La crisis arriana y la controversia actual sobre «Amoris laetitia»: un paralelo

En el caso de la herejía actual, que a causa del nombre de su exponente principal podemos llamar «kasperiana», hemos asistido a una lenta preparación, a partir de la segunda mitad del siglo XX. Se hizo pública y fue condenada en los documentos de Juan Pablo II

Las reflexiones que siguen derivan su origen de una coincidencia bastante curiosa. En los primeros días de abril de este año, en efecto, en la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Santiago de Chile se puso en movimiento un grupo de estudio sobre la controversia arriana.

En la primera reunión del grupo reflexionaron sobre la extraordinaria rapidez con la que la controversia suscitada por el presbítero alejandrino Arrio en el año 318 o 319 [d. C.], aparentemente reprimida con la condena de éste por parte de Alejandro (el obispo de la metrópoli), se difundió rápidamente en Palestina, y desde allí y en pocos años incendió todo el Oriente romano, obligando incluso al emperador Constantino a convocar un concilio ecuménico para resolverla. Aparentemente se trata sólo de un par de frases imprudentes sobre la relación del Hijo con el Padre, pero que pusieron al descubierto profundas diferencias doctrinales existentes en el episcopado, y desencadenaron una polémica evidentemente latente desde mucho tiempo atrás.

Ahora bien, justamente en esos mismos días de abril del 2016 se publicó la exhortación apostólica «Amoris laetitia», y poco tiempo después […] aparecieron las reacciones del cardenal Burke y las del cardenal Müller, y comenzó la polémica. No pasó mucho tiempo para comprender que el incendio que se estaba propagando rápidamente, justamente como en los tiempos de Arrio, era de vastas proporciones, a pesar de las modestas apariencias de basarse sólo en un par de notas imprudentes a pie de página, de las que el Papa afirmaba que ni siquiera las recordaba.

Me pareció entonces natural comenzar a hacer un parangón entre las dos crisis. […] En efecto, los dos momentos pueden ser vistos en analogía, porque en ambos casos muchos católicos perciben una intervención importante del magisterio como en conflicto con la doctrina anterior. Y además, en ambos casos se percibe un silencio ensordecedor de la jerarquía de la Iglesia Católica, naturalmente con sus excepciones.

En cuanto al contenido, las dos crisis son ciertamente diferentes. En el primer caso, el tema de la discordia es estrictamente teológico, referido al fundamento de la doctrina cristiana sobre el Dios uno y trino, mientras que en el segundo caso es teológico-moral, referido principalmente al tema del matrimonio.

Sin embargo, me parece que el elemento principal que acerca las dos crisis es el hecho que ambos afectan a un pilar del mensaje cristiano, que si es destruido el mensaje mismo pierde su fisonomía fundamental. […]

I. Paralelo entre las dos crisis, en los documentos doctrinales

Desde el punto de visto de los documentos doctrinales, el elemento paralelo que mayormente llama la atención es el carácter de ambigüedad presente en las fórmulas filo-arrianas de los años 357-360 d. C.

En efecto, […] la minoría filo-arriana, aun estando en el poder, no se arriesgó a proponer una posición que se opusiera muy claramente a la visión tradicional. No dice expresamente que el Hijo es inferior al Padre, sino que utiliza una expresión genérica, «semejante» al Padre, que podía prestarse a diversos grados de subordiacionismo. En síntesis, aun estando en el poder, la minoría filo-arriana intenta esconderse.

En modo análogo, la actual exhortación apostólica «Amoris laetitia», en el famoso capítulo VIII, no niega abiertamente la indisolubilidad del matrimonio, más bien la afirma explícitamente. Pero en la práctica niega las consecuencias necesarias que se derivan de la indisolubilidad matrimonial, pero lo hace a través de un discurso sinuoso y enrevesado, con formulaciones que abarcan una gama de posiciones diferentes, algunas más extremas, otras más moderadas.

Por ejemplo, dice que «en algunos casos» podría darse la «ayuda de los sacramentos» a las personas que viven en uniones «llamadas irregulares». No se dicen cuáles son estos casos, por eso a partir del texto pueden darse al menos cuatro interpretaciones, de las cuales las más restrictivas son obviamente incompatibles con las más amplias. Por claridad interpretativa, es entonces útil clasificarlas en base al distinto grado de amplitud, partiendo de la más restrictiva hasta la más extensa:

1. Sobre la base del principio de continuidad hermenéutica, la expresión «en algunos casos» debería interpretarse como referidos a los casos especificados en los documentos del magisterio vigente, como «Familiaris consortio», la cual dice que se puede dar la absolución y la comunión eucarística en esos casos en los que los convivientes prometen convivir como hermano y hermana.

