Cuando la Iglesia entrega las llaves
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Cuando la Iglesia entrega las llaves

El pacto entre Salvador Illa y Joan Planellas sobre vivienda social plantea un debate incómodo sobre subsidiariedad, poder y fidelidad a la misión eclesial. Una decisión presentada como solidaria puede marcar un antes y un después. ¿Es cooperación legítima o cesión estructural al Estado?

La primera decisión relevante del presidente Salvador Illa tras su reaparición pública ha sido la firma de un protocolo con el arzobispo de Tarragona y presidente de la Conferencia Episcopal Tarraconense, Joan Planellas, para la cesión de suelo e inmuebles eclesiásticos destinados a vivienda social. Según lo que se ha hecho público, se trata de una cesión de uso de larga duración --entre 30 y 75 años-- para que la Generalitat rehabilite o construya viviendas que posteriormente serán gestionadas dentro del sistema público o concertado.

El instrumento escogido, el protocolo, tiene valor jurídico contractual privado, vinculante para las partes firmantes bajo el principio de autonomía de la voluntad (art. 1255 Código Civil español). Tiene eficacia interna: Obliga a cumplir cesiones y colaboración; el incumplimiento permite acciones judiciales civiles (ejecución forzosa, indemnizaciones). Pero para la plena ejecución, se necesitarán autorizaciones eclesiásticas, licencias urbanísticas y posiblemente inscripciones registrales, y en esto y por la naturaleza de los bienes diocesanos, la Tarraconense no tiene un estatuto jurídico de titularidad sobre ellos, puede dar pie a numerosas discrepancias y litigios dado el carácter polémico del acuerdo por insólito y extraño.

 

En apariencia, la iniciativa puede presentarse como respuesta solidaria a la emergencia habitacional. Sin embargo, un análisis riguroso desde la Doctrina Social de la Iglesia revela que no nos encontramos ante un simple acto de caridad institucional, sino ante una decisión que plantea cuestiones de gran profundidad doctrinal, eclesiología y social. El problema no es el fin --proporcionar vivienda a los más vulnerables-- sino el modelo institucional adoptado para conseguirlo.

La inversión del principio de subsidiariedad

El primer elemento crítico es la vulneración práctica del principio de subsidiariedad, una de las piedras angulares de la Doctrina Social de la Iglesia. Formulado con claridad en Quadragesimo anno y reiterado posteriormente en Centesimus annus, este principio establece que las instancias superiores no deben absorber las funciones que pueden desempeñar las instancias inferiores, sino ayudarlas y reforzarlas.

Sin embargo, en este caso el mecanismo opera a la inversa: la Iglesia aporta el patrimonio, mientras que el Estado asume la planificación, la ejecución y la gestión. Esto convierte a la institución eclesial en un mero proveedor de recursos materiales, mientras que el protagonismo social recae exclusivamente en el poder público. No es el Estado quien refuerza la capacidad de acción de la sociedad civil eclesial, sino la institución eclesial quien refuerza el poder operativo del Estado.

Esta inversión es grave, porque la subsidiariedad no es solo un criterio técnico de organización, sino una exigencia moral vinculada a la dignidad de las personas y cuerpos intermedios. Cuando el Estado sustituye a la sociedad civil en lugar de sostenerla, se produce una desresponsabilización social y una concentración de poder que empobrece al tejido comunitario.

La naturaleza fiduciaria del patrimonio eclesial

El segundo elemento fundamental es la propia naturaleza de los bienes eclesiales. Éstos no son propiedad de los obispos en sentido pleno, ni patrimonio disponible sin condicionantes morales. Proceden, en su inmensa mayoría, de donaciones, legados y aportaciones de los fieles, realizadas con una finalidad explícitamente eclesial: el culto, caridad y misión pastoral.

Esto confiere a estos bienes una naturaleza fiduciaria. Los obispos no son propietarios soberanos, sino administradores de un patrimonio que han recibido para servir la misión de la Iglesia. Esta misión incluye, ciertamente, el servicio a los pobres, pero no implica necesariamente la transferencia estructural de este patrimonio al poder público para que este lo gestione según criterios políticos contingentes.

