equivocamos en nuestras decisiones. Por ello Jesucristo ha recorrido este camino antes que nosotros y lo ha dejado señalado en las Sagradas Escrituras.

- Él es también vuestro alimento para recorrer este camino. Porque conocer la ruta aún no es suficiente, ya que éste es un camino largo y duro, y en ocasiones os faltarán las fuerzas: Por ello en la Eucaristía Él mismo se os da como alimento y os da su vida y la fuerza para amar.

- Él es también vuestra medicina que repara vuestra naturaleza herida y os curará cuando caigáis. Porque conocer el camino y tener el alimento todavía no basta: porque en ocasiones aun teniendo todos estos medios podréis caeros en medio del camino y hacernos daño. Para ello en la confesión Dios perdonará vuestros pecados y os dará la gracia que reparará vuestra naturaleza y os ayudará a levantaros y seguir caminando.

Otro consejo que me gustaría daros es que en los momentos de crisis y dificultad os puede ayudar rezar y contemplar a Jesucristo en la cruz, porque en él están sintetizados todos los atributos propios de amor verdadero.

De esta manera uno cuando observa un crucifijo se da cuenta rápidamente de que el amor auténtico y verdadero pasa por el sufrimiento y por el dolor. Que el amor verdadero no depende de los sentimientos, si no del corazón y la firme voluntad de dar la vida por el otro. La Madre Teresa de Calcuta decía que amar es dar hasta que duela. Pues cuando os duela alegraos, porque será el dolor el que forje entre vosotros el verdadero amor.

Otra cualidad interesante que uno aprende mirando a la cruz es que el amor, cuando es verdadero, auténtico e incondicional, convierte cualquier acontecimiento de nuestra vida en algo bello y bueno. Pues como se ve en la cruz, el amor, fue capaz de convertir hasta la condena a muerte más horrorosa del mundo en el acto salvador más hermoso de la historia de la humanidad. Por lo tanto, Rosa y Borja, no importan las contrariedades y dificultades que encontréis en este camino que hoy empezáis. Vividas con amor todo es hermoso y es para bien. Absolutamente de todo se puede sacar un bien si se vive con amor, como Jesucristo hizo en la cruz.

Sé que no os hago ningún descubrimiento con todo esto que os digo. Pero tampoco puedo deciros otra cosa. Nada. Mas que permanezcáis siempre unidos a Jesucristo. Él es vuestra luz en el camino que hoy comenzáis. Y unidos a Él seréis sal de la tierra, Luz del mundo.

Benedicto XVI en el número 49 de la Spe Salvi dice: “La vida humana es un camino. ¿Hacia qué meta? ¿Cómo encontramos el rumbo? La vida es como un viaje por el mar de la historia, a menudo oscuro y borrascoso, un viaje en el que escudriñamos los astros que nos indican la ruta. Las verdaderas estrellas de nuestra vida son las personas que han sabido vivir rectamente. Ellas son luces de esperanza. Jesucristo es ciertamente la luz por antonomasia, el sol que brilla sobre todas las tinieblas de la historia. Pero para llegar hasta Él necesitamos también luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo así orientación para nuestra travesía.”

A esto es a lo que estáis llamados, a ser luces cercanas para los demás, que reflejando la Luz de Cristo con amor vuestro, ofrezcan así orientación para la vida de otras personas. Por ello os invito también a que miréis de vez en cuando a quienes han sido para vosotros esos astros que han reflejad la luz de Cristo: vuestros padres y vuestros abuelos. Algunos de ellos ya han alcanzado el cielo y os guardan y vigilan desde arriba. Otros, en cambio, los tenéis aquí con vosotros para apoyaros y aconsejaros. Contad también, cómo no, con la Virgen María, nuestra madre. Dios os la ha puesto cerca para que os ayude en esta tarea tan importante.

