Imposible decir más sandeces. (Por el JJ Benítez)
En el escalafón de los “ignorantes con pedigrí", JJ se lleva la “cum laude". Con diferencia. Bueno: con muchísima diferencia: n° 1 en el cajón, a mucha altura del resto: García Guartango, Cercas, etc.
Todos éstos ateos ufanos y proselitistas están que se salen. Es lógico: con una sociedad corrompida, donde la mentira es su mejor arma de destrucción masiva, y con una Iglesia descristianizada por gusto y soberbia, son los amos. Si no hay verdad, el más mentiroso es rey. En ejemplo de mera enciclopedia: Sánchez. Y ya en plan contra católico: los enumerados unas líneas antes…
Y así dicen lo que dicen, desde hace años y sin el menor sonrojo -saben que nadie les va a poner en su sitio, y menos que nadie la Iglesia, antes Católica; que desde hace 60 años NO da la menor batalla, ni siquiera teniéndola ganada a priori-, por si alguno pica. Y pican, por supuesto. Muchos.
Me van a permitir que me salga de “lo oficial” y de “lo oficialista", y le entre a las memeces, faltas del más mínimo átomo de inteligencia digna de ese nombre. Ámbito en el que JJ es el gran campeón, con mucha diferencia, y sin riesgo a equivocarme.
Claro que es comprensible: sin estar ahí, en el machito de machacar a Dios -como cualquiera de la plebe incitado y engañado por los jefes de Israel; por hacer alusión histórica de campanillas-, viviría en la indigencia más total: y las perricas son muy lamineras; aún a costa de convertirse en un “nadie” cualquiera, intelectual y moralmente hablando.
La primera memez del susodicho: “No hay infierno. Es un invento de la religión". Proposicion que, dado su posicionamiento, es “lógica": para tranquilidad personal y ajena hay que negar lo que, de suyo, descoloca e intranquiliza, aunque sea la verdad más evidente. Así que: “¡NO hay infierno: que se sepa de una vez por todas, que ya está bien de cuentos asusta niños!".
“Cuentos", únicamente los suyos. Como un Sánchez cualquiera: “sólo son verdad mis mentiras más enfermizas". Y punto. “Todo lo demás son bulos, fango y derechona…".
Una afirmación -negar la existencia del Infierno-, que ni siquiera es original: desde que nace el protestantismo y asimilados; desde que se instala la masonería gobernante y “comprante"; y desde que se llama “filosofía” a lo que no va más allá de negar la realidad -el “sistema” montado por estos bueyes-, que asiente a la mentira más perniciosa para la persona: la negación del infierno, tras la negación de Dios. Es su complemento perfecto, para cerrar el circulo de la Condenación Eterna del hombre. Sí: para que no le quede más itinerario que el de Condenarse. Amén.
Por cierto, y para rematar: la existencia del demonio y, en consecuencia, del mismo Infierno, NO es un “invento” ni de la religión ni del hombre: es una Revelación de Dios, que se caracteriza por la Verdad como Sistema; a diferencia de todos éstos. “Pequeña” diferencia.
Para mayor abundamiento y “evidencia” hay personas -Santos, por supuesto-, que el Señor ha permitido o incluso les ha llevado a ver, realmente, el Infierno. Pero, ¿qué son todas estás pruebas -Dios, los Santos-, para todos éstos descerebrados y descreídos?
La segunda majadería de este individuo -que vive bastante bien de/con estas cosas, aunque sea a costa de tenerse, objetivamente, en tan poca estima: “Elegimos nuestra vida ANTES de nacer". ¡Toma ya, Carmela, que viene cimarrón!
Hasta que no ha llegado este “puntu” -como dirían por Asturias; o “gallu", que también y en el mismo idioma-, y que se sepa, uno, antes de nacer, NO está en condiciones de elegir absolutamente NADA. Digo yo…
Bueno, pues llega este tal, y nos abre -¡por fin!- los ojos: que estábamos cegatos -por culpa, obviamente, “de la religión"-; en su asumido auto-papel de “nuevo profeta", y director del Concurso de Memeces “a lo ateo practicante": a ver quién la echa más gorda…
Es que me parto. ¿Cómo se puede elegir la vida “antes” de nacer? Son los “misterios” que proclaman estos ateazos con pedigrí. Como escribía Chesterton: “Hace falta más fe para creer en la Enciclopedia Británica -bien lejos de “lo Católico", dicho sea sin ofender-, que para creer en la Biblia". Es que lo clava: menudo era…
Por lo que raja, para creer al JJ hace falta incluso más “fe” que para creer en esa misma Enciclopedia. Británica: siguiendo el rotundo y ejemplar magisterio de Chesterton. Porque para creerle -al JJ-, hacen falta tales tragaderas que ni yendo al gym se te ponen así.
