20.11.20

Se requieren muy altos estándares

Las voces jubilosas que se han levantado en los Estados Unidos por lo que parece un hecho, es decir, la salida de Donald Trump de la presidencia, muestran cuántos anhelaban, por diversos motivos, que eso sucediera.

Muchos vimos en sus decisiones elementos positivos, sobre todo en lo que tiene que ver con preservar la libertad religiosa, proteger la vida del no-nacido, fortalecer la Corte Suprema de Justicia frente a la disolución moral, y defender a la familia natural. No es poco.

Por otra parte, sus actitudes arrogantes, agresivas; su exigencia de lealtad absoluta a su propia persona; su actitud prácticamente narcisista en cuanto a sus propios logros; su falta de empatía ante algunas situaciones sociales muy graves; su lenguaje ambiguo pero predominante excluyente e incluso cruel frente a los inmigrantes… todo ello, como se dice a menudo, al final “le pasó factura.”

Es llamativo que en uno de sus primeros discursos, cuando ya empezaba a parecer un hecho que vencería, Joe Biden, habló del retorno de la “decencia” a ese país del Norte. Por supuesto, no es nada decente lo que piensan hacer él y su equipo, en cuanto a la familia, a la religión y al derecho a la vida pero destaco esto para mostrar un elemento que sin duda estuvo en la mente de muchos de quienes votaron por él.

Lo que concluyo de todo esto es que los líderes que quieran defender las causas más amenazadas de nuestro tiempo, como las que tomó Trump, especialmente en esta segunda postulación a la presidencia, deben ser hombres y mujeres de muy altos estándares morales y personales. La grosería, la imposición del poder, el lenguaje de amenazas tienen poco espacio cuando se trata de vencer las serpientes de mil cabezas que pululan en nuestro tiempo.

Necesitamos líderes de muy alto nivel porque serán odiados, escrutados sin piedad y atacados irracionalmente.

Y los demás, los que somos base y simple pueblo, tenemos el deber de orar y también de ayudar, en la medida de las fuerzas de cada quien, para que esta sociedad sea tierra fértil donde tales líderes puedan darse.

Pd. He modificado mi texto original a la luz de nueva evidencia sobre las actitudes de solidaridad del presidente Trump, por ejemplo, ante el caso de Floyd.

9.11.20

La capacidad polarizante de los discursos de unidad

Es doloroso ver una familia dividida; o un país dividido; o un mundo dividido. La división, en el sentido de oposición y animadversión, que pronto degenera en deseo de daño para el otro, es un fracaso de la humanidad. Y lo contrario de la división es la unidad. Luego todos deberíamos desear la unidad; ¿correcto? Sí; pero el tema es bastante más complejo.

El tema es complejo porque toda unidad necesita de un centro que unifique. Ese centro, hablando en general, puede ser una persona, una idea, un lucro, un gusto. Si hablamos por ejemplo de las recientes elecciones en Estados Unidos, Trump quería un país unido: en torno a él y asus ideas; ahora Biden, que ya se proclama como presidente electo, habla de unificar el país. La pregunta es: ¿en torno a qué, o a quién?

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16.10.20

Preguntas y Respuestas sobre Fratelli Tutti

Fray Nelson: el Papa Francisco ha publicado, con fecha 4 de Octubre de 2020, su tercera encíclica, Fratelli Tutti (FT). Una vez más, sus palabras levantan polémica en muchos sectores de la Iglesia, particularmente sectores que suelen considerarse “conservadores.” ¿Por qué cree Ud. que resulta tan polémico este Papa?

Creo que hay dos motivos principales. Primero, que el Papa toca temas de actualidad, temas que interesan a mucha gente y en los que hay muchos intereses involucrados. Y segundo, porque, también en FT, su lenguaje y sus posturas resultan ambiguas o insuficientes en temas esenciales.

¿Qué temas, concretamente, en el caso de FT?

Bueno, son varios. Primero, y lo más importante: el modo mismo de entender la “fraternidad.” Es una palabra que tiene gran atractivo; es un ideal por el que muchas personas apuestan, pero es también un concepto que tiene interpretaciones distintas y a veces contradictorias. No todo lo que lleve el título de “fraternidad” es, por ello mismo, automáticamente compatible con nuestra fe.

¿Está diciendo que hay una fraternidad que no es cristiana?

Estoy diciendo que hay modos de entender la fraternidad que no son compatibles con nuestra fe. Y también hay sentidos “débiles” y sentidos “fuertes” de fraternidad, según la fe que hemos recibido de los Apóstoles.

¿Puede explicarse mejor sobre la debilidad o la fortaleza de la fraternidad?

