Erasmo de Rotterdam según los cánones del pensamiento tradicional católico. Entrevista a José Antonio Bielsa Arbiol

Erasmo de Rotterdam fue un escritor humanista renacentista de mucha influencia y admirado por grandes personajes de su tiempo como el mismo emperador Carlos V. Siendo recomendable alguna obra suya como el Enquiridión habría que preguntarse si se puede considerar un pensador católico sólido y de referencia.

José Antonio Bielsa Arbiol, historiador del arte y graduado en Filosofía, acaba de publicar el libro “Cómo sobrevivir al Nuevo Orden Mundial: un manual de trinchera", (a la venta en Amazon) donde Erasmo es uno de los pensadores que asoma por sus páginas. Ha estudiado a fondo muchas de sus obras y en esta entrevista nos da una visión objetiva del personaje comparado con los cánones del pensamiento tradicional católico.

En obras de Erasmo como el Elogio de la locura, en la que se muestra tan ácido con la Iglesia, da la impresión de que el autor, declarándose católico, parece que no lo sea en la práctica…

En efecto, un aire de soberbia retumba en ese libro celebérrimo, aunque a nuestro humilde juicio sobrevalorado. Como es sabido, la sátira, salvo en señeros casos, no ha producido primerísimas obras maestras, sino simpáticas medianías adscritas al gusto de la época. El católico Erasmo, en el Elogio y tras los pasos de Luciano, recurre al modelo establecido por el alsaciano Sebastián Brant, autor de La nave de los locos,una obra bastante menos célebre que la que aquí nos lleva.

Ya el pretexto del Elogio no es del todo laudable: ese intento disolvente por intentar enterrar en el más ruidoso ridículo la ciencia escolástica, sumida entonces en una franca decadencia, se nos antoja un golpe bajo, típico de un hombre de su generación escéptica y descreída (hablamos, claro está, de los humanistas del Renacimiento, figuras como Budé y Montaigne). Ahora bien, las ambiciones de Erasmo no se conformaban con la mera parodia sin consecuencias: sus aspiraciones, a tenor de una lectura acompasada, pretenden alcanzar una dimensión casi universal de la materia tratada. Y es que la talla de escritor e intelectual de Erasmo es mucho mayor que la de su modelo (Brant), y por tanto, también sus ambiciones, que pretenden sentar cátedra más allá de la humorada (contra la presunta corrupción de los monjes, la idolatría de los santos o la presunción del clero, entre tantos otros tópicos arrojados cual ripios contra la Iglesia de Roma).

Por eso podemos afirmar que el catolicismo de Erasmo siempre tendrá algo de pose, de fatuidad e incluso apariencia. ¿Era realmente católico, al menos en la práctica, Erasmo? Si queremos conocer bien el corazón del hombre, debemos leer en su pensamiento. El problema es que si queremos leer dicho pensamiento a través de obras como el Elogio de la locura, nos llevaremos una profunda decepción, puesto que esta sátira -pese a su calidad literaria- no es realmente una obra prominente del verdadero humanismo renacentista (nos encontramos a años luz de nuestro Juan Luis Vives, por ejemplo), sino que participa más bien de la historia religiosa de las luchas intestinas en el área germánica. Resumiendo: ¿Erasmo era católico? De serlo, lo era “a su manera”.

¿Cómo es posible que un emperador tan católico como Carlos V admirara a Erasmo?

El Emperador era hombre inquieto, receptivo a las manifestaciones del espíritu. Sin duda debió quedar subyugado por el ingenio de Erasmo, su gran cultura literaria, sus estudios filológicos, esa alta reputación ganada a pulso. Ante un hombre de la amplísima cultura de Desiderio Erasmo, pocos podían sustraerse a su aparente hechizo.

Erasmo condenó el protestantismo, pero ¿se le puede considerar un autor dentro de la ortodoxia católica?