Esta interpretación tiene desde ya un principio hermenéutico fundamental, el cual podría parecer irrefutable, pero esa interpretación está refutada por la nota 329, que afirma en forma explícita que justamente este comportamiento (es decir, la convivencia como hermano y hermana) sería potencialmente dañino, por eso hay que evitarlo.

2. «En algunos casos» puede interpretarse en sentido más amplio como referido a la certeza subjetiva de la nulidad del matrimonio anterior, suponiendo que por motivos particulares no es posible probarla en un tribunal.

En tales casos podría darse ciertamente que en el secreto de la conciencia no haya culpa en la nueva unión: esto podría ser visto, en el plano de la doctrina moral, en forma acorde con «Familiaris consortio». Pero se mantiene una diferencia fundamental en el plano eclesiológico: la Eucaristía es un acto sacramental, público, en el que no puede tomarse en consideración una realidad en sí misma invisible y públicamente incontrolable.

3.  «En algunos casos» puede interpretarse, más ampliamente todavía, como referido a una responsabilidad subjetiva menor o también nula, debido a ignorancia de la norma, o bien a la incapacidad de comprenderla; o también a una «fuerza mayor», en la que alguna circunstancia especial puede ser tan fuerte como para «forzar» a una convivencia «more uxorio», que entonces no constituiría culpa grave; más bien, incluso, según el documento, el abandono de la convivencia podría hacer incurrir en una culpa más grave.

Aquí tenemos ya serios problemas también de teología moral. Ignorancia e incapacidad de comprender pueden limitar efectivamente la responsabilidad personal, pero parece incongruente, por no decir contradictorio, invocarlas en este discurso, en el que se habla de un itinerario y de un discernimiento «acompañado», los cuales son procesos que precisamente deberían culminar en la superación de esa ignorancia e incapacidad de comprender.

En cuanto a la fuerza mayor, no es para nada obvio, más bien es contrario a toda la tradición y a importantes pronunciamientos dogmáticos que ella pueda justificar el no cumplimiento de la ley divina. Es verdad que no se puede excluir a priori que pueda haber circunstancias particulares, en las que la situación puede cambiar la especie moral de un acto externamente igual, también consciente y voluntario. Por ejemplo, el acto de sustraer un bien a alguien no puede configurarse como hurto, sino como acto de un pronto socorro a una persona o como un acto directo para evitar un mal mayor. Pero aun suponiendo, sin concederlo, que esto pueda aplicarse al adulterio, lo que aquí impide decididamente una justificación de este género es el carácter de permanencia del comportamiento objetivamente negativo: lo que es justificable en un momento puntual, de emergencia, no puede serlo en una situación estable, conscientemente elegida.

De todos modos, se mantiene firme también el principio eclesiológico por el cual en ningún caso puede hacerse mágicamente visible a nivel público lo que por su naturaleza pertenece al secreto de la conciencia.

4. En la interpretación más extendida de todas, «en algunos casos» puede ampliarse hasta incluir a todos esos casos – que son además esos casos reales, concretos y frecuentes que todos tenemos en mente – en los que se da un matrimonio poco feliz, que fracasa por una serie de malentendidos e incompatibilidades y a los cuales les sigue una convivencia feliz, estable en el tiempo, con fidelidad recíproca, etc. (cf. AL 298).

En estos casos, parecería que el resultado práctico, en particular la duración y la felicidad de la nueva unión contra la brevedad e infelicidad de la anterior, puede interpretarse como una especie de confirmación de la bondad y, en consecuencia, legitimidad de la nueva unión. En este contexto (AL 298) se silencia cualquier consideración sobre la validez del matrimonio anterior y sobre la incapacidad de comprender y sobre la fuerza mayor. Y en efecto, cuando poco más adelante (AL 300) se pasa a considerar el tipo de discernimiento que deberá hacerse en estos casos, resulta todavía más claro que los temas en discusión en el examen de conciencia y en el arrepentimiento respectivo no serán otros que el buen o mal comportamiento frente al fracaso matrimonial y el buen éxito de la nueva unión.

Es claro aquí que el «arrepentimiento» que hay que considerar no se refiere en absoluto a la nueva unión en presencia de una unión legítima anterior; por el contrario, se refiere al comportamiento durante la crisis anterior y las consecuencias (no mejor precisadas) de la nueva unión sobre la familia y sobre la comunidad.

Es entonces evidente que el documento intenta ir más allá, tanto de los casos en los que se tiene certeza subjetiva de la invalidez del vínculo anterior, como también de los casos de ignorancia, de dificultad para comprender y de fuerza mayor o de presunta imposibilidad de cumplir la ley.

