Una súplica a los lefebvristas

Habiendo escrito varias veces criticando los argumentos de los lefebvristas, habiendo accedido a prologar el excelente libro del P. Highton, ahora, desde mi inexistencia esencial, me permito dirigir simplemente una súplica a los lefebvristas, a aquellos a los que les corresponda: ¡No se vayan de la Iglesia!