No lo creo. Los verdaderos espíritus católicos son lámparas llameantes que no ceden ante la ambigüedad de sus confundidores. En este aspecto, Erasmo fue siempre una veleta un tanto oportunista, sumida en las coyunturas de cada día. Su “liberalismo” (permítaseme lo anacrónico del término) inunda buena parte de su producción. Frente a la rigidez escolástica y marmórea de la tradición tomista, él suministra un jarabe fluctuante entre el “diálogo” (léase las concesiones) y la falsa “tolerancia”. Erasmo condenó el protestantismo, sí, pero su condena no fue rotunda y categórica, puesto que alimentó el espíritu de la Bestia. La legión de actuales seguidores católicos de Erasmo (no confundir con el erasmismo español) parecen olvidar que desde su escritorio de erudito, este príncipe del humanismo germánico incubó un peligroso germen de confusión.

Erasmo se muestra muy crítico con los teólogos católicos y parece mostrarse favorable a una interpretación personal de la Biblia.

Es preciso situar a Erasmo en su contexto histórico, filosófico y teológico, para así aprehender la entraña profunda de su proceder, no siempre claro. Aunque la historiografía (desde Bataillon hasta la novísima generación) lo suele insertar en el denominado Humanismo Renacentista (es decir, el movimiento de los humanistas del Renacimiento, con su nueva concepción del hombre), los influjos heterodoxos en su pensamiento son palpables.

Los siglos XV y XVI son propicios para todo ello, generando en el contexto de la Cristiandad (Europa) un sinfín de filosofías “alternativas” con la mirada bien puesta en la Antigüedad clásica, rara vez no idealizada: no olvidemos el auge del platonismo renacentista, con figuras como Marsilio Ficino y Pico della Mirandola; o el impulso del aristotelismo, con otras de la talla de Pietro Pomponazzi o nuestro Ginés de Sepúlveda. La filosofía teosófico-naturalista de Paracelso, el realismo crudo de Maquiavelo o eventos posteriores como la filosofía de la naturaleza de Francis Bacon, el panteísmo de Giordano Bruno o la utopía política de Campanella, por citar algunos hitos heterodoxos, van a comenzar a descomponer el pavimento intelectual, generando unas grietas inequívocas que tendrán su más preocupante manifestación en la Reforma de Lutero. Desiderio Erasmo también participa de esta tendencia.

Al criticar la teología católica y favorecer el subjetivismo en la lectura de la Sagrada Escritura, el “moderado” de Rotterdam está pagando su tributo a las nuevas modas “progresistas”. No le saldrían “gratis” tales concesiones, puesto que en 1527 vería condenadas por la Sorbona hasta 32 proposiciones de sus Coloquios familiares. No se puede bailar con los católicos y los protestantes a la vez, y él, que bien podía ser más listo que la inmensa mayoría, no resultó ser desde luego el más listo de todos. El heresiarca Martín Lutero demostró mucha mayor eficacia que él en su Del servil arbitrio, brutal respuesta a la templada diatriba de Erasmo contra la teología protestante, una diatriba aquejada de todo tipo de concesiones a sus presuntos adversarios.

Los Lutero, los Calvino, los Zwinglio, los Knox, le deben a nuestro autor el favor de haber bajado al ruedo para mancillar la Verdad misma. O, como escribió nuestro Menéndez Pelayo a propósito de Erasmo, “insensata empresa [es] conciliar a Cristo con Belial”. Puede sonar exagerado, pero es así.

Él reivindica que los apóstoles eran gente simple, contraponiéndolos a la supuesta (según él) erudición de los teólogos católicos.

Es cierto que Erasmo abogaba no tanto por una reforma de la fe como de las costumbres, harto relajadas desde la crisis del siglo XIV. Pero incurría a menudo en una lectura demasiado textualista, al tiempo que subjetiva, de la Sagrada Escritura, añadiendo observaciones de nuevo cuño a su exégesis, no siempre ecuánime. Tiene, como casi todos los literatos, ideas demasiado prefijadas del pasado, que idealiza en su mente y remueve a placer. Su visión de los Apóstoles se parece en este sentido bastante a aquellas idílicas pinturas del Premio de Roma, coloristas y estereotipadas a la manera de Vien y Regnault, por las que transitaban los personajes de la mitología clásica con pomposa y teatral solemnidad.

