Construyendo Babel, si nos falta el Espíritu de Dios

Los cristianos de Occidente tenemos muy poco en cuenta las palabras de Jesús acerca del Espíritu Santo. Y sin embargo una lectura reposada de los evangelios, sobre todo el de S. Juan, nos hace ver cómo el cumplimiento de la misión de Jesús consiste precisamente en enviarnos el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios, su Espíritu de Sabiduría y Amor.

Ordenemos un poco nuestras ideas. Jesús nos revela que Dios, el Dios que El conoce y del que nos quiere hablar, es tripersonal, Dios es a la vez Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta tercera persona de la trinidad divina es la más escondida, la más recóndita.

Es como la más íntima intimidad de Dios, la entraña de amor y complacencia entre el Ser poderoso del Padre y la belleza infinita del Hijo. Entre los dos se levanta ese circuito de amor, de complacencia, de exultación que es la tercera persona de la Santa Trinidad. El Espíritu es el corazón de Dios, sus brazos abiertos y generosos, su abrazo de identificación con la Vida y los millones de vidas en las que se reflejan y multiplican su Ser, su Belleza y su Bondad.

La entraña amorosa y buena de Dios ha sido el motor de todo, de la creación, de la encarnación, de la vida y obras de Jesús, de su ofrecimiento por nosotros en el Calvario, de su glorificación a la derecha del Padre. Y es este mismo Espíritu de Amor con el que el Padre impulsa y mueve todas sus obras, las obras buenas de Dios a favor nuestro. Por el Espíritu ama y bendice y glorifica a su Hijo Jesús, y con El y por El a todos los hermanos de su Hijo, hechos también hijos en la medida en que somos abrazados con los brazos de su amor, los brazos de su Espíritu Santo.

Recibir el Espíritu de Dios es ser acogidos, con Jesús, en la intimidad de Dios, ser admitidos como hijos en la Casa de Dios, entrar para siempre en su familia santa. ¡Cómo no vamos a estar alegres! Somos mendigos vagabundos que de repente hemos sido llamados a la Casa de Dios, acogidos, abrazados, sentados a la mesa de la vida eterna. Todo, gracias a nuestra comunión bautismal con Jesús resucitado y glorioso, constituido en poder por la fuerza del Espíritu Santo.

Es imposible enumerar y ponderar los bienes que nos trae el Espíritu Santo. El hace crecer en nuestra mente el sentir de Jesús, el instinto y el gusto del bien, la Sabiduría de Dios. El nos hace crecer en el amor verdadero que sólo viene de Dios, nos da el gozo, la alegría, la paz, el gusto de vivir en la verdad, el buen sentido y el acierto de los justos. La humanidad, disgregada por el orgullo de Babel, vuelve a reunirse como una sola familia por el vínculo de unidad que es el amor del Espíritu actuando en nosotros.

La Iglesia es esta humanidad renovada, santificada, liberada de los egoísmos, reconstruida en una humanidad nueva de hermanos, renacida en la comunidad de Dios. En el secreto de esta unión espiritual alimentada por el Espíritu de Dios, en Cristo Jesús, se recompone la unidad de los pueblos y de las personas, de la humanidad entera. Un ideal que está delante de nosotros, que denuncia nuestras mezquindades y nuestras tonterías, que nos mueve al esfuerzo constante de purificación, de humildad, de amor y de unidad.

Los hombres llevamos miles de años queriendo edificar la Gran Ciudad sin contar con Dios. Pero sin Dios no nos entendemos, los egoísmos nos disgregan y arruinan todos nuestros proyectos. Todos queremos ser los primeros, todos queremos ser los mejores, todos queremos la mejor parte. No hay manera de entenderse. Estamos viendo ahora cómo persiste la cultura de Babel, la cultura del olvido de Dios y de la mitificación del hombre terrestre. La cultura del progreso sin Dios termina siendo la cultura de la disgregación y de la muerte.

El reconocimiento del Dios de Jesucristo resulta indispensable. Donde falta el Espíritu de Dios los hombres no salimos adelante. Vivir es convivir y para convivir hay que hacerlo en la verdad y en el amor, en la verdad del amor. La negación de Dios lleva siempre escondida la negación de la verdad y del amor. En cambio, la adoración del Dios de Jesucristo supone el reconocimiento del amor verdadero como norma y realidad suprema de la vida. Esta es la gran revelación de Jesús, éste es el gran don de Dios a la humanidad. Esta es la obra del Espíritu Santo en nosotros. Esto es simplemente ser cristiano.

