Aforismo: breves dosis de verdades

Enrique García-Máiquez es un escritor del Puerto de Santa María. Columnista de mucho fuste en el diario de Cádiz, poeta elogiado por la crítica, traductor de Chesterton y es escritor de aforismos, razón por la que le paseo hoy por aquí.

Son los aforismos oraciones que de manera breve pretenden expresar un principio. Ilustres pensadores han resultado magníficos autores de aforismos, como Borges, Wittgenstein, Pascal, Canetti o Ramón y Cajal.

De alguien con tanto gusto literario como el del autor, que además es profesor de instituto (pocas cosas te ponen más en el mundo actual) y que estudió (derecho) en la Universidad de Navarra, que prologó a Scruton y su “cómo ser conservador” o a José Jiménez Lozano sólo puede esperar uno aforismos apropiados para una publicación anclada en la tradición de la Iglesia y abierta al mundo como infocatólica.

La temática aforistica es muy amplia; teologíael estado de gracia es una nación soberana” refiriéndose al individuo, vida cotidianadivertirse es divertido un rato, pero corto“, moralpresumir es el último recurso del que no alaba a nadie“, urbanidadquejarse de la mala educación ajena es de pésima educación“…

El libro perfecto para regalar estas navidades, regalar y autoregalarse. Lectura provechosa en una preciosa edición a cargo de Ediciones More (en honor a Tomás Moro).

GARCÍA-MÁIQUEZ, Enrique

El vaso medio lleno

Ediciones More, 2020

1 comentario

  
África Marteache
Interesante. Los aforismos son dificilísimos y pocas personas están dotadas para ellos. Me encanta ese que dice "presumir es el último recurso del que no alaba a nadie". Alabar a alguien es percibir las virtudes, lo que se alaba es la virtud encarnada en alguien y, si no reconoces eso verdaderamente lo único que te queda es presumir.
Aprender a admirar, alabar o, simplemente, reconocer es un ejercicio que pasa por el conocimiento de las virtudes cardinales, las cuatro principales y las derivadas. Lo sé porque yo lo aprendí así de mi familia que solía utilizar calificativos para eso, tales como honrado, cabal, agradecido, fiel, justo, humilde, constante, paciente, prudente, noble, fuerte, templado, recio...
Echo mucho de menos esos calificativos que mi familia solía prodigar para lo cual, inevitablemente, tenían que enjuiciar a las personas. El problema de suspender el juicio es que se suspenden todos, ya que percibir si alguien posee en grado eminente una virtud es hacer un juicio sobre esa persona. He notado que los jóvenes han suspendido todo tipo de juicios y dicen de alguien que "es guay" sin darse cuenta que virtud hay detrás de ese apelativo indefinido porque se puede ser guay por ser gracioso, se puede ser guay por ser fiable o se puede ser guay por ser justo, pero no les pidas más explicaciones porque no saben darlas e ignoran las virtudes.
14/12/20 12:14 PM

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