Da muestra de un conocimiento de la cultura clásica… ¿Va en detrimento de la doctrina de la Iglesia hasta ese momento?

Depende de la lente con que se estudie la cultura clásica. Recordemos a San Basilio Magno, quien en su Discurso a los jóvenes sobre el modo de sacar provecho de la literatura griega, venía a decir que el estudio de los clásicos paganos era saludable siempre y cuando supieran separarse los pasajes que pudieran resultar moralmente útiles de aquellos privados de enseñanzas morales. En el caso de Erasmo, sin embargo, suele prevalecer la dimensión estética sobre los aspectos meramente morales. Y es que la formación de Erasmo era esencialmente clásica latina, con todo cuanto ello comportaba. Él se había formado con la lectura de las obras de Lorenzo Valla, el cual había editado importantes clásicos que pasaron por sus manos. Luego, su dominio del latín le llevó al estudio del griego. Así y todo, pese a su integral formación clásica, Erasmo nunca fue un purista como sí lo serían los epígonos del cenáculo del cardenal Pietro Bembo, quien sostenía que el único latín digno de ser así llamado era el de Cicerón. En respuesta a esto, El Ciceroniano de Erasmo es una defensa de “los otros” clásicos latinos. Este aperturismo da buena idea de la “tolerancia” de Erasmo, un tema que en un campo tan prolijo como el filológico, nunca resultará sospechoso.

¿La obra intelectual de Erasmo influyó en Lutero y demás herejes protestantes?

No tanto como se puede pensar. Erasmo meramente se limitó con sus controversias a atizar los leños ardientes de la herejía, desencadenando un debate doctrinal cuyas consecuencias ni él mismo hubiera podido imaginar. Luego lo lamentó, y mucho. La Diatriba sobre el libre albedrío, publicada en 1524, es la prueba más patente de esto. La intención es buena: responder en clave católica al violento hereje Lutero. Pero el resultado fracasa por su moderación, con esa tendencia templada a racionalizarlo todo por medio de procesos intelectuales ajenos al impulso de la Reforma, que era ante todo visceral y fogoso. La oposición de Erasmo a Lutero no fue total, sino parcial. Y es aquí donde reposa el problema.

La tesis central de Erasmo es que la ponzoña del pecado original no ha liquidado en el hombre la capacidad del bien, sino que la ha dejado dormida; lo contrario que Lutero, para quien la salvación sólo puede venir del rescate de Jesucristo. Es preciso, afirma Erasmo, el sacramento del Bautismo, para así vivificar esa naturaleza caída como paso previo al sendero de la virtud. Hasta aquí todo bien, pero Erasmo, mitad humanista y mitad teólogo, no fue capaz de resolver el problema más allá de una lectura libresca. Y es que el problema no era tanto de fondo como de forma: Erasmo no salió a defender la Cruz por medio de la espada, sino tibiamente a través de la pluma. Su fracaso participa del fracaso del proyecto moderno, que tiene en él uno de sus grandes precursores.

¿Su obra se puede considerar protestantizante?

En gran parte, sí. De haber nacido en el siglo XIX, Erasmo no andaría muy lejos de los Loisy, los Le Roy o los Tyrrell, es decir, participaría de la corriente modernista sin lugar a dudas, puesto que su espíritu ecléctico comportaba un cariz de “librepensador” (valga la expresión) que reblandecía el sustrato de la Tradición y el Magisterio de la Iglesia, anticipando el juicio subjetivo y la reflexión personal como elementos en juego. Si el protestantismo se define por ser una construcción intelectual estrictamente antropocéntrica en la que la Revelación es pasada (y triturada) por la procesadora de lo que podríamos llamar “libre examen de conciencia”, Erasmo contribuyó en buena medida a esto a través de sus más reputadas obras, como el Hyperaspistes: al intentar conciliar el catolicismo con el racionalismo, el espíritu libre de Erasmo termina por abrir una grieta ideal para que elementos ajenos a la doctrina católica comiencen a inmiscuirse en el cuerpo católico. De aquellos polvos, estos lodos.