La cesión de uso durante décadas equivale, en términos prácticos, a una enajenación funcional. Aunque la titularidad jurídica se mantenga formalmente en manos eclesiales, el control real y la capacidad de decisión pasan al Estado. Esto altera sustancialmente la relación entre el patrimonio y su finalidad originaria.

El riesgo de debilitamiento de la sociedad civil eclesial

Otro aspecto preocupante es el riesgo de debilitamiento de la propia acción social de la Iglesia. Históricamente, la institución eclesial ha sido un actor central en la provisión de vivienda social, no como intermediaria del Estado, sino como sujeto promotor directo. Entidades vinculadas a Cáritas o fundaciones diocesanas han desarrollado modelos de vivienda social basados ​​en la proximidad, el acompañamiento personal y la integración comunitaria.

Este modelo es coherente con la Doctrina Social de la Iglesia porque combina el destino universal de los bienes con el protagonismo de la sociedad civil. Sin embargo, la cesión directa al Estado puede desplazar estas iniciativas, reduciendo la capacidad de acción de las instituciones eclesiales y reforzando la dependencia respecto de las estructuras públicas.

Juan Pablo II advertía explícitamente en Centesimus annus de los peligros de un estado asistencial que absorbe funciones sociales que podrían ejercer otros actores. Este fenómeno produce una pérdida de energías sociales, una burocratización de la acción solidaria y una menor eficacia en la respuesta a las necesidades reales. El choque entre la doctrina en ese punto establecida por Juan Pablo II y lo que hacen los obispos de la Tarraconense es total, sin matices.

El problema de la dependencia política

La prolongada cesión de patrimonio eclesial al poder público crea también una relación de dependencia que puede comprometer la libertad institucional de la Iglesia. Cuando una institución se convierte en proveedora estructural de recursos para una política pública, queda expuesta a presiones políticas y a una posible instrumentalización.

La independencia de la Iglesia no es un privilegio, sino una condición necesaria para desempeñar su función profética. Esta función exige la capacidad de juzgar críticamente a la sociedad y al poder político desde una perspectiva moral. La dependencia material debilita esa libertad.

La ruptura potencial del vínculo de confianza con los fieles

Por último, esta decisión puede tener consecuencias profundas en la relación entre la Iglesia y los fieles. El sostenimiento económico de la institución se basa en la confianza. Los fieles realizan donaciones, legados y aportaciones porque confían en que estos recursos servirán a la misión propia de la Iglesia. Se marca la X en la declaración del IRPF, para que la Iglesia actúe en materia social, no para que entregue los recursos al Estado.

Si perciben que el patrimonio eclesial se convierte, en la práctica, en un instrumento al servicio del Estado, esta confianza queda erosionada. Legítimamente, un fiel puede dejar de marcar su aportación en estas condiciones. Esto puede afectar no solo al sostenimiento material de la institución, sino también a su credibilidad moral.

Una oportunidad perdida

Lo paradójico de este acuerdo es que llega en un momento en que la Iglesia podría haber ejercido un liderazgo social ejemplar. Dispone de patrimonio, experiencia y tradición de servicio a los más vulnerables. Pudo promover directamente vivienda social, en colaboración con el tercer sector y con el apoyo subsidiario del Estado.

Ésta habría sido una aplicación ejemplar de la Doctrina Social de la Iglesia: una sociedad civil fuerte, apoyada pero no sustituida por el poder público.

En cambio, el modelo adoptado transforma a la Iglesia en proveedora de recursos para el Estado. No es una simple cooperación, sino una redefinición del papel institucional de la Iglesia en la sociedad.

La cuestión no es si es necesario ayudar a los pobres. Esto es indiscutible. La cuestión es si esta ayuda se realiza de forma coherente con la misión y la naturaleza propia de la Iglesia. ¿Aceptaríamos que el dinero que recaude la Iglesia para su acción social fuera enviado a la Generalitat para proveer sus servicios sociales? Pues ahora, si no se repara, se crea un extraño precedente en este sentido.