Finalmente, y como no puede ser de otra manera que, para ésto sí creen los ateazos militantes, la última de las memeces cum laude: “la muerte no es el fin, es una puerta". ¡Acabáramos! ¿Hacia donde? Nos lo aclara rápida y tajantemente: “todos al Cielo". ¡Ahí. Con un par!
¿Por qué semejante “salida"? ¿Porque nos la ha proporcionado Dios? ¡De eso nada! Porque todos estos “enrocados sin Dios", no pueden afirmarlo ni aunque sea evidente: “¡Porque lo hemos escogido ANTES de nacer!". Y ahí lo dejan…
Coherente y congruente todo, ¿no? Vamos: como para no “creerlo’…
Es lo que tiene ser ateo sin fisuras: niegas a Dios, vives como te da la gana porque para eso lo haces y te lo montas “como si Dios no existiera", y cuando te mueres: al Cielo… ¡A gozar de Dios, pues estamos en su Casa: poco bien!
O sea: sé ateo para vivir con Dios para siempre, y de gorra: que Él no se entera. Y, además, no le debe ni importar siquiera.
Debe ser todo como nos lo pinta el Benítez. Fijo.
A todos éstos que se definen como éste, sin/contra Dios, les pasa lo mismo: pierden hasta sus constantes antropológicas; y en esa deriva, no retienen ni la lógica más elemental, y pierden de vista -no alcanzan-, el Ser y la Verdad de las cosas. Vamos: ni oyen, ni ven, ni entienden…: cosas para las que nos ha creado el Señor Dios; y, además, nos hace hijos suyos, y nos capacita para que podamos conseguirlo.
Todo lo contrario a lo que nos anima reiteradamente Jesucristo. Pero claro: como ni le leen, ni le escuchan…, ni se enteran de qué va la Gran Fiesta de saberse hijo de Dios, y vivir asentado en la Gran Verdad de nuestra vida: terrena y eterna.
Todo, por quedarse en sí mismos -"ensimismados” en su propia indigencia intelectual y moral-; y, por tanto, incapacitados para llegar a Dios y a la Realidad de las cosas, empezando por la propia realidad: somos hombres, con todas las consecuencias, también la de equivocarnos -estos nunca, por supuesto: son la verdad andante-; pero también la de reconocernos hijos de Dios, si estamos Bautizados.
Se instalan en sus malignas cortedades y en sus recalcitrantes errores: en los que viven y, seguramente, también mueren. Y se condenan, fijo, si no se convierten y viven y Yo les salve, como nos enseña -¿lo adivinan?-: Jesucristo, nuestro Dios y Señor.
Si no lo hacen, que no se preocupen respecto al Infierno: “que si sí, que si no": ¡Ya lo verán! Es cuestión de tiempo, simplemente. De fijo.
25 comentarios
Va a ser difícil que estos descerebrados, ateos de última generación, vayan al Cielo, el Inquilino no lo va a permitir descerebrados vayan a Cielo con lo que se lo ha currado. Se ha quedado noches enteras sin dormir, sin vacaciones... ¿Y se va a quedar aquí plantado y ellos se van a ir al Cielo? No creo.
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Suele pasar. Un ilustre columnista de ABC, de cuando el diario aún conservaba bastantes de sus esencias, hablaba de las "ratas de imprenta" que a veces se metían x allí, y hacían sus componendas. Pues eso...
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"Pedro" y además "1". ¿Serás tb "Sánchez"? ¡Qué ilusión...! Más "sinsorgo", imposible, pues...
Luego, cuando James Cámeron sacó su peli Avatar, pues el pobre J.J tuvo una especie de epifanía y creyó recordar su verdadero origen divino en el paraíso y cómo los humanos aparecemos en el planeta Tierra con este cuerpo mortal.
Luego hay otros, como Piñeiro, que aparentemente lo saben todo del cristianismo pero claro, ninguno es capaz de explicar por qué el sepulcro de Jesús estaba vacío, qué lástima, con lo listos que son...