Borja, una vez el abuelo me dijo algo que se me quedó muy grabado, y que creo que puede serte útil. Me dijo: “Juan, cuántas gracias tenemos que dar a Dios por la familia que tenemos, no nos la merecemos”, (a mí, por aquel entonces, tener una familia así viendo cómo eran mis dos abuelos no me resultaba ningún misterio. Pensaba que ellos gracias a sus muchas cualidades habían sido capaces de hacer las cosas bien y este era el resultado) pero entonces me dijo: “mira, yo cuando empecé a tener hijos me asusté mogollón, porque me hice consciente de la responsabilidad tan grande que implicaba formar una familia, educar bien a unos hijos tanto humana como espiritualmente. Veía que todo me superaba muchísimo, que lo que Dios me pedía estaba muy por encima de mis capacidades. Y entonces le dije a Dios: Mira Señor, yo voy a esforzarme al máximo y haré todo lo que este en mis manos, el resto hazlo Tú”.

Aquel día aprendí que no existen las fórmulas mágicas. Que la misión que se os ha encomendado es una tarea que supera a cualquiera. Y que nadie y mucho menos yo puedo deciros: “Haced esto, seguid estas indicaciones, estos pasos, y todo os irá bien. Tendréis una familia perfecta y ejemplar y nunca encontraréis problemas”. No, esto no existe. Pero lo que sí que existe es la confianza en Dios. Y yo os aseguro que si confiáis en Dios y no os apartáis de Él no quedaréis defraudados. Si Dios hizo de la condena a muerte más horrorosa el acto salvador más hermoso de la historia de la humanidad, qué no hará con vosotros Rosa y Borja. Qué no hará Dios con vosotros si confiáis en Él y permanecéis a su lado. Como solía decir San Josemaría: “Soñad y os quedaréis cortos”.

Y por ultimo, una reflexion de Joan Carreras en su libro “Las bodas: sexo, fiesta y derecho”: “La fiesta, con todos sus ingredientes-banquete, baile, música, etc.-es el mejor modo que la sociedad humana ha inventado para otorgar su “reconocimiento” de las nupcias. Puesto que el matrimonio no es una realidad privada, sino mas bien la célula de la sociedad.”

Y, por lo tanto, en mi humilde opinión, una ocasión privilegiada para hacer apostolado con las parejas jóvenes que aprecian, alegran y acompañan al nuevo matrimonio.

 

28.08.17

Santa Mónica: mi gran aliada

Ayer celebramos la festividad de Santa Mónica, modelo de mujer, esposa y madre a la que tengo gran devoción, y a la que trato como mi gran aliada, en las alegrías y tristezas de mi familia.

Nunca se ha apartado de mi lado¡!!!! Es más, todo lo que le pido, si es la Voluntad de Dios, siempre me lo concede. Y no me extraña: Doy fe de que quiere a mis hijos, nuestros hijos, como suyos propios y desea lo mejor para ellos. Venerada como santa patrona del hogar y de las madres de familia conoce bien mis anhelos y preocupaciones y me brinda sus beneficios con efectividad. “Mujer inquieta era esta mujer, que al final dice esa bella palabra: cumulatius hoc mihi Deus praestitit! [superabundantemente me ha concedido esto mi Dios] (Las Confesiones, IX, 10, 26). ¡Aquello por lo que ella lloraba, Dios se lo dio abundantemente! Y Agustín es heredero de Mónica, de ella recibe la semilla de la inquietud. He aquí, entonces, la inquietud del amor: buscar siempre, sin descanso, el bien del otro, de la persona amada, con esa intensidad que lleva incluso a las lágrimas…La inquietud del amor impulsa siempre a salir al encuentro del otro, sin esperar que sea el otro quien manifieste su necesidad.”, nos dice el Papa Francisco

Es más, como mujer piadosa, paciente, justa, prudente y sabia, es un modelo de mujer cristiana, no solo para crecer en amor conyugal y materno, sino para mejorar en las virtudes necesarias de la mujer en nuestro papel esencial, activo y reconocido tanto en la Iglesia como en la sociedad.

 San Agustín, con amor filial, nos relata de su madre algunas de ellas en Las Confesiones.:

“Educada púdica y sobriamente, y sujeta más por ti a sus padres que por sus padres a ti, luego que llegó plenamente a la edad núbil fue dada {en matrimonio} a un varón, a quien sirvió como a señor y se esforzó por ganarle para ti, hablándole de ti con sus costumbres, con las que la hacías hermosa y reverentemente amable y admirable ante sus ojos…Igualmente a esta tu buena sierva, en cuyas entrañas me criaste, ¡oh Dios mío, misericordia mía!, le habías otorgado este otro gran don: de mostrarse tan pacífica, siempre que podía, entre almas discordes y disidentes, cualesquiera que ellas fuesen, que con oír muchas cosas durísimas de una y otra parte, cuales suelen vomitar una hinchada e indigesta discordia, cuando ante la amiga presente desahoga la crudeza de sus odios en amarga conversación sobre la enemiga ausente, que no delataba nada a la una de la otra, sino aquello que podía servir para reconciliarlas…Tal era aquélla, adoctrinada por ti, maestro interior, en la escuela de su corazón.