Y todavía queda una última y menor cuestión. ¿Dónde está la sinodalidad pregonada en esta decisión? ¿Dónde ha quedado la escucha de los respectivos arciprestazgos, parroquias y organizaciones de fieles ante este hecho? Han sido absolutamente desterrados.

No puede ser que una decisión episcopal incorpore tantas contradicciones con la doctrina que ellos mismos en su función pastoral deben velar. No puede ser.

 

Publicado originalmente en el substack de Miró i Ardevol

21 comentarios

Català
Cada cop més decebut del Planelles.

Tenia bon record d'ell com a professor. Les notícies que veig d'ell recentment em mouen, més aviat, a fàstig.
22/02/26 2:06 PM
Juan Mariner
El jerarca de la Iglesia de Tarragona realiza su "autodesamortización" y, lo más grave, es que las iglesias, ermitas y casas parroquiales de la archidiócesis están en un estado lamentable o ruinoso que no se quiere abordar sino cuando ya colapsan y se derrumban suelos y tejados perjudicando a terceros. No es de ahora, hace casi 50 años que se realiza sibilinamente esta estrategia y, ahora, ya con todo el descaro.

Los politicastros tarraconenses están encantados ante este alud de "regalos" inmobiliarios, porque nadie se cree a estas alturas que, después de 50 o 75 años, estos bienes inmuebles reviertan de nuevo en la Iglesia Católica (la mayoría no estaremos aquí para comprobarlo).

Lo peor es ese afán jerárquico de apuntalar el stablishment corrupto que ellos ayudaron a consolidar y que se ha llevado la riqueza de este país a su bolsillo y ahora no tiene para vivienda social. Dudo que los bienes vayan a satisfacer necesidades básicas de gente vulnerable y pobre. Vaya herencia dejamos a los católicos tarraconenses del futuro: iglesias y recintos eclesiásticos en ruinas y ni un duro en la caja para rehabilitación. La Iglesia Católica no es un negocio, pero no debe ser un proveedor de bienes y servicios a los ricos.
22/02/26 2:17 PM
Jesús González
No entiendo el "argumento de la subsidiariedad".

¿Tiene la Iglesia Católica en Tarragona experiencia en construcción de viviendas, hipotecas, gestión de alquileres?

Porque a mi antigua diócesis en España no la vi en ningún momento implicada en promociones inmobiliarias.

¿Puede un grupo de católicos de una parroquía organizar todo eso?

Si el destino de esos terrenos fuera la construcción de un hospital en el que se fueran a realizar abortos, la decisión de la diocésis sería criticable, pero la cesión para construir viviendas para familias de bajos recursos es un buen fin.

¿El gobierno les va a engañar y utilizar esa cesión con otros fines?

Entonces la culpa será únicamente del gobierno, no de la diócesis.
22/02/26 3:04 PM
Jesús González
Por cierto, el título: "Cuando la Iglesia entrega las llaves" me parece completamente desafortunado.

Las llaves que Cristo entregó a San Pedro, como su vicario en la Tierra, no eran las que permitieran el acceso a ningún tipo de bien material.

No me parece un tema para hacer jueguecitos de palabras.