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Santo Tomás de Aquino escribe que "el pecado nos rebaja por debajo del estado de las bestias". Y lo clava: un Santazo, y listo como pocos en toda la humanidad.
No es el primero que despotrica contra él, tal como también puede observarse, por ejemplo, en el siguiente enlace: https://planetabenitez.com/1981-anos-viviendo-de-jesus/ Tampoco es que le quite el sueño. Se lo digo por si lo ignora.
¿Pasará este comentario, respetuoso -aunque no le guste- y con fuentes -a diferencia de su discurso- el filtro de moderación? En su mano queda...
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Eres tan, tan, tan tolerante, que si te tropiezas con uno que dice con total seriedad que 2+2=22 respetarías su ajena opinión aunque no coincidiese con la tuya; que igual sí, oyes. Ni tampoco que inclinarías a enseñarle la verdad de los números. Un tolerante con pedigrí funciona así: tal cual.
También están los 'tolerantes selectivos': ese mundillo rojelio, y/o aficionados al mismo que, cuando los dejan en evidencia, claman por "la tolerancia, el respeto y la moderación". Cosa que ellos no manejan, excepto si cobran por ello y mientras cobran.
En tu mano queda...
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Si no aceptas la existencia del Infierno, como tú mismo confiesas, eso NO es tolerancia hacia quien sí cree; lo tuyo, que NO es Católico sino todo lo contrario: es un posicionamiento "a la contra" -algo que te retrata; nada opinable-, es desprecio a la Realidad de la cosas, que son como son; una Realidad que tiene su fundamento en Dios, que es la Verdad, por definición. Y punto. Y ya no he pasado de esta frase, que podría, claro.
Veo, pues, tu nivel; y veo tb x dónde vas, y x qué comentas. Eres un "sembrador de cizaña", oficio que, en los Evangelios, se le adjudica al Demonio, "enemigo del hombre", por "enemigo de Dios.
Puedes seguir "opinando", x supuesto. Que yo tb voy a seguir contestando: faltaría más: es "mi" blog, y es "mi" post". O sea: estás en "mi" propiedad, y tengo todo el Derecho de mi parte. Por si no habías caído en este detallito.
2. La tesis que J. J. Benítez suele argumentar contra la doctrina católica del Infierno, es una mezcla de espiritualismo, ufología religiosa, reinterpretación de Jesús y crítica a la religión institucional.
3. Lo curioso es que algunos argumentos reinciden en algunos católicos a lo JJ Benítez, por lo del soplo del espíritu primaveral del Concilio. Por ej.: un Dios de amor no puede condenar eternamente. El argumento: el castigo eterno sería incompatible con el amor divino; un Padre bueno no enviaría a nadie al Infierno; la condenación eterna sería cruel y desproporcionada. Luego, el Infierno lo ha inventado la religión católica para controlar a las personas. La Iglesia habría usado el miedo para dominar; el Infierno sería una construcción cultural; el Jesús original no habría predicado eso, sino que sería una reinterpretación simbólica de las palabras de Cristo. Pues, “fuego eterno”, “gehenna” o “tinieblas” serían metáforas; Cristo hablaba pedagógicamente; la Iglesia literalizó imágenes orientales. Porque la salvación sería universal, pues todos evolucionan espiritualmente; nadie se pierde para siempre; la muerte sería transición y aprendizaje; y finalmente todos llegarían a Dios. Y el que todavía no está preparado, pues a reencarnarse o preexistencia implícita, ya que el alma aprende a través de múltiples etapas; existiría progreso continuo; no habría juicio definitivo irreversible.
4. Bueno, pues con fe y razón demos razones de nuestra esperanza cristiana a esta apostasía, credo falso e irracional. Desde la Apologética, agere contra el error y la mentira, la respuesta católica la podemos dar con la Escritura, Tradición, Filosofía y Teología Moral. Cristo, Señor Nuestro, habla realmente del Infierno. El problema no es “la Iglesia medieval”, sino las propias Palabras de Cristo. En Mt 25,46: “E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”. El mismo término “eterno” describe la vida eterna y el castigo eterno. Si uno es temporal, el otro también debería serlo. Lo de Mc 9,43-48 del fuego que no se apaga; del gusano que no muere, no aparece como simple metáfora psicológica. Cristo presenta posibilidad real de perdición en Mt 7,13: “Ancho es el camino que lleva a la perdición”. Dios ama, pero respeta la libertad que nos ha donado. El Infierno no significa: “Dios disfruta castigando”, sino rechazo libre y definitivo de Dios.