Quienes pretenden eliminar el cristianismo de nuestra vida y de nuestra cultura, no saben lo que hacen. No podremos hacer nada consistente mientras nos resistamos a reconocer el camino de la Verdad y de la Vida. Pero la elección nihilista y destructora es siempre una tentación. Los huesos secos prefieren seguir como están que ser vivificados por el poder de Dios. No encontraremos el camino de la verdadera humanidad mientras no volvamos a centrar nuestro corazón en el don de Jesucristo: “recibid el Espíritu Santo”. Es un don y un mandato.

6 comentarios

  
Luis Fernando
Lo grave es cuando los cristianos seguimos el camino errado del mundo y nos olvidamos también del Espíritu Santo, de forma que hacemos que la Iglesia a veces se parezca más a uno de los reinos de este mundo que a aquello para lo que fue fundada por Cristo.
Sin embargo, la Iglesia no puede andar si no es guiada por el Paráclito, quien, así tiendo a verle, hace un poco las veces del padre que apadrina a su hija al entrar en la Iglesia para entregársela al novio. En este caso la Iglesia es la Novia y el Novio es el Cordero de Dios.
02/06/09 5:58 PM
  
Pilar Macarro
Recibir el Espíritu de Dios es...vivir reconociendo el sello que tenemos grabado en nuestro corazón..., por el que estamos llamados a vivir este gran don de comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en nuestros corazones; envueltos en la historia de la salvación que Dios hace con cada uno de nosotros y teje desde la eternidad, para poder gozar con Él en la comunión feliz a la que estamos destinados por amor.¡Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo!...mientras nos trabajamos por ser en nuestro mundo, reflejos de la Trinidad, artesanos de la unidad...
Gracias por esta Reflexión, Don Fernando, que me ha introducido en el gozo orante de las fiestas que estamos celebrando.
03/06/09 12:23 AM
  
Flavia
Muchas gracias, Monseñor, por recordarnos que, entre otras cosas, el Espíritu Santo vence sobre Babel. Es curioso que el Apocalipsis llame Babilonia a la mayor oposición a Dios. No la llama Roma o Egipto, sino Babilonia. Deberíamos meditar y estudiar lo que eso significa, lo que simbolizaba Babilonia en el pasado...de confusión e ideas sincretistas bajo Nabucodonosor, por ejemplo. Podría extenderme, pero no lo haré. Sólo recordar que el Espíritu Santo es claridad, orden armónico ( ojo, no rigidez ni automatismo ) y verdadera libertad. " Donde está el Espíritu de Dios, hay libertad." Sin destruir la mentalidad propia ( Pedro siguió teniendo sus dificultades para salir del ambiente del judaísmo y tuvo sus enfrentamientos con Pablo... ), pero propiciando la escucha fraterna.
Que el Espíritu Santo rompa nuestras cadenas, derrumbe nuestros ídolos y nos conceda sus dones.
03/06/09 2:57 PM
  
Manuel
El Espíritu Santo es objeto de crítica, realmente no se oye hablar de El, está escondido. Pero sin El la Iglesia no tendría la fuerza que tiene, y tampoco se harían realidad muchas de las conversiones que se producen, de los matrimonios que sobreviven, etc... Quizás en un mundo tan materialista como el nuestro no se puede entender la fuerza del espíritu. Reconocer su presencia y acción, su impulso a nuestras reflexiones, arrepentimientos es importante porque nos hace conscientes de que nuestro "auxilio nos viene del Señor".
03/06/09 8:19 PM
  
Luis Fernando
No es por nada, pero qué cabecera de blog más bella le han puesto, don Fernando.
05/06/09 2:19 PM
  
Ana Lucia
Me gustó mucho lo que escribió el amigo Fernando:
"Sin embargo, la Iglesia no puede andar si no es guiada por el Paráclito, quien, así tiendo a verle, hace un poco las veces del padre que apadrina a su hija al entrar en la Iglesia para entregársela al novio. En este caso la Iglesia es la Novia y el Novio es el Cordero de Dios."
En realidad da luz a un mensaje que Dios me ha estado hablando en estos ultimos tiempos que ha tocado profundamente mi corazón: El Espíritu y la Esposa dicen ven" (Apoc 22:17)porque eso es parte del trabajo del Espíritu Santo en nuestras vidas, de anhelar la vuelta del amado Jesús, El Espíritu de Dios nos enamora de Jesús porque el viene a buscar a una novia enamorada, el viene a buscar a una iglesia que le ame profundamente, que no trabaje para El por compromiso, sino por amor.
" Y amarás al Senor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu mente, con todas tus fuerzas" acaso no es esto tener pasión por Dios?
Muchas bendiciones,
Ana
08/07/09 11:32 PM

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