Conclusiones: por todo lo dicho, ¿por qué no es un autor recomendable sino más bien heterodoxo?

Leído en el contexto actual, sobresaturado de neomodernismo en lo que a las llamadas letras católicas se refiere, Erasmo se nos antoja bastante más edificante que cualquier escritor de nuestros días. Su Enquiridión sigue siendo un excelente manual, lleno de recta doctrina, y resiste la comparación con la Introducción a la sabiduría de Vives. Pero en contrapartida, el “desperdicio” en materia teológica iguala el número de aciertos. Por eso es preciso leer a Erasmo (en cuanto católicos) “con los cinco sentidos”, bien alerta, sabiendo que es un literato de gran talla, pero no ese “gran-escritor-católico” como nos quieren hacer ver los modernistas.

A título personal, por supuesto que recomiendo la lectura de Erasmo, pero ante todo y sobre todo como lo que es: el más prominente de los humanistas renacentistas. De eso a pretender venderlo como gran modelo de escritor “católico” hay un abismo.

 

Javier Navascués Pérez

23 comentarios

  
Pedro Amate
!!! Que opine " la diosa Minerva " !!!
17/06/19 8:48 AM
  
Carlos Andrés
análisis acertado, 100%, que muchos no apreciarán por estar embebidos de ese MODERNISMO que comenta Bielsa y que hace a Eradmo cómplice de lav Reforma
17/06/19 9:38 AM
  
maru
En relación a que no era un.buen católico pero sí con cultura y formación en aquella época, comento lo que nos habia dicho un sacerdote ya fallecido, en una clase sobre la historia de la Iglesia: ''Erasmo de Rotterdam , no era santo, pero era listo. Lutero queria que abandonara la Iglesia y le decia ''deja la Iglesis, no ves que está llena de fallos''. Erasmo que no era santo pero era muy listo, le contestó: ''no dejaré nunca la Iglesia, porque siempre tengo la esperanza de que cambie a mejor y, mientras, me aguanta a mí y a mis pecados, que no es poco''
17/06/19 9:39 AM
  
Palas Atenea
Amate: ¿Se refiere a Palas Atenea? Pues, si me pide mi opinión le diré que Erasmo de Rotterdam fue un católico tibio, aunque católico. Hay una muy buena biografía de Stefan Zweig sobre él, que por no ser Zweig católico, se puede considerar neutral y, además, es un autor que trata a sus personajes con mucha humanidad, nunca les echa encima la caballería porque escribe "sin acritud", como diría Felipe González. La vida de Erasmo indica que tenía una extraordinaria habilidad para posicionarse, que se enfadaba mucho si no le publicaban esto o aquello y que su soberbia intelectual fue importante. Yo, como este autor, recomendaría su lectura porque da muchas claves de ciertas interpretaciones del Catolicismo bastante lights ya desde el Renacimiento. Lutero le daba mucha categoría y, por eso, hizo cuánto pudo por atraerlo pero no se sabe por qué no lo consiguió, dado lo timorato que era, es posible tanto que la cuestión del libre albedrío no la compatiera-o eso es lo que le dijo en una carta-o que no supiera el alcance que pudiera tener la Reforma y se inclinó por lo que le pareció más seguro. Fue un hombre inquieto, que anduvo de aquí para allí, y estuvo en Inglaterra en casa de su amigo Thomas More, pero, mientras que éste permaneció asentado y eso le costó la cabeza, Erasmo se pasó la vida huyendo de una ciudad a otra tratando de esquivar problemas.
Su peso intelectual fue mayor que el de ningún otro humanista católico y en España, en concreto, tuvo muchos seguidores.
17/06/19 9:52 AM
  