Ahora bien, es suficientemente claro que si la medida válida para juzgar la licitud de la nueva unión es, en última instancia, su éxito práctico, su felicidad visible y empírica, contra el fracaso y la infelicidad del matrimonio anterior – licitud que obviamente se supone para recibir la absolución sacramental y la eucaristía –, la consecuencia inevitable es que ahora el matrimonio anterior es considerado implícitamente, y también públicamente, sin efecto y, en consecuencia, disuelto: es decir, el matrimonio es disoluble. De este modo, en la Iglesia Católica se introduce de hecho el divorcio, mientras que se continúa afirmando de palabra su indisolubilidad.

Es también suficientemente claro que si el éxito del nuevo matrimonio basta para establecer su licitud, esto incluye la justificación prácticamente de todos los casos de nueva unión. En efecto, si se tuviera que demostrar que la nueva unión carece de éxito, no subsistirá el estímulo para justificarla y se pasará más bien a una unión ulterior, en la esperanza de un éxito mayor. Ahora bien, ésta y no otra es precisamente la lógica del divorcio.

De esto se puede luego deducir que la discusión sobre casos que podríamos llamar «intermedios», esto es, los situados entre la posición tradicional y la más amplia – que como hemos mostrado incluye de hecho todos los casos –, si por una parte permite a muchos, más moderados, reconocerse en una u otra gradación y, en consecuencia, puede tener un valor «tranquilizador», por el contrario, desde el punto de vista práctico termina por ser muy poco relevante. En efecto, en esencia y en líneas generales, el documento otorga carta blanca para resolver la gran mayoría de las situaciones reales con un criterio mucho más simple y en línea con la mentalidad dominante en nuestra civilización: en una palabra, está perfectamente en línea con la ideología del divorcio.

*

Volviendo a nuestro paralelo, todo esto recuerda muy de cerca la política del emperador Constancio, al buscar una expresión suficientemente genérica que se propusiera mantener contentas a muchas posiciones diferentes. En la controversia arriana, el carácter genérico de la expresión «semejante al Padre según las Escrituras» encuentra una perfecta confirmación en el carácter genérico de la expresión «en algunos casos» que encontramos en «Amoris laetitia». En teoría, se lo puede reconocer en casi todas las posiciones.

En consecuencia, las situaciones resultan análogas también en cuanto al resultado práctico. De la misma manera que casi todo el episcopado del imperio aceptó la fórmula de Rímini-Constantinopla del 359-60 d. C., así también hoy la abrumadora mayoría del episcopado ha aceptado sin quejarse el nuevo documento, aún sabiendo que esto legitima de hecho una serie de posiciones incompatibles entre ellas, algunas de las cuales es manifiestamente herética.

Hoy en día muchos obispos y teólogos calman su propia conciencia afirmando, tanto en público como a sí mismos, que decir que «en ciertos casos» los divorciados que se han vuelto a casar pueden recibir los sacramentos no es de por sí erróneo y puede interpretarse, en una hermenéutica de la continuidad, como en línea con el magisterio anterior. Justamente de la misma manera los antiguos obispos pensaban que no era de por sí erróneo decir que «el Hijo es semejante al Padre según las Escrituras».

Pero en ambos casos, si bien en una y en otra fórmula tomada aisladamente se puede reconocer una amplia gama de posiciones, en el contexto de los respectivos documentos es muy claro que la posición ortodoxa, verdaderamente en línea con el magisterio anterior, es precisamente la que es netamente excluida. […]

En el caso de Amoris laetitia, esto se lleva a cabo:

- con la negación de la formulación de «Familiaris consortio» sobre la abstención de la convivencia «more uxorio» como condición del acceso a los sacramentos;

- con la eliminación de los límites netos anteriores entre certeza de la conciencia y normas eclesiológicas sacramentales;

- con la instrumentalización de los preceptos evangélicos de la misericordia y del no juzgar, usados para sostener que en la Iglesia no sería posible la aplicación de censuras generales a determinados comportamientos objetivamente ilícitos;

- y por último, aunque no menos importante, censurando duramente a quienes tuvieran la «mezquina» y «farisaica» pretensión de invocar normas jurídicas precisas para juzgar cualquier caso individual, que por el contrario debe ser rigurosamente dejado al discernimiento y al acompañamiento personal.

De este modo, aún con la buena voluntad de respetar un principio hermenéutico ciertamente válido – el de la continuidad con los documentos anteriores -, se corre el riesgo de olvidar otro principio todavía más importante y evidente: el del contexto inmediato en el que se formula una proposición.

