InfoCatólica / La Esfera y la Cruz / Categoría: Pro-vida

4.03.18

Matar en nombre de Dios y el cambio de paradigma

Estos últimos meses he estado participando en grupos en Facebook, de debate entre ateos y creyentes. El nivel no es demasiado alto, por la naturaleza misma del medio, pero sirve para tomar la temperatura a las ideas y preguntas comunes con que los ateos de bar creen haber refutado el cristianismo. Que Jesús nunca existió, que todos los cristianos son literalistas de la Biblia, o que Dios no puede crear una roca que el mismo no pueda levantar. Ya se imaginan.

Sin embargo, hay uno de esos “desafíos” que me gustaría tratar en este espacio.

“Si tu Dios te ordena matar a una persona ¿lo harías?”

La pregunta es relevante, porque hay varios lugares del Antiguo Testamento donde Dios ordena matar. A Abraham se le ordenó matar a su hijo Isaac, y se le considera como un gran mérito el haber estado dispuesto a hacerlo. Además, esta pregunta pone en tensión principios fundamentales del cristianismo: por un lado la absoluta soberanía de Dios, que conlleva nuestra total dependencia y obediencia a su voluntad, y por otro el valor inviolable de la vida humana inocente. También es una pregunta con tintes políticos y contingentes. Es inevitable pensar en los atentados terroristas cometidos por islámicos, que se justifican en estar cumpliendo una voluntad divina.

Si la pregunta es seria y aparentemente simple, conviene dar una respuesta directa y clara, para que no se nos acuse de evadir el tema, y luego entrar en explicaciones. Y esa respuesta es:

“No, no lo haría".

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29.10.17

La pregunta que todo pro-aborto debe responder

“¿Por qué castigamos a quien aborta sin la voluntad de la mujer?”

En medio de todo el ruido del debate sobre el aborto, hay un asunto sobre el cual todo el mundo está de acuerdo: es justo castigar a quien causa un aborto contra la voluntad de la mujer. Existe un bien jurídico que proteger en el embarazo, y que justifica que el aborto se castigue con una privación de libertad apenas inferior a la del homicidio. Esto solo tiene sentido si el niño que está por nacer es un ser humano con derecho a la vida.

En su afán por permitir que las mujeres maten a sus hijos no nacidos, el lobby abortista no se percatan que sus argumentos provocan una profunda incoherencia en las leyes penales, y con ello una injusticia enorme.

En efecto, para justificar el aborto, se insiste con gran vehemencia que el feto no es un ser humano, que no es nada más que un grupo de células sin ningún valor ni derecho. El problema es que, si esto es cierto, no solo la madre podría destruirlas impunemente y sin enfrentar consecuencia alguna, cualquier persona podría hacerlo. Si el feto no es más que un montón de materia biológica mientras no abandone el cuerpo de su madre, no hay razón para castigar el aborto contra la voluntad de la madre. Después de todo, nadie puede ser castigado por destruir algo que no tiene ningún valor.

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7.02.17

Aborto en Éxodo 21 ¿una multa?

Recientemente el columnista de Radio Cooperativa, Juan Pablo Rivera quiso resucitar un viejo argumento para convencernos de que Dios no tiene problemas con el asesinato de niños:

Lo más cercano a una condena referente al aborto se encuentra en el capítulo 21 del Éxodo (una especie de declaración de la ley de los antiguos israelitas). Pero incluso allí, se consideraba los fetos como entes que aún no alcanzan la constitución de un ser humano completo […] Un creyente que base sus propias convicciones religiosas en la palabra sagrada de las Escrituras no podría considerar a un feto como un ser humano completo, puesto que no existe pasaje alguno que asimile a un feto al mismo nivel de un ser humano.