Ncc
Me ha encantado la entrevista. Sigo las publicaciones de Bielsa y he leído su reciente libro "Cómo sobrevivir al Nuevo Orden Mundial, un manual de trinchera " que por cierto, me ha encantado sobre todo por su estilo literario, muy alejado del inocuo y funcionalista estilo periodístico. Y sí, ya es hora de destapar el verdadero perfil de tantos encumbrados por el nefasto modernismo, como lo es Erasmo de Rotterdam
17/06/19 10:08 AM
  
Forestier
Sin poner en entredicho su cultura clásica, estoy de acuerdo que Erasmo era un "veleta" con excesivo afán de protagonismo, y su afectividad estaba más conexionada con la "buena imagen" de intelectual que la de un sacrificado defensor de la doctrina. Aunque en su diatriba contra Lutero, hay que reconoceer que intelectualmente supera a Lutero, y lo pone entre las cuerdas en el tema de la libertad, también es cierto que es demasiado tibio y no se atreve a dar una buena estocada. Pienso que un santo que le ayudó a no deslizarse hacia la heteredoxia, fue su amigo Tomás Moro.
17/06/19 10:11 AM
  
Titus
Muy bien en general
No es santo de mi devoción Erasmo
Entiendo las objeciones
17/06/19 10:15 AM
  
Palas Atenea
La prueba del 9 es la existencia de becas Erasmus dadas por la CE sin que nadie protestara. Ningún otro católico hubiera conseguido ese triunfo final de sus tesis si no apareciera ante los protestantes, e incluso ante los ateos, como un intelectual cuya carga de Catolicismo no incomoda. Un tipo sin patria, Stalin le hubiera llamado "cosmopolita desarraigado", y que hablaba con todo el mundo, se movía por los círculos más influyentes, tenía un ego como la catedral de Notre Dame, antes del desastre, y una habilidad terrible para no quemarse en las controversias con tirios y troyanos es un "nota", un triunfador, un listillo y, desde luego, un hombre interesante que merece la pena ser leído, pero mucho menos ser seguido. Thomas Moro es digno de imitación, Erasmo no. Es de esos tipos a los que se les puede decir: "ya te luciste suficiente en las sinagogas, ¿qué esperas más?"
17/06/19 10:54 AM
  
Pedro Amate
Tengo entendido que Palas Atenea era una diosa griega ,y la diosa Minerva era romana ; o se trataba de la misma. ? No lo sé ; eso seguramente lo sabrá usted mejor que yo . En cualquier caso enhorabuena ,señora Palas Atenea.!!! ; si se trata de la misma divinidad ,y se ha dado usted por aludida.

Un cordial saludo ,y de nuevo le doy mi más cordial enhorabuena.
17/06/19 11:03 AM
  
Palas Atenea
No se me haga el tontín, aquí no entra nadie con el nombre de Minerva y sabe muy bien que los dioses romanos eran una copia de los griegos, de manera que Diana corresponde a Artemisa y Minerva a Palas Atenea con lechuza incluida.
17/06/19 11:16 AM
  
Carlos Andreu
Eramo que fue sacerdote pero nunca ejerció de tal, estaba imbuido de la filosofia nominalista y de su voluntarismo , por lo que al criticar a Lutero lo hace con sus mismos argumentos (es bueno leer a Louis Bouyer, pastor luterano convertido al catolicismo, uno de los grandes teólogos del siglo XX). Llevamos casi dos siglos de decadencia filosófica. Queda lejos santo Tomás y San Alberto Magno. Aconsejo también el libro de Los pedagogos, (se hace publicidad en esta página web) que sitúa a Eramo como el origen de los pedagogos utópicos (poco enseño y menos a niños)
17/06/19 11:46 AM
  
Fernando Cavanillas
A Erasmo, a pesar de sus errores doctrinales, hay que estudiarle en el contexto de su época: La Iglesia del renacimiento estaba en una crisis muy profunda... no hay sino que observar las pinturas vaticanas de la época: puro paganismo clásico, desnudez, leyendas politeístas, etc.. además de una vida privada de papas, obispos y sacerdotes bastante escandalosa.