Si se leen las afirmaciones particulares de Amoris laetitia no aisladamente, sino en su contexto, y el documento a su vez es leído en su contexto histórico inmediato, se descubre fácilmente que la «mens» general que lo guía es esencialmente la idea del divorcio, además de la idea hoy difundida de no plantear límites claros entre un matrimonio ilegítimo y una unión irregular. […]

II. Paralelo entre las dos crisis, en el desarrollo histórico

También se puede advertir un paralelo evidente desde el punto de vista del desarrollo histórico de la herejía arriana. Se asiste a su preparación durante la segunda mitad del siglo tercero; al hacerse pública, es condenada por el Concilio de Nicea, pero en Oriente, por el contrario, recibe un rechazo generalizado. Sin embargo, el rechazo de Nicea es más moderado en una primera fase, y el arrianismo verdadero y genuino es tolerado solamente como un mal menor, pero poco a poco esta tolerancia le permite retomar vigor, hasta que dadas las favorables circunstancias políticas llega al poder. Una vez alcanzado éste, siente sin embargo la necesidad de enmascararse: no se expresa en forma franca y directa, sino en una forma indirecta, apoyándose sobre la presión y la intimidación pública. Pero el hecho mismo de imponerse, aun cuando el arrianismo era una minoría, sobre una mayoría cobarde e indecisa, lo expone de todos modos a una refutación mucho más fuerte y clara por parte del sector más ortodoxo y consciente del episcopado que prepara, en forma gradual pero inexorable, la derrota definitiva en las dos décadas que siguen.

Análogamente, en el caso de la herejía actual, que a causa del nombre de su exponente principal podemos llamar «kasperiana», hemos asistido a una lenta preparación, a partir de la segunda mitad del siglo XX. Se hizo pública y fue condenada en los documentos de Juan Pablo II (sobre todo en «Veritatis splendor» y «Familiaris consortio»). Pero desde un sector del episcopado y de la teología culta estos documentos fueron rechazados en forma más o menos abierta y radical, y la praxis ortodoxa fue omitida en amplias e importantes zonas de la catolicidad. Este rechazo fue tolerado ampliamente, tanto a nivel teórico como práctico, y desde allí adquirió fuerza, hasta que, dadas las circunstancias favorables, políticas y eclesiásticas, llegó al poder. Pero a pesar de haber alcanzado el poder, el error no se expresa en forma franca y directa, sino más bien a través de las no del todo claras actividades sinodales (2014-2015), y desemboca luego en un documento apostólico ejemplar por su tortuosidad. Pero el hecho mismo de haber llegado a aparecer en un documento magisterial suscita una indignación moral y una reacción intelectual mucho más fuerte y dinámica, y obliga a todo aquél que tiene los instrumentos intelectuales a repensar la doctrina ortodoxa, por una formulación todavía más profunda y clara de su parte, para preparar una condena definitiva no sólo del error puntual examinado, sino también de todos los errores vinculados a él, que llegan a incidir sobre toda la doctrina sacramental y moral de la Iglesia. Además permite, y esto no es poco, poner a prueba, reconocer y también reunir a los que adhieren verdadera y sólidamente al depósito de la fe.

Podemos decir que ésta es justamente la fase en la que nos encontramos en este momento. Recién ha comenzado y se preanuncia no privada de obstáculos. No podemos prever cuánto durará, pero debemos tener la certeza de la fe que Dios no permitiría esta gravísima crisis si no fuese para un bien superior de las almas. Será ciertamente el Espíritu Santo el que nos dé la solución, iluminando a este Papa o a su sucesor, quizás también a través de la convocatoria a un nuevo concilio ecuménico. Pero entre tanto, cada uno de nosotros está llamado, en la humildad y en la oración, a dar su testimonio y su contribución. Y a cada uno de nosotros ciertamente el Señor nos pedirá cuentas.

Claudio Pierantoni

Publicado originalmente en el blog de Sandro Magister (extracto del artículo original)

Texto completo en italiano

Texto completo en inglés

28 comentarios

Manuel Morillo
Si de verdad la herejía fuera solo "kasperiana" ni hubiese sido nombrado cardenal ni hubiera tenido y retenido esos títulos
Me parece cobarde llamarle una herejía "kasperiana" cuando le nombraron obispo sabiendo que había sido colaborador de Leo Scheffczyk y Hans Küng y esto ocurría en 1989 por JPII que no le debió parecer malo cuando lo hizo cardenal en 2001
Y no debe de disentir mucho del Papa cuando no solo le mantiene sino le amplia sus cargos y responsabilidadades que no son menores
Miembro de:
Congregaciones: para la Doctrina de la Fe, para las Iglesias Orientales
Consejos Pontificios: para la Cultura, para los Textos Legislativos, para el Diálogo Interreligioso
Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica
XII Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos
Consejo Especial para el Líbano de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos
El 3 de marzo de 2001 fue nombrado presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos.
Es presidente emérito del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos desde el 1 de julio de 2010.

