Queridos todos, ¡Feliz y Santa Navidad!
Queridos lectores, les deseo a todos ustedes y a sus familias una muy Feliz y Santa Navidad y un próspero Año Nuevo 2026, lleno de muchas alegrías.
Si me permiten una reflexión sobre el gran Misterio que vamos a celebrar esta Nochebuena y mañana, día 25 de enero, considero que la Navidad es la fiesta más entrañable y gozosa que existe. Solo puede rivalizar con ella, en alegría, la fiesta de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, tras su sagrada y amarga Pasión y Muerte por todos nosotros. Quiero remarcar el gozo propio de estas fiestas, pues soy consciente de que hay personas a quienes la Navidad no les agrada. Ciertamente, la Navidad es, también, la fiesta más marcadamente familiar del año, sin lugar a dudas; de forma que no es extraño que quienes hayan perdido seres queridos experimenten una profunda nostalgia de ellos precisamente en estas fechas. También pueden sentir un dolor especial las personas que no pueden celebrar la Navidad como quisieran, por distintas circunstancias: Enfermedad, guerras, dificultades económicas, lejanía de la familia o del propio país, etc.
Todo esto es muy comprensible. Sin embargo, pese a todo ello, la alegría tiene que ser el sentimiento predominante en la Fiesta de la Navidad. No me refiero a que tengamos que estar dando, continuamente, saltos de alegría a lo largo de las Navidades (aunque, si llegan, bienvenidos sean, claro que sí); sino a una profunda alegría espiritual, que ilumine nuestra alma y la llene de esperanza y de paz. Debemos permitir y procurar que sean éstos los sentimientos que nos dominen y prevalezcan durante la Navidad, pues toda la Humanidad tenemos motivos sobrados para ello. No en vano, el Evangelio es llamado “la Buena Noticia”. A fe que lo es.
Los cristianos, en particular, debemos valorar muy bien la inmensa suerte que tenemos de creer en Jesucristo y de amarle con todo nuestro corazón. La Navidad no es otra cosa que la Fiesta del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo y Jesús es, ha de ser, la principal fuente de nuestra verdadera alegría. Jesucristo es el gran protagonista de la Navidad y es por eso que, en estas fechas, debemos seguir el consejo de Santa Teresa de Jesús: Mantener los ojos fijos en Cristo. Verdaderamente, todo el año litúrgico está especialmente centrado en Él (y, por Cristo, se centra, también, en la Santísima Virgen María y en los Santos; tan amados, todos ellos, por el Corazón de Nuestro Señor, con especial mención de su Santísima Madre). De este modo, la Santa Iglesia Católica, a lo largo del año, nos va invitando a contemplar y meditar los Misterios de la vida de Nuestro Señor, para bien nuestro y edificación y santificación de nuestras almas.
Respecto a la Natividad de Nuestro Señor, creo que nunca nos daremos total cuenta de la grandeza infinita de lo que estamos celebrando. Se trata de una fiesta muy ligada al Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. Dios que se hace hombre, como nosotros y que nace de una mujer, María Santísima. Y lo hace de la forma más humilde, además. Yo he tenido la inmensa suerte de poder visitar, en dos ocasiones, el portal de Belén, el auténtico; y me impresionó mucho la humildad y pobreza del lugar, que es, literalmente, una cueva, de pequeñas dimensiones. Lo cierto es que, a mi modo de ver, no existe, en toda la Tierra, un lugar lo suficientemente preparado, suntuoso y bello como para ser digno de acoger el Nacimiento del Hijo de Dios. Así que resulta impresionante que Jesucristo quisiera nacer en tales condiciones de humildad y pobreza. No obstante, por encima de todo ello, son los propios hechos de la Encarnación del Hijo de Dios y Su Nacimiento los que a mí me impresionan más. No es de extrañar, desde luego, que el Evangelio de la Misa por la festividad de la Navidad consista en el prólogo del Evangelio de San Juan; permítanme que recordemos un fragmento del mismo, para profundizar, un poco más, en este gran Misterio (recomiendo leerlo despacio):
“En el principio existía el Verbo,
y el Verbo estaba en Dios,
y el Verbo era Dios.
Él estaba en el principio en Dios.
Por medio de él se hizo todo,
y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
En él estaba la vida,
y la vida era la luz de los hombres.
La luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no lo recibieron.
Surgió un hombre
enviado por Dios,
que se llamaba Juan.
Este venía como testigo, para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por medio de él.
No era él la luz,
sino el que daba testimonio de la luz.
El Verbo era la luz verdadera,
que, viniendo a este mundo,
ilumina a todo hombre.
En el mundo estaba;
el mundo se hizo por medio de Él,
y el mundo no lo conoció.
Vino a los suyos,
y los suyos no lo recibieron.
