Nueva encíclica

Se ha anunciado que el papa León XIV publicará su primera encíclica el próximo 25 de mayo de 2026 con el título “Magnifica humanitas” - “Magnífica humanidad” -, dedicada a la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. El documento ha sido firmado el día 15 de mayo, en el 135 aniversario de la encíclica “Rerum novarum” del papa León XIII, que trataba sobre la situación de los obreros en la revolución industrial.

La elección, por parte de Robert Prevost, del nombre de “León” ha estado vinculado al hecho de que “hoy la Iglesia ofrece a todos su patrimonio de doctrina social para responder a otra revolución industrial y a los desarrollos de la inteligencia artificial, que comportan nuevos desafíos en la defensa de la dignidad humana, de la justicia y el trabajo”, según comentaba el recién elegido papa el pasado 10 de mayo de 2025.

Una “encíclica” es una “circular” que el papa envía, normalmente, a todos los obispos del mundo, y, a través de ellos, a todos los fieles, ejerciendo su oficio de enseñar; es decir, su magisterio ordinario y universal, que, en principio, no pretende definir ningún dogma ni tampoco, salvo que diga explícitamente lo contrario, proponer una enseñanza como definitiva en cuestiones de fe o de moral.

“Magnifica humanitas”. Las dos primeras palabras, en lengua latina, del documento constituyen el título del mismo. La humanidad es, en verdad, “magnífica”, espléndida, excelente, admirable. Pero es también una realidad ambivalente. La aceleración del desarrollo tecnológico y los avances de la ciencia confirman el asombro ante la grandeza de la humanidad, pero, a la vez, certifican el desconcierto que despierta la fragilidad de la misma; amenazada por casi todo: desde un pequeño virus que consigue paralizar al mundo hasta las guerras, que no dejan de marcar el ritmo de la historia. Lo humano ha de hacerse cargo de esa paradoja, de esa dialéctica, sin dejarse reducir a una irresponsable simplificación.

¿En qué consiste ser una persona humana? El Salterio, ese “microcosmos de la historia de Israel”, de cuya fecha de composición no tenemos datos exactos, ya que se ha extendido a lo largo de casi un milenio, se planteaba el mismo problema: “¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para mirar por él?” (Salmo 8).

La respuesta a esta pregunta, los conceptos fundamentales de la antropología, del pensamiento sobre el hombre, se ponen en tela de juicio. ¿Cuál es la “identidad” de lo humano? “La reflexión sobre lo humano en diferentes áreas de la vida personal y social parece orientarse hacia un más allá de lo humano, planteando interrogantes sobre lo que es específico de la naturaleza humana”, podemos leer en un reciente documento de la Comisión Teológica Internacional.

Dos son los principales retos que desafían la definición de “ser humano”: el “transhumanismo” y el “posthumanismo”. El “transhumanismo”, en sus múltiples variantes, apuesta por emplear los recursos de la ciencia y de la tecnología para superar los límites físicos y biológicos de la condición humana, en particular el envejecimiento y la muerte, rediseñando al ser humano para hacerlo apto de ir más allá de sus actuales potencialidades. El “posthumanismo” cuestiona la existencia de una “forma humana” que merezca ser custodiada y enfatiza lo “híbrido” (“cyborg”), aboliendo la frontera entre lo humano y la máquina.

Quizá el documento de la Iglesia más importante dedicado al ser humano sea la constitución pastoral del Concilio Vaticano II “Gaudium et spes”. Es previsible que en ella se fundamente León XIV a la hora de esclarecer, en este momento de la historia, la identidad humana - individual y colectiva - a la luz de Cristo, ya que, como afirma el número 22 de esa constitución: “Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación”.

Guillermo Juan-Morado.

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