Si de verdad la herejía fuera solo "kasperiana" ni hubiese sido nombrado cardenal ni hubiera tenido y retenido esos títulos
29/11/16 2:33 PM
Carolina de Argentina
¡Excelente artículo! Felicito al autor por la lucidez y claridad al tratar el tema y, sobre todo, por la espléndida relación de las dos herejías. ¡Adelante y ánimo! Lo insto a seguir escribiendo
29/11/16 2:53 PM
Néstor
¡Amén! ¡Excelente!

Saludos cordiales.
29/11/16 6:34 PM
Joaquín
Pero este artículo omite un pequeño detalle fundamental: que la Familiaris Consortio ya supuso una ruptura radical con la disciplina anterior (que preveía la exclusión absoluta de los sacramentos para el divorciado recasado, tanto si vivía en continencia como si no). También omite que el mismísimo Joseph Ratzinger defendió una solución semejante antes de ser nombrado prefecto de la CDF. O el caso que citaba ayer en Madrid monseñor Pío Vinto, a saber, que aplicando estrictamente la normativa, un divorciado que viva en pecado con su nueva pareja puede comulgar, pero si se casa civilmente con ella, no puede. ¡No todo es blanco o negro, por desagradable que os resulte leer eso!

Y no, la situación actual no tiene NADA que ver con la controversia arriana.
29/11/16 6:50 PM
vicente
no es ambiguo...........
29/11/16 8:37 PM
David
Joaquín, no digas chorradas. ¿Cómo iba a suponer una ruptura radical que se ofreciera a los adúlteros que dejara de vivir en adulterio para poder comulgar?

Y lo de Ratzinger lo quitó él mismo de sus escritos.

No tenéis vergüenza los defensores de la profanación de nuestro Señor sacramentado. No tenéis vergüenza.
29/11/16 10:22 PM
Hermenegildo
Concuerdo con casi todo el artículo de Pierantoni menos con la posible solución que plantea: un Concilio Ecuménico. Convocar ahora un Concilio en la Iglesia supondría dar rienda suelta a unas fuerzas descontroladas. Por otra parte, no veo la necesidad de este Concilio cuando el Magisterio sobre la cuestión anterior a "Amoris laetitia" está meridianamente claro.
30/11/16 12:13 AM
Mario
La herejía arriana no puede compararse, ni de lejos, con la controversia sobre AL. La temática de la primera pertenece al derecho divino y la segunda al derecho natural pudiendo ser asumida sin conocer la Revelación. Creo que saca usted conclusiones absolutas y erróneas de afirmaciones parciales de la exhortación. No puede afirmar que la 4ª interpretación no exija el cumplimiento de alguna de las anteriores. Es el problema de la disección de un texto que ha sido escrito con un único espíritu -abrir puertas-

a) "certeza subjetiva de la nulidad del matrimonio anterior, suponiendo que por motivos particulares no es posible probarla (...) la Eucaristía es un acto sacramental, público...". (AL 299) dice -evitando cualquier ocasión de escándalo-
b) "afirma en forma explícita que justamente este comportamiento (es decir, la convivencia como hermano y hermana) sería potencialmente dañino, por eso hay que evitarlo.". Esto no lo dice AL.
c) "«forzar» a una convivencia «more uxorio» cuando dice, según el documento, el abandono de la convivencia podría hacer incurrir en una culpa más grave.". Lo primero no lo dice, lo segundo sí.
d) "En este contexto (AL 298) se silencia cualquier consideración sobre la validez del matrimonio anterior y sobre la incapacidad de comprender y sobre la fuerza mayor." AL dice -nuevas culpas-, -obligación de la separación-, -abandono injusto-, -el precedente (...) nunca válido-

No se preocupe por AL ni por los cardenales de uno y otro lado de la ban
30/11/16 12:15 AM
Mateo
Muchas gracias profesor Pierantoni por la gran labor que viene realizando en este grave momento de la vida de la Iglesia en que afrontamos decisiones papales que colapsan los sacramentos del matrimonio, la eucaristía y la penitencia, y que suponen un desafío a mandamientos divinos.

El documento que Vd. firmó el pasado mes de julio junto a otros 44 profesores y sacerdotes, enviado a los cardenales con la petición de que soliciten al papa Francisco «la condena de las herejías y errores contenidos en Amoris Laetitia», es un documento fundamentado y riguroso. Y este ensayo sobre el paralelismo de la crisis actual y la crisis arriana es sumamente lúcido, e ilumina el camino a seguir. Ciertamente estamos en la fase que señala de poner a prueba, reconocer y reunir a los que se adhieren verdadera y sólidamente al depósito de la fe, que será sin duda de grandes obstáculos.