No sé si esté mensaje se unirá a la lista de mensajes censurados por esta página.
22/02/26 3:11 PM
Lector
Cuando paso por delante del precioso seminario que levantó la fe en el corazón de mi ciudad y descubro todavía su estética creyente, pero que hoy está habitada por tribus antitéticas de Dios, pues lo vendió sin que faltarán vocaciones un obispo "conciliar" que se creía rey... Cuando paso por aquella otra maravillosa y a la vez discreta Iglesia, y la veo afeada por exposiciones 'artísticas' detestables, pues fue enajenada por el mismo obispo... sí creo que, efectivamente, se entregaron las llaves. Al enemigo.
22/02/26 3:31 PM
jandro
Y pensar que la CEE lleva décadas en manos de obispos catalanistas o pan-catalanistas sabedores de la "necesidad de buscar un acomodo de Cataluña en España"
22/02/26 3:39 PM
Observador
¿Los inmuebles que se ceden carecen de uso actualmente? ¿Son viviendas de sacerdotes? Creo que es importante saberlo.
22/02/26 4:03 PM
Amparo Jonas
Seamos claros, Jesús de Nazaret habló de generosidad. Pero los ricos epulones españolistas, más preocupados por la titularidad de la hacienda de su tenedor general que por la salvación del alma, se niegan a que sus propiedades múltiples sean gestionadas por la Generlidad de Cataluña. Esas que donaron a Obispo soberano para que de ellas dispiesuieran. Pues sí, o Dios o el dominio Mamón. Pero los neocon sirven al dinero.

Bien por la Santa Madre Iglesia y su Obispo. Mal que bien mayor rechinar de dientes tendrán en el infierno. Con su pan se lo coman los terratenientes, potentados y señoritos catalanes.
22/02/26 4:23 PM
miguel etche
O sea que entonces los bienes materiales SÍ importan, depende el caso.

Cuando me conviene, digo que IMPORTAN y cuando me conviene digo que NO IMPORTAN.

Decídanse.
22/02/26 4:42 PM
Tamara Pocovla
Tampoco olvidar que el Estado es proveedor de recursos para la Iglesia en muchos otros aspectos.

No vaya a ser que por ponernos exquisitos en no ser proveedores de recursos, nos quejemos luego de cuando se pongan exquisitos para proveernos a nosotros.
22/02/26 4:44 PM
Ildefonso
Unos cuantos obispos están deshaciendo la Iglesia desde dentro, se someten voluntariamente al poder político, y despilfarrando los bienes de la Iglesia, que están destinados al culto u otros fines propios de la Iglesia, vulneran los mandatos evangélicos y sirven a quienes menosprecian el cristianismo.
22/02/26 5:04 PM
Juan Mariner
Amparo, ni neocones españolistas ni gaitasl, os donantes lo daban a la parroquia de su pueblo o ciudad en su testamento y no a los obispos, que ni los conocian, ni al obispado centralista que todo lo empleaba en su catedral; lo que pasa es que el notario no informaba que las parroquias no tienen personalidad jurídica "civil" y que el obispo manda y ordena todo. Las iglesias, hoy, dan auténtico reparo por su estado ruinoso en Tarragona, quizás sea una causa de la falta de fieles. Las mujeres salen con las medias rotas por los bancos astillados, y si te arrimas a las paredes se desconcha todo por las humedades, aparte de las profundas grietas.

Tamara, no me haga reír, compran el silencio del clero con un sueldito y 13TV y COPE, y poco más, y las Diputaciones dan subvenciones para tejados ya caidos, bóvedas venidas abajo y campanarios derrumbados. Dan pan pagando nosotros la harina y el horno de cocción.

Caridad a los ricos, como siempre.
22/02/26 10:28 PM
Francisco Rodríguez Mateos
Aunque tiempo atrás que dar dinero a ésta jerarquía se ha convertido en un posible caso de cooperación al mal, creo que es un deber de todo católico el marcar la "X", ya que no se va a pagar más y ese dinero, que se va a pagar de todas formas, el Estado lo puede malversar de formas aún peores.
22/02/26 11:29 PM
jose 2 católico español no castellano
Estimado Josep:
Si nadie ha hablado de lo que pasó en la etapa de Osoro en Madrid con los inmuebles, creo que debe haber muchos más casos en España, pero seguro que no ha sido así en Córdoba, Orihuela o Alcalá.
Si el nivel de lucha es el que tiene el Cobito, no dudo que la Iglesia es obra del Hijo de Dios y dirigida por el Paráclito y con la Virgen María como cuidadora.
Espero que el Papa tenga un nivel de acción un poco superior a los agustinos que conozco que es próximo al cero.
QDLB y a rezar que es lo que podemos hacer.
23/02/26 12:03 AM
Jesús González
Ildefonso,

Entiendo la desconfianza hacia la cooperación con el gobierno, pero entre los fines propios de la Iglesia también se encuentra la asistencia material a los pobres, que no constituye de ningún modo un despilfarro de los bienes de la Iglezia.