Esa situación de corrupción de la Iglesia durante el renacimiento y ese humanismo que sustituye al Teocentrismo provocaron una reacción. La más dolorosa y dañina fue el protestantismo (aparte de su importante aspecto político tenía también un factor religioso ante la relajación doctrinal y de costumbres del renacimiento). La mejor reacción fue la del Concilio de Trento, por cuyas maravillas la Iglesia se hizo más fuerte y más coherente que nunca.
17/06/19 12:12 PM
  
Luis López
Al leer a Erasmo se tiene la misma sensación que al leer a Montaigne. Dos hombres que se equivocaron de siglo al nacer.
17/06/19 12:38 PM
  
Jordi
"Que hable la diosa Minerva"... ¿Desde cuándo los ídolos de piedra hablan?

Comparto la entrevista. Erasmo en absoluto es recomendable, sino que es perjudicial, es puro veveno, para todo católico de cultura media actual, que tiende a la mediocridad. Por eso nunca ha sido un autor de referencia para el católico medio. Aconsejable sólo para católicos de cultura sólida, pues para los demás, no les servirá de nada ir con los 5 sentidos debido a sus propias ignorancias. Queda como un medrante de la época...
17/06/19 1:03 PM
  
Melonio
Erasmo fue íntimo amigo de Santo Tomás Moro. Le dedica el Elogio de la locura con un juego de palabras en griego. ¿Cómo debió vivir Erasmo la injustísima condena de Moro y su martiro a instigación del "gran rey humanista"? Julio de 1535 a julio de 1536, un año de reflexión, quizás amarga, que no sé si si se reflejó en alguna de sus obras.
17/06/19 5:11 PM
  
marcelo 2
San Ignacio de Loyola decía que la lectura de Erasmo le dejaba espiritualmente frío y por eso renunció a su lectura
17/06/19 6:09 PM
  
Palas Atenea
Según la biografía de Zweig la muerte de Moro lo descompuso bastante, porque, además, Erasmo debía de ser hipocondríaco y asustadizo.
17/06/19 7:10 PM
  
Maria Teresa Caridad
Me siento incapaz de leer a Erasmo ,prefiero leer a Jose Antonio Bielsa ,es mas ortodoxo
17/06/19 9:30 PM
  
sofia
De acuerdo con Cavanillas.
De lo demas saco la conclusion de q el adjetivo de moda es modernista.
Cualquier dia diran q San Pablo era modernista.
18/06/19 6:06 PM
  
Emilio
A la invitación de visitar España que le hizo el cardenal Cisneros, respondió con un escueto "non placet Hispania" a la que tenía por semita (para un antisemita como era él) o umbral de Africa (cuando España estaba sentando las bases del humanismo más acendrado preámbulo de nuestro Siglo de Oro, ya no digamos nada del nivel de las universidades de Alcalá y Salamanca.
Por cierto, ya que algunos habéis traído a colación la relación de amistad que le unía a santo Tomás Moro, ¿alguien sabe algo, si es que la hubo, sobre la reacción que tuvo al enterarse de su condena a muerte?. Yo, qué queréis que os diga, he leído la biografía de este santo y no veo esa amistad por ninguna parte, sólo cierta consideración a lo que se decía de este "insigne" personaje del que se podría esperar más; a mí me parece que tiraba la piedra y escondía la mano, un "erudito a la violette avant la lettre".
18/06/19 6:47 PM
  
Néstor
Leí el "Elogio de la Locura" y es realmente venenoso. Erasmo era incapaz para la verdad filosófica y teológica, su gran erudición no lo sacaba del plano de lo accidental.