Por último, consiguió también ganar para ti a su marido al fin de su vida, no teniendo que lamentar en él siendo fiel lo que había tolerado siendo infiel.

Era, además, sierva de tus siervos, y cualesquiera de ellos que la conocía te alababa, honraba y amaba mucho en ella, porque advertía tu presencia en su corazón por los frutos de su santa conversación.

Había sido mujer de un solo varón, había cumplido con sus padres, había gobernado su casa piadosamente y tenía el testimonio de las buenas obras, y había nutrido a sus hijos, pariéndoles tantas veces cuantas les veía apartarse de ti.

Por último, Señor, ya que por tu gracia nos dejas hablar a tus siervos, de tal manera cuidó de todos nosotros los que antes de morir ella vivíamos juntos, recibida ya la gracia del bautismo, como si fuera madre de todos; y de tal modo nos sirvió, como si fuese hija de cada uno de nosotros.” (IX, 9, 22)

Dios mío, escucha, como ya hiciste con Santa Mónica, nuestras inquietudes, y no desprecies nuestra oración, nuestras lágrimas, que como ella “derramaba á torrentes en vuestra presencia, siempre y en todos los lugares en que os ofrecía su oración”.

 

ORACIÓN A SANTA MÓNICA

 

Gloriosa Santa Mónica, modelo de madres. Tu vida la admiramos en los vaivenes de tu hogar y, sobre todo, siguiendo a tu hijo Agustín. Supiste atraer a tu esposo hacia Dios e igualmente a aquel hijo que había perdido la fe. Le seguías llamándole, orando, llorando… Consíguenos que comprendamos el papel sagrado de las madres y su influencia en el hogar. Confiamos nuestra familia a tu protección.

6.07.17

Querido Joaquín

Al enterarme de la muerte de Joaquín Navarro-Valls, el que fuera portavoz del Vaticano durante el pontificado del papa Juan Pablo II y Benedicto XVI, no puedo dejar de compartir con ustedes una conversación vía mail que, gracias a su generosidad y grandeza humana y profesional, se dignó a leer y a responderme. Y en la que muestra una chispa mínima de su garra y atractivo humano y espiritual.

 

Querido Joaquín

No sé si esta carta te llegará, pero no por ello voy a dejar de escribírtela.

Sé que era una noticia anunciada desde la muerte de Juan Pablo II, pero hoy, al escucharlo en la radio no me lo quería creer.

Para muchos de nosotros, tú has sido el Portavoz, con mayúscula. “El que ha llevado la voz de…”  Juan Pablo II y Benedicto XVI al mundo entero.

Hoy, más que nunca, – tras tu dimisión -, no tengo más que palabras de agradecimiento hacia tu persona y tu buen hacer profesional. Nadie como tú has sabido mantener con extraordinaria transparencia, seguridad y precisión, un dialogo libre y abierto de la Santa Sede y con la Santa Sede, llegando a “dar hasta que duele”, como decía la Madre Teresa.

Soy un pelma, ya lo sé, pero me siento en la obligación de darte las gracias por todo.

Recuerdo, como si fuera hoy, unas palabras que me atreví a mandarte con motivo de la muerte de Juan Pablo II, ¿recuerdas?

“Durante 20 años has sido testigo de las penas y alegrías de Juan Pablo II. Te he visto llorar y reír junto a Él, emocionarte con sus detalles hacia los enfermos y los presos, sufrir y dar consuelo al Cristo en la tierra en momentos de enfermedad, de incomprensión y de injusticias, como solo un buen hijo sabe hacerlo. Fuiste su voz en muchas ocasiones, abriste el corazón del Santo Padre a todos los que te escuchaban, pero supiste también, con la discreción que te caracteriza, guardar bajo llave conversaciones, inquietudes y preocupaciones del Santo Padre que nunca saldrán a la luz.

