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27.05.21

¡Se han hartado de Dios! (por lo eclesiástico).

La Historia Sagrada es una maravilla como Maestra: no en vano es tan “Palabra de Dios”, como los Santos Evangelios.

De ahí la buenísima costumbre, que casi sería obligado que la tuviésemos, de acudir a ella, a la Historia Sagrada, para discernir y “gustar qué bueno ha sido y es el Señor Dios con todos y cada uno de nosotros". Porque nos quiere con locura. Con locura divina, en la que no hay forma de entender mínimamente.

Así que, ahí vamos.

Cuando Yahweh-Dios saca a los judíos de Egipto -por esto siguen celebrando todavía la Pascua cada año-, durante mucho tiempo les dió el “maná": en una tierra desolada, dónde nada había: les dió de comer un pan “que bajaba del cielo"; como les dió de beber: “de una roca", de donde nada sale, y menos que nada agua con la que saciar la sed.

Dos imposibles… para los hombres: no digamos para la naturaleza. Lo que demuestra que todo era y venía de Dios: porque del cielo no cae el pan, ni las rocas se especializan en ser y servir de fuente de aguas vivas. Obraba Dios, y a su favor.

¿Pero qué pasó? Incomprensiblemente, locamente -en las antípodas de la “locura divina", los judíos se hartaron “de ese pan", y ¡murmuraron contra Dios! ¡Contra el mismo que los había sacado de Egipto, “con mano robusta", donde eran míseros esclavos: ¡si les obligaban a matar a sus propios hijos! 

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23.05.21

Pro Ecclesia tua, Domine! 1

Mucha gente, de lo mejor en la Iglesia, ante lo que acaece en Ella, en especial en estos últimos años, me preguntan con preocupación -supongo que otras preguntarán a otros sacerdotes-, qué podemos hacer.

Lo hacen con dolor profundo en el alma; y también -¡cómo no!-, con un punto de esperanza… Quieren implicarse -estoy convencido-: cualquier cosa antes que verlas venir y verlas pasar, insensibles al sufrimiento de Cristo y de tantas otras almas.

Se rebelan ante este abandono inmisericorde y ante tanta ofensa sacrílega que, en la Iglesia y por los suyos, está padeciendo Jesucristo. Y no van a dejarle solo y a solas: no quieren que se repita la desbandada de la Cruz; ya, desde el mismo Prendimiento.

No quieren dejar a solas a tantos miembros de la Jeraquía que sufren, quizá los que más, por todas estas cosas. Ni mucho menos dejar a solas a tantas almas, hijos de Dios en su Iglesia Santa, que se dan cuenta de lo que está pasando, sufriéndolo como propio. También por los que ni se dan cuenta…

Por tanto, siguiendo y asumiendo esta “circunstancia” por la que atravesamos, me he lanzado -y espero que Dios y su Madre Santísima me/nos ayuden-, a promover una ola de almas que quieran ofrecerse a Dios “en perfecto holocausto” -a imagen e imitación Suya-, por su Santa Iglesia, nuestra Madre.

Como digo, no es sino imitar a Jesucristo que “se ofreció a Sí mismo en la Cruz, por nosotros, pecadores". Imitando también la entrega auténtica de su Madre la Virgen María al pié de la Cruz, en total y absoluta unión con su Hijo.

Busco, de parte de Dios -asi lo ha pedido Él expresamente-, almas de todo género y condición: mujeres, hombres, solteros, casados, sacerdotes, religiosos y religiosas, intelectuales y obreros, ricos y pobres, sanos y enfermos; niños, jóvenes, adultos, ancianos; piadosos o a remolque, o que incluso lo hayan dejado hace tiempo, mucho o poco: pero todos empeñados en ir a Jesús y decirle, con todas las veras del corazón: “Jesús de mi alma: mi vida toda para Ti, en favor de tu Iglesia”.

La Iglesia se muere -agoniza-, porque la están matando. La estamos matando entre todos: sus hijos, que ya tiene mérito.

No se me ha ocurrido todo esto a mí personalmente. No hago más que recoger y pasar el testigo -a todo el que quiera darse por aludido-, que Jesucristo mismo nos lanza.

