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8.12.08

Homilía de Monseñor Sanz Montes en la Solemnidad de la Inmaculada

SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA

Queridos Hermanos sacerdotes,
Miembros de Vida Consagrada
Queridos Hermanos y Hermanas: Paz y Bien.

Habíamos iniciado este tiempo del Adviento que nos invita a preparar los caminos al Señor que llega. Ayer la liturgia nos alertaba precisamente de cómo hemos de enderezar nuestros entuertos, cómo allanar las altiveces y cómo desandar los caminos a ninguna parte, para que se haga posible el encuentro con Jesús, el Señor esperado, que se hace próximo y prójimo en la trama de nuestra edad.

Podría parecer que se interrumpe este itinerario cuando de sopetón nos ponemos a celebrar una festividad que aparentemente “distrae” en el camino apenas emprendido. Pero la festividad de la Inmaculada Concepción no es un desliz que se ha colado en el Adviento, sino una señal que nos permite mirar agradecidos a quien con su sí posibilitó el primer Adviento y coprotagonizar toda llegada del Señor a nuestras vidas. La solemnidad de la Inmaculada Concepción nos es presentada, precisamente en el corazón del Adviento, como una dulce invitación a fijar nuestra mirada en María, la llena de gracia y limpia de pecado ya en su misma concepción. Si el camino del Adviento nos prepara para recibir la Luz sin ocaso que representa y es el Hijo de Dios, María es la aurora que anuncia el nacimiento de esa Luz: Ella es el modelo acabado donde poder mirarnos y donde encontrar las actitudes propias de cómo esperar y acoger al Señor prometido. Mirar a María es mirar el modo con el que Dios nos enseña y nos quiere acompañar.

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1.12.08

Carta pastoral de monseñor Del Hoyo sobre Cáritas

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A los sacerdotes y seminaristas; miembros de Cáritas diocesana, interparroquiales y parroquiales; otras asociaciones en la Diócesis en favor de la Caridad.

Queridos hermanos y hermanas:

Destacamos las siguientes palabras de una las proposiciones que el recién celebrado sínodo de los Obispos “sobre la Palabra”, ha entregado al Sumo Pontífice: “Uno de los rasgos característicos de la Sagrada Escritura es la revelación de la predilección de Dios por los pobres (cf. Mt 25, 31- 46)… la Palabra de Dios, acogida con disponibilidad, genera abundantemente en la Iglesia la caridad y la justicia hacia todos y sobre todo a los más pobres” (11º)

En la Encíclica Deus caritas est -gran regalo del Pontífice actual, Benedicto XVI, a la Iglesia como primicia de su fecundo Magisterio- dice de Cáritas que “es un corazón que ve y que ama”. Añade el Papa que “el programa cristiano -el programa del Buen Samaritano, el programa de Jesús- es un corazón que ve. Este corazón ve dónde se necesita amor y actúa en consecuencia.” (n. 31 b).

Es cierto que si la Iglesia no estuviese al servicio de los hombres no podría llamarse “Iglesia de Jesucristo”. Sabemos sus discípulos que nos encomienda la misión de continuar la labor humanizadora y salvadora que proclamó en la sinagoga de Nazaret: “Evangelizar a los pobres.”

I. Integrar fe y vida

Los cristianos debemos ser, en todo tiempo y no tanto de palabra sino con obras, testigos e imágenes de la misericordia de Dios en el seguimiento de las huellas de Jesucristo, nuestro Maestro.

Uno de los principales desafíos de la nueva evangelización es animar y preparar testigos capaces de proclamar la noticia de que Dios es amor, de que Dios nos ama, de que Jesús resucitado camina junto a nosotros y nos acompaña.

La pastoral no puede reducirse al mantenimiento de una administración de la rica religiosidad implantada y heredada del pasado, sino abrirse a una pastoral misionera de servicio, atención, cercanía, de entrega amorosa en favor del necesitado. Las preciosas imágenes del Buen Pastor, con la oveja perdida sobre sus hombros, y del Buen Samaritano camino de la posada, con el herido que levantó de la cuneta, deberían ser siempre la referencia en nuestros pasos.

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