Un sí a los monaguillos y monaguillas
Recibo la noticia que una monaguilla antigua, a quien casé y bauticé a su hijo, está atravesando una enfermedad cruel, que la tiene apartada de su gran vocación docente en la escuela. Rezo por ella.
A la vez, leo un artículo firmado por Giacomo Galeazzi, en Vatican Insider, titulado “Salvad a las monaguillas”, donde se hace eco de la campaña organizada por los jesuitas de Estados Unidos para preservar a las niñas que desean ayudar a la celebración de la Santa Misa, desde que en el año 1994, Juan Pablo II publicó un documento sobre este asunto favoreciendo que al mismo Papa en una visita a una parroquia romana el párroco le pusiera a unas monaguillas para auxiliarle, siendo el primer Sucesor de Pedro, que celebró la Eucaristía con monaguillas.
Con los aires actuales de reformar la reforma en el campo litúrgico, los jesuitas americanos han lanzado el grito: Salvad a las monaguillas.
Considero que este asunto tiene dos partes diferenciadas. Las expongo para que sirvan al debate de los comentarios a este post.




