Imposible decir más sandeces. (Por el JJ Benítez)

En el escalafón de los “ignorantes con pedigrí", JJ se lleva la “cum laude". Con diferencia. Bueno: con muchísima diferencia: n° 1 en el cajón, a mucha altura del resto:  García Guartango, Cercas, etc.

Todos éstos ateos ufanos y proselitistas están que se salen. Es lógico: con una sociedad corrompida, donde la mentira es su mejor arma de destrucción masiva, y con una Iglesia descristianizada por gusto y soberbia, son los amos. Si no hay verdad, el más mentiroso es rey. En ejemplo de mera enciclopedia: Sánchez. Y ya en plan contra católico: los enumerados unas líneas antes…

Y así dicen lo que dicen, desde hace años y sin el menor sonrojo -saben que nadie les va a poner en su sitio, y menos que nadie la Iglesia, antes Católica; que desde hace 60 años NO da la menor batalla, ni siquiera teniéndola ganada a priori-, por si alguno pica. Y pican, por supuesto. Muchos.

Me van a permitir que me salga de “lo oficial” y de “lo oficialista", y le entre a las memeces, faltas del más mínimo átomo de inteligencia digna de ese nombre. Ámbito en el que JJ es el gran campeón, con mucha diferencia, y sin riesgo a equivocarme.

Claro que es comprensible: sin estar ahí, en el machito de machacar a Dios -como cualquiera de la plebe incitado y engañado por los  jefes de Israel; por hacer alusión histórica de campanillas-, viviría en la indigencia más total: y las perricas son muy lamineras; aún a costa de convertirse en un “nadie” cualquiera, intelectual y moralmente hablando.

La primera memez del susodicho: “No hay infierno. Es un invento de la religión". Proposicion que, dado su posicionamiento, es “lógica": para tranquilidad personal y ajena hay que negar lo que, de suyo, descoloca e intranquiliza, aunque sea la verdad más evidente. Así que: “¡NO hay infierno: que se sepa de una vez por todas, que ya está bien de cuentos asusta niños!".

“Cuentos", únicamente los suyos. Como un Sánchez cualquiera: “sólo son verdad mis mentiras más enfermizas". Y punto. “Todo lo demás son bulos, fango y derechona…".

Una afirmación -negar la existencia del Infierno-, que ni siquiera es original: desde que nace el protestantismo y asimilados; desde que se instala la masonería gobernante y “comprante"; y desde que se llama “filosofía” a lo que no va más allá de negar la realidad   -el “sistema” montado por estos bueyes-, que asiente a la mentira más perniciosa para la persona: la negación del infierno, tras la negación de Dios. Es su complemento perfecto, para cerrar el circulo de la Condenación Eterna del hombre. Sí: para que no le quede más itinerario que el de Condenarse. Amén.

Por cierto, y para rematar: la existencia del demonio y, en consecuencia, del mismo Infierno, NO es un “invento” ni de la religión ni del hombre: es una Revelación de Dios, que se caracteriza por la Verdad como Sistema; a diferencia de todos éstos. “Pequeña” diferencia.

Para mayor abundamiento y “evidencia” hay personas -Santos, por supuesto-, que el Señor ha permitido o incluso les ha llevado a ver, realmente, el Infierno. Pero, ¿qué son todas estás pruebas -Dios, los Santos-, para todos éstos descerebrados y descreídos?

La segunda majadería de este individuo -que vive bastante bien de/con estas cosas, aunque sea a costa de tenerse, objetivamente, en tan poca estima: “Elegimos nuestra vida ANTES de nacer". ¡Toma ya, Carmela, que viene cimarrón!

Hasta que no ha llegado este “puntu” -como dirían por Asturias; o “gallu", que también y en el mismo idioma-, y que se sepa, uno, antes de nacer, NO está en condiciones de elegir absolutamente NADA. Digo yo…

Bueno, pues llega este tal, y nos abre -¡por fin!- los ojos: que estábamos cegatos -por culpa, obviamente, “de la religión"-; en su asumido auto-papel de “nuevo profeta", y director del Concurso de Memeces “a lo ateo practicante": a ver quién la echa más gorda…

Es que me parto. ¿Cómo se puede elegir la vida “antes” de nacer? Son los “misterios” que proclaman estos ateazos con pedigrí. Como escribía Chesterton: “Hace falta más fe para creer en la Enciclopedia Británica -bien lejos de “lo Católico", dicho sea sin ofender-, que para creer en la Biblia". Es que lo clava: menudo era…

Por lo que raja, para creer al JJ hace falta incluso más “fe” que para creer en esa misma Enciclopedia. Británica: siguiendo el rotundo y ejemplar magisterio de Chesterton. Porque para creerle -al JJ-, hacen falta tales tragaderas que ni yendo al gym se te ponen así.

Finalmente, y como no puede ser de otra manera que, para ésto sí creen los ateazos militantes, la última de las memeces cum laude: la muerte no es el fin, es una puerta". ¡Acabáramos! ¿Hacia donde? Nos lo aclara rápida y tajantemente: “todos al Cielo". ¡Ahí. Con un par!

¿Por qué semejante “salida"? ¿Porque nos la ha proporcionado Dios? ¡De eso nada! Porque todos estos “enrocados sin Dios", no pueden afirmarlo ni aunque sea evidente: “¡Porque lo hemos escogido ANTES de nacer!". Y ahí lo dejan…

Coherente y congruente todo, ¿no? Vamos: como para no “creerlo’…

Es lo que tiene ser ateo sin fisuras: niegas a Dios, vives como te da la gana porque para eso lo haces y te lo montas “como si Dios no existiera", y cuando te mueres: al Cielo… ¡A gozar de Dios, pues estamos en su Casa: poco bien!

O sea: sé ateo para vivir con Dios para siempre, y de gorra: que Él no se entera. Y, además, no le debe ni importar siquiera.

Debe ser todo como nos lo pinta el Benítez. Fijo.

A todos éstos que se definen como éste, sin/contra Dios, les pasa lo mismo: pierden hasta sus constantes antropológicas; y en esa deriva, no retienen ni la lógica más elemental, y pierden de vista -no alcanzan-, el Ser y la Verdad de las cosas. Vamos: ni oyen, ni ven, ni entienden…: cosas para las que nos ha creado el Señor Dios; y, además, nos hace hijos suyos, y nos capacita para que podamos conseguirlo.

Todo lo contrario a lo que nos anima reiteradamente Jesucristo. Pero claro: como ni le leen, ni le escuchan…, ni se enteran de qué va la Gran Fiesta de saberse hijo de Dios, y vivir asentado en la Gran Verdad de nuestra vida: terrena y eterna.

Todo, por quedarse en sí mismos -"ensimismados” en su propia indigencia intelectual y moral-; y, por tanto, incapacitados para llegar a Dios y a la Realidad de las cosas, empezando por la propia realidad: somos hombres, con todas las consecuencias, también la de equivocarnos -estos nunca, por supuesto: son la verdad andante-; pero también la de reconocernos hijos de Dios, si estamos Bautizados.

Se instalan en sus malignas cortedades y en sus recalcitrantes errores: en los que viven y, seguramente, también mueren. Y se condenan, fijo, si no se convierten y viven y Yo les salve, como nos enseña -¿lo adivinan?-: Jesucristo, nuestro Dios y Señor.

Si no lo hacen, que no se preocupen respecto al Infierno: “que si sí, que si no": ¡Ya lo verán! Es cuestión de tiempo, simplemente. De fijo.

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