Coincido también en que cada uno de nosotros está llamado, primero a orar, pero también desde nuestra humildad a dar nuestro testimonio y contribución en la defensa de la Fe Católica.
30/11/16 3:18 AM
Pepito
Gracias profesor Piernatoni por no temblarle el pulso y calificar sin rodeos de herejía kasperiana a esa novedosa vía pseudo doctrinal y pastoral, avalada para más inri por el mismísimo Papa Francisco en su carta aprobatoria a los obispos de Buenos Aires, que permite comulgar en algunos casos a los que viven en situación objetiva de adulterio.

Si la mancha de la herejía kasperiana sigue extendiéndose, tendremos que hacer un mapa eclesial en el que se detallen las diócesis que han sucumbido a tal herejía y las que aún por gracia de Dios permanecen fieles a la vera doctrina.

Digo yo que si a los adúlteros se les puede dar la absolución en el sacramento de la penitencia y permitirles comulgar aunque tengan el propósito de seguir cometiendo adulterio, ¿porqué no también absolver y permitir comulgar a los pederastas aunque tengan el propósito de seguir abusando sexualmente de menores, o a los violadores aunque tengan el propósito de seguir violando mujeres, o a los que roban aunque tengan el propósito de seguir robando, etc.?
30/11/16 11:34 AM
José Egido
Me parece que ustedes, los integristas, hacen un flaco servicio a la fe cristiana y católica. Sus argumentos teológicos suenan a un neoescolasticismo decimononico felizmente superado y su vision intelectualista de la fe no incorpora la inspiración bíblica y cristológica que debe autentificar cualquier proclamación de fe cristiana. Quienes leemos los escritos del Papa Francisco con satisfacción y devoción encontramos en la base de ellos, no la repetición de un dogma frío e intemporal ni la simple aplicación de un precepto canónico, sino un auténtico deseo de seguir e imitar a Jesucristo y una fe actuante en el Dios del amor.
30/11/16 12:31 PM
Juan Andrés
El señor José Egido es paradigma del blablaísmo sentimentaloide pos moderno protestantizante. Mucho palabrerío para no decir absolutamente nada sustancial y argumentativo con base en la Revelación, Tradición y Magisterio perennes de la Iglesia.
30/11/16 2:16 PM
Mateo
A José Egido

La gran característica del papa Francisco es que confirma a todos en lo que piensan o hacen, inclusive el permanecer en el pecado a costa de su salvación, y por eso es tan apreciado por el mundo. Lo que no hace es confirmar en la Fe a sus hermanos, que es la misión de Pedro.

Y ya sabe no ofende el que quiere. Puede indicarme en que pasaje del Evangelio, NS Jesucristo dice a los pecadores ¿vete y sigue pecando?

Es un grave problema vivir auto engañado. Estamos en Adviento, las lecturas de estos días nos llaman con San Pablo a despertar del sueño, salir de las tinieblas y buscar la luz (Rom 13, 11-12). Se lo deseo fraternalmente.
30/11/16 2:48 PM
Josué
Hace muy poco tiempo en este lugar y otros como él, la más leve disensión del magisterio papal, ya fuera ordinario o extraordinario, se consideraba una herejía execrable. Hoy se ve a las claras que la esa "fidelidad"a la Iglesia, y al Santo Padre que la representa, no era tal. Solo era apoyarse en la autoridad para defender una visión del cristianismo que no es dogmática como creen, y cuya única salida es el ghetto. ¿No era la obediencia a la Tradición y a quien la personifica la base de todo?.¿Quien va a crear un nuevo "cisma arriano "?¿El papa, como parece sugerir el articulo? ¿Qué barbaridad es esa? Hermanos "integristas" por favor, recen, sometanse a su Papa y obispos y, si pueden, estudien, estudien un poco más de teologia (lo digo con amor y sin ninguna acritud). Por lo demás, algunas de las expresiones aquí vertidas contra el Santo Padre me parecen simplemente escandalosas. En el sentido evangélico.
30/11/16 4:43 PM
Lostrego
Egido, No utilice adjetivos descalificativos, use argumentos, es lo que daría credibilidad a sus ideas.
30/11/16 5:40 PM
Luis Fernando
Josué, si usted desconoce la fe católica sobre el papado, no es culpa nuestra. Le informo sobre cuál es la relación entre Tradición y autoridad pontificia. Cita de un texto oficial publicado en la web del Vaticano.

Autor: Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe
Fecha 30 de septiembre de 1988

El Papa no es en ningún caso un monarca absoluto, cuya voluntad tenga valor de ley. Él es la voz de la Tradición; y sólo a partir de ella se funda su autoridad.

¿Lo capta?
30/11/16 6:03 PM
Mateo
Santo Tomás Cayetano (1469-1534), dominico, cardenal, teólogo. Fue legado pontificio en Alemania, pero no logró convencer a Lutero de abandonar sus propósitos de cisma, y ayudó al papa León X a redactar la bula Exsurge Domine, dirigida a contrarrestar la reforma luterana.