Pero a cuantos lo recibieron,
les dio poder de ser hijos de Dios,
a los que creen en su nombre.
Estos no han nacido de sangre,
ni de deseo de carne,
ni de deseo de varón,
sino que han nacido de Dios.
Y el Verbo se hizo carne
y habitó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria,
gloria como de Unigénito del Padre,
lleno de gracia y de verdad”
Así pues, por medio de Cristo se hizo todo. Todo. Y, sin Él, no se ha hecho nada. ¿Comprendemos algo de esto? El mundo entero y toda la Humanidad existe por Jesucristo. Al celebrar a Jesucristo, puede decirse que nos estamos celebrando, por extensión, también a nosotros mismos y nuestro mundo, nuestra propia existencia. Así como, también, el poder llegar a ser hijos de Dios, ¡Hijos de Dios…!, si creemos en el Nombre de Jesús. En el Nombre de Jesús, insisto, no es ningún otro nombre; la Palabra de Dios deja este aspecto muy claro. No es de extrañar, por tanto, que San Pablo enseñe que en Cristo “vivimos, nos movemos y existimos” (Hechos 17, 28) y que “si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor. Sea que vivamos, sea que muramos, somos del Señor” (Romanos 14, 8).
De este modo, cuando celebramos la Navidad estamos celebrando el Nacimiento del Mesías prometido por Dios tras la tristísima caída de nuestros primeros padres en el pecado original. Un Mesías que es Dios mismo hecho hombre, ¡Nada menos…! Se ha hecho uno de nosotros, pobres criaturas, el que es el Alfa y la Omega, origen absoluto de nuestro mundo y Dueño total de nuestras vidas. Dueño total de nuestras vidas, sí; en las que quiere dominar por medio del amor. Jesucristo quiere ser amado y obedecido, porque nos ama muchísimo y sabe que estamos hechos por Él y para Él. Él es el origen y fuente de la felicidad humana y es la santidad que Él trae la que nos hace vivir en plenitud como seres humanos, en esta vida y en la eternidad. Desea, pues, el Señor ser obedecido por amor, esto es, de manera voluntaria y con la ayuda de su divina Gracia, que nunca nos ha de faltar, si procuramos seguirle con perseverancia.
La venida de Dios hecho hombre al mundo supone, por tanto, la llegada a nosotros de la verdadera Luz, Luz que ilumina a todo hombre, si le dejamos y acogemos. Hoy celebramos el Nacimiento de Aquél que nos trae la santidad, que nos libra del pecado original y de todo pecado y que tiene, en sus sagradas manos, las llaves de la vida y la muerte. Viene a nosotros el que es la Verdad, la Vida, el Camino hacia Dios y nuestra esperanza en medio de cualesquiera circunstancias, pues Él es mucho más grande que todas ellas. Incluida la misma muerte. No en vano, Cristo es Quien nos ha abierto las puertas del Cielo, para que podamos estar eternamente junto a Dios, si de verdad lo queremos.
Sí, verdaderamente, hoy tenemos mucho, muchísimo que celebrar. Siguiendo la invitación de San Pablo, revistámonos hoy de Nuestro Señor Jesucristo de forma muy especial. Contemplémoslo en Su Humanidad Santísima de Niño recién nacido, adorémoslo y acojámoslo en nuestros corazones con todo el amor de que seamos capaces. Acompañemos a Jesús, junto con María Santísima, San José y los pastores y démosle muchas gracias por tanta bondad, tanta humildad y tantos dones inmensos como nos trae. Sean cuales fueren las circunstancias de nuestra vida, al celebrar, de corazón, el Nacimiento de Jesús, será imposible que no surja en nuestros rostros una cálida y profunda sonrisa. Así sea.
5 comentarios
PD: Completamente de acuerdo en todo con usted en su anterior artículo, de principio a fin😉
Y añado: " por sus frutos, los conoceréis"
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L.V.: Muchas gracias, Juan Pablo :)
La Alianza de Dios con el ser humano parte de la verdad porque Dios es la Verdad, y para conocer y saber la verdad hay que comenzar por el principio, y eso es fundamental para la historia del mundo y para nuestra propia vida: saber que venimos de Dios Creador y vamos a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Y que estaremos eternamente con la Elegida por el Padre entre todas las mujeres desde el Principio al Fin del Mundo, Esposa del Espíritu Santo y Madre del Hijo al que dio su Carne y su Sangre: Madre de Dios y Mamá Nuestra, y con Ella todos los días son Navidad.
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L.V.: Muchas gracias, María de África, igualmente! :)
Qué Dios bendiga toda su familia.
¡Feliz Navidad!
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L.V.: Muchas gracias, Juan Carlos. Igualmente, feliz Navidad y bendiciones para usted y su familia.
Paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad.
En Ucrania, en Gaza, en Nigeria en todas partes que haya paz.
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