El Catecismo define el Infierno principalmente como: “autoexclusión definitiva de la comunión con Dios”. Dios no fuerza el amor; el hombre puede rechazarlo. El argumento filosófico es que sin posibilidad real de rechazo no existiría libertad auténtica y tampoco amor verdadero. Dios no es sólo misericordia, también es justicia. Negar toda consecuencia eterna trivializa el mal; elimina responsabilidad moral; hace irrelevantes pecado, martirio y santidad. La gravedad del pecado depende también de la dignidad de quien es ofendido: rechazar infinitamente a Dios tiene dimensión eterna. El Infierno no es “invento medieval”, pues aparece en el judaísmo tardío; en los Evangelios; en Padres apostólicos anteriores al poder medieval. Mucho antes de cualquier “uso político medieval”. El problema de la salvación universal automática está en que si todos se salvan necesariamente, entonces la libertad moral queda anulada; el pecado pierde gravedad; la Cruz se vuelve innecesaria; y
desaparece el juicio. Además, contradice múltiples Palabras de Cristo. La doctrina católica rechaza la reencarnación y preexistencia de almas; evolución espiritual indefinida tras múltiples vidas. En Hb 9,27: “Está establecido que los hombres mueran una sola vez, y luego el juicio”. El problema central de reconstruir a Jesús reside, lo hace también el JJ Benítez, en separar al “Jesús verdadero” del Cristo de la Iglesia. Pues, se reconstruye un Jesús compatible con el espiritualismo moderno ¿del soplo? Selecciona sólo aspectos agradables del Evangelio. Pero, la Apologética católica responde que no existe acceso históricamente neutro a Jesús; la Tradición Apostólica y los Evangelios son las fuentes primarias; y en ellos Cristo habla claramente del juicio y de la condenación. Así, la Iglesia evita presentar el Infierno como morbo, terror psicológico o fatalismo. Pero, tampoco puede negarlo sin contradecir a Cristo, la Escritura, la Tradición y el Magisterio. La posición católica sostiene que Dios ama infinitamente y que Cristo muere por todos. Por lo que, la misericordia divina es infinita, pero también hay justicia divina: buen y mal ladrón. Nadie está predestinado al Infierno. Pero, el hombre puede rechazar definitivamente a Dios. Por ej. el JJ Benítez y los sopleros si continuan empecinados hasta su muerte temporal.
La realidad es mucho más profunda y dramática: Dios hace hasta lo imposible para salvar al hombre. El que termina en el infierno no lo hace porque Dios disfrute castigando, sino porque, libre y conscientemente, rechaza el cielo con una soberbia tan radical que se aferra eternamente a su propia negación del amor.
En ese juicio definitivo, Dios no impone arbitrariamente una condena; simplemente ratifica, con el dolor infinito de su corazón, la elección libre de quien ha decidido apartarse de Él para siempre.
Muchos dirán: “¿Pero eso realmente es posible?”
Sí. Porque somos verdaderamente libres. Y la prueba más estremecedora es Satanás mismo: eligió el mal para toda la eternidad… y no se arrepiente.
PD.- D Jose Luis, ¿ ha probado usted a cambiar la estrategia y dejar de usar ese lenguaje tan chusco que provoca repugnancia y explicar con mansedumbre y pedagogia las verdades de Fe que otros niegan o no entienden bien?
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Es que, en uso de mi libertad, me agarro al apostolado y pedagogía ',de la mala lengua'. Otra forma no la acaban de entender: la desprecian porque piensan que 'nos han podido'. Por eso, hay veces que Jesucristo no se corta un pelo: "¡Apartaos de Mí, malditos...!". No sé andaba con florituras florentinas cuando la cosa lo requería.
A mí, modestamente y salvadas todas las distancias, me pasa lo mismo.
La condenación eterna no suele comenzar con un gran acto de rebeldía visible, sino con algo mucho más silencioso y terrible: el endurecimiento progresivo del corazón.