La Biblia es un libro maravilloso, que a la vez puede leer un niño y un teólogo, sin agotar jamás sus significados y relevancia. Lamentablemente, algunos se toman de eso para insistir en una lectura pueril y simplista cuando les conviene. El pasaje en cuestión es el siguiente:

Si unos hombres se pelean, y uno de ellos atropella a una mujer embarazada y le provoca un aborto, sin que sobrevenga ninguna otra desgracia, el culpable deberá pagar la indemnización que le imponga el marido de la mujer, y el pago se hará por arbitraje. Pero si sucede una desgracia, tendrás que dar vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, contusión por contusión. [Ex 21, 22-25]

¿Acaso Dios considera que la vida del feto no equivale más que a una multa?

No, claro que no.

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11.11.15

Progresismo pro vida - Chile

Según nos cuentan las agencias de noticias, Chile es uno de los pocos países que prohíben el aborto en todos los casos. El actual gobierno de la dra. Bachelet, sin embargo, se ha propuesto cambiar eso, volviendo a establecer el aborto en situaciones de violación, enfermedad grave y peligro para la madre. Ese proyecto de ley se discute actualmente en el Congreso.

La retórica del debate tiende a dividirse en líneas políticas: la derecha conservadora en contra del aborto y la izquierda progresista a favor. Así, los bandos se alinean de una forma tan natural que nos parece obvia. Sin embargo, la defensa de la vida humana cumple con todos los requisitos para ser una bandera progresista. En primer lugar, se trata de proteger al más débil, pero más importante, es que la protección de la vida humana es un ámbito donde la humanidad ha ido progresando muy lentamente.

Por ejemplo, en casi todas las culturas ha existido una pena diferente para el homicida, según quién fuera su víctima: esclavo, hombre libre, noble o el rey, hombre o mujer. Actualmente las distinciones que persisten se basan en la relación entre el agresor y su víctima (parricidio e infanticidio), pero en general todos los seres humanos tenemos la misma protección… salvo el que no ha nacido. Mantener esa distinción es una actitud conservadora, que contradice el curso que ha seguido la historia en lo que respecta a la protección de la vida humana.

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2.11.15

Defender la vida en política

A veces, muy pocas veces, el diablo se quita la máscara y se atreve a decir abiertamente lo que pretende. Es triste cuando lo hace, porque significa que no teme ser rechazado incluso en su horrible forma verdadera.

En días recientes, la derecha chilena ha estado trabajando en una nueva coalición política, llamada Chile Vamos. Es un cambio importante en la escena política, que se ha mantenido sin cambios desde el plebiscito de los ’90. Esta nueva agrupación la conformarían, no solo los partidos tradicionales de la derecha (la Unión Demócrata Independiente (UDI) y Renovación Nacional (RN), los únicos que han existido por 30 años), sino también nuevos movimientos: Evopoli y el Partido Regionalista Independiente (PRI). La polémica surgió, como era lógico, cuando se planteó si la defensa de la vida debía ser un principio fundamental de la nueva coalición.

En esa polémica intervino Francisco José Covarrubias, ingeniero y profesor de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), señalando que la derecha chilena era ultraconservadora por discutir estos temas y que figuras exitosas de la derecha internacional como Cameron, Rajoy y Tatcher, al parecer no tendrían lugar en esta nueva agrupación.

Si alguien quiere decir que por apoyar causales que están aprobadas en todas partes del mundo no puede estar en Chile Vamos, quiere decir que el fundamentalismo es propio de esta sociedad. Me llama la atención que los jóvenes de derecha han terminado siendo más conservadores que su generación predecesora.

Primero, reiterar que tristes son estos tiempos, cuando “proteger la vida humana inocente” es considerado fundamentalismo. El fundamentalismo se refiere a imponer máximos morales, mientras que proteger al inocente debería ser el piso mínimo para considerar a una sociedad civilizada. Hoy en día, sin embargo, a ese mínimo evidente incluso para un niño se le llama insoportable. Al menos los viejos adoradores de Moloch se justificaban con que servían a un dios horroroso; sus discípulos modernos, en cambio, sacrifican a sus hijos por evitarse las molestias.

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