Sabía que eres médico y periodista, miembro del Opus Dei, jefe de prensa y  portavoz de la Santa Sede, inteligente y con  buena planta. Pero lo que no sabía, aunque no es difícil de imaginar, es que tenías una calidad humana y profesional difícil de superar, como has demostrado al mundo entero durante estos últimos días. Millones de personas esperaban tu comparecencia en las ruedas de prensa, escrutaban cada una de tus palabras, de tus gestos, de tus miradas. Debe haber sido difícil mantener una rueda de prensa con el corazón roto por el dolor y cumplir con tu trabajo profesional con eficacia al margen de los sentimientos. Pero con la emoción visible en tu rostro y la voz entrecortada, demostraste al mundo que eras el profesional más adecuado para este maravilloso trabajo. Maravilloso, no por ser portavoz, de esos hay miles, sino por serlo de la voz de Cristo y de su Iglesia.

Gracias a tu finura interior has sabido ser amigo leal, compañero fiel, aliado incondicional, colaborador incansable y servidor constante. En tu figura, inseparable a la de Juan Pablo II, jovial y abierta, he podido ver una relación delicada y tierna, llena de complicidad y de cariño filial. En tu trabajo con el Santo Padre, codo con codo, has demostrado una lealtad sincera y un amor autentico por la Iglesia, impensable, para muchos, en un laico con la responsabilidad de modernizar y adaptar la oficina de prensa de la Santa Sede a los nuevos tiempos, profesionalizando la relación del Vaticano con los medios de comunicación, tan importantes para el Papa, por su influencia en los nuevos tiempos que corren.

La calidad profesional de tu trabajo bien hecho es irrefutable y constituye un ejemplo para todos los que nos dedicamos a los medios de comunicación. Has jugado un papel importante como colaborador del Papa en el plano internacional, en la organización y planificación de los viajes papales con una discreción sin parangón y has creado escuela. Una escuela basada en la seguridad, la precisión y el convencimiento firme de lo que dices, sin tapujos; respetuoso con todos; cercano, pero a la vez; distante, sin familiaridades ni excesivas confianzas, pero disponible para todos con una sonrisa. En definitiva, has sido un ejemplo exquisito de saber estar y del buen hacer, difícil de olvidar”.

MUCHAS GRACIAS, JOAQUIN.

GRACIAS POR TU EJEMPLO DE DISCRECIÓN Y DE BUEN HACER.

GRACIAS POR ACERCARNOS LA FIGURA Y LAS ENSEÑANZAS DEL SANTO PADRE A TODO EL QUE LAS HA QUERIDO ESCUCHAR.

GRACIAS POR SER EN MUCHOS MOMENTOS UN “PROFESIONAL HEROICO” Y UN EJEMPLO PARA NOSOTROS

GRACIAS, MUCHAS GRACIAS, POR SER COMO ERES.

 

 

 

Querida Remedios:

Gracias por tu mensaje que, como ves, me llegó. Tus palabras me dejan confuso porque no tengo más conciencia de la de haber hecho algo que cualquier otra persona habría hecho igual o mejor que yo.

Creo, en el fondo, que en todo esto hay una confusión entre el mensaje y el mensajero. Lo que de verdad la gente agradece - y tú también - es el mensaje que Juan Pablo II y Benedicto XVI nos han dado. El mensajero no inventa nada y no le queda otro mérito que el de repetir lo que ha oído.

En todo caso, gracias de nuevo por tus palabras.

Cordialmente,

                                      Joaquín

 

 

23.05.17

¡No soy la dueña del mundo, pero si la hija del dueño! Atte. La hija de Dios…

Se cuenta que la hija de Luis XV de Francia, Luisa, al ser reprendida por una de sus servidoras, replicó con enojo:

– ¿No sabes, acaso, que soy la hija de tu rey?

La sirvienta no se amilanó ante la pregunta impertinente, y le respondió:

–Y yo, ¿no soy acaso la hija de tu Dios?

La princesa no olvidó aquella lección. Años más tarde, siendo ya monja carmelita, recordaba agradecida la gran lección de aquella sirvienta.

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