Saludos cordiales.
18/06/19 7:49 PM
  
Palas Atenea
Yo no calificaría a Erasmo de modernista, era un humanista de su época con el cristocentrismo ya desplazado hacia un antropocentrismo, que al fin y al cabo es lo que significa "humanista". También lo fue Moro en su Utopía, pero las características personales de cada uno hicieron que Moro, finalmente, se plantara aunque le costara la vida y, cuando uno hace eso, deja bastante sentado que Dios está antes que los hombres. Además Moro es un hombre cuyas virtudes están claras porque tenía las cuatro cardinales en grado de excelencia y en Erasmo eso no se percibe a través de su vida, pudiera tener virtudes, no digo que no, pero no sabría explicarlas. En Moro la Prudencia, la Justicia, la Fortaleza y la Templanza pueden ser descritas por sus acciones, por algo dijo Chesterton que la cabeza de Tomás Moro era la perla arrojada en el lodazal inglés. Pero la UE no habría aceptado que las becas llevaran su nombre porque Erasmo le superaba en erudición y de eso se trata, de eso y de hacer poca pupa a nadie. Entonces Gran Bretaña estaba en UE y, al fin y al cabo, fue el Parlamento Inglés el que le sentenció a muerte: "Hanged, drawn and quartered​ ", al menos Moro se libró de lo primero cosa que no pasó con los siguientes. El hacha corta bien, la soga ahorca mal si se quieren dar los siguientes pasos antes de que el reo muera. No me extraña que a Erasmo no le llegara la camisa al cuerpo porque murió en Basilea y Calvino andaba por Ginebra y éste se las gastaba aún peor que el inglés.
18/06/19 11:01 PM
  
LUCHO
Para Emilio:
La amistad que unía a Erasmo y S Tomás Moro se ve nítida en su correspondencia privada. Se querían de veras. Erasmo visitó a su amigo en su casa de Londres en 2 ocasiones; en la primera vivía la primera mujer de Moro y en la segunda, tras enviudar, su postrera mujer. Santo Tomás admiraba y quería a Erasmo, ya antes de convertirse en el humanista más admirado de Europa en su tiempo. Cuando era joven me emocionó, leyendo esa correspondencia privada, cuando le recuerda Erasmo a Tomás Moro cómo lloraban de risa -literalmente- al leer juntos a Luciano de Samosata, el creador del diálogo satírico. Me emocionó porque yo también lloré de risa la primera vez que leí su "Diálogo de los dioses - Diálogo de los muertos". Y le dolió su ejecución, como resulta también de su numerosa correspondencia privada con otros personajes. Se dice de Erasmo que no fué un defensor de la fé como sí lo fué su amigo. Pero se olvida el contento en que Erasmo vino a este mundo. Era el hijo bastardo de un sacerdote católico. Él mismo cuenta cómo sin vocación se hizo sacerdote, aunque su extraordinaria fama como humanista hizo más tarde que el Papa le eximiera de sus obligaciones como sacerdote. Su condición de bastardo la compensó el Creador dándole un conocimiento prodigioso de la Antigüedad clásica. Y le hizo también el combatiente ganador del más grande combate intelectual que ha conocido la historia: su "libero arbitrio" contra el "servo arbitrio" de Lutero. A diferencia de éste, nunca abjuró de su condición de católico y ningún libro suyo fué retirado de la circulación por ser heterodoxo o presentar aroma a herejía. En su "elogio de la locura", una sátira extraordinaria donde se recogen las miserias de los clérigos de la época -desde diáconos hasta cardenales- no hace otra cosa que denunciar, en forma risible, la triste realidad de la Iglesia de la época gracias a la falta de santidad de sus clérigos. Su diferencia con Lutero -que le echó mil anzuelos para atraerlo a su causa, sin éxito- es que la triste realidad de la Iglesia nunca le alejó de ella. El autor de este artículo se pregunta qué pudo atraer el aprecio de Carlos V para con este personaje. Bueno, el Emperador no era como su hijo Felipe II, un auténtico tiquismiquis. Un hombre que era capaz de dictar a cinco secretarios en cinco lenguas diferentes a la vez, necesariamente tenía instinto suficiente como para apreciar la valía extraordinaria del pequeño gran holandés.
25/06/19 2:59 PM

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