Primero vienen los pecados tolerados y justificados: violencias, odios, robos, adulterios, fornicaciones, egoísmos, abusos, desprecio por los demás, una vida sin caridad y edificada sobre el orgullo. Pero lo verdaderamente dramático no es solamente caer en el mal, sino permanecer en él libre, consciente y voluntariamente, hasta llegar a amarlo más que a la verdad misma.
Porque Dios jamás abandona al hombre sin luchar por él. Envía gracias interiores: remordimientos, inquietudes del alma, vacíos imposibles de llenar, llamadas silenciosas a la conversión. Y también gracias exteriores: personas, sufrimientos, advertencias, acontecimientos providenciales, oportunidades para arrepentirse, palabras que golpean la conciencia en el momento exacto.
Pero cuando una persona, una y otra vez, rechaza todas esas luces; cuando se reafirma obstinadamente en el odio, en la soberbia y en el pecado; cuando llega incluso a burlarse de la verdad y a pisotear deliberadamente el bien… el alma empieza a cerrarse sobre sí misma como una puerta oxidada por dentro.
Entonces ocurre algo espantoso: el hombre ya no solo comete el mal, sino que termina identificándose con él. Su libertad se va cristalizando en una elección definitiva. Y cuanto más rechaza a Dios, más incapaz se vuelve de amar, de pedir perdón o incluso de desear la luz.
La condenación eterna es, en última instancia, el estado final de un alma que ha dicho “no” tantas veces a Dios, que termina deseando vivir eternamente lejos de Él. No porque Dios haya dejado de amar a esa criatura, sino porque esa criatura ha decidido encerrarse para siempre al Amor mismo.
Y quizá lo más estremecedor de todo sea esto: hasta el último instante de vida, Dios sigue ofreciendo misericordia. Pero si alguien muere aferrado voluntariamente al mal, odiando la luz y rechazando toda gracia, Dios no destruye su libertad; la respeta incluso en su decisión más terrible.
Ese es el drama del infierno: no un Dios gozándose en castigar, sino un Amor infinito rechazado definitiva y eternamente.
Si te vale el ejemplo, se dice en la biblia que Jesus untó pan y se lo dio a Judas; lo que no dice la biblia pero lo escuché en una homilia en cuaresma es que es tradición judía que el padre de familia en ciertos contextos tenga una deferencia hacia su hijo primegénito untando pan y dandoselo; tiene una connotacion profundamente amorosa paterno filial; por lo que sin entender esto el que lee le biblia piensa que Jesus hizo el gesto para delatar a Judas antes los demas apostoles, pero en realidad fue un acto de cariño hacia el que lo estaba traicionando.
Cristo pronuncia esas palabras en el contexto del Juicio Final, dirigiéndose a quienes, en su omnisciencia divina, sabe definitivamente cerrados a la gracia, endurecidos hasta el final y consumados en su rechazo libre y consciente del amor de Dios. No habla así al pecador que aún puede convertirse; habla como Juez eterno ante una condenación ya consumada.
Porque cuando Cristo caminaba entre los hombres, su trato habitual con los pecadores era radicalmente distinto: lleno de mansedumbre, respeto y misericordia. A la mujer adúltera no la humilló públicamente; la levantó. A Zaqueo no lo aplastó con desprecios; quiso hospedarse en su casa. A la samaritana no la ridiculizó; la condujo delicadamente hacia la verdad. Incluso ante quienes estaban hundidos en el pecado, Cristo solía acercarse con una mezcla sobrecogedora de firmeza y ternura.
Y ahí está la diferencia esencial que algunos olvidan: Cristo es omnisciente. Él conoce perfectamente el estado último de cada alma. Nosotros no.
Por favor D Jose Luis, Ningún sacerdote, predicador o polemista puede atribuirse el derecho de hablar como Juez divino sobre personas cuya interioridad desconoce completamente. Porque mientras hay vida, hay posibilidad de gracia, arrepentimiento y conversión.
Por eso usar el “¡Apartaos de Mí, malditos!” como excusa para un tono ofensivo habitual no solo es un argumento flojo; es confundir el lenguaje escatológico del Juez eterno con el trato pastoral que Cristo mostró constantemente hacia los pecadores durante su vida terrena. Y son cosas muy distintas.