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20.05.21

Así no, José Luis Restan

Acabo de leer tu columna en AyO, “Sentir con la Iglesia” (20-V-2021). En ella te haces eco de dos cosas: una, la carta del papa Francisco en relación al camino sinodal de la Iglesia en Alemania: que ya se ve que no ha surtido el efecto que quizá se esperaba -o quizá no, claro-, dado el caso que han hecho por allí. Y, en segundo lugar: que no han hecho ni caso.

En concreto, la han desafiado abiertamente, tanto en lo que se refiere a las “bendiciones” como -y es infinitamente más grave-, a la también anunciada y oficiada comunicatio in sacris, del día 15-V; a la que no haces referencia. Que ya no es un desafío, sino una ruptura formal y material con la Iglesia de Roma, en la persona del Papa: sin esto NO se es Iglesia. No se está en la Iglesia, aunque se siga en nómina.

Lo señalas tú también, José Luis. Incluso afirmas, con total acierto, que “estamos ante algo mucho más profundo que una cuestión disciplinaria. Lo que está en juego es la naturaleza de la Iglesia, su misión en medio del mundo y su libertad, indefectiblemente ligada a su unidad en torno a Pedro”.

Entonces, ¿dónde está el problema en lo que escribes en tu columna? Si parece que todo está bien…

Pues en lo que dices a continuación. Todo, como es lógico, en mi personal opinión.

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16.05.21

"La provocaciòn" (por lo eclesiástico).

‘De “provocación” a “provocación” y tiro porque me toca’.

Así se ha despachado al parecer -lo han recogido en muchos sitios; quizá han fallado donde era más necesario-, el recién encumbrado a Obispo de Coira, en Suiza. Español, para más señas: el Ioseph.

Este monseñor ha puesto en la misma categoría moral “la provocación” de “los administradores de bendiciones gays"; o sea: el numerito que han montado un “grupito de sacerdotes católicos más que cabreados” -así se dicen y se manifiestan- que, amén de que si no lo montan no salen en los papeles, se suben por las paredes ante el documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe al respecto; donde decían claramente que NO se podía hacer. Y daba sus razones, acertadas todas ellas, la verdad.

Porque este señor obispo no duda en calificar, a este documento vaticano, de “provocación previa": ¡Mamá, que me toca Roque!. ¡Roque, tócame!”. Cuando, como les pasa a tantos en la Iglesia, “provocación gravemente escandalosa” es la actitud de estos “equidistantes” -asi creen que son y así se manifiestan-, que no solo no lo son sino que, siempre -será casualidad-, se inclinan por el peor lado: NUNCA por el de la Iglesia a la que deben Servir: Regir, Gobernar y Santificar. Supuesto que estas palabras aún signifiquen algo para todos estos. Que no parece, la verdad sea dicha.

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11.05.21

Ladaria vs Gómez: omne regnum divisum contra se...

Los Obispos de EEUU, bastante más unidos de lo que pueda parecer, o de lo que se quiera mostrar, están -o estaban-, por decirle a Biden, y a los “católicos a lo idem” -algunos ya se lo han dicho motu proprio-, que lo de ir de católico y, a la vez y como bandera, ir de lo más como abortista, pues como que NO.

Que elija: o una cosa u otra. Porque en la Iglesia hay la libertad como no la hay en ningún otro sitio: la que Cristo nos ha ganado. Para que quede claro. Y que nadie nos la da ni nos la respeta como Él. 

De hecho, estaban preparando un documento conjunto -“La dignidad de los políticos católicos para recibir la Comunión”-, para hacer público su pronunciamiento ante lo que está haciendo este señor, recordando de paso la doctrina católica sobre el aborto, y subrayando la  plena incompatibilidad, para un católico, de ser partidario -menos aún promover- el tema del aborto.

Pero, y a la vez -honradamente, lealmente-, comunicaron al Vaticano su decisión. “¡Para qué quieres más, Blasa!”.

¡Cómo se han puesto! ¡Se han removido hasta sus cimientos! (si es que aún quedaba alguno en su sitio). Y claro, “han puesto el grito en el cielo” (caso de que aún cuenten por allí con el cielo; que empieza a parecer que no: ni eso, ni otras muchas cosas).

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