Podemos recordar a San Lorenzo, diácono que, en medio de la persecución contra los cristianos, repartió los bienes materiales de la Iglesia romana entre los pobres y enfermos.

Cuando el funcionario imperial le exigió que entregara las "riquezas de la Iglesia", les presentó a algunos pobres y enfermos y le dijo: "Estas son las riquezas de la Iglesia".
23/02/26 12:29 AM
Pablo
Bueno. Una Iglesia menguante en personas está claro que al final se ve con más propiedades de las que puede soportar. Pero lo lógico es asumirlo, vender lo que te sobra, y mantener lo que te es útil....para tu misión verdadera. El resto es querer servir a dos señores.
23/02/26 7:57 AM
Fred
Muy buen artículo y muy bien explicado, aunque haya algún comentarista que no lo entiende.
La Iglesia desde los primeros tiempos actúa a favor de los más necesitados, como algo propio de su misión, sin depender ni haciéndose dependiente del poder político. Y esto debe ser así, por muchas razones: la primera es porque es una misión propia de la caridad cristiana, y la segunda porque los objetivos del poder político casi siempre son distintos de los objetivos de la Iglesia.

¿Nos parecería bien delegar toda la actividad de Caritas al poder político? Sería una aberración, porque dejaría de ser un medio de la Caridad cristiana, a ser un medio de pura asistencia social. Y esto es muy importante, porque el cristiano manifiesta su amor a Dios, entre otras cosas con el amor al hermano, mientras que la asistencia social no tiene nada que ver con esto. Por tanto se estaría desfigurando la Iglesia, para convertirla en una ONG.

Con el tema de los inmuebles es algo peor, porque no solo la Iglesia se desentiende de una de sus misiones, sino que mete a Estado en su propia casa. Los bienes de la Iglesia primeramente están al servicio de la Iglesia, y sus necesidades. El patrimonio inmobiliario debería ser rentado para cubrir los enormes gastos de la Iglesia, en vez de acudir a los esquilmados bolsillos de pobre contribuyente.

Otra razón muy importante, es que SIEMPRE la gestión de los recursos privados, es mucho más eficiente que la gestión pública. Y más en el ca
23/02/26 10:40 AM
Juan Mariner
Con los sablazos que nos pega el Estado friendonos a tributos, hasta para ir al WC, y ahora resulta que no tiene dinero para impulsar vivienda social. Para abortos, eutanasia y adoctrinamiento woke ya tiene, ya... La vivienda es cosa del Estado social y democrático de Derecho.
23/02/26 11:18 AM
Luis Enrique
Marcar la X es esencial para ayudar a la Iglesia en sus necesidades. Sobre todo porque ayuda a pagar las nóminas de sacerdotes de la España vaciada, en la cual van muy pocos fieles a las Iglesias.
23/02/26 12:26 PM
Mariano
Lamentable actuación del Obispo de Tarragona,que además se atribuye el título de presidente de la Conferencia Episcopal Tarraconense.Que Conferencia es esa fuera de la única Conferencia episcopal de la Iglesia española?
En fin vaya Obispos que tenemos,creen en algo fuera de sí mismos.? Yo pienso que son Obispos,como podían ser cualquier otra cosa,un “modus vivendi”
23/02/26 9:58 PM
Liliana
Mateo 22, 21
Dad al César lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios
Mateo 6, 33
Buscad el reino de Dios y su justicia, lo demás añadido vendrá.

El cuerpo es unidad, en espíritu y materia.
Cristo atiende espiritualmente y el César materialmente, en ese orden e integralmente , vendrá por añadidura lo justo y necesario, como , solo Dios lo sabe
23/02/26 10:14 PM

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