Claro. Según la Escritura hay una fraternidad “básica", elemental, que es la que se da por el solo hecho de ser humanos. La podemos llamar: fraternidad “en Adán.” Y luego hay otra fraternidad, infinitamente superior, mejor y más fuerte, que es la que se da “en Cristo.” Si uno lee la Escritura, no puede dudar de que cuál es el ideal de fraternidad al que somos llamados.

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25.09.20

Liturgia - Una mirada al contexto y las consecuencias inmediatas del Concilio Vaticano II

Este video es largo (casi 1 h 40 min.) pero creo que hace bien verlo completo. Es parte de mi clase de liturgia en la USTA, y lo he publicado en mi canal:

Se trata de un estudio de dos discursos: uno de Juan XXIII, en la inauguración del Concilio (11 de Octubre de 1962) y otro de Benedicto XVI al despedirse del clero de Roma (14 de Febrero de 2013).

De verdad, creo que puede ayudar a situar muchas de las inquietudes que se plantean hoy sobre la Iglesia.

Bendiciones a todos!


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12.06.20

La tentación de secuestrar a los muertos

Como miles de millones de personas en todo el mundo, yo rechazo con indignación los hechos que condujeron a la muerte humillante e injusta de George Floyd. La pregunta es: ¿valida ese hecho a todos los hechos que se han sucedido después de su muerte?

Existe en efecto la gran tentación de “secuestrar” a los muertos, es decir, utilizar su muerte “icónica” como un argumento en favor de determinadas causas. Es algo que tiene mucha lógica: puesto que la muerte es lo más serio que puede acontecer a un hombre, y una muerte injusta despierta, con toda razón, oleadas considerables de indignación, siempre habrá quien quiera aprovechar esa fuerza de opinión para dar un impulso a sus propias ideas o agendas.

El proceso de “secuestro” de un muerto tiene varias fases, según se puede ver en el doloroso caso del asesinato de Floyd, y en otras historias semejantes, que, por desgracia, no escasean:

1. Difusión mediática extensa de los hechos mismos y del dolor causado. Esto incluye repetir en todas las plataformas la manera como murió y el brutal golpe emocional que ello ha representado para su familia, amigos, vecinos, u otras personas asociadas con él de alguna forma.

2. Proceso de “limpieza” del pasado de la persona asesinada. Todos tenemos manchas en nuestro pasado. Por otra parte, no cabe duda de que, cuanto más inocente aparezca la víctima, más duro es el impacto que produce que haya sido maltratado y finalmente asesinado. Por supuesto, no estoy diciendo yo que en ningún sentido estuviera justificado lo que le sucedió a Floyd; pero estos análisis hay que hacerlos para no ser juguetes de quienes manejan los hilos de los movimientos sociales.

3. Multiplicación de manifestación de protesta. Los medios de comunicación muestran que el impacto del crimen consumado es global, y por una lógica que los antropólogos conocen muy bien (en estos tiempos de baja lectura de filosofía), lo que es global se interpreta como universal, y por tanto, como propio de la naturaleza humana. Dicho de otro modo: si no te unes a la protesta eres inhumano.

4. Adhesión de buen número de celebridades. Gente de los mundos de la música, la actuación, y sobre todo, por supuesto, la política, se “suben al vagón” de la protesta global, entre otras cosas, para ganar puntos al presentarse como informados, relevantes, sensibles e incluso valientes. Habrá quien lo haga con sinceridad pero cabe temer que este es el punto donde el muerto empieza a ser secuestrado.

5. Movimientos sociales, que ya existían antes de los hechos, levantan la bandera del fallecido. Es aquí donde se consuma el “secuestro.” Poco a poco, de un modo casi insensible, la gente empieza a sentir que Floyd era miembro de ese grupo, que ahora reivindica su muerte–sea esto verdad o no.

6. El “icono” es impuesto por el grupo, espacial y temporalmente. La fecha de su deceso será recordada por el respectivo grupo, como si se tratara de uno de los suyos. Seguramente las preocupaciones de un hombre como Floyd eran múltiples y quizás no estaba entre sus prioridades apoyar a tal o cual grupo o movimiento social. Pero una vez que hay lugares que llevan su nombre y fechas asociadas a su nombre, gracias a la presión de un determinado movimiento o grupo, lo que queda en la opinión pública es la sensación de que Floyd desde siempre y para siempre perteneció y pertenecerá a ese grupo. Ya es de ellos. El “secuestro” se ha completado.

7. Se establece un lenguaje de condena a todo el que cuestione la pertenencia del fallecido al movimiento en cuestión. Es lo propio de toda inquisición–que las hay muchas en nuestro tiempo.

Reitero: siento indignación y asco de que algo como la muerte de George Floyd suceda en nuestro tiempo. Es una vergüenza para la Humanidad. Y sin embargo, el dolor no debe volvernos ciegos frente a aquellos que, con gran oportunismo, saben mucho de eso de secuestrar muertos.