Manifestó que el axioma “Ubi Petrus, ibi Ecclesia” (Donde está Pedro, está la Iglesia):
« Es válido sólo cuando actúa y se comporta como un Papa, porque “Pedro está sujeto a los deberes del Oficio”, de otra manera, “ni la Iglesia está en él, ni él está en la Iglesia” ».
30/11/16 7:12 PM
José María Iraburu
LAPSUS DE "MATEO"

Tomás Cayetano o Tomás de Vio (Gaeta, 1469 - Roma, 1534), conocido como el Cardenal Cayetano o Gaetano, que yo sepa, no es "santo".
30/11/16 9:04 PM
carmelo
Excelente post. La ambigüedad siembra destrucción como la ideología de género que contradice a Dios que dice “hombre y mujer”, la ideología del divorcio propone: fiel en su segunda relación-estabilidad en el tiempo, burla eso: “una sola carne” Gn 2,18-25 como Dios manda y legaliza “revolturas de muchas carnes”, bigamia y sustituye la institución familiar dejándola sin fin, ni razón, queda a intemperie y existiendo un sacramento valido genera otro falseando el valido. Eso supera en cierto modo cualquier debate teológico ya que trastoca la realidad humana concreta que adopta rápidamente los errores ahora legalizados.
Ese mal alcahuetear el adulterio no es más que el mal consentido en el corazón. Este postulado deja al descubierto su ENVIDIA a Dios y a los demás que luchan por sostener una la familia, envidian esa voluntad que les sujeta a la divina que prefieren se signo de contradiccion para sabios. La envidia engendra los males más profundos de una sociedad, este pecado paraliza y ridiculiza la virtud de la templanza y termina odiándola y busca destruirla, no ve que es necesaria para Amar y ser Casto y Fiel y Puro como un niño. La pastoral (AL307) que proponen estos es falseando al buen pastor ya q este las toma y las lanza confundidas al corral con los lobos. Estos mercenarios le llaman pastoral del “fracaso a la familia original” lo cual es deplorable y que para mí es emboscada de sicarios, afirma una pastoral de consolidación que la lógica del divorcio. Solo Dios puede D
30/11/16 9:58 PM
Mateo
Efectivamente, P. Iraburu, ha sido un lapsus, pero ¡santo! Sorry.
30/11/16 11:28 PM
Ramona
En momemento como estos que gran paz trae al corazon leer a JosemariaEscriva o STA.Catalina de Siena: el AMADO PAPA NO ES INFALIBLE CUANDO NO HABLA EX-CATEDRA pero considerar todo lo que dice y hace una herejia ya es otra cosa..

Soy católica no porque idolatro sino porque me lleva a querer tiernamente al Papa, il dolce Cristo in terra como gustaba repetir Santa Catalina de Siena. (Amar a la Iglesia, 28)

Para tantos momentos de la historia, que el diablo se encarga de repetir, me parecía una consideración muy acertada aquella que me escribías sobre lealtad: "llevo todo el día en el corazón, en la cabeza y en los labios una jaculatoria: ¡Roma!". (Surco, 344)

Acoge la palabra del Papa, con una adhesión religiosa, humilde, interna y eficaz: ¡hazle eco!
Nuestra Santa Madre la Iglesia, en magnífica extensión de amor, va esparciendo la semilla del Evangelio por todo el mundo. Desde Roma a la periferia. Al colaborar tú en esa expansión, por el orbe entero, lleva la periferia al Papa, para que la tierra toda sea un solo rebaño y un solo Pastor: ¡un solo apostolado! (Forja, 638)
Cada día has de crecer en lealtad a la Iglesia, al Papa, a la Santa Sede... Con un amor siempre más ¡teológico! (Surco, 353)

La fidelidad al Romano Pontífice implica una obligación clara y determinada: la de conocer el pensamiento del Papa, manifestado en Encíclicas o en otros documentos, haciendo cuanto esté de nuestra parte para que todos los católicos atiendan al magisterio del Padre Sa
1/12/16 9:28 PM
Ramona
Tal vez ni publiquen..pero por si acaso....muchos catolicos "ignorantes",sin tanta "cultura teologica" pero con un gran amor a la Iglesia ,nos unimos con .. Benedicto XVI