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Para los "sabios y entendidos", como el presente comentarista, le voy a recordar un par de cosillas. Una, de los Evangelios, de los que no dudo que es, no sólo buen conocedor, sino incluso devoto. Palabras de Jesucristo, sin ningún contexto escatológico de Juicio Final: "raza de víboras", sepulcros blanqueados, nubes sin agua...". O aquellas otras tandelicadas que parecen de monja: "habéis convertido la casa de Dios en una cueva de ladrones". Y lis echó a zurriagazos: "delicadezas" divinas; porque, como recordaron los apóstoles del AT: "el celo de tu Casa me consume".
Y como olvidar, aquel "pellizquito", puro detalle de excelsa y eximia caridad: "las prostitutas os precederán en el Reino de los Cielos".
La ignorancia afectada, la falta de bonhomía y de pureza de corazón, se te manifiesta en las gruesas palabras que me dedicas. Supongo que son conocerme de nada.
Puedes seguir poniéndome verde. Lo que no te consiento es que me digas, en "mi" blog es que he sido soez.
Claro que sí a Cristo le tildaron de "comedor y bebedor", ¿qué podemos esperar de los neo-fariseos los simples Sacerdotes?
Pues lo que aporta este idiota que se presenta como "sabath": ¡que ya hay que ser retorcido, oigan!
Para mí Dios es Amor con mayúscula y, como J.J. Benítez, no creo que condene a nadie al tormento, del mismo modo que un padre o una madre, que no estén desnaturalizados, por más disgustos que le produzca un hijo no querrán mal sobre él. Habrá algún modo de "reciclaje". Entiendo que usted no esté de acuerdo, pero no es un problema para mí porque no es necesario que coincidamos.
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Javier, creo sinceramente que tu problema no es que Dios te parezca demasiado duro, sino que todavía contemplas la condenación eterna como si fuese un arrebato cruel de Dios contra alguien que desea ser bueno. Y ahí está precisamente el malentendido.
Porque imagina por un momento a un hijo tuyo. Lo educas con amor, le das principios, sacrificas años de tu vida por él, intentas corregirlo cuando empieza a desviarse. Primero llegan pequeñas rebeldías; luego las malas compañías; después la droga. Más tarde comienza a trapichear, descubre el dinero fácil y le toma gusto. Tú le hablas, lloras, suplicas, intentas rescatarlo una y otra vez. Le das oportunidades, le abres la puerta de casa cien veces.
Pero él sigue. Se endurece. Ya no solo desobedece: empieza a despreciar aquello que tú representas. Se vuelve frío, ambicioso, violento. Termina trabajando como sicario, amasa fortuna sobre el miedo y la sangre ajena, y cuanto más cae, más orgulloso se siente de haber caído. Ya no quiere salir de ahí. Ya no quiere escuchar. Ya no quiere arrepentirse.
Dime entonces, Javier: ¿qué puede hacer un padre cuando su hijo rechaza deliberadamente todo lo que le ofrece? ¿Dejar de amarlo? No. Jamás. Un padre seguiría sufriendo por él hasta el último segundo. Pero tampoco puede obligarlo a amar el bien, ni a regresar a casa por la fuerza sin destruir su libertad.
Y eso es precisamente lo que muchos no entienden del infierno. Dios no deja de amar al condenado. Lo terrible es que el condenado deja de querer a Dios. Se aferra libremente a aquello que eligió. La tragedia no está en un Padre cruel que disfruta castigando, sino en una criatura que acaba amando más su soberbia, su odio o su pecado que la propia luz.
Por eso la condenación eterna no contradice que Dios sea Amor con mayúscula. Al contrario: la presupone. Porque un amor verdadero no esclaviza ni violenta la libertad hasta obligar a alguien a amarle eternamente contra su voluntad.
Claro que Cristo llamó “sepulcros blanqueados” a los fariseos. Claro que expulsó a los mercaderes del templo. Nadie niega la existencia de la severidad evangélica. Pero precisamente porque uno conoce el Evangelio completo, sabe distinguir entre la autoridad única del Verbo encarnado y el tono ordinario que corresponde a quien no es el Hijo de Dios ni conoce los corazones.
Porque Cristo no insultaba por desahogo temperamental ni por afición polémica. Sus palabras duras tenían carácter medicinal, profético y perfectamente justo. Nunca brotaban de la soberbia, la burla o la necesidad de humillar al adversario. Y además iban dirigidas, en su mayoría, a quienes endurecían conscientemente a otros en el error desde una posición de autoridad religiosa; no al pecador corriente ni al discrepante cualquiera.
Ahí está la diferencia que usted esquiva.
Además, resulta curioso que cite usted los “zurriagazos” del templo, pero omita que el mismo Cristo, mientras era escupido, golpeado e injustamente condenado, no respondió llamando “idiotas” ni “retorcidos” a sus verdugos. Más aún: pidió perdón por ellos. Eso también es Evangelio completo.
Por lo demás, resulta difícil sostener que no hubo grosería cuando usted mismo llama “idiota” a quien comenta. Eso ya no es celo profético; es simplemente un insulto llano. Y vestirlo luego de épica evangélica no lo vuelve más noble, solo más contradictorio.
Nadie le exige lenguaje de “monja”, como ironiza usted. Lo que se le pide a un sacerdote es algo bastante más difícil y más cristiano: firmeza sin desprecio, claridad sin caricatura y autoridad sin necesidad de envilecer al otro.
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"Infinitus est numerus stultorum!". Y creciendo, si fuera posible...
Convendrás conmigo, caso de que seas capaz, que si alguien tiene derecho, pues es su Ministerio y Oficio, a repetir las mismas palabras de Jesucristo, es, precisamente, el Sacerdote.
Pretender callarle la boca al Sacerdote, distinguiendo las Intenciones de Cristo y las del Sacerdote en su tarea Sacerdotal, descalificándolo con unas supuestas aviesas intenciones, impropias del Sacerdote, es, como mínimo, ruin.
Y hacerlo desde la "gallardía" de esconderse tras una palabrilla -sabath- ocultándonos nombre, apellidos, profesión y hasta foto -cosas que NO hace ese Sacerdote, pues qué quieres que te diga...
Si te avergüenzas de tí mismo, si te escondes a tí mismo, si te acobardas de tí mismo, si no te respetas a tí mismo, ¿en qué quedan tus beneméritas palabras y distintos de hombre "sabio y entendido", a los que el Señor Jesucristo dedica también unas buenas palabras?
Tú mismo, oyes...
También en tí se cumple lo de: "imposible decir más sandeces" (por "sabath").
Años más tarde, me sorprendió que uno de sus libros "Caballo de Troya" fuera un éxito, pero no tuve siquiera tentación de leerlo.
Reconozco al sr. JJ. un mérito notable, en lo personal, por haber conseguido ganarse la vida con esas historias, pero al mismo tiempo lamento que se haya desperdiciado tanto talento desviando a la gente de la Verdad.
Hace unos días vi un poco de la entrevista que le hizo Jordi Wild y me pareció notar en algún momento en JJ. algún destello de humildad novedosa, y la sensación de encontrarme a un hombre en las postrimerías de su vida, todavía más desorientado que antes.
Ahora que las teorías conspirativas contra la Iglesia, contra la enseñanza de Cristo, han llegado a penetrar hasta en la misma Iglesia y abundan en nuestra sociedad, la tarta del pastel que queda para don JJ. es ya exigua.
Es por tanto una excelente oportunidad para ese señor de abrir su corazón a Cristo y releer todavía otra vez más las enseñanzas del Evangelio con un nuevo espíritu, dejándose guiar por el magisterio de la Iglesia, dejándose convertir en uno de esos jornaleros que acudieron por la tarde, casi finalizando ésta, a trabajar en la viña y recibieron el mismo premio que los que fueron a trabajar a primera hora de la mañana. No me extrañaría que el sr. JJ. estuviera por aquí, Infocatólica, leyendo cositas con un nuevo espíritu.
Ah, y para el pater: me ha parecido especialmente gracioso eso de la pérdida de "las constantes antropológicas". Es un placer leerle. Que Dios le bendiga.
¿ Que significa ""raza de vaca borss" que ha puesto usted en la respuesta al comentario 09/05/26 9:06 PM ????
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Ha sido una "rata de imprenta" que ha saltado ella sola y, al no repasar yo el texto, ha salido así. Lo que quise poner es: "raza de víboras"; del Señor Jesús, al completo.
Aunque usted me llame sinsorgo porque le afeo que niegue la Santidad de la Iglesia, no se lo reprocho. Mil veces sinsorgo quiero seguir siendo, pero defendiendo esa verdad eterna que usted rechaza.
La Iglesia es santa por la palabra de Dios, conservada viva en su seno por la fuerza del Espíritu Santo.