“Mi única y última tarea es sostener con la oración el pontificado de Francisco”, Y JUNTAMENTE A JMESCRIVA:Ofrecer la oración, la expiación y la acción por esta finalidad: «ut sint unum!» –para que todos los cristianos tengamos una misma voluntad, un mismo corazón, un mismo espíritu: para que «omnes cum Petro ad Iesum per Mariam!» –que todos, bien unidos al Papa, vayamos a Jesús, por María.
Forja, 647
1/12/16 9:40 PM
Luis Fernando
Ramona, Honorio fue Papa e incurrió en la herejía monotelita. Juan XXII fue Papa y heterodoxo en cuanto a la visión beatífica. Y la Iglesia no acogió sus errores doctrinales. No suele ocurrir pero a veces pasa.
1/12/16 9:51 PM
Ramona
L.F:Mientras nuestra amada IGLESIA
en su poder de columna y fundamento de la verdad no se pronuncie y declare que nuestro Papa es un hereje..el sigue siendo EL DOLCE CRISTO EN TIERRA.como Dice SANTA CATALINA DE SIENA...y como católicos nos unimos a la única tarea de BENEDICTO XVI de sostener al PAPA CON NUESTRAS ORACIONES...
2/12/16 4:39 AM
carmelo
Ramona, muy bonito todo pero anular la razon del otro es mandar, no es servir. Lo puntual es el cap VIII.
S. Tomas ayuda a profundisar en la obediencia ilicita, la falsa obediencia que antepone los fines personales a los celestiales.
nos dice: "Siempre queda descartada la llamada “obediencia ilícita”.
el espíritu de Santo Tomás, enseña que la "obediencia es virtud moral y ha de estar imperada por la Caridad, sin la cual pierde el carácter de virtud.
El santo postula "que no se puede obedecer en caso de manifiesto mal moral".
Lo dice sabiendo que el "fin no justifica los medios" y la mala intencion o vicio en los actos que le preceden contamina el resultado. El acto moral debe ser iluminado siempre, debe ser genuino e inspirado.
STomas da ejemplo: "Sería el caso de una autoridad que obligara a cometer pecado (mal concejo o permitir anidar el mal moral anti mandamiento), Allí se aplicaría el principio expresado en el libro de los Hechos: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres (Hch 5,29)." Los santos en su tiempo han sido signo de contradiccion dentro y fuera de la Iglesia porque son destellos de Luz divina que alcanza nuestra penumbre. Su obediencia es al servicio fiel e integro del evangelio.
2/12/16 4:44 AM
Luis Fernando
Ramona, desde luego hay que orar por el Papa siempre. Eso nadie lo niega. Pero Pedro también era nuestro dulce Cristo en la tierra y San Pablo no tuvo el menor problema en decirle las cosas claras (Gal 2,11). Y cuando, en el siglo II, el papa Víctor quiso excomulgar a las comunidades joaninas por la fecha de la Pascua, toda la Iglesia le pidió que no lo hiciera. Y cuando el papa Zósimo rehabilitó al hereje Pelagio, todos los obispos del Norte de África, con San Agustín entre ellos, le pidieron que rectificara.

Es decir, esa idea de que como el Papa es el Vicario de Cristo, hay que decir sí y amén a TODO lo que diga o haga, no es católica.
2/12/16 7:45 AM
Hortensia
No creo que Mons. Escrivá ,que era buen teólogo ,dijera Amén al C. Kasper y fuera obsecuente como algunos de sus hijos.
Pasemos esto al plano de la familia doméstica. Un buen hijo ayuda a su padre a no caer en el error. Porque AMAR es buscar el bien del otro y no caer con él en el precipicio.
10/12/16 4:24 PM
antonio
!!!. No podemos prever cuánto durará, pero debemos tener la certeza de la fe que Dios no permitiría esta gravísima crisis si no fuese para un bien superior de las almas. Será ciertamente el Espíritu Santo el que nos dé la solución, iluminando a este Papa o a su sucesor, quizás también a través de la convocatoria a un nuevo concilio ecuménico. Pero entre tanto, cada uno de nosotros está llamado, en la humildad y en la oración, a dar su testimonio y su contribución. Y a cada uno de nosotros ciertamente el Señor nos pedirá cuentas.!!!!!
Espero que sea al Santo Padre, porque las peleas, entre obispos y aín fieles, como las describe el estimado Jordi, son notables.
Que Claridad la de Jordi el grupusculo que el Describe está dominado por Haring,el enemigo profetizado por San Pablo 2 carta a Timoteo
. No podemos prever cuánto durará, pero debemos tener la certeza de la fe que Dios no permitiría esta gravísima crisis si no fuese para un bien superior de las almas. Será ciertamente el Espíritu Santo el que nos dé la solución, iluminando a este Papa o a su sucesor, quizás también a través de la convocatoria a un nuevo concilio ecuménico. Pero entre tanto, cada uno de nosotros está llamado, en la humildad y en la oración, a dar su testimonio y su contribución. Y a cada uno de nosotros ciertamente el Señor nos pedirá cuentas.vuelvo a insistir que sus amigos de la Argentina le adviertan del riesgo.previsto por Jordi en Infocatólica, en el blog de Bruno Moreno, el enemigo Haring, profet
11/12/16 5:19 PM

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