La Iglesia es santa por los sacramentos de la fe.
La Iglesia es santa por los ministerios jerárquicos.
La Iglesia es santa porque en ella habita el Espíritu Santo.
Es santa porque yo, una piedrecita de nada, fea y sucia, cuando estoy en gracia de Dios recibo de huésped al Dios Uno y Trino.
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NO entiendes nada de lo que he escrito. Ya lo siento, y que Santa Lucía te conserve todo lo que necesitas conservar. Y si lo mejora, pues estupendo.
"Hoy, la situación dentro del mundillo y la fiesta de la democracia es exactamente la misma para los Católicos. Y se nos exige una sola cosa: ¡Tragar! Y esto, desde dentro y desde arriba en la Santa Madre Iglesia, que ya ni es Santa, no es Madre ni es ya Iglesia: sólo quedan retazos…, donde queden".
Usted lo escribió y es un escándalo y una vergüenza que piense algo así un sacerdote católico.
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Te pido perdón, humildemente, pues...
Ni ves, ni oyes, ni entiendes. Ya lo siento...
La Iglesia no cesara nunca de ser un Pueblo Santo. La naturaleza Santa de Dios se comunica a los hombres por el don del Espíritu Santo.
Punto 823: «La fe confiesa que la Iglesia no puede dejar de ser santa. En efecto, Cristo, el Hijo de Dios, a quien con el Padre y con el Espíritu se proclama "el solo santo", amó a su Iglesia como a su esposa. Él se entregó por ella para santificarla, la unió a sí mismo como su propio cuerpo y la llenó del don del Espíritu Santo para gloria de Dios» (LG 39).
La Iglesia trasciende a sus miembros. La Iglesia es más que la suma de sus miembros. Es un misterio suprior que va más allá.
Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada.
La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo.
“Sed santos como vuestro Padre celestial es Santo”.
La santidad de la Iglesia es participación de la santidad de Dios. Nosotros, desligados de Jesús, somos por nuestra propia esencia, pecadores; unidos a Jesús, participando de su misma filiación divina: ¡somos Santos!
San Pedro dijo: “ Vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz”.
2. Más bien, entiendo, que es una forma literaria de expresar los desmanes y despropósitos que todos vemos en los pastores de arriba a abajo que van contra la Santidad y la Doctrina en forma pastoral: es más bien una especie de ezquizofrenia -trastorno, no mental, sino perverso, estulto, singular y/o de mercenario grave y crónico que altera la forma pastoral católica que pone obstáculo a la Santidad del Cuerpo en lugar de quitarlos, dificultando la distinción entre lo real y lo imaginario de la salvación: confusión con el ancho y estrecho de cada Puerta: Cielo o Infierno. La fe de nuestros padres lo tenían claro: no salían JJ Benítez & Cía, sino claros apóstatas, ateos, herejes y/o cismáticos. Sin camino sinodal alemán y otros.
3. La Santidad de la Iglesia no depende de la conducta de todos sus miembros, sino de la presencia de Dios, la fidelidad de Cristo y la acción purificadora del Espíritu Santo.
4. El Templo es Santo, nuestro cuerpo, porque Dios habita en él: Inhabitación. El pueblo es infiel porque rompe la Alianza. El pecado humano no destruye la Santidad del designio divino, sino que la hiere históricamente. Esto lo muestra Dios a través de Ezequiel en el Templo. Dios es Santo incluso cuando Su pueblo es infiel, y Su Presencia es la que sostiene la Santidad del lugar.
Por eso, la Iglesia —como el nuevo Templo— es Santa no porque no haya pecado en ella, sino porque Dios sigue habitando y purificando su pueblo desde dentro.
Discrepo en que la afirmación de don José Luis Aberasturi sobre la Iglesia se pueda considerar una forma literaria de expresión. Me parece una impertinencia blasfema, algo injustificable. En todo lo demás completamente de acuerdo.
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No entiendes lo que lees: los prejuicios hacen ésto, más lo que sigue... Porque ya no es que no quieras entenderme a mí -tu sabrás x q'-; es que tampoco entiendes lo escrito por JSP, que más diáfano no puede ser.
Las ideas preconcebidas, los prejuicios, usar la cabeza para empecinarse en embestir, son cualidades que te adornan.
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Veo que sigues escocido... X algo será, digo yo; o tú...
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